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jueves, 28 de agosto de 2014

Del calor de Valencia al frío de Andorra y media vuelta

Improvisadores, hace unas semanas que volví de mi semana de vacaciones en Andorra. ¿Sabéis que? Que echo de menos el fresco andorrano. Pero bueno, ese no es el tema… más o menos.
El lunes 4 después de pasar por mercadona a aprovisionarnos de almuerzo, comida y café, pusimos rumbo a Pas de la Casa. Con tranquilidad, parando varias veces y disfrutando del paisaje. Pasamos por Sant Climent que, para algunos no os dirá nada, pero para Paula y Elena quizá les recuerde el momento en el que íbamos buscando los pueblos para mi trabajo final de máster y me encontré con “San Clemente” y “Sant Climent”. En este punto yo no sabía si eran los dos el mismo pueblo o pueblos diferentes, bendito internet. Bueno, pues esa duda solucionadisima.
Cuando llegamos a Pas de la Casa a eso de las 6 de la tarde había una niebla de película de miedo. Nos dieron las llaves del apartamento y fuimos a investigarlo. Lo mejor era el balcón que daba a los pirineos, a un prado con vacas y un riachuelo. Ais, vacaciones. El caso es que esa nube de niebla se iba de Pas de la Casa y entraba otra, como si fuese una película de miedo. Y encima hacia frio. Y yo solo con una rebequita porque mi madre dijo que no me haría falta más. Maldita sea, saquemos el edredón del armario pero ya.
El martes nos dedicamos a hacer el primer día de ruta por las iglesias románicas de Andorra que resulta que hay como mil. O como 50. Si vais, os recomiendo ir primero al Centro de Interpretación Andorra Románica que está en Pal y allí mismo empezáis la ruta. Además, todas las tienen un guía y la visita es gratis. Sí se pagan los museos, pero con las entradas de adulto incluye la entrada a otro museo. Además, con el carnet de estudiante se reduce el precio a 2.5€, es decir, la mitad. Y con el carnet joven es gratis. Es decir, que es bastante económico visitar las iglesias y museos. Nosotros empezamos la ruta por la iglesia de Sant Climent de Pal. El pueblo entero está incluido en el plan de protección de la arquitectura tradicional desde hace unos años, así que vale la pena dar una vuelta. Vimos muchas casas con una planta superior dedicada a secar tabaco, porque no sabéis la cantidad de tabaco que se planta allí. Yo tampoco lo sabía.
Después de esta iglesia nos fuimos a Sant Martí de la Cortinada que es mucho más grande y más reformada que la de Pal. Pero también es preciosa además de tener una zona de sombra que da gusto. Como se acercaba la hora de comer, nos fuimos en dirección a Encamp a ver la Iglesia de Santa Eulàlia, pero al entrar es de esas iglesias en las que piensas: pues una iglesia normal, de románico el campanario. Fuimos a comer a un restaurante donde eran muy lentos y el camarero se ponía nervioso cada vez que pasaba por nuestra mesa y veía que el que tomaba nota no había pasado aun a vernos. Aun así conseguimos comer y a las 4 nos fuimos al museo casa de Areny-Plandolit que según la guía es el único ejemplo de casa señorial de Andorra. La verdad es que me gustó mucho porque tienen los objetos originales y puedes visitar las habitaciones y está la ropa, los cacharros y hasta los juguetes. Además, también hay una antigua consulta de médico del señor de la casa con material antiguo. La verdad es que si tenéis que elegir un museo, os recomiendo este.  También está el centro de interpretación de la Farga Rossell que fue la última fragua en cerrar. Aquí te explican la historia del hierro y la industria en Andorra y después hacen una demostración del funcionamiento de la forja del siglo XIX. Aunque a decir verdad en mi opinión sobraba el video o el guía que repitió después lo mismo que el video. Puestos a elegir prefiero que se quede el guía, por lo de defender la profesión, que nunca se sabe.
De aquí nos fuimos a la última parada del día: Sant Cristòfol d’Anyós. Como casi todas las iglesias están lo más alto posible y desde aquí hay unas vistas increíbles. De hecho, la construyeron ahí para vigilar la entrada del valle. A esta no pudimos entrar porque sólo abre dos días a la semana, pero por si vais que sepáis que las pinturas románicas también se arrancaron en los años treinta. De aquí ya pusimos rumbo a casa porque aunque son pocos kilómetros, los puertos de montaña retrasan mucho.
