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miércoles, 31 de julio de 2024

Escapada Pirenaica (P.2)

Improvisadores, 

¿continuamos con este viaje por Pirineos?

Sábado 27 de julio

Hoy tocaba madrugar, pero ¡valió la pena!


Primera parada: Estación internacional de Canfranc. Sí, confieso que lo pedí yo. Pero vale mucho la pena comprar las entradas de la visita guiada. Es 1h aproximadamente y nos salieron a 4€ cada entrada. La visita es por el exterior de la estación y la entrada ya que el resto pertenece hoy en día al hotel (inaugurado en 2023). Me impresionó, es un edificio espectacular y el guía Raúl nos contó muchas anécdotas e historias que hicieron que la hora de visita pasase volando. La estación se inauguró el 18 de julio de 1928 y nos contó que cada 18 de julio se hace una recreación, se visten de la época y hacen un día diferente. La historia de la estación es muy interesante y el entorno en el que está, más. Actualmente el tren solo le da servicio ADIF (desde 2021 en una nueva estación) ya que la parte francesa cerró el servicio de trenes tras un accidente (o no, teorías conspiranoicas aparte) en 1970. Desde entonces hay un autobús provisional (provisional desde 1970…) que hace el servicio Canfranc - Francia. Se declaró Bien de interés Cultural en 2002. Es inmensa ya que todos los servicios de la estación, viviendas y dormitorios de los trabajadores y aduanas estaban por duplicado: franceses y españoles. Además de doble vía, una para el ancho internacional (trenes franceses) y otra para el ancho ibérico (trenes españoles). Pero no os cuento más, mejor vais de visita! 


Segunda parada: Canfranc pueblo celebraba un mercado medieval, muy pequeño y cuco. Se visita en muy poquito tiempo pero el paseo es agradable. Tienen censados 600 habitantes, tampoco esperéis un mercado medieval gigante. 


Tercera parada: Jaca. No os voy a mentir, en Jaca paramos a comer. Comimos en el Restaurante Biarritz (Av. Primer Viernes de Mayo 12, Jaca) un menú casero y muy bueno. El tomate rosa de Barbastro me ha ganado el corazón, pero el entrecot de ternera también. Eso sí, con el calor que hacía, de postre solo me entraba fruta. Y luego nos sacaron un licor dulce con galletas de almendra, muy parecido a la mistela valenciana. Después de comer visitamos la catedral ya que la ciudadela a 35ºC a la sombra no apetecía mucho. De la catedral me encantó el porche románico. Teniendo en cuenta que se empieza a construir en el siglo XI, todo cuadra. Pero es una catedral “parcheada” que digo yo, tiene dentro casi todos los estilos arquitectónicos habidos y por haber. Me gustó mucho y os recomiendo una visita, no tiene desperdicio. 


Después tocó vuelta al camping, piscinita y para cenar algo sencillo pero increíble: quesito manchego, fuet y tortilla de patatas. La mejor manera de acabar el día. Y si encima das envidia a los vecinos con la tortilla, mejor. Pero tranquilos que les dimos queso para probar. 


Domingo 28 de julio


El madrugón del domingo vino patrocinado por la multiaventura. Tocaban canoas en el embalse de Mediano. No hay ni una foto ni un video porque nos dedicamos a disfrutar. 2h y media de remo que, sinceramente, aun tengo agujetas y estamos a martes. También es cierto que el domingo yo estaba a mínimos de energía, pero me encantó la actividad. Fuimos hasta la torre de la iglesia que está en el embalse. Desde ahí una vez me empujaron a mi, ¿Conocéis a alguien más que lo hayan tirado de una torre y haya sobrevivido? 


Subimos río arriba y navegamos por el embalse. Tambinén nos bañamos, obviamente. Era super agradable y vimos un montón de animales tan tranquilos en su hábitat sin humanos que molesten. Si queréis hacer alguna actividad de estas, la verdad que el instructor fue genial, con mucha paciencia y nos iba explicando además cosas a lo largo del camino. Mil gracias a Miguel de EKM


Pero necesitábamos recargar fuerzas y aquel restaurante en Morillo de Tou que os dije nos hacía ojitos. Así acabamos en el Restaurante Morillo de Tou - Casa Cuello comiendo otro plato combinado de longaniza de Graus. Si algo funciona, ¿por qué cambiarlo? 


A la sombrita y después de comer yo me dormía allí mismo. Así que fuimos al camping, cambiaron mochilas y volvieron al embalse a bañarse. Yo necesitaba dormir, aunque fuese 1h. ¿Sabéis esos días que el cuerpo pesa? Así estaba yo. Pero bueno, siesta, ducha y coca - cola fresquita y a seguir. Que tocaba tarde de mascarillas y arreglarse para cenar en Ainsa, por ser la última noche. 


Cenamos en el Bodegón de Mallacán, donde estaba todo buenisimo y casero. Incluidos los postres. Nosotras pedimos para compartir todo al centro y así probar varias cosas y luego postres. Pedimos paté, croquetas, setas y entrecot. Aparte una cenó pescado. Todo eso y 5 postres podemos decir que cenamos como reinas. 


La verdad es que es difícil comer mal en el Pirineo, yo os dejo aquí las recomendaciones de donde fuimos pero imagino que cualquier otro sitio estará igual de bueno. 


Luego dimos un paseo por el castillo y ya encaramos las escaleras para bajar del casco antiguo de Ainsa.


Lunes 29 de julio


El lunes nos levantamos con calma, recogimos todo y pusimos rumbo a Lleida. Se acababa el viaje y tocaba volver a casa ya. Esperamos haber sorprendido a Laura con las actividades, juegos y visitas. Que se lleve un buen recuerdo de este flashback a la adolescencia. Aunque he de decir, que la edad se nota y hemos comido bastante mejor que cuando teníamos 18 años. Será que sabe más el diablo por viejo que por diablo. 


Hasta aquí el recorrido que hicimos con todas las recomendaciones. Pero si queréis saber algo más y no os fiáis de google, aquí estoy!


Espero que os haya gustado tanto como le gustó a Laura. 


