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martes, 3 de febrero de 2026

Morriña de mi misma

Improvisadores, 

Hace un año largo que no me paso por aquí. En parte porque no me da la vida, no creo que tenga mucho que contar. Y aparte en insta es más fácil subir cositas (y aún así tengo la constancia nula). 

Pero hoy me he puesto a pensar en cómo me encantaba escribir. Era mi liberación. Llevaba siempre algo a mano para ir escribiendo en viajes, en escapadas y en el día a día. Y ahora estoy desganada, o poco inspirada quizá. 

Me ha venido a la mente cuando escribí un libro (sí sí) y llegué a reunirme con una editora (como lo oyes), pero me achanté. Y no tenía presupuesto para ello. Pero me achanté. 

Que rabia me da haber perdido esa parte de mi. Esa personita que liberaba los nervios y las tensiones del día a día escribiendo. Ahora salgo de dar clase sin ganas. Casi tan pocas como las que siento que tienen ellos en clase. 

Llevo una temporada desmoralizada, no siento la conexión que sentía en clase. No se si son ellos o soy yo. O somos todos. O el sistema. Demasiados factores a valorar. 

Siento que no les motiva nada de lo que les podamos proponer. Y yo puedo prepararme un juego o una actividad más lúdica, pero si ellos no hacen su parte, no llego nunca a esa actividad. Y ellos piensan "Que mierda" y yo pienso "que mierda" y entro en un bucle. Un bucle en el que me planteo si lo hago bien, si soy buena profesora, qué puedo hacer... pero sigo en el bucle y no encuentro la respuesta. 

Jo, que sensación más desagradable. El estar desganada porque sientes que no lo estas haciendo bien. Pero cuando lo intentas, solo encuentras caras de asco que te dicen "puedo hacerlo en chat gpt?". 

No se, me encanta mi trabajo. Me encanta ser profe. Pero este año no se que pasa que simplemente, no. Y echo de menos cuando SÍ. Cuando escribir me ayudaba, cuando conseguía motivarme. Luego de verdad que encuentras alumnos maravillosos que tienen detalles contigo y piensas "Jo, algo habré hecho bien". Y no digo detalles materiales (que alguno ha caído), sino un gracias, una sonrisa, un "Hoy ha sido muy guay". Con eso yo me voy pagadísima a mi casa. 

Espero que el curso mejore, aunque eso ya lo pensé en septiembre. Esta entrada no tiene mucho misterio, simplemente recordarme que aun se la contraseña para entrar a blogger. Que me acuerdo de teclear y que en el fondo me encanta. 

¡Sed Felices! 

martes, 31 de diciembre de 2024

Recapitulando 2024

 Improvisadores,

Vengo a cerrar el año 2024. Confieso que ha sido un año en el que he tenido esto e instagram muy abandonados. No se, no me ha dado la vida. 

Ha sido un año de cambios, de altibajos, de alegrías y no tan alegrías... lo que viene a ser la vida. 

Participé y perdí en un torneo de bolos, pero lo pasamos muy bien que es lo que cuenta. Me disfracé para fiestas más veces de las que me gustaría reconocer. 

Se casaron unos amigos! 

Fui a mi primera macrodespertà y casi directa de la boda. Casi la lio en la Crida de fallas por querer salir al baño. Fallas 2024, que bien me lo paséNos fuimos de despedida de soltera con sorpresa, sangría blanca y sssh. Me firmó un libro Paco Roca! Ni me acordaba de lo emocionada que estaba ese día. 

Se casaron otros amigos! 

Comí sushi, mucho sushi y en buena compañía. Vi muchos partidos de fútbol. De la Selección, de las peñas, del Onda... de lo que tocase. Escapada a Santa María, no puede faltar y lo sabéis si habéis leído alguna de las entradas del blog. Celebré mi cumple como siempre y en buenísima compañía. Y otro finde más de piscina con los Eternos. Ah! Y otro finde más de cumple sorpresa de mi prima. Menudo mes! Ay las fiestas de pueblo, eso sí es señal de que estas en verano. Pero... ¿y el viaje a Pirineos? Ya os lo conté, lo podéis volver a rememorar (y tenéis reels y destacados en insta). Un año más en el Frente de Levante excavando por la recuperación de la Memoria Histórica. Fiestas del pueblo, no puedo disfrutar más de una semana que esta. Además mi casa poco a poco ha ido pareciendo una casa, con sus muebles y sus todo. Visitas rápidas que alegran el finde y que dan paz. Cambio de instituto. Ha sido duro, no os voy a mentir. Después de 3 años en un insti con 150 profes... estoy en uno con 48 y el cambio es brutal. El primer mes lo pasé mal, no quería ir a trabajar. Hablando con otra compañera (también nueva este año) le pasó lo mismo. Cuesta mucho hacerse un huequito en un claustro tan cerrado. 

Ah! Se casaron otros amigos! 

Fui a esmorzar menos veces de las que debería, y eso que fuimos unas cuantas. Fira d'Onda sin tener vacaciones ha sido... un reto físico y mental. Superado con creces. (Panorama oh eh!) Y casi no dormir en Fira y aun así darlo todo en el Nombramiento de la FM. Y eso que me iba pronto a casa...

Por cierto, se casaron otros amigos! Se que parece broma, pero no. 

No puedo olvidar la DANA. Sabéis que soy de Valencia, nosotros estamos bien y nuestra zona no se vio afectada. Sí tenemos familia en zonas afectadas, pero por suerte están todos bien. No se cómo explicaros la sensación que tuve. Solo he podido explicarla y compartirla con quien también la sintió. De golpe querías ayudar pero a la vez me sentía saturada, había mucha información y a la vez tan poca. Ese fin de semana no, al siguiente, pudimos mi prima y yo ir a Algemesí porque mi madre había hablado con sus prima y, aunque le dijeron que estaban bien, ella quería quedarse tranquila. No soy capaz de imaginar cómo deben estar física y mentalmente quienes lo han sufrido. 

Aun así, he conocido a gente muy bonita que ha ido poniendo su granito de arena como ha podido. El Sporting de Benimaclet como centro de recogida de animales; Irene que se vino con nosotras a repartir ropa interior de tallas y características que hiciese papel a la gente mayor; la voluntaria que me ofreció un par de botas de agua; el señor de Soria que nos trajo a la casa que estábamos limpiando 20 palas, 10 capazos y una carretilla a cambio de "hacer gasto cuando vayamos a Soria". Empecé una recogida de libros para llevar a un IES afectado por la DANA con muy poca esperanza, y tengo tantos libros que no se cómo los llevaré. Creo que cada uno a su manera ha ayudado como ha podido o ha sabido.

Yo no puedo decir mucho más, los efectos a la gente que conozco y de mi entorno han sido, desde luego, más psicológicos y mentales. Los picos de ansiedad y de estrés. El faltar al trabajo por una alerta meteorológica que jamás se nos hubiese ocurrido... ahora es indiscutible. No se explicarme mejor, lo siento. También siento que contar esto sin haberlo sufrido directamente puede sonar absurdo y me niego. 

En definitiva, 2024 ha sido un año de mil contrastes. Un año con un final muy amargo, una sensación que no le deseo a nadie (y repito, no puedo ni imaginar como deben estar quienes se han visto afectados). 

Deseo un 2025 con más alegrías que penas, con más risas que llantos (y si lloramos, que sea de risa). Por más buenas noticias en mi familia y amigos. Por la gente que se fue y todo lo que nos enseñó, por los que están por venir. Por los que acaban de llegar al mundo en 2024 y tienen mil experiencias por vivir. Todos los que siguen conmigo en 2024 y vendrán a 2025. Y quien tenga que llegar en 2025. 

Por la familia que se elige y por la que no. Por seguir disfrutando de ellas, de sus buenas noticias, de sus grandes ideas y de los mejores momentos que son siempre en compañía. Por los amigos que dan paz mental, que puedes estar tumbado en el sofá sin hacer nada, solo estando. Y los que te conocen al 100% y aun así te quieren y te aguantan, esos sí que valen oro. 

Os deseo un buen 2025, con experiencias, viajes, risas y anécdotas que contar! Os prometo que voy a intentar ser más sería y publicar un poquito más. 

Felices fiestas y feliz 2025!