El día siguiente fue otro día de rutas románicas. Para empezar nos fuimos a Sant Serni de Nagol que está más o menos allá donde Cristo perdió el gorro y subiendo. Es una iglesia de 1055 desde la que se ve una ermita y (si no hubiesen construido fincas) la iglesia de Sant Julià de Loria. Una vez más, la iglesia tenía un carácter defensivo. Según nos explicaron es porque al ser un país neutral no podían tener castillos ni fortificaciones, pero supongo que hecha la ley, hecha la trampa. Es una iglesia pequeñita a la que no debe ir mucha gente ya que la guía estaba tumbada en el porche con un cojín y un libro. Un trabajo tranquilo. De aquí volvimos a la civilización y nos fuimos a visitar Santa Coloma. Para seguir con las excepciones andorranas, esta iglesia es la única que tiene un campanario redondo (más o menos). Nos dijo un guía que parecía casi un pique entre iglesias así que acabaron con la única iglesia con ventanas geminadas dobles, la única iglesia con un campanario redondo y otra con un campanario extremadamente alto. Esto es lo que pasa cuando te picas con el vecino, que luego la historia no sabe a santo de qué. Aquí en Santa Coloma nos encontramos con una guía más preocupada por repetir el horario de las iglesias que por hacer la visita y cada vez que llegaba alguien volvía a empezar. Desesperante. En esta iglesia las pinturas también fueron arrancadas aunque se conservaron algunas que estaban escondidas detrás del retablo. Además en el ábside hay una miniatura de la virgen de los remedios decorada y digna de adulación si es cierto que no ha sido restaurada nunca. Además, Santa Coloma está en el centro del pueblo y si no aparcáis al lado sino en un parking que hay más arriba hay un bonito paseo. Lo único malo es que el bonito paseo de vuelta es hacia arriba, pero no es mortal.
Como se hacía ya la hora de comer, nos fuimos en dirección a Sant Miquel d’Engolasters y antes de visitarlo decidimos comer. Cerca de la iglesia está el lago d’Engolasters. Arriba de la cuesta hay un restaurante y un parking para clientes, pero también podéis aparcar abajo e ir hasta el lago por el camino de acceso al circuito de trial o bicicleta de montaña o lo que sea. Aquí comimos a la sombra y disfrutando de las vistas y sin muchos bichos, todo sea dicho. De aquí nos fuimos al restaurante a tomar el postre. No pudimos entrar dentro porque estaba cerrado, así que nos tocó sentarnos al sol en el chiringuito a sufrir helado en mano. Que bien podría haber sido gratis si el camarero me hubiese confundido más tiempo con su amiga Carmen. Que oye, si tenemos que ser amigos seremos amigos, no es tanto esfuerzo. Seguro que su amiga Carmen tiene pinta de maja, como yo.
En fin, de aquí nos fuimos a Sant Miquel y menos mal que llevábamos una guía porque el guía que había allí no se dignó más que a darnos la razón en lo que nosotros íbamos suponiendo. Por no llevar no llevaba ni el uniforme. Sant Miquel es una iglesia muy pequeñita con un campanario de 17 metros que le queda como a un Cristo dos pistolas, o extremadamente desproporcionado. Como queráis. Dentro vimos al típico pantocrátor, pero resulta que es una copia y los originales no están, para variar. Lo bueno que tiene  es que está a pie de carretera, así que no tenéis que escalar. Así se hace el románico, a pie de carretera, a ver si aprenden los de Nagol.
Muertos de calor porque ese día decidió calentar con ganas, nos fuimos a ver el conjunto de les Bons. En realidad lo llaman “conjunto histórico” pero lo único visitable es la iglesia. También podéis subir a una torre, pero sin más. Aquí en la iglesia conocimos al guía que más mencionamos y recordamos de la historia: Albert. Él nos enseñó la iglesia de San Román y fue con el que más nos reímos, con diferencia. A la pregunta de si esa piedra tan blanda (parecida a la piedra pómez) aguantaba bien la humedad dijo: si en Andorra no hay humedad. Para asegurarnos de que había entendido la pregunta añadí: pero ¿ni con lluvia ni nieve? Y siguió negándolo. Querido Albert, no puede ser que digas que no hay humedad si está todo verde y hay riachuelos cada dos pasos. Además, él con el pelo largo y liso lo tiene que notar, seguro. Me juego lo que queráis. El caso es que al acabar la visita y explicarnos todas y cada una de las pinturas, le pregunté si todos los guías de patrimonio son historiadores. Adivinad qué, no lo son. Él nos dijo que era ingeniero deportivo. ¡Maldito sea el intrusismo laboral! Y menos mal que no es ingeniero agrónomo, porque decir que no hay humedad…
Después estuvimos hablando un rato de sus copríncipes y demás, yo no tenía claro si Francia y España pagaban a Andorra o al revés y resulta que el presidente francés y el obispo de Urgell le cobran a Andorra un buen pico cada año. ¿Las coprincesas llevaran solo medio vestido y media corona? Lo investigaré antes de presentarme voluntaria. Si vais a Andorra ojalá os toque Albert de guía, no como el de Sant Miquel o la de Santa Coloma.
De aquí nos fuimos a Sant Serni de Canillo que está también arriba pero no os paséis como nosotros que nos fuimos demasiado arriba. Es una iglesia normal y a través de un cristal se ven cuatro muros de una iglesia románica, pero sin más si lo que buscáis son iglesias románicas. De aquí nos fuimos a Sant Joan de Caselles, otra iglesia a pie de carretera, donde aún se conserva la madera original y hay dos porches de épocas diferentes. Además de un cristo policromado que encontraron hecho pedazos en la propia iglesia. La verdad es que es una iglesia simple pero muy bonita, incluso desde fuera. Además como el museo de la moto está al lado, se puede aparcar en su parking y siempre está llena de gente. Por eso de que no hay que buscarla, que está a pie de carretera. Esta iglesia, según entendí, no es de patrimonio así que cierra al medio día.