¡Sed Felices!

martes, 30 de julio de 2024

Escapada Pirenaica (P.1)

 Improvisadores, 

He tenido un dejà vu. Realmente lo hemos buscado. En el verano de 2009 hice mi primer viaje con las amigas justo al acabar 2º de Bachiller y el destino elegido fue Aínsa (Huesca). Curiosamente, el único viaje de las 5 que no tiene entrada en el blog. No por nada, el blog nació en 2010.


En junio de 2025 se casa una de estas amigas y decidimos que sería un buen sitio donde ir de viaje juntas, así que planeamos un viaje sin decirle dónde. Sólo sabía cuándo, qué meter en la maleta y a que hora salía su tren desde Barcelona. 


Jueves 25 de julio


Laura tiene un billete Barcelona - Lleida y poco más. Paula, un billete Madrid - Lleida y 30 minutos de margen para llegar antes que Laura. Anna, Elena y yo salimos de Valencia en coche a las 10.30 en dirección a Lleida. Salió perfecto, incluso con el retraso de 15 minutos del tren que llegaba de Madrid.


A la pobre Laura le habíamos dado pistas absurdas: un billete de tren a Lleida, maleta de cabina de máximo 10 kg y con los líquidos en bolsa transparente, un origami que resultó ser un barco de papel… Llegó a Lleida y nos la llevamos a comer. 


Primera recomendación: Restaurante Casa Tiell (Carrer Vila Antònia 9, Lleida). Comimos el menú por 12€, todo casero y muy bueno. Ya os comentaré más por insta y os dejaré el enlace. 


Le dijimos a Laura que íbamos al apartamento a dejar las cosas y la llevamos hasta un edificio medio en obras y Elena falsamente llamó al timbre. No tengo claro qué pensó Laura en ese momento. Realmente metimos (como buenamente pudimos) las cosas en el coche y pusimos Aragnouet en el GPS. Os preguntaréis qué hay allí, pero ni idea porque nunca llegamos. Es el primer pueblo de Francia al pasar la frontera y el que nos hacía cruzar por Aínsa. 


Llegando a Aínsa, Elena sugirió parar un momento a hacer alguna prueba a Laura y una foto en Aínsa. Así que le vendamos los ojos a la pobre y nos la llevamos hacia el camping Peña Montañesa. Pero para nuestra sorpresa, girando la curva que entra al camping al lado de un hotel va y pregunta Laura “¿aquí hay un hotel?”. No se vosotros, pero yo no conozco a nadie que recuerde curvas por las que ha pasado hace años. 


Efectivamente, adivinó dónde íbamos a quedarnos la muy espabilada. Hicimos el check in y ya llegamos al bungalow. Dentro habría fácilmente 50ºC, así que dejamos las cosas, abrimos las ventanas y nos fuimos a hacer la compra. Esa noche tocaba cena americana y juego de preguntas sobre EEUU. Igual aquí os falta el detalle de que el futuro marido de Laura es de EEUU. 


Viernes 26 de julio


Nos despertamos pronto, no por necesidad sino por costumbre. Desayunito en la terraza y puesta en marcha. 


Primera parada: Morillo de Tou, un pueblo que hoy pertenece a Aínsa. Se abandonó con la construcción del embalse de Mediano pero que en los 80 CCOO rescató y convirtió en un centro de vacaciones. La verdad que el paseito es corto pero muy agradable y es bonito de ver, además tiene un restaurante con mucha sombra. La iglesia de Santa Ana (hoy en día museo) es muy bonita, construida en 1600 está muy bien restaurada. Tiene anexo un cementerio con unas cruces antiguas también preciosas, ya sabéis que soy una friki de los cementerios. Siempre recordaré aquella profesora que nos dijo: si queréis conocer un sitio, tenéis que visitar el mercado y el cementerio. 


Segunda parada: Bodegas Laus (Barbastro) donde hicimos una visita guiada y una cata de vinos. Os dejaré todo por instagram como siempre para que lo podáis ver bien. Yo soy 0 experta en vinos, pero aprendí que además no tengo olfato ninguno. Sacaron jamón y queso a la mesa y yo solo olía el jamón. Pero sí puedo deciros que aunque no identifiqué ni un olor del vino, estaba bueno. Es cierto que yo soy más de blancos y rosados, pero dicen que el tinto también estaba bueno. De recuerdo nos llevamos una botella de blanco para la cena. Y 100% os aseguro que Laura no se esperaba esta actividad. 


Tercera parada: Graus, pero os recomiendo ir el último sábado de julio porque nos dijo la chica que nos atendió que celebran el dia de la longaniza y se prueba gratis. Aunque también nos avisó que se hacen unas colas inmensas. Pero bueno, lo que sea por un plato típico. Antes de comer dimos una vuelta y la verdad es que las calles de la zona antigua tienen mucho encanto. Aquí viene la siguiente recomendación: Restaurante Cafetería Casa del Barón (Plaza España 10, Graus). Aquí comimos muy bien, muy rico y todo casero también. Además en la plaza bajo unos porches porticados bien bonitos. Muy cerquita y en un paseo a pie está el santuario de la Virgen de la Peña, construida en el siglo XVI sobre una iglesia románica preexistente. A mi personalmente me encantó. No tiene nada especial pero me encantó. No se si porque estábamos solas (igual porque eran las 16.30h), por la sombra o por las vistas. Pero se ve muy rápido y vale la pena. 


Cuarta parada: Santuario de Torreciudad (Secastilla, Huesca). He de reconocer que yo fui aquí completamente engañada. Pensaba que sería un santuario bonito, del estilo de las iglesias pirenaicas. Pero no. Para quien no lo sepa (como me pasó a mi), el Santuario de Torreciudad es del Opus Dei y se construyó impulsado por Jose María Escrivá de Balaguer entre 1970 - 1975. A quien le gusten las iglesias modernas, le gustará imagino. Eso sí, si vais en verano tened en cuenta que no os dejarán entrar en tirantes. Como en el Vaticano, básicamente. Abajo, encarada al pantano hay una antigua torre de vigilancia de época medieval que da nombre al santuario y que, en mi opinión, sí vale la pena. No entro yo en religión ni creencias, hablo estrictamente del estilo arquitectónico y a mi la arquitectura de los 60 hasta hoy en día, sin más. De hecho la Virgen ya se veneraba allí antes de construir este santuario ya que la ermita original que está aún por los alrededores es del siglo XI. Personalmente, no entiendo la necesidad de construir un tremendo edificio que rompe con el entorno natural del Pirineo, pero buscad imágenes y ya decidís. 