¡Sed Felices! 


miércoles, 31 de enero de 2024

Recapitulación de enero: el mes más eterno del año

Improvisadores,

Febrero tendrá 29 días este año, pero enero ha tenido como 300, ¿no? Hoy vengo en modo reflexión y descarga. 

Voy a empezar por lo que más me ha trastocado enero: el trabajo. Imagino que alguno lo habrá deducido de mis otras publicaciones, pero soy profesora de historia en secundaria. No penséis que llevo mucho tiempo trabajando, desde el curso 2018 – 2019. Ha habido años más fáciles, años más difíciles. Compañeros mejores y peores. Pero hasta hoy no me había pasado esto. No quiero seguir en el centro donde estoy por culpa de la dirección.

La semana pasada mi jefa de estudios tuvo un muy mal gesto hacia mí, diciéndole a un alumno mío y a otra compañera que yo no mando. Es decir, desautorizando completamente mi trabajo. Y creedme que yo en clase tengo muchísima paciencia. Y soy resolutiva en general en el trabajo con mis problemas y con los de los demás. Pero desde la semana pasada que voy sin ganas y tengo mucha rabia dentro. No hacia los chavales, hacia ella. Cuando digo que lo peor de este trabajo son los adultos, no los chavales, me refiero a esto.

Llevo una semana de verdad malísima. De llegar a plantearme si quiero seguir haciendo esto. Porque en los años que llevo jamás me habían hecho sentir tan despreciada. Y eso que los adolescentes pueden ser muy crueles. Llevo 2 cursos haciéndome cargo de un grupo más complejo y sacándole las castañas del fuego a esta mujer... pero no pasa nada, se acabó. 

La 2ª evaluación siempre se hace muy pesada, pero espero volver a recuperar la ilusión por venir a clase porque al final los alumnos no tienen la culpa. Hoy ya… estoy menos enfadada. También ha pasado ya una semana y he asumido mi nueva filosofía de gestionar lo que me toca a mi y no lo de los demás. 

Es horrible la sensación de que tus compañeros no solo no te respetan, sino que te infravaloran. El viernes a última hora me dijo una compañera que no hiciera caso, que yo valgo mucho más que eso y tengo mejor saber estar que ella. Y se lo agradecí mucho, pero no hace desaparecer el menosprecio de dirección a mi persona y mi trabajo. No soy la profe más Mr. Wonderful ni más Pinterest, pero estoy por y para mis alumnos, para solucionar problemas y explicar mi asignatura. Pero esta semana me ha costado incluso eso. Y sinceramente, entrar a un aula con 25 adolescentes ya es difícil, pero si encima entras quemada, más.

Menos mal que el fin de semana salí un poco y me despejé, que me hacía falta. Además una salida que no esperaba, pero llegó la invitación el miércoles y de verdad lo primero que pensé fue: ¡Gracias! Justo lo que necesitaba. 

Fue desconexión de verdad. De paella familiar (que me salió buena eh), de cumpleaños y a comer a la falla y el domingo por la noche fui consciente de lo mucho que me había ayudado. Recargué las pilas para encarar otra semana más. ¡Ya queda menos para las vacaciones!

La verdad que ha sido un mes rarísimo. Un mes largo pero además creo que todos los años enero es el peor mes. No es la primera vez que vivo sola, pero sí es la primera que vivo sola en mi barrio. Antes los fines de semana me bajaba a casa de mis padres y siempre estaba en compañía. Creo que ahora hay muchos más momentos de soledad. Este mes me he repartido entre querer estar sola (normalmente cuando estoy en el instituto) y no querer estar sola (el resto del tiempo). Así soy, simple. Y encima que los ratitos de tortura en el gimnasio sean mis momentos de paz… tela. Pero no se lo digáis a mis entrenadores que pierdo credibilidad cuando me quejo allí. 

Está siendo un enero complicado a nivel personal, de estar ansiosa y no saber porque y eso lleva a pensar que algo malo está pasando cuando alguien está más raro o contesta seco, o no contesta. Pero no pasa nada. Ya es febrero, vamos a afrontarlo con otra perspectiva. O eso espero.

Hasta aquí mi recapitulación mensual. Os diría que mi idea es hacer esto cada mes, pero no voy a prometer nada porque seguramente no pase. Ya me conocéis. Recordad que también estoy en instagram (aunque tampoco aparezco mucho, la verdad... soy un desastre!)

Gracias por leerme, gracias por aguantarme y, sobre todo, gracias por vuestro tiempo.

¡Sed Felices! 


sábado, 4 de marzo de 2023

Un año después sin ti

Yaya, hoy hace un año que te fuiste. Así que esta entrada va por ti.  

Cualquiera que me haya conocido sabe que eres de las personas más importantes de mi vida. El yayo y tu me habéis cuidado desde pequeña cuando los papás trabajaban a turnos. Me he pasado 30 veranos de mi vida contigo.

De ti he aprendido mil cosas. Pedacitos de sabiduría que me han hecho ser como soy, en parte. Contigo he viajado en el espacio visitando a la familia, de bodas, de celebraciones; y he viajado en el tiempo con cada historia que me contabas. He vivido la historia de la familia como si la hubiese vivido yo misma. Me acompaña cada vez que explico algo en clase. Me has hecho trampas al parchís y sigo sin saber cómo. Has perfeccionado el lanzamiento de zapatilla, pero también me enseñaste a hacer algunas de las mejores recetas de mi vida. Y sobre todo a que cocinar para los demás es un gesto de amor precioso. Me has enseñado a disfrutar de las personas, de la familia, de las reuniones. A que aquí estamos para disfrutar, para trabajar también, pero sobre todo para disfrutar.

De ti he aprendido que hay que ser honrado. Que hay que ser trabajador. Y que, si tú haces algo bien por alguien, da igual si te lo devuelven o no, porque tu has hecho bien. Puede que esto me haga un poco tonta, lo se. Pero es lo que hay.

De ti he aprendido que por muy dura que se ponga la vida, siempre se puede superar. Que las uñas hay que llevarlas siempre bien pintadas. Que hay que tener un pintalabios en el recibidor para encarar todos los días con buena cara. Que con 90 años aun se pueden hacer topless y que a quien no le guste que no mire.

También he aprendido que la gente nos va a decepcionar, pero no pasa nada. Porque no podemos vivir en función de lo que los demás van a hacer. Tenemos que vivir en función de como nosotros creemos que hay que vivir. Que las distancias dan lo mismo, que hay que cuidarse a uno mismo y a los demás.

Que las supersticiones no son malas, y que de hecho funcionan (poned la escoba al revés cuando queráis que alguien se vaya de vuestra casa y veréis). En tu casa hemos encontrado todas tus piedras y amuletos, tus cosas de bruja que digo yo. 

Sobre todo, he aprendido que puedes querer a alguien cuando ya no está. Y que todos los recuerdos, todas las vivencias contigo esos ya son para mi para siempre. Incluso las discusiones. Todo. Que eso ya no me lo quita nadie. Y yo me quedo con ese último “te quiero yaya” y tu apretón de mano para contestarme.