De aquí ya nos volvimos a casa porque hay que abastecer la mini nevera y decidir el plan para el día siguiente. Y abrazar el edredón.
Al día siguiente nos levantamos y después de organizar la ruta pusimos rumbo a Llivia. Para el que no lo sepa (como era mi caso) Llivia es un pueblo catalán en territorio francés. Algo así como el rincón de Ademuz. Más o menos. Aquí está la farmacia más antigua de Europa o una de las más antiguas. Dicen mis padres que antes se podía visitar la farmacia, ahora hay un museo y una especie de reconstrucción de la farmacia y la oficina del farmacéutico, pero es bonito. Os recomiento visitarlo porque es muy interesante. Justo enfrente del museo está la antigua cárcel y la iglesia. Si os gusta visitar iglesias, es una iglesia bonita. Sí, normal y aun en uso, pero bonita. Pero eso sí, no busquéis postales porque no venden. Malditos.
Aquí la puerta de la cárcel

De aquí salimos pitando hacia el Valle de Nuria. Sí, mi hermana tiene un valle. O no y es sólo casualidad. Nunca lo sabréis. El caso es que después de pagar una burrada para subir al tren cremallera que sube hasta allí 
(que suena un poco tacaño, pero jolín), nos tocó esperar un buen rato. Pero bueno, se lo perdonamos por ser una de las dos únicas líneas de tren cremallera de España y además se inauguró en 1931, hay que tener paciencia. Por fin llegamos arriba y el frio nos abrazó. Tanto que me puse la rebeca y el chubasquero, que no abriga pero reconforta. Comimos allí con nuestro picnic y después fuimos a visitar la ermita y la iglesia. Vale que la última vez que fui yo tenía como 5 años, pero a Dios pongo por testigo que allí había un caldero en una ermita y ahora ya no está. 
Dentro de la iglesia se puede subir hasta arriba y ver la habitación donde está la virgen de Nuria, pero yo me embobé en cuanto entré porque había una chica restaurando pinturas. Creo que se pensó que estaba loca porque me quedé un poco embobada. Así que cuando la habitación se despejó empecé a hablar con ella y resulta que llevaba cuatro días con un trozo que no mediría ni 50cm. Pero fue bastante simpática, sobre todo después de dejar caer que era del gremio y no una cotilla sin más. Discúlpeme, soy una cotilla titulada.
Y entonces tocó esperar al tren cremallera, porque no os creáis que pasa cada cinco minutos tampoco. Así que nos fuimos a la cafetería y me tomé un delicioso chocolate caliente. La verdad es que siempre que hemos visitado el Valle de Nuria paramos un gran dia. Con 5 años o con 23, es un sitio precioso. Y toda la zona de la Vall de Ribes es increible, los pueblos son maravillosos y os recomiendo tanto ir a visitarlos. Nosotros vamos cada x años, porque de verdad que nos encanta la zona. Aunque tengo que reconocer que la vuelta a casa fue larga y cuando llegamos el edredón me sonrió.
Al día siguiente cruzamos la frontera hacia el otro lado y nos fuimos a Foix. Fuimos justo el día que hacía un calor infernal y había mercadillo. Que después dirán que aquí timamos a los turistas, pero ojo que aquel panadero nos timó. Ahí se atragante, mala persona. Subimos hasta el castillo de Foix, pero tampoco me apasionó. Si hubiese estado como la casa museo, así con el mobiliario o algo. O vacío. Pero no exposiciones aleatorias en cada planta. Que la exposición sobre Andorra no sé a qué viene. Lo único salvable fue el libro de cacerías que escribió el mandamás y que han digitalizado así que vas pasando las páginas en plan tablet.
En la oficina de turismo nos habían dicho que cerca había un pueblo muy bonito, así que decidimos ir allí a comer. De camino a Mirepoix me dormí, porque a todo esto la siesta no la he hecho mucho, pero la siesta del borrego no la he perdonado ningún día. Por eso hay algún vacío existencial en la historia, porque me he pegado unos sueñecitos en el coche que vamos.