Vuelta al camping, piscina (helada) y cenita de fajitas caseras, un mítico de nuestros viajes. 


Sigo en la parte 2, que hay mucho que contar!


¡Sed Felices!


domingo, 31 de julio de 2022

Visita a Madrid (2): sigue habiendo mucha gente...

Improvisadores, ¡seguimos con el fin de semana en Madrid!

El sábado por la tarde nos fuimos (con el calorcito) a dar una vuelta en plan turistas absolutos. Puerta del Sol, Plaza Mayor… Nos hacía ilusión tomarnos un relaxing cup de café con leche en Plaza Mayor, pero estaba todo lleno. Así que seguimos con la ruta hasta el Palacio Real y allí en el Café de Oriente nos tomamos algo fresco. Así muy señorial todo.

Y diréis: qué tranquilo todo. Sí, porque no os he contado como me llevé un tortazo en toda la nariz. Íbamos caminando por la calle, yo contestando un WhatsApp. Y levanto la cabeza para seguir a mis amigos y una chica que estaba hablando con sus amigos estiró el brazo para indicarles algo y me arreó tremenda hostia en toda la cara. Ya os digo que me salieron todos los insultos que se. Y la chica flipando porque además era extranjera y no se hasta que punto entendió algo o solo pensó que la estaba maldiciendo. Si era lo segundo, no se equivocó.

Acabada la ruta en la Almudena fuimos a por el autobús para volver a casa de Paula. Yo estaba KO. Pero era hora de duchas y cambios de ropa, que nos íbamos a cenar. Pero pudimos descansar un poco. Con la tontería habíamos hecho kilómetros eh. según mi móvil en todo el día hicimos 11,79km.

Volviendo al tema, habían reservado en La Mentira. Os dejo el enlace a su perfil de Instagram por si os interesa. La verdad que el sitio es bastante chulo. Entras y es oscuro y hay música y no sabes si es un restaurante o un pub, pero es restaurante-pub. Cenamos muy bien, pedimos varias cosas para probar porque… decide tu. Imposible. Os comento lo que pedimos, por si os inspira, esta vez sin ranking, solo en orden:

Las Dyozas. Una mini delicia. Gyozas de pato. Que así dicho no tiene misterio ni nada. PERO es que tienen una reducción de cocido madrileño. Y mira, yo todo lo que sepa a cocido, me sirve.

El Mole. Que yo no lo probé porque el pulpo a mí no me va. Pero los que comieron dijeron que este pulpo con mole madre y tortillas de maíz estaba muy bueno. El mole lo que más triunfó, la verdad.

Luego llegamos a un problema… no sabíamos que bao ni que hamburguesa pedir. Así que si no recuerdo mal… pedimos todos. Eso sí, las hamburguesas pensábamos que serian más grandes. Aunque en realidad las compartimos y perfectas para probar de todo.

Pedimos la Pelayos con ternera, bacon, cheddar, cebolla caramelizada y salsa Pelayo (sea lo que sea eso) y la Triple Queso que creo que se explica sola.

Pero ojo… aun quedaban los baos. Tienen 4 tipos y pedimos tres. Pedimos el Salao con chipirones a la andaluza y mahonesa vittelo (sea lo que sea eso…. Otra vez); el Gringo con pollo crujiente con aderezo yankee (nuestro yankee no supo decirnos qué es) y pepinillos encurtidos en yuzu; y el Ibérico con panceta ibérica lacada con salsa coreana.

Nos dejamos fuera el oriental con langostinos tempura y mahonesa kimchi porque insistieron en pedir algo que todos comiéramos, pero seguro que esta buenísimo también.

Y como ya que estábamos había que rematar la faena… postres. La tarta de limón que a Paula y a Will cada vez que lo oyen les hacen chiribitas los ojos. Y una muerte por chocolate que la terminan en la mesa y te preguntan si quieres caramelo, chocolate con leche o chocolate blanco por encima. O todos. Adivinad qué pedimos.

Ya aquí nos pedimos una copa y pensábamos luego ir a algún sitio y volver a casa en taxi/Uber lo que sea. Pero por desgracia esa noche el Madrid ganó la Champions. Por desgracia para nosotros, claro. A los demás no les gusta el futbol y yo soy del Valencia, por eso lo digo. Vamos a evitar lapidaciones aquí.

Así que nos tocó salir corriendo a por el ultimo metro y subir andando 3 o 4 pisos de escaleras porque inexplicablemente el metro aun estaba abierto pero las escaleras estaban apagadas. Muy práctico todo, la verdad.

El domingo por la mañana nos despertamos sin tortitas, hicimos un desayuno más tradicional con nuestras tostadas con tomate y jamón. Y luego nos fuimos a dejar las maletas a la consigna de Atocha. Pero oh sorpresa, no hay consigna. No se si es desde el COVID o desde cuándo, pero la consigna de Atocha esta cerrada. Así que nos fuimos al Museo Reina Sofia con la maleta. Menos mal que un buen trabajador nos indicó la puerta del museo con consigna (y menos cola). Dentro se estaba super fresquito.

No os voy a mentir, yo tenia muchas ganas de ir para ver la exposición sobre la propaganda y los carteles de la Republica y la Guerra Civil y para ver el Gernika de Picasso. Si, no lo había visto aun, se que tiene delito.

El cuadro me encantó y me hubiese quedado allí viéndolo más rato porque hay mil detalles. Pero había muchísimo ruido. ¿La gente no es capaz de callarse en un museo? Bueno, tampoco entienden el concepto “No foto” porque las pobres trabajadoras… incluso un par de veces fuimos Paula y yo las que dijimos a alguien “eh, ha dicho no foto” y ellos ah si bueno...

Por favor, no es tan difícil.

De aquí nos fuimos a por las maletas y a comer a La Musa de Espronceda. Aquí comimos de tapas y pinchos, aunque es verdad que a la hora que llegamos había algunos que no tenían. Pedimos varios pinchos, no sabría deciros cuales porque entre los que pedimos en la primera ronda y los que pedimos en la segunda porque no había de esos. Y los que tenían fuera de carta. Pero os la recomiendo. También pedimos raciones de croquetas, huevos rotos, morcilla y ¡la verdad es que estaban buenos!