Desde que se te fuiste han pasado tantísimas cosas. Yaya, algunas te gustarían y otras no, pero así es la vida. Las cuatro nietas nos hicimos un tatuaje por ti (irónicamente no te gustaban los tatuajes); celebramos las fallas y fuimos a casa de la tía Amparo a comer buñuelos con chocolate como los que te gustaban; fuimos al pueblo a pasar la semana santa y a desconectar; he visto muchísimos atardeceres preciosos; he salido de fiesta, porque tu ya sabes que me encanta y que no puedo estar por casa mucho; he ido a pasar un finde a Madrid (aunque sabes que no me gusta nada); han ascendido a tu nieto David; he cumplido 31 años sin ti y me han regalado un ramo de flores precioso; he ido a la playa sin ti; he ido de paella con mis amigos, esos que jugaban al parchís contigo; he ido de fiesta al pueblo porque… ya sabes yaya, una fiesta; he despedido otro curso y otro instituto, ya sabes que se me da fatal; he pasado las vacaciones en tu casa; he celebrado mi cumple sin torneo de parchís porque tu no estabas; he leído muchísimo; me he leído todas tus libretas y tus historias (gracias); me he caído haciendo ejercicio y me pusieron 4 grapas, es la primera ve que pensé que menos mal que no estabas porque te hubieses asustado muchísimo; me he mentalizado mucho de que la salud mental es importante y lo que decías, que yo primero; he hecho mi primera fideuà, aunque muy mejorable; tu nieto Daniel ha sido papá; hemos acompañado a tu nieta Laura en sus primeras veces conduciendo estrenando carnet; he salido de fiesta por otro pueblo y he conocido a mucha gente nueva; he vuelto a ir a excavar una fosa como el año pasado que estabas tan orgullosa; he pasado días en casa de la tía Amparo como otros veranos contigo; he ido a Francia sin ti (eso sí fue muy raro) y he visto a las tías y a todos los primos; he vuelto al mismo instituto; mis amigas siguen teniendo bebés (no yaya, yo no); me he mudado a otro piso en otro pueblo; me he vuelto muy sanota y salgo a hacer mucho ejercicio, es bueno para la mente; fueron las fiestas del barrio y sí, había muchísimo ambientillo yaya; hemos ido a otra boda, la de la hija de la Feli, como te lo cuento; mamá se ha jubilado, increíble pero cierto; he estado en la fira de Onda, me hubieses soltado un “pendón verbenero” si te digo a que horas volvía a casa; paso mucho rato con mamá y hacemos planes diferentes como ir de museos; he confiado en la gente porque creo que todo el mundo es igual de bueno que yo, y resulta que no; al final Liria se queda en casa, pero ahora mismo esta llena de cosas; y ahora… planes como vaciar tu casa para hacer reformas y convertirla en la mía. No sabes lo raro que fue ver tu casa vacía. Me encantaba pasar el rato en tu balcón mirando la gente pasar y resulta que ahora es mi balcón. Soñé contigo, ¿sabes? Estábamos merendando en tu cocina. Y el sueño olía a café con leche con galletas. 

Improvisadores, os dejo aquí la despedida de aquel día. No la leí bien, porque me fue imposible no llorar. Tampoco es lo más bonito que haya podido decir de ella, pero lo escribí esa misma mañana en casa, desde el corazón.

Hoy estamos aquí para despedirnos, pero sobre todo para celebrar a María. Yaya, mamá, hermana, tía… Y qué contenta estaría de veros a todos aquí, con lo que a ella le gustaba.

La vida no siempre le fue fácil y aun así sacó fuerzas de donde no había y a seguir. Un día le pregunté que si de pequeña le hubiesen dicho que llegaría a los 90 viviendo lo que ha vivido y habiendo conseguido tanto y me dijo que no se lo hubiese creído en la vida.

Hoy lloramos y estamos tristes porque nos quedamos sin ti, pero celebramos tu vida. La vida que has compartido con nosotros y lo que nos quedamos de ti. Los abuelos deberían ser eternos, pero es que lo son. Son todo lo que enseñan y lo que dejan aquí. Gracias por todos los momentos contigo, todas tus historias y todos los viajes.

No sé si hay cielo ni cómo es, pero sé que ahora estas siendo recibida por todos los que se fueron antes que tú. Creo que llegas a una mesa larga, de esas que organizamos nosotros, y allí te esperan todos para darte la bienvenida y recibirte. El yayo el primero, que después de tantos años hay mucho que contar.

Descansa en compañía, descansa tranquila.

Brindad por tu llegada mientras brindamos por haber compartido la vida contigo.

Te queremos yaya.

Te quiero yaya


domingo, 22 de agosto de 2021

Sacando tierra, desenterrando memoria

Improvisadores, por petición popular os traigo un poquito de la experiencia excavando con Arqueo Antro una semana en Vistabella del Maestrat. No he compartido ninguna foto de la excavación donde aparecen los restos encontrados, pero sí os voy a dejar varios enlaces donde Arqueo Antro comparte la información y las fotos. Por eso pregunté en la encuesta de mi Instagram si os interesaba, pero desde un punto de vista personal.

Los días antes de ir estaba muy nerviosa, pero yo es que me pongo nerviosa con las cosas nuevas. Llegué el domingo por la tarde y nos repartieron en casas rurales, la verdad que no puedo quejarme de los compañeros que me tocaron. Cenamos, nos presentamos y a la cama que al día siguiente empezaba el intensivo. A las 7:15 nos levantamos para ir a desayunar y a las 9 estábamos ya en el Mas del Collet. Aquí veréis en algunas fotos un monolito, la única pista de donde podían estar enterrados. Así que pasamos la mañana sacando tierra y picando. Yo no me voy a quejar, es de lógica aplastante que si no sacas la tierra no vas a encontrar nada. Además, el lunes había niebla y chispeaba que era ideal. El primer día ya salieron cositas pequeñas, como algún botón del uniforme de los Guardias de Asalto. He hablado de la Guardia de Asalto en clase infinidad de veces, pero tener el botón en la mano los hizo muy reales.

Por las mañanas estábamos excavando y por las tardes teníamos clases de arqueología forense, antropología forense, genética… mil cosas interesantes. Tengo que decirle gracias a Fernanda, mi profe de biología de 4º de ESO, aun me acuerdo de la genética.

El segundo día hice 3,7km a base de cargar capazos de tierra, pero si no la quitas… no se quita sola, ¿no? La verdad que solo estábamos en el segundo día y ya estaba disfrutando de una de las experiencias más increíbles de mi vida. Cansada pero emocionada. Y aun cansados, no hay quien quite esa copa de por la noche después de cenar. Pero al día siguiente la alarma no perdona.

Un día tocan capazos y otro toca trabajo fino y acabo con las piernas dormidas de estar sentada o agachada encima de la tierra, pero estoy contenta. Además, ese día tocan visitas de prensa justo cuando van a apareciendo más materiales de los Guardias de Asalto. Pero desde el miércoles que más o menos determinan que la edad de los Guardias era de unos 18 – 20 años no se me va de la cabeza. Aunque serian bastante más maduros que los chavales de 18 – 20 años de ahora, desde el miércoles no dejo de pensar en que podrían ser alumnos míos. En qué sentirían cuando se vieron tan acorralados que se rindieron a las tropas franquistas pensando que les perdonarían. Y qué pensarían cuando se dieron cuenta de que iban a morir allí, en un agujero de bancal. Igual que almorzando allí a la sombra de un arbusto pensaba que estábamos viendo el mismo paisaje que muchos soldados en sus últimos momentos de vida. Igual soy demasiado empática para estas cosas, pero creo que es así como se humanizan las cosas…

Los días siguientes seguía pensando en que eran chavales muy jóvenes. De la misma edad que el tío de mi abuela cuando desapareció en el frente. Pero lo bueno es que cuando estas a la faena no piensas en otras cosas, y ese día hice otros 4,3km llevando tierra. Si recuerdo estar ese día muy reflexiva conmigo misma. Como… con otra perspectiva de las cosas. Y esa tarde la casualidad quiso que estuviésemos un rato hablando con el vecino de la casa rural. Nació en 1932 y nos preguntó que qué estábamos haciendo y pensó que nos interesaría saber que en otro Mas había otro soldado enterrado. Y parece que a veces así es como se descubren las fosas. De casualidad y por un vecino que informa a los de fuera.

Tengo que decir que me ha sorprendido también la cantidad de visitas que han llegado a la excavación, tanto de periodistas como de vecinos. Me parece genial que sea un tema tan seguido y se haga difusión. Además, a la gente que viene les explican todo y me parece muy importante eso.

Además de las clases, que acababan el viernes, fuimos a ver una obra de teatro sobre La Pastora, Teresa o Florencio Pla Meseguer miembro de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón. Y la verdad que, aunque a mí el teatro moderno no me va mucho, la obra me encantó. Y su conclusión, en la que la vida es pasturar. Pasturar en el sentido de hacer lo que quieras siempre que sepas que estas haciendo lo que quieras. Pero tener el viernes por la tarde para ver un poco el pueblo fue bueno también, descansar, visitar la iglesia de la Asunción (extrañamente grande) y recargar pilas. 

El fin de semana solo íbamos por la mañana a la excavación y por la tarde queríamos ir al rio o al campo de aviación, pero no salió buen tiempo, la verdad. Y llegamos al domingo, ultimo día. No tenia ningunas ganas de irme, la verdad. Así que cuando me dijeron por la mañana que si querría quedarme más (o si podría) y que según fuese la faena ese día ya me dirían, qué feliz. Y por la tarde recogí todo, ducha, maletas y con el coche ya cargado me dijeron que si me quedaba un día más.