Llegamos a Mirepoix y nos comimos la quiche que habíamos comprado al panadero timador. Que era un timador, pero estaban de muerte. Después nos fuimos al centro del pueblo que no sé cómo lo encontramos porque ahora que lo pienso mis padres fueron muy directos. Igual lo vieron mientras yo dormía, no lo descarto. El caso es que es una plaza muy bonita con una gran galería medieval donde se organizan teatros, tiendas artesanales y mercados. La verdad es que vale la pena darse un paseo por la plaza y disfrutar de las vistas. Además está la catedral con la nave más ancha de Francia, que tampoco es despreciable y está toda pintada. Así que si pasáis por allí, marcad Mirepoix como punto interesante. Además hay una heladería que hace esquina que te mueres. Vale que los helados son de Ben&Jerry’s, pero se está tan bien allí. En la oficina de turismo nos mandaron a “uno de los pueblos más bonitos de Francia” y allá que nos fuimos. No hace falta que marquéis Camon en el mapa. No tiene mucho que visitar, así que a no ser que queráis dar un paseo por un pueblo pequeño o comer una crepe en una furgoneta-bar, no hace falta. Tampoco descarto que en Mirepoix nos mandasen allí para que dijésemos “pues Mirepoix es más bonito”.
Lo malo de cruzar fronteras es que luego hay que volver y no sabéis la de colas que se organizan en Andorra para entrar y salir. No porque paren en la aduana, sino porque el aforo del país entero debe rebosar. El caso es que volví a casa sin que ninguna oficina de turismo me diese información de Muret. Frustración sobre mí y vergüenza sobre sus oficinas de turismo.
Al día siguiente arrastré a mi familia a más de dos horas de coche para llegar a Muret. He de reconocer que fui perdiendo la fe. No llegábamos nunca y empezaba a tener pinta de ser un pueblo con cuatro casas muertas del asco. De hecho empecé a sugerir dar la vuelta porque no valdría la pena. Hasta que sales de un mini bosque y aparece Muret a tus pies, enorme. Porque claro, a ver si se pensaban que yo los llevo a sitios muertos del asco o que un rey de Aragón se deja matar en cualquier sitio. El caso es que llegamos más bien a la hora de comer y estaban recogiendo el mercado. Por una parte mejor, no quiero vérmela con más panaderos timadores. Entramos en la iglesia y aquí encontramos la única referencia a la batalla de Muret. Vamos a ver, ¿tanto estudiarlo para esto? Después preguntamos a una buena mujer por la oficina de turismo y nos dijo que era sábado, que estaría todo cerrado. Maldita sea. Vergüenza también sobre esta oficina de turismo. El caso es que decidimos ir a buscar algún sitio agradable para comer, pero antes hice que Nur cruzase conmigo una carretera para hacerme la foto con el nombre de “Muret”, por lo menos. Y entonces a mi padre le dio un cortocircuito y decidió ir a Lourdes. No sé si sabéis donde está, pero más o menos de Muret está a tomar por saco a la izquierda. Que se veían ya las señales en dirección a San Sebastián. Paramos a comer a medio camino porque eran las 4 y ya rozaba la indecencia. Por cierto, las ensaladas que venden en los supermercados no están tan buenas como parece. La de pasta tenía un pase si le hubiesen quitado el pimiento, pero la de cerdo… no señor. La cambié por un capuchino frio.
Llegamos a Lourdes y de repente la población se ha transformado en grupos de enfermos, familia, monjas y curas. Megafonía con música, megafonía con misa. Demasiada sacralidad, me cortaban todo el sarcasmo y la ironía que viven en mí. Vimos de lejos la virgen porque la cola que había no tenía nombre y después entramos a la iglesia donde había unos mosaicos muy bonitos, todo sea dicho. Y después nos fuimos a comprar recuerdos para las abuelas, pero no venden agua embotellada. Sólo encontramos una mini botella y la mujer dijo que no le quedaban más. Igual yo soy mala persona, pero seguro que más de uno hubiese dicho que sí, hubiese entrado a la trastienda a llenar la botella con agua del grifo y lo hubiese vendido. Por una parte no miente, porque es agua de Lourdes, por otra… voy a ir al infierno.
El caso es que después de un súper helado de nata con sirope de chocolate me veía en muchas más condiciones de hacer de copiloto de vuelta a Andorra. Así que el turno de la tarde (mamá y yo) nos pusimos en los asientos de delante y seguimos las indicaciones del GPS. Al que hay que llevar a desintoxicación porque debía estar borracho perdido porque no nos devolvió por la autopista sino que nos metió por todos los malditos pueblos de Lourdes a vete a saber dónde. Hasta que empezó a anochecer y nos plantamos en una rotonda perdida de la mano de dios y el GPS decía que teníamos que seguir por el puerto de montaña. Y mamá se amotinó y al grito de “¡un puerto!” dio otra vuelta a la rotonda, se aparcó y le dijo a papá que se apañase. La verdad sea dicha, en el puerto el corazón se me movió de sitio y casi sale disparado. Carretera estrecha con niebla y solo nos faltaba la niña de la curva o las brujas de Zugarramurdi. Por fin, a las once de la noche llegamos al apartamento. Edredón, no sabes cuánto me alegro de verte.