Eso sí, me he dado cuenta de que en Madrid puedes pedir agua y te la ponen del grifo y no te la cobran. Pues en la de Espronceda no te sacan la botella, te sacan vasos. A mi me sabia mal molestarlos por cada vaso, pero Paula insistió en que de eso nada y que, sino que se compren botellas. Os lo digo por si sois como yo que bebéis mucha agua, para que lo sepáis.

De aquí nos fuimos al Retiro a descansar un rato a la sombra y a hacer tiempo porque el tren a Barcelona salía a las 17 y el mío a Valencia a las 18. Así que viendo cómo se llenaban las calles de Madrid de aficionados preparados para llenar Cibeles acabamos el fin de semana en Madrid.

He de reconocer que empezó mal, bastante mal. También porque la semana empezó mal. Pero si un fin de semana fuera ayuda a mejorar cualquier semana, si es en buena compañía más.

Hasta aquí las aventuras y desventuras por una ciudad que (lo siento, pero es así) está un pelín sobrevalorada. O yo la he visto poco. Prometo que es la última pullita que digo de Madrid…. Hasta la próxima visita.

¡Sed Felices!

domingo, 24 de julio de 2022

Escapada a Madrid: bares y gente... mucha gente.

Improvisadores, lo prometido es deuda. Os prometí contaros el fin de semana en Madrid y ahora que tengo un rato… me pongo manos a la obra.

Vamos a partir de que, a mí, que me perdonen los madrileños, pero Madrid… meh. Tampoco es que Barcelona sea maravillosa. Las ciudades grandes me agobian, y mira que yo vivo en Valencia. Pero en Madrid parece que todo el mundo va enfadado, con prisas, corriendo. Gente, siempre hay gente por todas partes. En resumen, que yo iba sin ningunas ganas de ver Madrid. ¿Y ara qué iba? Porque una de mis amigas, Paula, que antes vivía en Barcelona ahora vive en Madrid. Y le hacía ilusión. Así que pido perdón por adelantado a todos los madrileños.

Pero además a mi me pilló en muy mala semana, malísima. Todo muy tenso por cosas de casa y de trabajo. Y además a 1h de irme a la estación discutí con mi madre. Y discutir con mi madre es como discutir conmigo misma porque reaccionamos igual y actuamos igual. Así que es… absurdo. Antes de subirme al tren la llamé y le dije: no quiero irme a Madrid y que te quedes pensando que estoy enfadada contigo. ¿Su respuesta? No, si yo contigo no estoy enfadada. ¿Lo veis? Igualitas.

Volviendo al viaje, tenia yo billetes para el último tren del día, por eso de que es más barato. Llego a Madrid a las 23h. “Es fácil pillar taxi” dijeron. Os diría que no me hagáis hablar, pero es el punto central de esta historia que empieza conmigo queriendo volverme a la terreta en cuanto puse un pie en Madrid.

Llego a la parada de taxis. Y hay una cola inmensa. No pasa nada, se hace la cola. No tengo problema. Llega el turno de la pareja de delante y los taxistas dicen que no, que ahí no se recoge, que vayamos al principio de la parada. Vale. Vamos al principio. Y cuando estamos en el principio vuelven a subir a gente desde donde estábamos nosotros. Claro… mosquea. Pero entonces los peatones se tiran a los carriles de los taxis a subirse a uno. Pero es que los taxistas empiezan a bajar de los coches para discutir entre ellos. Y yo flipando.

Cuando llevaba ya 1h intentando subir a un taxi después de una semana horrible y un día peor… mis ganas de volver a meterme en Atocha a esperar al primer tren iban en aumento. Encima llamé a mi amiga y que se riesen la verdad no ayudó. Pero lo entiendo, yo también me hubiese reído estando de cena. Digo bueno, me voy por la avenida y algún taxi parará. Después aprendí que por lo visto en Madrid los taxis en zona de parada no paran. Os juro que yo quería tirarle la maleta a alguien a la cabeza. Ni confirmo ni desmiento que maldijese y blasfemase respecto a Madrid en voz muy alta y delante de madrileños. Pero cada segundo que pasaba entendía más a Paco Martínez Soria con esto de la ciudad no es para mí.

Por fin Paula tuvo a bien enviarme un Cabify a recogerme. Y menos mal. Porque si no os prometo que, entre la pelea de taxistas, la semana de mierda y que estaba en Madrid… mal. Dormí en la gloria, os lo voy a decir. En el sofá, sí. Pero fuera de las calles de Madrid. Que angustia de ciudad.

El sábado por la mañana empezó bien porque el novio de Laura nos preparó tortitas americanas auténticas. Y son autenticas porque él es de Filadelfia, no me llevéis la contraria. Ya os dejaré la foto por Instagram porque menuda mesa de desayuno se organizó en un momento. Después dijeron que íbamos a dar una vuelta por Casa de Campo. Eso sí me gustó, el laguito era super agradable y no parecía que estuviésemos en Madrid.

Y entonces dijeron: vamos al teleférico que es un paseo. Un paseo en un secarral al sol, pero un paseo. Pero oye, el teleférico también me gusto. Tengo que reconocerlo. Entró una avispa y casi nos da un infarto, pero me gustó. Y entonces fuimos al Templo de Debod que no lo había visto nunca y eso que he estado veces en Madrid.

De aquí decidimos que era momento de ir a tomarse algo fresco a la sombra porque estaba haciendo un calor de derretirse al respirar. Y luego fuimos a comer al que es desde ese día mi bar favorito de Madrid. El Bar La Gloria. No tengo foto de la comida, porque nos lanzamos y estaba buenísima. Pero el ranking que hicimos entre todos de lo que más nos gustó. Y, obviamente, os lo voy a dejar aquí escrito:

1.- El croquetón. Un primer puesto por unanimidad. Un indispensable si vais. Hacedme caso.

2.- Mollete de pringá. Estaba jugoso, el pan increíble. De hecho, pedimos dos para los 7 para poder degustarlo bien.