Es verdad que como no pensaba quedarme más tiempo no tenia ni saco de dormir ni nada y tuve que improvisar una sabana bajera con una toalla y una funda de almohada con dos camisetas. Pero para la próxima (porque espero que haya una próxima) el saco de dormir en el coche no ocupa nada. Tengo que admitir que me supo un poco mal, porque así soy yo. Que había compañeros del curso que se están formando de arqueólogos y yo no, pero luego hablando con una amiga me dijo que me dejase de tonterías. Así que yo hago caso y me dejo de tonterías. Y menos mal, porque estuve muy bien y el lunes lo disfruté aun más. Igual porque éramos menos o igual porque era el final de tantos capazos de tierra. Estuvimos intensivo hasta las 21h y porquese nos iba la luz. Pero menos mal que me quedé.

Último día. La puesta de sol y el monolito que señalaba la fosa.

Entre nosotros, he disfrutado tanto la experiencia y me parece tan importante lo que hacen que hubiese dedicado todo lo que me quedaba de verano si hubiera hecho falta. Son un grupo fantástico que además tienen un papel tan importante que no se ni como explicarlo. Ojalá pueda llevar a mis alumnos alguna vez porque creo que es necesario y además no hay mejor forma de destacar la necesidad de recuperar la memoria de los olvidados (y los olvidados de los olvidados).

El lunes vino a visitarnos un señor, a contarnos lo que sabía. Y se despidió con un gracias por todo y un ¡Viva la República! Por esa gente que ya tiene 90 o más y su memoria se va yendo y ellos también es por los que hay que hacer lo que están haciendo. Y darles voz, que, aunque ellos no estén, su historia perviva. Y que esa historia ayude a abrir la tierra para cerrar heridas.

No creo que este sea el post que esperabais, pero os voy a dejar aquí abajo los enlaces a varios de los medios que estuvieron allí de visita. Además, tenéis las redes sociales de Arqueo Antro donde van actualizando todo el trabajo que hacen. Como os he dicho al principio, esto iba a ser sobre mis sensaciones esta semana; el trabajo que hacen y los restos encontrados se lo dejo a los profesionales de la difusión.

À punt: Recuperen restes òssies d'almenys cinc soldats republicans a Vistabella del Maestrat

El Salto Diario: Localizan restos óseos que podrían pertenecer a Guardias de Asalto fusilados en 1938 en Castellón

Arxiu de Vistabella del Maestrat: Drets humans al mas del Collet

Grup per la Recerca de la Memòria Històrica de Castelló: XII Jornades de memòria històrica de Vistabella del Maestrat

ArqueoAntro: Instagram, Facebook, twitter y página web

Eloy Ariza, en su instagram veréis las fotazas que hace para documentar el proceso de trabajo. De hecho, yo descubrí ArqueoAntro gracias a la lupa de Instagram que me llevó a este perfil. 

En el perfil de Frente de Levante también encontrareis fotos e imágenes de todo el proceso (además de más cositas).

Por último, mil gracias al equipo de Arqueo Antro tanto por el curso como por los días extra. ¡Ojalá poder repetir pronto!  

¡Sed Felices! 

domingo, 24 de enero de 2021

Profes y maestros, ¡es nuestro día!

Improvisadores,

Hoy es el Día Internacional de la Educación. Y no podía dejar pasar esta oportunidad. No vengo a quejarme (mucho). Por si hay algún improvisador nuevo, soy profesora de historia de secundaria. Podría quejarme de muchas cosas, pero creo que al final solo me quejaré de unas pocas.

Antes que nada, quiero felicitar a todos mis compañeros de profesión (profesores y maestros) que están dando el 200% este curso tan raro. Un curso en el que lo que menos molesta es la mascarilla. Pero la incertidumbre… y los alumnos preguntando si sabes si nos van a confinar, si sabes porque no los han confinado si a un compañero sí, si van a tener que conectarse online si nos confinan… Y compañeros que día sí día también vaticinan el confinamiento. Desde el primer día de curso repitiendo “en dos semanas nos confinan seguro”.

Quiero felicitar a mis compañeros por superar cada día, hora a hora, sin dejarse llevar (mucho) por el miedo. Y quiero recordar que también somos humanos y tenemos tanto o más miedo que los demás, pero tenemos que mantener la calma (o que lo parezca), que tenemos nuestras vidas fuera del centro educativo donde puede estar todo bien o puede estar hecho pedacitos. Pero seguimos manteniendo la calma. Que hay días en los que no podemos más y nos enfadamos por cosas que normalmente toleramos; o días en los que no puedes más y no quieres dar clase porque mentalmente estas a -100. Y seguimos. Por no hablar de los días de ola de frio en los que hemos ido a clase envueltos en más ropa que si fuésemos a esquiar. Pero vas e intentas mantener buena actitud para no caer en el desánimo. Y seguimos adelante.

Hay días buenos dentro de toda esta locura, días en los que por un momento en clase se te olvida la pandemia. Días en los que te toca con uno de esos grupos que te alegran y sientes que ese día la clase funciona. Y entonces piensas que todo vale la pena. También hay días malos, días en los que no ponen de su parte y tú no tienes energía para discutir. Días en los que acabas llorando cuando llegas a casa o incluso en el coche de camino a casa. Pero tienes 15 minutos para llorar y te sientas en el ordenador y reformulas la clase, reestructuras lo que tenías pensado. No puedes perder más tiempo. Porque vienen días alternos y si una hora de clase la echas a perder igual ya no los tienes hasta la semana siguiente. Esto, obviamente, no puedo hablar por todos y solo es mi caso.

Y los sentimientos encontrados sobre el confinamiento. Los alumnos que te dicen que ojalá nos confinen porque así no harán nada y pasaran de curso igual. Los alumnos que no quieren que nos confinen porque no quieren perder otro año. Y tu que ya no sabes ni que quieres. Miento, no me gustaría repetir el confinamiento y el teletrabajo, fue más agotador que presencial.

Feliz día a los alumnos también, a todos. A los que te motivan a dar clase, a los que te desmotivan y te hacen replantearte las cosas. A los que te saludan por los pasillos y sin saberlo te alegran un poco un día pésimo, a los que no te saludan y no pasa nada. A los que te desesperan, pero en el fondo los quieres. Este curso nos está haciendo un máster en empatía a todos. A los alumnos les diría que piensen que ellos están agotados y nosotros también, pero muchos ya lo saben. Y el día que te ven llegar agotada a clase se portan mejor. Y este curso más que nunca (al menos yo) estoy pasando por alto muchas cosas porque se que no es fácil para ellos. Tener un mal día y volver a casa no siempre arregla ese mal día este curso. O tener un mal día y no volver a casa porque no vives en casa y tus padres solo están en el teléfono.

A mis alumnos de 1 ESO les diría que me agotan, pero que está bien ver que no todos perdemos la energía con esta situación. A los de 2 ESO les diría que me gusta que en clase hablemos de todo (a veces hasta de historia). A los de 3 ESO que me cansan a días, pero me divierto con ellos también, no pueden echarle más cara a la vida. A los alumnos de 2 de Bach les diría que lo siento, que de verdad estoy intentando hacerlo lo mejor posible en estas circunstancias y que lo sacaremos adelante. Por último, a mi tutoría de 4 ESO, lo siento de verdad, porque las energías para hacer de tutoría una hora algo más útil son mínimas. Pero también agradecerles porque no podía pedir mejor tutoría para estrenarme como tutora. Hablar con ellos de la vida al final de clase me devuelve un poco la vida.

Y a mis compañeros, gracias por los almuerzos al sol de pie, en círculo y separados. Gracias por compartir quejas y risas. Gracias por las conversaciones que no son de mascarillas o chaquetas para clase. Los ratos de charlas entre clases y compartir sensaciones de fracaso y que sean menos fracaso.

No quiero aplausos a las 20h, solo pido en este día de la educación que se nos reconozca el trabajo que hacemos que va mucho más allá de enseñar el currículo, de tener vacaciones o de no querer volver a trabajar porque en el confinamiento no hicimos nada. Solo pido que se reconozca el trabajo que hacemos y se nos ayude a seguir haciéndolo.

Feliz día a todos los compañeros de profesión. Porque estamos sacando adelante un curso difícil, muy difícil. Porque lo estamos haciendo lo mejor que sabemos. Y porque si nos confinan volveremos a sacarlo. Ánimo a todos.