El día siguiente por la mañana lo dedicamos a bajar a Andorra a comprar, pero lo de que es más barato es bastante mentira. Si no fumas, no te sale rentable. Y como yo no fumo, pues a otra cosa mariposa. Volvimos a comer al apartamento y después de la siesta quisieron dar una vuelta por los prados de detrás. Querían subir a un lago, pero yo decidí que me quedaba a medio camino y me senté al borde del rio. No sé porque decidí meter los pies en el agua y estaba tan fría que dolía. Pero allí me quedé por lo menos una hora. Solo se oía el agua, ni las motos de trial escuché. Cuando quise darme cuenta había una vaca a menos de 2 metros de mí y no la había visto ni venir. Me quedé tanto rato allí sentada que las golondrinas pasaron a menos de medio metro de mi cabeza y los mosquitos se posaron sobre mí. Pero fue una hora genial. Ojala hubiese podido coger ese trocito de mundo y traérmelo a casa. En su lugar grabé un video. De vuelta al apartamento pasamos en medio de las vacas que rumiaban y los terneros que nos miraban fijamente.
Al día siguiente volvimos a Andorra porque papá quería comprar una cosa en la única tienda que estaba cerrada el domingo. Después de almorzar pusimos rumbo a casa, pero antes decidieron pasar por Sort a comprar lotería. No sé si habéis ido alguna vez, pero tiene un camino con curvas que te mueres. Y más si vas leyendo como yo. No me había mareado nunca en el coche, y que horror. Quiero decir, ¿qué haces? Si has bebido hay quien vomita y hay quien come y asienta el estómago, ¿pero en el coche? Como yo no soy muy de vomitar, en cuanto pararon el coche para ir a comprar me comí un paquete de papas. No sé qué ayudó si las papas o el hecho de estar parada, pero el caso es que me encontré mucho mejor. Pero válgame, que mal lo pasé. Así de dedicada estoy al trabajo del máster. Solo recordarlo me duele la tripa.
Paramos a comer allá por el desierto de Lérida que más que Lérida parecía el desierto de Nevada. Y otra vez ignorando al GPS borracho conseguimos llegar a casa sanos y salvos.
Hacía muchos años que no me iba de viaje con mis padres, pero no han perdido las costumbres. Ha sido un viaje muy divertido donde me han venido muchas ideas y además he disfrutado de un paisaje precioso. Será porque es todo verde con ríos (aunque Albert diga que no), pero me parece precioso. Quizá porque no lo tengo en casa. Lo mismo me pasa cuando voy a Francia a ver a la familia, lo que no tienes te parece maravilloso y lo que tienes, bueno eso es más rutina y trabajo, pero también es maravilloso.
Sé que no ha sido un gran relato de las vacaciones, pero espero que me perdonéis. Espero que hayáis tenido un gran verano y disfrutéis de lo que queda.

¡Sed felices!

martes, 13 de agosto de 2013

Primera parada: Camping!

Improvisadores, vamos a entrar al tema interesante: las vacaciones. ¿No os parece interesante? Yo creo que es lo mejor del verano. O ¿quizás es el verano lo mejor de las vacaciones? No lo sé, el caso es que ahora voy a contaros mi primer viaje.
El lunes 22 era el día de organizar la maleta a corre prisas. A las 9 me desperté por culpa (o gracias al) grupo del whatsapp del camping, que ya estaban en marcha. Me puse a recoger mis cosas hasta que aparecieron mi madre y mi hermana diciendo que si íbamos al centro a ver vestidos para la graduación. Vale, vámonos. Yo no sé qué pensaba mi madre, pero me llevó al centro a tiendas donde tienen hasta café. Y donde no voy a gastarme tal cantidad de dinero en un vestido. ¿Estamos tontos o qué? 970€, mis dos riñones, tres ojos de la cara, un pacto con el diablo… además, en Divinity las dependientas son mucho más simpáticas. “A estas alturas, para septiembre no encuentras nada”. Pesimista de las narices, ya veremos si encuentro o no.
Después de comer acabé la maleta. Luego me fui a merendar con Lau y por la tarde, al llegar a casa, Gem me dijo que su cargador podía servir para mi cámara de fotos. ¡Yuju! Después, de repente en mi casa había que preinscribirse para el master, así que lo hice y en cuanto lo conseguí, mi padre me llevó a casa de Thais. Bajaron Thais y Alejo para ayudarme a subir trastos. Cuando llegó Gem nos fuimos a mercadona a comprar el desayuno y el almuerzo del viaje. Volvimos a apalancarnos en el sofá hasta la hora de cenar [Maria, deja de meterte con Gemma mientras escribes esto en el camping] y nos fuimos hacia el restaurante. Queríamos cenar en uno ambientado en La Vida de Brian, pero estaba cerrado y acabamos cenando en un libanés (Beirut King) con un menú degustación que según Gem sabía todo a morcilla. Pero a mi me encantó. 
Casi a punto del empacho y muerte, volvimos a casa de Thais. Hacía tanto calor que moriríamos por empacho y deshidratación. Gem y yo preferimos acostarnos en los sofás con el ventilador. Pero no conseguí dormir del tirón y a las 4:30 se despertó Gem y asaltamos la nevera en busca de agua. Después de esperar a que se descongelase una botellita pequeña, de darnos cuenta de que podíamos beber de una garrafa de la nevera y de cambiar los sofás, conseguí dormir del tirón hasta las 6:30.