3.- Tomate rosa. La mejor idea que tuve desde que decidí ir a Madrid. Un tomate rosa con mucha carne y mucho sabor y bien acompañado con un aliño increíble. Buenísima idea para equilibrar un poco, que parece que cuando vamos a comer fuera nos tiramos a los fritos solo.

3.- Ensaladilla. En otro merecidísimo tercer puesto porque no pudimos decidirnos esta la ensaladilla sin guisantes. De esta también pedimos dos. Y en serio, como si fuera la de mi madre.

4.- Cachopo. Lo sé, no es andaluz y esto es una taberna andaluza, pero estaba muy muy muy bueno.

5.- Berenjenas con miel. Es un plato seguro, es muy difícil que salgan mal. Pero también es muy fácil que salga la berenjena aceitosa. Pero estaba perfecta.

6.- Albóndigas de choco. Yo no las probé, no me gusta el marisco ni nada así, pero dijeron mis amigos que no era lo que ellos esperaban, por eso el último puesto.

Todo esto con dos vermuts, dos tercios, dos cañas, una copa de vino…. 18 euros por cabeza. ¡En Madrid! Comida increíblemente buena y por 18 por cabeza con bebida… no puedo recomendarlo bastante.

Y.… lo voy a dejar aquí que sino se me junta una recomendación con la otra reseña y esto es un caos!

¡Sed Felices!

domingo, 21 de noviembre de 2021

Viaje de Primas: Costa Amalfitana y vuelta a casa (P.3 y última)

Improvisadores, llegamos al último día en Italia. 27 de octubre.

Habíamos decidido visitar la costa amalfitana. Por si no la conocéis, los pueblos fueron declarados Patrimonio de la Humanidad en 1997 y la República Amalfitana fue una de las muchas que dominó el Mediterráneo allá por el siglo XII. 

Así que no podíamos perdérnosla. Y como teníamos coche… para qué ir en autobús. Así que allá que nos fuimos. Nos lanzamos por una carretera de costa con todas sus curvas y todos sus conductores italianos y autobuses. Pero qué preciosa es. Os dejaré fotos por Instagram.

Teníamos 1h o así desde Salerno a Positano. No íbamos a parar en todos los pueblos porque uno de los problemas es el espacio para aparcar. El plan original era ir hasta Positano que estaba más lejos e ir volviendo hasta Vietri sul Mare, comer allí y ya a Salerno. ¿Problema? Somos muy lentas y entre que nos levantamos y salíamos de casa… llegamos a Positano sobre la 1 del medio día. Acabamos aparcando en zona azul que nos costó 6€. Ir en autobús hubiesen sido 10€ cada una, por si necesitáis la referencia.

Aparcamos y… bueno, ¿conocéis Positano? Por si no la conocéis…. No tiene ni una calle plana. Está más inclinada que la torre de Pisa. Así que bajamos los 2 millones de escaleras hasta llegar al Duomo. No pudimos entrar porque estaba cerrado. Así que dimos una vuelta (más escaleras), vimos las vistas (más escaleras). Y decidimos volver hacia el coche (más escaleras). Una vez arriba ya habíamos decidido que no parábamos en más pueblos inclinados. Que visto un pueblo mediterráneo vistos todos. Y sobra decir que decidimos eso con el hígado en la boca.

Paramos en el primer restaurante que vimos que no parecía que fuese a costarnos un riñón, no podíamos perder más órganos. Comimos en “Mediterraneo”. El dueño muy simpático, un poco engatusador como todos por allí. No sabemos porque se sorprendían de que condujésemos nosotras. “¿Pero vais solas? No hombre, vamos las 4 juntas. Que bonito, un viaje de 4 hermanas”. Pero la comida buenísima. Y eso que yo me había dejado mis pastillas de la lactosa en el coche y mi gnocchi iban sin mozzarella. Pedimos solos los 4 principales y mucha agua. Por las malditas escaleras. Y salimos si no recuerdo mal a 21€ por persona.

Cuando recuperamos la fuerza en las piernas volvimos al coche. Esta vez le tocaba a Nuria encararse con los autobuses, amos y señores de las curvas estrechas. Y llegamos a Amalfi. Así si se hace. Una ciudad plana. Que pueda llegar al duomo sin morirme. Aunque había escaleras para subir al duomo. No entramos, porque realmente lo bonito de estas iglesias son los colores de fuera. La playa, preciosa. Hicimos fotos, porque era bonito y como prueba de vida de que estábamos vivas. Y volvimos a Salerno. Tocaba hacer las maletas.

Llegamos a Salerno sobre las 5 o así. Y quiero que quede constancia de que le dijimos al del aparcamiento: hoy sobre las 21h vendremos a por el coche que nos tenemos que ir. Aquel aparcamiento donde dijeron el primer día que cerraban a las 22h. Ellas 3 se fueron a por crepes para merendar porque habíamos subido muchas escaleras y nos los merecíamos. Yo me fui al piso de mi prima a conectarme a una charla online. Hay que ser responsable. Sobre las 20h nos fuimos a cenar a Il Duca. Pedimos unos entrantes típicos de allí, pulpo en salsa y habas con sepia o algo así (no me gustan ninguna de las dos cosas y estaba bueno) y pizzas. Yo quería probar la pizza frita, por irme de allí con el ciclo completo. Sin más. Hasta un poco salada. Pero las otras pizzas espectaculares. Además, el dueño nos las sirvió ya cortadas y repartidas en platos para compartir entre las cuatro.

Aquí empieza la aventura. Estamos cenando, de charla, la ultima noche las cuatro juntas. Y se me ocurre preguntar qué hora era. Las 21.10h. Estupendo todo. Pagamos corriendo. A por las maletas y corriendo a por el coche. Que nos sentó la cena mal a todas de las prisas. Llegamos al aparcamiento a las 21.30h. Imaginaos nuestra cara cuando llegamos y está cerrado. La puerta, la verja, todo. Cerrado. El coche dentro. Nosotras fuera. El aeropuerto en Roma. Llama mi prima a un número de teléfono que hay en la puerta. Mi prima lleva un mes allí y habla más inglés que italiano. El señor del aparcamiento solo habla italiano. Y el hombre: tenéis pagado hasta el 28. Y yo: que da igual, que te lo regalo. Y buscando en el traductor como se decía “necesitamos el coche con urgencia, nos han cambiado el vuelo”. Y mi prima que solo decía: “urgente, aeroporto, aeroporto di Roma”. Mi otra prima buscando cómo se decía “nos dijisteis que cerrabais a las 22h”. Y mi hermana riéndose. Porque ella es así. El hombre se cansa de nosotras y dice que llamemos al otro número. Misma conversación. “Le ragazze del cinquecento?” si hombre, las del Fiat 500, si sabes quienes somos. Y ¿Por qué lo sabes? Porque te hemos dicho que vendríamos.