¡Sed felices!

lunes, 10 de agosto de 2020

Primera escapada (P.1)

 Improvisadores,

¿Cómo os va la vida? Se que prometí que estaría más por aquí. Que tendríais algo nuevo todas las semanas. Que os pasaseis por Instagram también. Pero, ya me conocéis. Y conociéndome, sabéis que eso no iba a pasar.

En realidad, hoy estoy escribiendo para mí, no para vosotros. ¿Pero qué sería de mi sin compartir mis tonterías?

Esta semana me voy un día a la playa. Un día. Esas son las vacaciones que tengo este 2020. Pero no me quejo, ya es más de lo que tiene mucha gente. Y yo, ya lo sabéis, me apunto a todo. Cuando sea, donde sea. Pero hoy me ha dado agobio pensar en la playa. En si hay mucha gente, si se respetaran las distancias y las medidas de seguridad. Y entonces me he dado cuenta. Sí, he salido a comer y a cenar, pero por mi barrio (sí, ni siquiera por mi ciudad). Este día en la playa es el primer día que salgo de mi ciudad desde el 13 de marzo.

Hemos visto o leído en muchos sitios el impacto psicológico que el covid tendrá en la gente, pero sinceramente yo pensaba que a mí no me había afectado mucho. Si, el confinamiento ha tenido sus momentos. Pero en el fondo pensaba “si salgo a cenar y a comer, no pasa nada” pero no había salido de mi zona geográfica. Y no va a pasar nada.

Pero llevo un mes de vacaciones, estudiando opos (para que veáis lo que me aburro) y con las noticias de fondo. Y no hacen mas que salir brotes y rebrotes por todas partes. Y entonces me acuerdo de principios de marzo, cuando iban subiendo los números. Y el 13 de marzo a casa. Y el 14 de marzo a discutir con una señora en la cola de la carnicería. Y todos los días preguntarle a mis padres y a mi hermana (para los que no lo sabéis, son todos enfermeros) qué tal el día. Y ahora, vuelven a casa y mi madre vuelve a suspirar cuando le preguntas qué tal ha ido. Eso improvisadores, eso me asusta más que las noticias.

Y veo a la gente en Instagram que se va a pasar el día aquí, allá, el fin de semana, una semana. Y yo me agobio por un día en la playa. Un día con los amigos con los que ya he quedado a comer y a cenar. Si hasta mi hermana se fue un fin de semana de vacaciones. Pero el agobio no tiene explicación.

Pero comentándolo con más gente, se que no soy la única. No es miedo a salir, porque ya digo, yo he salido. Pero es el ver que vuelven a subir los números y que hay gente que le da igual, esta disfrutando del verano como si nada. Y entonces me enfado, pero conmigo misma. ¿Por qué ellos disfrutan del verano y yo me agobio por un día en la playa? ¿Alguien que me lo explique?

Respiraré hondo e iré a la playa. Con mi libro, mi crema solar y mi mascarilla. Tranquilamente. Luego se que será un día genial, pero tengo que preocuparme por adelantado porque así soy yo. Os contaré que tal en otra entrada en el blog… un día de estos. Seguramente antes de 2021.

¡Sed Felices!

lunes, 1 de junio de 2020

Junio de reflexión

Improvisadores, 

¿que tal el día 80 desde que empezó el confinamiento? Se que ya estamos en desescalada, pero empecé a apuntar en el calendario los días y.. ¿cuando parar?

Podría venir a hablar de cómo el mundo se ha vuelto loco. De cómo el 2020 parece una película apocalíptica. O de cómo vamos a salir de esta situación un con marcas permanentes en la memoria colectiva. Pero creo que nos merecemos algo mejor. Vosotros y yo. Vengo a buscar la luz al final del túnel. Y os invito a que lo hagáis vosotros también. 

Con este parón en seco de nuestras vidas he aprendido muchas cosas, la mayoría sobre mi misma. Puedo estar sola en mi casa mucho más tiempo de lo que pensaba; se cocinar aunque siempre he dicho que no; me quejaba por cosas tontas; no daba tantos abrazos como debería; mi yaya y yo hemos vivido algo "por primera vez" juntas, porque como dice ella, esto no lo hemos vivido en la vida; hecho de menos madrugar y conducir para ir a trabajar; hecho de menos estar en clase con mis alumnos; no me he apuntado a ningún canal de deporte en youtube, y no pasa nada. 

Con esta desescalada, valoro mucho el tiempo que voy a pasar fuera de mi casa y con quién; es muy difícil no abrazar a alguien que llevas meses sin ver porque las videollamadas están bien, pero nada se compara a la realidad; hace tanto tiempo que no iba en coche, que ahora me que va a la velocidad de un avión. 

Pero sobre todo, creo que (aunque suene a tópico típico) ha cambiado mi forma de ver las cosas. Ayer se reían de mi porque decía que todo me parece más bonito. Las montañas, los arboles, las casas y paisajes que he visto mil veces haciendo ese trayecto en coche me parecen más bonitos. Los pájaros cantan, las nubes se levantan... ya sabéis, todo mucho más brillante. Soy mucho más consciente de que muchas veces me quejaba por tonterías. Cosas que realmente no eran el fin del mundo, aunque a mi me lo pareciesen en ese momento. Que quizá estaba enfocada a cosas que no eran realmente lo más importante y daba por sentadas cosas que no eran seguras. 

Durante el confinamiento muchas veces he pensado en esos días que había quedado y decía: que pereza me da salir, para qué digo que sí, pudiendo quedarme en casa... Y de golpe y porrazo quedarme en casa no es mi decisión, es mi responsabilidad. Y pasábamos horas en videollamadas en las que realmente no hablábamos de nada importante, pero nos reíamos, echábamos el tarot y desconectábamos de estar encerrados en casa. 

Valoro mucho la suerte que tengo, que no he pasado el confinamiento sola en mi casa sin poder ver a mi familia. Se que mucha gente no ha tenido esa suerte. Y curiosamente, no hemos discutido ni de lejos lo que podía pensar que discutiríamos. También es verdad que los tres son enfermeros y no estaban mucho en casa. 

En definitiva, creo que con esto he aprendido a apreciar más las pequeñas cosas de la vida. Yo ya sabéis que siempre he sido fan de una terracita con sus cervezas y sus bravas, pero ahora lo que más valoro es la compañía y el poder dedicar mi tiempo a estar con la gente que yo quiero estar. Hemos celebrado cumpleaños 2.0 enviando los regalos y viendo la reacción con vídeos. Ya no era el regalo, era la ilusión de alegrarle la rutina a alguien en su casa. Es decir, valoramos el detalle, el tiempo invertido y el acordarte de esa persona. Y eso es algo que no debe cambiar da igual el tiempo que pase. 

Obviamente hay días malos, y el final de curso se presenta estresante a más no poder, pero creo que para quejarme tengo muchísimos días más. No os penséis que os escribo esto hoy porque estoy en modo flower power, todo lo contrario. De hecho hoy es un día regulín con un humor mediocre y mucho estrés interno. Quizá por eso hoy me apetecía hacer una entrada de apreciación por las cosas buenas que tenemos y que igual antes no valorábamos tanto. 

Espero, que en unos meses no se nos haya olvidado cómo nos hemos sentido a lo largo de estos meses y esto sirva para mejorar, ya no como sociedad (que también), como personas. Personas que busquen hacer el bien por los demás, compartir las cosas buenas y acabar con las malas. 