El despertador sonó el martes 23 a las 7 de la mañana. Mientras Gem remoloneaba, Thais y Alejo se ducharon y yo…remoloneé. Desayunamos sandia, recogimos los trastos y nos fuimos hacia el coche. Después de la partida de tetris más difícil de la historia, conseguimos meternos todos en el coche. Solo diré que Gem y yo no tocamos el suelo del coche en ningún momento.
Después de parar a almorzar (previsoramente habíamos hecho bocadillos. Madres y abuelas, podéis estar orgullosas), seguimos la ruta y llegamos al camping (La Ballena Alegre) a las 13:30. El camino estuvo amenizado por canciones de nuestra recolección, pero también por la radio. Llegamos al camping y hacemos el check in. Y luego nos dicen que nos busquemos una parcela. Reserva ni reservo, allí que vamos nosotros en medio del caos a buscarnos una parcela. Nuestro vecino de la derecha nos ocupaba un trozo de parcela, pero bueno, no nos molestaba. El vecino de atrás será ahora conocido como El Patriarca, la mujer del Patriarca y su hija la Barbie Choni. Por fin encontramos una y después de 1h conseguimos montar la tienda (bueno, Thais y Alejo montaron la tienda). Es un tiempo nada malo si tenemos en cuenta que no la habíamos montado nunca, y si tenemos en cuenta también que no se nos cayó encima en ningún momento durante todo el viaje. Pero claro, imaginad el calor que pasamos montando la tienda al sol a esas horas del mediodía. Nada más acabar nos fuimos al bar a comer algo, pero como tenían horario guiri, nos tuvimos que conformar con unos bocadillos y unas cervezas. Suficiente.
Nos quedamos allí apalancados muriendo de calor. Nos reímos de Alejo, que dijo que su teléfono vaticinaba lluvia, nos reímos de mi madre que también nos había avisado. Nos dejamos de reír cuando acabamos con todos los trastos dentro de la tienda porque llovía. Mientras nosotros recogíamos las cosas dentro de la tienda, llego el vecino de la izquierda, un señor austriaco que desde hoy conoceremos como Vettel. Iba con sus 3 hijos (el de gafas, la niña y Philip) y se puso a montar la tienda mientras llovía, después de que yo intentase explicarle que la parcela acababa en una piedra. No lo entendió, porque nos ocupó media parcela. Como es lógico, noche de lluvia, noche de cartas. Cenamos los 4 dentro de la tienda, jugamos a las cartas y a las 12 estábamos todos en la cama. Porque teníamos sueño y porque somos muy respetuosos con las normas que dicen que de 12 a 7 hay que mantener el silencio absoluto.
El miércoles 24 decidimos quedarnos en el camping, lo que no sabíamos era que a las 8 de la mañana nos despertaría el calor insoportable que hacía en la tienda. Nos levantamos con calma, desayunamos con calma y sobre las 11 nos fuimos a la  playa, también con calma. A las 13:30 y ya muertos de calor nos fuimos al chiringuito a por unas cervezas. Pensábamos seguir nuestro camino hacia el supermercado, pero tenían pollo asado y patatas y decidimos aplazar la cocina para la noche. ¡Viva la procrastinación!
Después de comer nos quedamos allí porque corría el aire y se estaba mejor que en ningún sitio. Pero os aseguro que el tiempo pasa muy despacio cuando no haces nada. Al final volvimos a la parcela y fuimos moviendo las sillas según el sol. Después de conseguir levantarnos, caminamos el largo trecho que había de nuestra parcela al súper y por la noche cocinamos con el camping gas. Es más difícil darle la vuelta a la tortilla francesa si con un mal gesto puede acabar en el césped. Allí estábamos, Thais y yo cada una en una silla alrededor del camping gas, Thais aguantando la luz y yo con la sartén y la paleta en la mano. Después de cenar estuvimos con las cartas y de sobremesa, tanto que Thais y Alejo se apalancaron. Pero Gem y yo queríamos salir a ver que se cocía por ahí. El chiringuito cierra a las 12 y en la discoteca estaban todos los críos y el pub es pub de sentarte y tomarte una cerveza. Así que 30 minutos después de salir, Gem y yo volvíamos a la tienda con la sensación de ser nosotras las guiris. Debía ser así, porque allí eran todos holandeses.
El jueves 25 sonó el despertador a las 8, desayunamos, molestamos a la Barbie Choni que seguía durmiendo, también molestamos a nuestros vecinos de atrás que seguían durmiendo (conocidos desde hoy como Justin y su hermano el Moreno), recogimos y nos fuimos a Figueres. Aparcamos cerca de información (gracias GPS) y nos fuimos a hacer cola al museo de Dalí. Creo que de todos, la más fan de Dalí es Thais. A mí es que el surrealismo no me va, no lo entiendo mucho y parece que Dalí estaba como una cabra. Con todos mis respetos hacia los admiradores de Dalí. Después de ver el enorme, gigantesco e interminable museo, nos fuimos a comer.