El hombre debía vivir cerca, porque mientras intentábamos volver a explicarle todo, la verja se abrió sola. Y bajamos todas corriendo. El hombre explicándonos en italiano dónde tenia las llaves de nuestro coche guardadas. Y mi prima diciéndole “vale, pero uscita, ¡uscita!” porque si, estábamos dentro, pero si no abría también la barrera no salíamos. Y la barrera se abrió sola. Y nosotras mirando hacia los edificios gritando “¡grazie mille!”. Y mi prima con el teléfono en la mano diciendo que el señor se estaba riendo.

A las 22h salíamos del aparcamiento riéndonos nosotras. Nos reíamos porque teníamos el coche, porque hubo 30 min de drama. Teníamos el sistema de vuelta mejor organizado que el de ida. 1h y media de conducción cada una, aproximadamente. La que conduce luego pasa a copiloto y la copiloto a descansar detrás y la de detrás a conducir. Empecé conduciendo yo. 2h, porque era pronto, no tenia sueño. Y porque tampoco os creáis que encontramos donde parar. Porque igual lo de parar en mitad de la nada de madrugada fue un error que cometimos a la ida que no hacia falta volver a cometer. A las 3 de la mañana aparcábamos en el aeropuerto de Roma. Y nos dormimos 1h dentro del coche. Os prometo que fue la hora que más descansamos. Porque realmente en la parte de detrás de un coche en marcha tampoco descansas. Hay baches, paradas, luces, música.

A las 4 nos fuimos hacia el aeropuerto, no había que facturar, pero con el COVID dijeron que había que estar antes. Llegamos y había una señora comprobando el green pass…. Con los ojos. No conocía a nadie que fuera capaz de escanear códigos QR con los ojos, pero oye, nunca te volverás a casa sin descubrir una cosa más. Pasamos el control más laxo de la historia de mis vuelos. Teníamos líquidos en la maleta, la Tablet... nada, no sacamos nada. Nos fuimos a la puerta de embarque y nos sentamos a esperar. A las 7 despegábamos y a las 9 de la mañana de 28 de octubre ya estábamos en Valencia. Nos recogió el novio de la prima y para casa. A desayunar al horno unas tostadas con tomate como toca.

Os diría que me acosté y dormí hasta el día siguiente, pero estaría mintiendo. Me cambié de ropa y me fui con mi abuela al cementerio. Porque la semana de todos los santos toca ruta. Y al día siguiente nos fuimos a otro. Y por la tarde del viernes 29 me volví a ir a Fira de Onda. Quien diga que no se puede salir de fiesta, sobrevivir a base de siestas mal echadas, viajar y volver a salir… se equivoca.

Como siempre, espero que os hayan gustado nuestras aventurillas. Os he ido dejando en Instagram reels de cada día e iré compartiendo fotos.

¡Sed Felices!

 

domingo, 14 de noviembre de 2021

Viaje de Primas: Pompeya y pizza (P.2).

Improvisadores, seguimos con el viaje por Italia.

El segundo día estábamos un poco más recuperadas que en el primero… no es difícil tampoco. Suena la alarma a las 8h. Toca prepararse y preparar bocadillos, que nos vamos de excursión. Nos vamos a Pompeya, pero tenemos la visita guiada a las 13.45h.

Para hacer tiempo nos fuimos a ver los Jardines de Minerva. Son bonitos, pero también son para echar un rato leyendo la información. La única epga que le veo es que los carteles están en italiano todos. Son unos jardines dedicados a las plantas y su aplicación a la medicina desde tiempos inmemoriales. La verdad que también son un mirador precioso y, si no me equivoco, la entrada de adulto son 3€. 

Una vez acabamos nos fuimos a por el coche para poner rumbo a Pompeya. ¿Os he dicho que los italianos están locos al volante? Como diría Obélix, están locos estos romanos. Así que nos lanzamos a la carretera y una hora después llegamos a Pompeya sanas y salvas. Aparcamos en un sitio que nos indicó quien creíamos que era un gorrilla, pero desapareció antes de darle nada y no aparcó ningún coche más. Pero bueno, en la mismísima puerta eh. Comimos (pronto, la verdad, no era ni la una). El bocadillo era tortilla francesa con jamón, pero el jamón italiano no está como el jamón serrano. Tiene un no sé qué que qué se yo que… no es igual.

Luego nos fuimos a comprar chorraditas de recuerdo y mi prima se hizo amiga de un vendedor a base de regatearle. Todos flipaban con lo de 4 hermanas (como si en Italia no hubiese familias con muchos hijos). Mirad si se acordaban de que al salir de Pompeya pasamos por allí y aun dijo una a su compañero que éramos le ragazze spagnole. Sí señora, no se equivoca usted.

Pero hablemos de Pompeya. También para entrar es necesario el Green Pass. Sí, aunque sea al aire libre. El yacimiento es inmenso. No sé si el guía dijo que 66 hectáreas. 660.000 metros cuadrados. Lo primero que nos dijo es que para verla entera hacían falta varios días. Así que ya con tranquilidad. Caminamos 2h sin parar y no vimos casi nada. Pero estábamos avisadas. Mi hermana es la segunda vez que va y dice que ha visto cosas que no vio la otra vez. Así que si vais a Pompeya no digáis que no os he avisado.