¡Sed felices! 

martes, 3 de octubre de 2017

I'm on my way

Improvisadores, hace como un siglo o dos que no me paso por aquí. Lo sé. He estado liada y muy ocupada y al final no hay tiempo para todo. Pero creo que hoy es un buen día para escribir un rato. Para mi o para vosotros, eso ya no sé.
En realidad, no sé qué contaros. Estoy trabajando en el comedor de un colegio y me encanta. Me lo paso de miedo con los alumnos. Tiene sus cosas, como todos los trabajos, pero me encanta. Aunque me destroce los sueños de fin de semana por que me despierto pronto sin despertador. No porque entre pronto a trabajar, pero tengo cosas que hacer antes de ir. Pero qué ganas de que llegue el frío. Porque este calor que no se acaba me va a volver loca. Más (si es que eso es posible). Pero al final entre el comedor, gimnasio y todo lo que hay que hacer es un machaque físico, pero sobre todo mental. De hecho, hoy he llegado a mi casa y me he pasado la tarde en la cama viendo series y algún que otro video lacrimógeno de YouTube. Creo que necesito vacaciones. Pero no pasa nada, mañana vuelta al comedor, y lo que me rio yo con los de secundaria. Porque los microbios de los de 3 años ya lo pillé la primera semana, y no los quiero más. Gracias.
La verdad es que en poco más de un mes tengo planeado una escapada a Londres, así que ahí puede que haya jugo para volver por aquí. Además, justo hoy he perdido en el patio del colegio uno de los pendientes que me compré allí, así que toca reponer. ¡Ah! Y mi hermana ha comprado entradas para el parque de Harry Potter para diciembre. ¿Puede ser más genial? ¡De eso seguro que os cuento algo!
Y bueno, en verdad poca cosa que contaros para poneros al día. Un verano genial, sin viajes muy largos, pero con días fuera y visitas. Y me fui a Francia de sábado a lunes. Iba a irme en tren, pero mi padre me dijo “pues ya te llevo yo”. Y así fue. Qué se le va a hacer. También pasé cuatro días en Port Aventura con Nur y con los peques que cuidamos. Y con coche en el desguace incluido, una lástima. Y una anécdota más. Sobre todo, cuando te dicen que el coche está en el taller y el taller está cerrado por vacaciones y piensas: ¿Dónde habéis metido el coche? Fiestas de pueblos, que eso no puede faltar nunca, con mayor o menos éxito, pero siempre geniales.
Y además he tenido la inmensa suerte de encontrar personas que, recordando el post anterior, son personas – casa. Nuevas casas quizá, pero gente muy grande. En las malas, en las buenas y en las aún más buenas. Con las que no te sientes juzgada sobre nada que hagas o digas. Y eso, improvisadores, vale más que el oro. Y la verdad es que lo agradezco, porque de mis amigos cada vez quedamos menos en Valencia y los que quedamos nos vemos poco por circunstancias de la vida. Menos para ir a la feria del vermut. Ahora en serio, quizá las personas – casa son esas personas que te dicen las cosas por tu bien, aunque puede que te sienten mal, pero que en el fondo sabes que te están entendiendo. A veces mejor que tú misma, ¿no Gem? Y las nuevas personas – casa son de lo mejor. Y en esos días difíciles en el trabajo o donde sea saber que están ahí, más de acuerdo o menos, ayuda.
No voy a mentiros, la verdad es que no escribo desde febrero de este año. Pero la verdad es que muchas veces el blog era o contar viajes o desahogarme en un mal momento. El post de febrero era morriña pura y dura por mis chicas, a las que voy a ver en poco más de un mes cuando nos juntemos las 5 por fin. Y hoy, la verdad es que es el cumulo de un par de semanas malas. Regulares, mejor. Dicen que escribir ayuda, que es como terapéutico. Y parece una tontería. Pero cuando llevas un tiempo sin escribir, entonces te das cuenta de que falla algo. O, mejor dicho, que falta algo. Y es el ordenar las ideas. No digo que tenga que ser en un blog, puede ser en una servilleta, yo que se. Y hoy necesitaba esto, por mí misma. Solo deciros que me acabo de emocionar yo sola leyendo el post anterior de personas – casa. ¿Por qué soy tan moñas? Os prometo que yo antes no lloraba ni a la de tres.
Que ganas tengo que volar (sí, yo he dicho eso, la del pánico a los aviones) a Londres y abrazar a las 4 Señoras a la vez. Y quedar con Laura, aunque sea a corregir sus exámenes mientras tomamos un café. Y de los almuerzos de burdéganos que hacen que me ría todo el rato. Dicen que cuando tienes un mal día (o días) lo mejor es enfocarte en las cosas buenas que tienes en la vida. Pues yo no sé qué he hecho para merecer tanta gente buena. Y no me va a tocar la lotería nunca porque con la madre que me parió ya me tocó hace 26 años. Que tiene aguante y paciencia la pobre mujer. Y mi padre que se está sacando un master del universo en mediación madre - hija. 
Y, por último, no penséis que no he escrito desde febrero nada de nada. La historia de Mati ya está acabada y lista para que la lea Nur al completo.
Para despedirme os dejo esta canción de Ed Sheeran que, no sé por que, siempre me recuerda a mis personas - casa. 

¡Sed Felices!


miércoles, 8 de febrero de 2017

Por mis personas - casa

Improvisadores, hace apenas semana y media volví a Barcelona. Tranquilos, no vengo a contaros mi fin de semana, porque no vimos nada de la ciudad. O al menos nada donde no sirviesen vermut, comida y alcohol. Pero sí vengo a reflexionar sobre una cosita tonta. 
Creo que alguna vez lo he comentado ya, pero no estoy segura. ¿Sabéis de esa gente con la que cuando estáis tenéis una sensación de paz? No me explico muy bien. Son personas de vuestra vida que te hacen sentir como en casa, pero más. No es como estar en casa, ellos son casa (no tengo muy claro que esa frase tenga mucho sentido si nos ponemos a analizarla en una clase, pero bueno). 
Son esas personas que, estéis donde estéis, te conocen tan bien que sabes que todo irá bien. Y si no va bien, saben a qué eres alérgico si tienen que llevarte a urgencias. Esas personas que te conocen, a veces, mejor que tú misma y confían en ti cuando tu no lo haces. O que te dicen “hazlo” y tú piensas “estás loca” y repiten “hazlo” sin argumento ninguno.
Un ejemplo. En noviembre me fui a Londres por primera vez en mi vida. No había estado nunca ni cerca. Pues me quedé en casa de Elena y con ella, y con Anna cuando salió de trabajar, al fin del mundo. Ese momento en el que vas en un metro que no conoces, una línea que no conoces y una ciudad que no conoces y piensas “No tengo ni la menor idea de donde estoy, pero estoy más que bien”. Ese sentimiento es al que me refiero. En el caso de Barcelona es diferente, he estado millones de veces, pero aun así me pasa. Ir paseando por Gracia y darme cuenta de que no tengo ni idea de por dónde vamos, pero no pasa nada.
Tener gente así en la vida es muy importante. Creo que son las típicas personas con las que tu madre está tranquila. Yo le digo que estoy perdida en mitad de Londres y que no sé dónde ir y le da algo, le digo que estoy perdida en mitad de Londres y no sé dónde ir pero que también están Anna y Elena. Y me contestaría algo tipo “Tranquilas, os encontrareis”. Porque así son las personas-casa. Las personas-casa hacen que tu madre esté tranquila. Y eso vale oro.
Ojo, no estoy diciendo que el requisito para ser persona casa de alguien es conocerlo de toda la vida. Para nada. Una vez una mujer muy sabia me dijo que ella podía salir, pero no podía beber si no estaba con alguien en quien confiase de verdad. Tomando esto como alguien en el que puedes confiar cuando tú, por los azares de la vida, no confíes ni en ti misma. Eso es una persona – casa.
Y eso, improvisadores, es una de las cosas más importantes de la vida. Esto va por todas mis personas-casa.
¡Sed Felices!

jueves, 3 de marzo de 2016

Por las prioridades

Improvisadores, ahora sí que de verdad he estado desaparecida del mundo blog. Pero tampoco es que haya pasado nada emocionante en mi fantástica rutina de oposiciones, capacitación, gimnasio, clases, etc. Pero yo creo que cuando empiece a llegar el buen tiempo las cosas cambiarán. Porque también llegará el final de curso y el trabajo y todo eso. ¡Así que nos veremos más!
Y de verse más es de lo que va el blog de hoy. Estos días atrás la Familia ha vivido cosas que me han hecho pensar. ¿No le damos demasiada importancia a lo que no la tiene? Y digo “demasiada” porque también es importante, pero ¿de verdad es más importante estar encerrado en casa trabajando que estar con la gente que te importa? Otra cosa es si tienes ánimo para salir, pero esa ya es otra cuestión.
Lo que vengo a decir es que cambiemos las preferencias. (Igual si no te gusta la gente estarás pensando que soy imbécil. Yo tampoco descarto esa posibilidad.) Que no sigamos lo que nos dicen que es importante. Que cada uno tenga su criterio. Si crees que es más importante estudiar hasta las 4 de la mañana que sea porque lo crees tú, no porque te digan que es importante que estudies para aprobar y sacar la carrera y tener un trabajo (y demás cuentos chinos). Yo por ejemplo ahorro durante todo el año y prefiero gastármelo en ir a ver a la familia a Francia en verano, total ya he pasado los otros 24 veranos de mi vida en modo económico. Oye, si tu prioridad es tener una carrera profesional exitosa, adelante. Pero si te dan ataques de ansiedad por el trabajo, no es tu caso. Quizá la prioridad debería ser la felicidad, estar contentos con lo que tenemos, lo que hacemos y la gente con la que estamos.
Yo solamente digo que disfrutemos de lo que tenemos y de la gente que tenemos. Las cosas pueden ser para siempre, pero las personas (lamentablemente) no lo son. Creo que es bastante evidente con quien se aprovecha el tiempo y con qué se desperdicia.