Acabamos en el restaurante más lento de Figueres y preguntándonos si se pueden enviar sugerencias anónimas a Chicote. Después de horas para comer, volvimos al coche. El parking nos costó 10€ y a Alejo casi le da algo cuando vio que por ese precio ni le habían lavado el coche ni nada. Nos pusimos rumbo a Sant Pere de Rodes. Por el camino eché alguna cabezada hasta que topamos con un badén gigante que hizo que se me desencajaran las vértebras y me despertase. Es que íbamos por un camino de rotondas y no puedo soportarlo, me entra sueño. Pero luego el camino de curvas subiendo hacia Sant Pere ya no me dormí, esos sí me gustan. Llegamos arriba y…menudas vistas. Sí que sabían elegir bien los monjes las localizaciones. El monasterio sí que me gustó, más que el museo de Dalí diría yo.
Al acabar la visita, de vuelta al coche, pasamos por Cadaques de camino a Port Lligat a ver la casa de Dalí, pero no entramos porque eran 11€ y aun teníamos que volver al camping. Después de 1h de coche llegamos al camping a las 20:15h y decidimos que no queríamos cocinar, así que nos fuimos a la ducha y Alejo que acabó antes, se fue a por dos pizzas.
La verdad es que las pizzas estaban más buenas de lo que creía. Volvimos a jugar a las cartas y una vez la Barbie Choni acabó la fiesta que tenía con sus amigos en la caravana, nos fuimos a la cama. Total, si ya se van no tengo nada que cotillear, no vale la pena.
El viernes 26 volvimos a quedarnos en modo reposo en el camping, con nuestro calor a las 8 de la mañana, nuestra playa a las 11 y nuestra cerveza a las 13:30. Como veis, vivimos muy mal, muy estresados. Volvimos a comer en el chiringuito y después nos fuimos a la sombra de la piscina a hacer la siesta. A las 15 nos despertamos y Gem y yo nos fuimos a la ducha muertas de calor y luego a la parcela a sentarnos a la sombra. Al rato vinieron Thais y Alejo y tras horas aburridas de calor, nos pusimos a jugar al Jungle Speed (nosotros lo llamamos el Tótem, pero da lo mismo), el juego de cartas del viaje por excelencia. Nos entusiasma tanto que acabó siendo un espectáculo para los padres de Justin y el Moreno.
A las 20 nos fuimos a comprar la cena. Ya teníamos la cebolla en la sartén cuando encendimos el camping gas y empezó a arder por la clavija y lo tuvimos que apagar con una botella de agua. Lo dejamos enfriar y lo volvemos a intentar. Parecía que a la segunda iba bien, pero volvió a arder. Yo propuse pedir una cocina, pero ninguno quiso. Entonces el Patriarca vino a decirnos que ellos nos hacían la cena en su cocina. Gracias a esta buena gente pudimos comernos las hamburguesas.
Después de cenar volvimos a sacar las cartas en la partida más larga de la historia. Thais soltó un chillido a las 12:05 que hizo que por poco se nos saliera el corazón y nos echasen del camping (bueno, puede que esté exagerando). Cuando por fin acabamos la partida infinita, nos fuimos a dormir.
El sábado 27 fue el día que más tarde nos levantamos, a las 9 de la mañana. Diciendo esto no parece que estemos de vacaciones. Estábamos muy vagos y tardamos en desayunar y en cambiarnos. Llegamos a la playa a las 12 y yo diría que, definitivamente, fue el día más vago de la semana. Para variar, no cocinamos al medio día. Y por la noche nos fuimos a cenar a la pizzería. Nos pusimos nuestras mejores galas y nos fuimos al restaurante. Entramos muy decididos hasta que nos preguntó si teníamos reserva. Pues…no. Así que teníamos a 6 personas delante de nosotros. Pues una caña mientras esperamos, ¿no?
Justo cuando acabábamos llegó la camarera a buscarnos. Como somos unos animales, pedimos una pizza para cada uno y una ensalada. Digo que somos unos animales porque el miércoles habíamos cenado los 4 con 2 pizzas. Las pizzas y la ensalada no nos las acabamos, pero el lambrusco sí. Durante todo el camping nos comportamos y fuimos muy calladitos en contra del tópico, hasta este momento. Fuimos los más escandalosos del restaurante mientras hacíamos monólogos históricos partiéndonos de risa de todo evento histórico estudiado en la carrera. No sabemos si haremos un libro o un espectáculo teatral, ya os voy avisando. Al acabar de cenar bajamos a la fiesta del mojito. Nosotros íbamos a bailar, pero como había una pareja bailando muy bien, no quisimos dejarlos mal. Es decir, no bailamos porque no quisimos, no porque bailasen genial. Pero como el camping tiene horario guiri, a las 12 se acabó la fiesta y a las 12:30 estábamos en la cama.