Me gustó mucho Pompeya y tenía muchas ganas de ir, no os voy a mentir. Pero me pareció mucho más bonito y disfrutable Paestum. El problema de Pompeya no es que sea más turístico, que también. Ni que esté lleno de gente, que también. El problema es que es tan inmenso que me resultó imposible hacerme una imagen mental de cómo era. Era caminar por calles entre edificios sin poder hacerme esa idea. Y a mi eso es lo que me gusta de estas visitas. Pensar cómo era, como vivirían. Bueno, en el caso de Pompeya como morirían. Nos dijo el guía que murieron 2.000 personas de las 22.000 que vivían allí. Aun así, volvería a ir y me parece una visita muy muy recomendable. Gracias a la ceniza y a que no fue quemada es una muestra única de ciudad greco – romana. Y con un detalle que repitió mucho el guía. A diferencia de otras ciudades romanas, Pompeya desaparece en el año 79, nació pagana y murió pagana. Así que todo lo que se encuentra en ella en el ámbito religioso esta puramente original sin mezclas con el cristianismo.

Salimos de Pompeya y como no habíamos tenido bastante y aun sentíamos un poco las piernas, volvimos a Paestum, pero esta vez a ver el museo. Aquí esta la tumba del nadador encontrada en 1968 que parece ser de las pocas o la única pintura de la época con una representación humana que ha sobrevivido íntegra.

De aquí nos volvimos a Salerno y esta vez tocaba pizza. Así que nos fuimos a la pizzería Spicchio. No he encontrado su Instagram, pero os la recomiendo muchísimo. Las pizzas estaban increíbles, el dueño majísimo y el precio fenomenal. Os dejaré fotos.

La verdad es que fue un día intenso. Pompeya fue abrumadora, la pizza estaba de locura. Y además nos echamos unas risas las primas juntas intentando no morir al volante. He intentado resumirlo todo en un reels, pero no ha sido fácil.

¿Seguimos en la siguiente entrada? ¡Nos vemos!

¡Sed felices!

domingo, 7 de noviembre de 2021

Viaje de Primas: llegando a Salerno y Paestum. (P.1)

Improvisadores, ¡hemos vuelto a viajar!

Parecía que el COVID nos había dejado sin viajes, pero poco a poco van volviendo. Eso sí, con nueva normalidad y nuevos códigos QR que llevar encima. ¿Os cuento? aunque ya sabéis que, como siempre, en mi Instagram os voy subiendo fotos y más cosas os dejaré los enlaces por aquí. 

Primero un poco de contexto. Mi prima esta de erasmus en Salerno, y el 23 de octubre cumplía un añito nuestra sobrina. La hija de su hermano. ¿Cómo se lo iba a perder? Así que entre las 4 primas organizamos la sorpresa, la trajimos de Valencia de vuelta y el viernes 22 por la tarde la llevamos a su casa. La cara de mis tíos al verla… indescriptible. Y os preguntareis que todo esto a qué viene, ¿no? Pues que aprovechando que yo tenia vacaciones en el instituto y mi hermana y mi prima podían pedirse los días… pensamos que era muy irresponsable traerla hasta aquí y no asegurarnos de que volviese a casa sana y salva. Así que nos fuimos las 3 con ella hasta Salerno.

Pero esperad que no nos vamos aún… volvamos un poco atrás. Sábado 23 de octubre. Nos vamos en 24h, pero ¿Quién se resiste a una fiesta de pueblo? Nadie. Y yo menos (los que me conocéis ya lo sabéis). Así que allí estábamos mi hermana y yo de cubateo, kebab y casales hasta las 7 de la mañana del domingo. ¿Me arrepiento? No. Fue como volver a ser yo después de 2 años. No se si dice poco de mí, pero esa noche volvía a ser yo 100%. Y, además, una charla de sofá a las 5 de la mañana con gente que no conoces era ya la vuelta absoluta a la normalidad.

Nos acostamos a las 7 de la mañana y nos levantamos a las 9 de la mañana. Empezando el viaje con energías. A las 10.30 estábamos llegando a Valencia ya. Ducha, siesta, comer, acabar la maleta… y a las 19h estábamos de camino al aeropuerto. Allí nos encontramos con nuestras 2 primas. Facturar maletas. Pasar el control. Volver a pasar el control porque si para a alguien ya sabéis que siempre es a mí. Aunque tengo que decir que he visto los dos controles (ida y vuelta) bastante desganados. No me han hecho quitarme las zapatillas, ni sacar los líquidos de la maleta ni nada.

El avión salía a las 22.25, así que jugamos a las cartas, cenamos tranquilamente y por fin a las 21.45 embarcábamos. Los que me conocéis sabéis que odio volar. Pero no hay nada como no dormir por estar de fiesta y un Valium para sufrir muy muy poco. Eso sí, no dormí en el avión y llevaba una sensación de jetlag encima… que parecía que había volado a Cancún en lugar de a Italia.

Aterrizamos a las 00.05 en Roma, pero hasta la 1 no salieron las maletas. Y aun tuvimos suerte porque parecía que allí había gente esperando sus maletas desde hacia 3h. Tenían una montada con la policía que mira… lástima que el italiano a velocidad de enfado no lo entiendo. Recogiendo las maletas nos llama la chica de la compañía de alquiler de coches, que donde estamos, que nos espera como mucho hasta las 2. Disculpe señora si la puerta del aeropuerto que comunica directamente con el aparcamiento la cierran por la noche y tenemos que dar una vuelta que ni volviendo a casa andando.

Habíamos contratado con Edreams el coche, pero Italia Renting Car nos dio problemas. El primero, Edreams decía que había sobrecargo de 90€ por horario nocturno y allí nos cobraron 130€. El segundo que mi tarjeta de crédito tenia un limite de 500€ no se porque y no aceptaron que mi hermana pagara con la suya porque estaba en el móvil. Así que nos cobró el seguro a todo riesgo para poder darnos el coche. Total, que 235€ más aparte de los ya pagados para alquilar el coche. Sali de allí con tan mala leche que se me había pasado hasta el sueño.

Eran ya las 2 de la mañana cuando pusimos rumbo a Salerno. No fuimos ni por peaje porque ya me sentía bastante robada por Italia y solo llevaba allí 1h. así que nos turnamos entre mi hermana y mi prima y a las 7 de la mañana llegábamos a Salerno.