De la maravillosa agenda de Mr. Wonderful. 


¡Sed Felices!

miércoles, 6 de enero de 2016

Regalos de la vida y no solo de Reyes

Improvisadores, tengo los mejores amigos del mundo. ¿Por qué? Porque los mejores amigos del mundo no son los que hablan contigo todos los días, ni a los que ves todos los días ni todas las semanas y puede que tampoco todos los meses. Aunque sea este uno de los requisitos de la amistad desde que empezamos a hacer amigos hasta que te das cuenta de que las agendas son complicadas.
Los mejores amigos son los que ves una vez cada 3 meses y aun así parece que no ha pasado el tiempo. Aquellos que les dices “estoy de bajón, necesito sesión de terapia” y saben que no te refieres a un psicólogo sino a vosotros dos en un banco a las 4 de la mañana después de unas cuantas cervezas. Son los que te lo cuentan todo aunque no haga falta contar nada, y viceversa (como el programa). Son los que viven 6 meses al otro lado del charco pero puedes notar que no están bien por la forma en la te escriben.
Los mejores amigos son también los que no te ven en dos semanas y tienen mil cosas que contar, pero también son los que te ven cada semana y nunca agotáis las conversaciones. Los mejores amigos son los que, a pesar de hacer su vida y tú la tuya, se acuerdan de ti tanto como tú de ellos y sacarán un tiempo que ni tienen para verte aunque sea una vez al año, 3 al mes o 6 a la semana. Los que te contestan al teléfono para acompañarte aunque sea tarde para que no vayas “sola” por la calle o los que te dejan en la puerta de tu casa y no arrancan hasta que entras.
Los mejores amigos son por los que tú harías eso y más. Y no importa donde vivan ahora o cuantas veces los ves al mes o cuantas veces hablas con ellos. Gracias vida por darme los amigos que tengo, gracias por las noches eternas de charla, las risas ilimitadas, los enfados temporales (para que engañarnos), las resacas en compañía y por darme la capacidad de valorarlo.
Amigos, ya sabéis quienes sois.

¡Sed Felices!

martes, 16 de junio de 2015

Por los amigos de la infancia

Improvisadores, hoy vengo a divagar un poco. No sé si será por la lluvia (sí, en Valencia también llueve, y con ganas cuando se pone) o qué, pero estaba pensando esta mañana en mis Señoras.
El otro día leí en una de esas páginas chorras de “20 Cosas que debes saber sobre los unicornios” y demás algo sobre los amigos que me hizo acordarme de ellas. Más o menos diferenciaba varios tipos de amigos. Los primeros eran los hermanos (si estás peleado con tu hermano/a, sáltate este punto que total…y llámalo/a por teléfono anda). Más o menos venía a decir que los hermanos (obviamente) no los eliges, y que ya que te va a tocar aguantarlos sí o sí toda tu vida o la suya, qué menos que llevarse bien, ¿no?
Luego hablaba de los amigos de la infancia. Venía a decir que estos amigos tampoco es que se elijan, que te juntas en grupos por descarte y no por afinidad. Y luego estaban los amigos de la adolescencia que bueno, ya eran más por afinidad que por descarte y seguía siendo un vínculo fuerte pero no tanto como el de los amigos de la infancia. Por último hablaba de la gente que conoces cuando “eres mayor” (me niego a decir adulta, porque me suena a muy mayor) y que básicamente te juntan las circunstancias (no sé, véase el trabajo) pero que no siempre acaban cuajando y acaban siendo compañeros más que amigos y en algunos casos se pierde el contacto al acabar de trabajar. Pondría aquí la excepción de la carrera, pero porque las Grandes se lo merecen. Y Elia, otra excepción y de lo mejor que he sacado de la academia de inglés. 
El caso es que me quería centrar en esos amigos de la infancia que “tocan por descarte” porque las Señoras irían ahí. No sé si por descarte, pero por infancia seguro. Quizá por descarte también. Lo bonito que tienen los amigos de la infancia es que es muy fácil hacer amigos, no tienen que gustarte las mismas cosas, simplemente hay que jugar. Y luego se crece (porque es inevitable, incluso Peter Pan crece) y cada una tiene su personalidad, sus gustos, sus aficiones, etc. pero aun así sigues siendo amiga. ¿Por qué? Pues porque os conocéis de toda la vida. De hecho, a Paula la conozco desde hace más tiempo que a mi propia hermana.
Porque no hace falta tener gustos idénticos para ser amigas. Nos conocemos desde hace tanto tiempo que sabemos todo de las otras, lo bueno, lo malo y lo peor. Hemos pasado por todo y seguiremos pasándolo. Porque ¿qué es la vida sin esa amiga a la que puedes llamar simplemente para hablar porque te aburres?
Y os preguntareis ¿No estás un poco ñoña? Pues sí, lo estoy. Me conocéis más de lo que deberíais. El caso es que este año estamos todas un poco dispersas, y posiblemente el próximo, y el siguiente… os explico: Laura está aquí, pero estudiando el MIR, así que la pobre está más bien desaparecida; Anna está en Reino Unido de prácticas hasta agosto; Elena está trabajando también en el Reino Unido hasta… no lo sé, desde enero; y Paula está en Barcelona este curso y posiblemente unos cuantos más. Bien, ya os he puesto en antecedentes. La cuestión es que antes de esta escampada general, quedábamos todas las semanas tuviésemos algo que contarnos o no. Así que ahora se ha quedado ahí como un pequeño vacío existencial. Y yo pensaba: qué sola me he quedado aquí. Y es mentira, porque tengo más amigos que están aquí, pero faltaba esa piececita, esa cena de los viernes. Y entonces caí en una cosa: ¿es posible que no sea la única? Quiero decir, todas estamos separadas y sí, todas estamos con amigos, pero quizá algún día a una u a otra le entra la morriña de una cena de viernes.
Y tengo que decir que la tecnología es una bendición en estos casos, porque los audios de whatsapp me dan la vida cuando tengo que contar una de las mías, pero aun así… las cenas de 5 son especiales.
Este año es el primero que hemos empezado la ronda de cumpleaños (el mío, 24, gracias por las tarjetas de felicitación) sin estar todas juntas. Así que imaginaos si será genial la próxima cena de 5 – cumpleaños multitudinario. 
Ahora aquí quiero proponer un brindis por todos esos amigos de la infancia por los que no matarías, por los que morirías porque se lo han ganado, porque tendréis batallitas que contar hasta más allá de los tiempos y porque aun quedan muchas batallitas por llegar. 

¡Sed Felices! Y mis Señoras más allá en vuestras casas. 

miércoles, 1 de abril de 2015

¿Estas segura? ¡Yo ni loca!