El domingo 28 nos levantamos a las 8 – 8:30 para ir a Empúries. Llegamos allí y resulta que el último domingo de cada mes, la entrada al yacimiento es gratis. Entramos y nos sentamos a beber agua congelada mientras esperamos a la visita guiada de las 11. Allí en la cafetería nos pusimos a comentar datos históricos y esas cosas, sin darnos cuenta de que en la mesa de al lado, la guía de la visita de las 11 nos miraba de reojo. Primer enemigo de la mañana. Nos fuimos al punto de reunión y resulta que la entrada al yacimiento es gratis, pero la visita guiada no, son 3€. Y le decimos que compramos las entradas ahora y hacemos la visita y nos mira y nos dice que mejor en catalán a la de las 11:30. Está claro, nos escuchó hablar y le dio miedo que le preguntásemos, es que Thais es muy lista y controla el tema, ojo.
El caso es que compramos las entradas y nos esperamos a la visita de las 11:30. Esta visita era en inglés y en catalán. Y menos mal que nos esperamos a esta, porque el guía era más simpático que la otra. El tal Alex hizo una visita de 2h pero muy entretenida, nos reímos mucho, disfrutamos como niños en un campamento, todos sentados alrededor de él a la sombra mientras nos contaba batallitas de Escipión y las guerras púnicas. Así sí suena todo bonito.
Volvimos a comer al camping, que estaba a 10 minutos y después de reposar un rato viendo la F1, nos fuimos a Girona. Menos mal que vencimos nuestra pereza, porque es preciosa. Muy bonita, de verdad. Vale la pena ir. Además, la parte vieja no tardas tanto en verla. 

Al volver de Girona pasamos a comprar algo para cenar, sin cocina, por supuesto. Nos hemos pasado el camping comiendo macedonia y cosas frías.
El lunes 29 nos levantamos pronto porque teníamos planes más lejanos. Pusimos el GPS y tranquilamente llegamos a Besalú. Mi madre me dijo que Besalú era muy bonito, y no mentía. También me dijo que hay un libro ambientado en el puente de Besalú, y me lo creo, pero no me lo he leído. Ya os compartiré alguna foto en instagram. Fuimos a la oficina de visitas guiadas y elegimos la que daba toda la vuelta al pueblo. Nur dice que íbamos de pijos, de VIP, pero mi padre dice que íbamos potenciando el trabajo de guía turístico por si algún día nos toca trabajar ahí. El caso es que resultó que nosotros 4 éramos los únicos en la visita. Así que disfrutamos realmente de una visita privada, con una guía muy simpática con un acento catalán muy acogedor. Como íbamos los 4 dijo que podía hacerlo en castellano o en catalán, pero como nos daba igual y ya nos había oído hablar en valenciano, nos hizo la visita en catalán. Igual es una sensación mía, pero el acento de Girona es mucho más agradable que por Barcelona, sin ofender. Será una sensación. Después de la visita nos fuimos a ver el puente de cerca, compramos unas madalenas gigantes rellenas de mil cosas y pusimos rumbo a Camprodón.
¿Por qué Camprodón? Porque mis padres nos dijeron que hacen un embutido de primera. Y no mentían. Llegamos justo a la hora de comer y comimos muy bien en un restaurante de la plaza (Nuria). Mi hermana dice que fui ahí porque no puedo vivir sin ella, yo digo que era el que más nos gustó. Además, la señora era muy simpática y nos hizo reír primero tomándonos nota y después con el postre. Estaba toda la comida buenísima y no nos salió excesivamente caro si no recuerdo mal.
Después de comer fuimos a la oficina de turismo, pero la oficina de información de Camprodón cierra los lunes y martes, que lo sepáis si vais. Así que nos fuimos a ver el puente, subimos y justo al bajar, como dijeron mis padres, la tienda de embutidos. Entramos allí y no sabíamos qué llevarnos, todo olía tan bien. Al final salimos de allí con cosas para casa pero también con un fuet para cenar. No se deciros exactamente el nombre, pero no tiene perdida porque el escaparate es alucinante. 
Al llegar al camping empezamos a recoger todo más o menos, porque por la mañana teníamos que irnos. Se nos pasó muy rápido la semana.
El martes 30 nos levantamos a las 7:30, desmontamos la tienda, nos duchamos y una vez cargado el coche, nos fuimos a hacer el check out y a desayunar al bar. Conseguimos subirnos en el coche otra vez con los trastos (y nuevos trastos como una caja con botellas de vino) y pusimos rumbo a Valencia. Tuvimos que parar una vez por el bien de la circulación de mis piernas, se me había dormido ya una. Y estuvimos parados un buen rato en el peaje, pero al final, llegamos a Valencia sobre las 15. Llegué a casa muy cansada, solo quería dormir, pero tenía que deshacer y hacer la maleta otra vez, al día siguiente por la tarde tenía que estar en Denia. Lo que sí hice esa noche fue seguir el ritmo del camping y a las 12 ya estaba en la cama.
El siguiente viaje, a la próxima.
Actualización 22 noviembre 2020: esta entrada estilo diario no estaba muy pensada como recomendación de viajes o sitios, solo como memorias de un gran viaje. ¡Espero que os guste igualmente!  

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