Siguiente sorpresa. Todo Salerno es zona azul. TODO. O eres residente o pagas. Me empezaban a tener un poco cansada los italianos y llevaba 6h en el país. Miramos y un día entero de zona azul eran 50€. No va a pasar. Así que busqué en Google y encontré un aparcamiento que por 54€ podíamos dejar el coche todos los días, lo aparcan ellos y además podemos sacarlo y dejarlo tantas veces como queramos. Decidido.

Llegamos al piso de mi prima sobre las 8 de la mañana, por fin. Y nos acostamos. Bueno, se acostaron. Porque yo a las 8.30 estaba al teléfono con mi gerente del banco para solucionar lo del limite de la tarjeta de crédito. Y cuando digo al teléfono digo que mi señora madre fue al banco y le pasó al hombre su propio móvil. No le puede decir que no a una madre.

Me acosté después de solucionarlo y a las 12 nos levantamos. ¿Se puede vivir a base de siestas cortas? Claramente demostrado que sí. Mis respetos a todas las madres y padres que viven años a base de siestas cortas. Nos medio recompusimos y nos fuimos a comer pasta. Ya os daré envidia en Instagram, pero fuimos al restaurante Al Dente y estaba buenísimo. Pedimos dos entrantes y cuatro principales. Y agua. Salimos a 15€ por cabeza que oye, increíble. Eso sí, en Italia en ese momento para comer en interior en los restaurantes nos pidieron el Green pass o certificado de vacunación del COVID.

De aquí nos fuimos a Paestum. Un yacimiento cerca de Salerno. Desde luego 100% recomendable. Hay poca gente, un paseo agradable y además la entrada te sirve para 3 días. También piden el Green Pass para entrar. Nosotras nos compramos el bono familia que eran 20€ entre todas, aunque un poco por ratas y por marear a la chica que no estaba muy convencida. Sin el bono son 10€ cada adulto y 2€ para los jóvenes hasta 25 años. Le dijimos que éramos primas, pero entre que nos hicimos las locas y que en italiano no se dice así… mi prima le dijo que éramos hermanas. Y como ellos miran el último apellido y en nuestro caso las 4 tenemos el mismo… pues 4 hermanas.

Una vez dentro podéis visitar el museo o el yacimiento en sí. Nosotras visitamos el yacimiento y nos descargamos la aplicación que sirve de audioguía. Es un paseo entretenido y un sitio precioso. Si no hicimos 1000 fotos no hicimos ninguna. También la lié, porque soy así. Cogiendo el bolso se enganchó en una piedra de un murete y se me cayó la piedra en el pie. No me puse a llorar por vergüenza. Solo dije dos cosas "¡Mi pie!" y "Joder, he roto el monumento". Recoloqué la piedra y espero que si vais no dejéis los bolsos cerca de los muros. 

Volvimos a Salerno a cenar pronto porque, sinceramente, no podíamos con nuestras vidas. A las 20.30 estábamos en Ingordo cenando, una hamburguesería típica de Salerno con hamburguesas enormes. Cenamos estupendamente, vuelta a casa, ducha y a dejarse morir en la cama. Bueno, el sofá en mi caso y el de mi hermana.

Dejamos los siguientes días… para otro día, ¿no? Que ya solo la llegada a Salerno ha sido intensa. No quiero aburriros mucho. Además, así os da tiempo a que se os pase la envidia. Os dejo por aquí un resumen del primer día

¡Sed felices!

domingo, 15 de agosto de 2021

Escapada Manchega: Santa Maria del Campo Rus (Cuenca). P.2

Improvisadores, 

Retomamos el viaje donde lo dejamos. ¿Os acordáis? Martes de mercado, miércoles castillo de Belmonte...

Pasamos entones al jueves, que volvimos a ir de mercado esta vez a San Clemente. Pero primero, paseo por el campo hasta San Isidro. Luego ya hacia San Clemente. Esta vez el mercado es mucho más grande. Tengo que decir que la gracia de ir al mercado es desayunar porras, que en Valencia solo tenemos en fallas. Aquí compramos comida, ropa, zapatos… nos volvimos medio locas. Luego una Coca-Cola a la sombra en la plaza de la iglesia parroquial de Santiago Apóstol y para casa, que entre unas cosas y otras comíamos a las 4 de la tarde. Que también os digo que hambre hambre… menudo empacho ese día. Condeciros que la siesta acabó a las 19h…

Y llegamos al viernes, ultimo día. Esta vez no nos fuimos a caminar, ya no sabíamos dónde ir. Así que nos fuimos de ruta de tiendas. A la panadería a encargar madalenas, a la carnicería a por embutido y a la quesería. Vamos, lo que viene siendo un básico cuando visitas cualquier sitio, volverte a casa con el coche lleno de comida. Por la tarde nos fuimos a la piscina y luego bajamos a cenar al bar. Luego nos fuimos hacia fuera del pueblo y vimos las estrellas. Vimos hasta la vía láctea. Era impresionante. Pero tengo que admitir que empezó a hacer frío y ya nos fuimos para casa.

Sábado, hora de irse a casa. Llenar el coche y salir a la carretera para encontrarse todo el atasco en dirección Valencia por la A3 desde Madrid. No pasa nada, no tenemos prisa. Paramos en Honrubia en el Restaurante Moya a comernos un bocadillo de bacon con queso y una Coca-Cola y qué queréis que os diga, el trafico hasta casa se ve diferente. Llegamos a Valencia después de km de atasco. Por fin. Y teníamos 6h para comer, descansar y volver a vernos porque habíamos quedado a cenar con las amigas. 

Habíamos reservado en el mercabanyal porque yo tenia muchas ganas de probarlo. Tenía especial interés en los baos de Baovan y las hamburguesas de Hundred y no puedo quejarme. Estuvimos de lujo, cenamos mejor que mejor y nos volvimos andando a casa que hacia una noche espectacular. 

Pero la cosa no queda ahí, el domingo quedamos para ir a la playa y luego a comer en la Chipirona Playa. Yo no soy muy de pescados y mariscos, per la fritura de chipirones con queso feta y mayonesa de quimchi y el arroz con bogavante... no había mejor cierre a una semana de vacaciones fantástica! 

Espero no haberos aburrido mucho con las entradas del viaje y haberos dado alguna idea por si no sabíais aun donde iros. Y os prometo que os iré compartiendo en instagram fotos de todo! 

¡Sed felices!