Improvisadores, ya estoy aquí. Os lo prometí y lo prometido es deuda. ¿Cómo se os presenta la Semana Santa? Sea como sea, espero que no os llueva mucho. Aunque no tiene pinta.
¿Qué vengo a contaros hoy? En realidad poca cosa, pero es una hora tonta que ya ni puedo hacer siesta ni me apetece hacer otra cosa y me he dicho a mí misma “María, ¿por qué no escribes un rato sin ningún sentido ni objetivo?” Y eso hago. Estamos a día 1 de abril si mi calendario no falla y llevo desde el lunes intentando hacer algo de provecho. Y con eso me refiero a arrancar mi segundo trabajo de fin de máster. No lo entendáis mal, no lo tengo que repetir, este es de otro máster. Que aquí donde me veis diciendo tonterías día sí día también, soy más lista de lo que parece. Preguntadles a mis amigos si sé o no sé jugar al trivial. Pues eso. No sé si os lo llegué a decir, pero el 30 de enero acabé oficialmente el máster de Barcelona que estaba haciendo, así que ya podéis hablarme con un poco de respeto. Y ahora pues a por la recta final del máster de profesora de secundaria.
Sí, profesora de secundaria. Esa profesión de la que yo no estaba muy segura al empezar el máster. Esa profesión de la que ahora me dicen “pero, ¿tu estas segura?” y les contesto que sí. Secundaria, allí donde mi amiga maestra de primaria no se metería “ni loca”. Suena como si te jugases el cuello cada día, ¿no? Ni el último superviviente. En realidad creo que no es para tanto. O puede que yo no esté bien de la cabeza. Que no lo descarto.
Obviamente no siempre es igual, pero a mí los dos meses que he estado de prácticas me han sabido a poco. A poquísimo. Y lo gracioso es que cuando me tocó coger la plaza en Rafelbunyol pensé “¿Más lejos no podía tocarme ir? Menudo madrugón”. Y luego los días que entraba a las 11 me mosqueaba porque no estaba aprovechando el día. Imaginaos. Que entraba a las 11 y me levantaba a las 9. Llegaba pronto siempre porque al final se me trastocó el sueño y me despertaba a las 7 de la mañana un sábado pensando que llegaba tarde. Quizá sea verdad que el problema mental lo tengo yo.
El caso es que llegué allí y vi las cámaras de seguridad y todo y pensé: en mi instituto la valla era más alta, pero no teníamos cámaras de seguridad, ¿Dónde me han mandado? Pero que va, nada más lejos de la realidad.
La verdad es que lo primero que tuve que hacer fue elegir cuál de las dos profesoras de sociales quería de tutora. Pensadlo, es difícil elegir si no sabes cómo son. Pero creo que elegí más que de maravilla. Así que allí estaba el primer día de prácticas sin saber ni en que silla sentarme. ¿En última fila? ¿Mejor delante? Es una decisión difícil. Al final acabé en una silla en la mesa de la profesora. O en la silla de la profesora. Primer problema superado.
La verdad es que había profesores que me decían que estaban cansados o que luego no echas de menos a los alumnos. Imagino que tienen razón, pero yo me lo pasaba tan bien. Pero TAN bien. No sabéis cuánto. Estoy hablando de tener que aguantarme la risa por algo que han dicho pero no viene a cuento y no puedes reírte. Tienen unas salidas y unos comentarios demasiado auténticos. Creo que algunos no tienen ni filtro mental. Y luego enseguida captas los grupitos y su sitio en el patio. Esas son cosas que nunca cambian.
Y luego riñes a alguno y discutes. Y en realidad posiblemente de normal no le reñirías por eso, pero estas de profesora y tienes que hacer algo. Diferenciar cuando estas en modo profesora y cuando no. Y luego piensas: ¿me habré pasado? Pero es el papel que te toca. Muchas veces en el fondo sabes que no son malos chavales, pero tienen una imagen que mantener delante de los amigos. Jolín, que no hace tanto tiempo que yo estaba en el instituto. Aunque nunca en el modo pasota y toca narices. Eso podéis preguntarle a cualquiera. Yo siempre he sido más del modo repelente. Un ejemplo para ilustrarlo. Mis padres siempre cuentan que yo tardé mucho en hablar, muchísimo. Hasta los 15 meses no me arranqué (y no he parado desde entonces) y cuentan que un día estábamos paseando por la playa, creo que por La Pobla de Farnals o por ahí y nos cruzamos con una niña que llamaba a un perro “guau guau”. Bien, ahí veis a una María de 2 años que dice: mamá, si es un perro ¿Por qué lo llama “guau guau”?.
Así soy yo, amigos. Puro amor.
Luego ya pasé a la universidad y bueno, hemos ido a la biblioteca a por libros y a estudiar y eso. Pero posiblemente muchas menos horas que a la cafetería. Pero bueno, eso es algo que viene intrínseco con la universidad, ¿no? Tan mal no lo haría cuando acabé la carrera y ya voy por el segundo máster. Perdón, eso ya es echarme flores por el puro placer de leerlo.
En definitiva, que no he estado mucho por aquí porque estaba disfrutando como una enana en las prácticas del instituto. Si es que hasta las echo de menos. A las prácticas digo. Bueno, a los alumnos un poco también. En el fondo se hacen querer.
Así que sí, podría decir que estoy segura de meterme ahí
¡Sed felices!

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Insomnio, escribir y yo.

Recuerdo que en la primera clase de la carrera la profesora nos preguntó “¿Qué es la historia para ti?”. No me acuerdo de qué contesté, pero ahora me pregunto ¿Qué es escribir para mí?
Escribir es vaciar tus pensamientos. Escribir es escucharte a ti mismo. Escribir es construir con palabras el mundo imaginario que tienes en la cabeza. Escribir es poder ver como página a página se va construyendo una historia, unas vidas y unas experiencias. Escribir es tener un momento de desconexión cuando más falta te hace. Escribir es exponer al mundo tus pensamientos, los más ocultos y los no tan ocultos. Escribir es como respirar: No piensas en hacerlo, pero lo haces. No pienso qué podría escribir, escribo. No pienso en qué orden, escribo y luego lo ordeno. No sé si es la forma correcta de escribir. Pero cuando las ideas me salen, no puedo pararlas. Salen y ya está. Después las reescribo o las dejo como están. Pero la primera siempre es la más pura, la más auténtica. La segunda leída de lo que acabo de crear es en la que se corrigen las faltas y en la tercera se cambian cosas. Porque no suenan bien, porque parecía que quedarían bien, o porque piensas que alguien podría sentirse ofendido. Por eso la primera leída es siempre la mejor. En el libro en el que trabajo evidentemente no puedo dejarlo “en estado puro”, porque lo puro no siempre es lo que busco. Pero sí puedo decir que por suerte o por desgracia, mi blog sí que es un reflejo de mí misma en estado puro.
No sé en qué momento decidí empezar a escribir. Desde pequeña me apasionaba leer y cada libro traía aventuras y recuerdos. Creo que no he tirado ni un solo libro y he ido acumulándolos desde pequeña. No es un síndrome de Diógenes porque no es basura, son libros. Viajes y aventuras sin moverme del sofá, mágico. Volviendo a mi decisión de escribir, no creo que hubiese un punto concreto. Recuerdo participar en el concurso de literatura con 16 años. En realidad no creo que haya un momento de inicio. Simplemente, cuando me aburría o estaba alterada, mi mano buscaba lápiz y papel. Después buscaba el ordenador y las teclas. Pero debo confesar que aun hoy prefiero escribir en una libreta cuando necesito despejar la mente y desahogarme. De hecho, siempre llevo una conmigo. No sé qué vino antes, si los intentos de poesía o la narración. Lo que sí sé es que después vinieron los intentos de escribir canciones, pero nunca supe componer. Ni escribir poesía.
La prosa y la narrativa se impusieron y sin darme cuenta empecé a narrar mi vida en el blog. En un principio era para mí, un método de escape de todo. Después empezaron a conocerlo mis amigos, mi familia y desconocidos. De repente el blog no era el soporte para desahogarme y contar mi vida. Mi vida era la base para nutrir el blog. Pero se me quedaba corto. Necesitaba más. Y por eso empecé a buscar trabajos relacionados con la escritura. Pero no es fácil, sobre todo si no tienes idea de cómo funciona ese mundo. Acabé rellenando unos datos para una revista inglesa sobre arte. Fue una de esas cosas que hago sin pensar en que vaya a suceder. Pero sucedió, me enviaron un email diciéndome que querían que colaborase con ellos. Envié un par de artículos y me dijeron que los publicarían, aunque no los he visto. Dejé de enviar y escribirles en inglés y volví a centrarme en acabar la carrera y mantener vivo mi blog.
Al conocerlo tanta gente necesitaba alguna cosa que solo fuese mía y apareció Mati. ¿Quién es Mati? Mati es la protagonista de mi libro. Mati tiene un poco de mí pero sobre todo tiene todo lo que yo no tengo y por eso nos complementamos. ¿De dónde salió? De una noche en la que dormí fatal y soñé y ese sueño se convirtió en Mati.
En un principio el libro iba a ser secreto, pero dejé que mi hermana lo leyera y le gustó. Lo leyó una amiga y le gustó. Y al final me pedían más y más capítulos y el libro se convirtió en mi gran obra maestra. De esas obras maestras que nunca verán la luz. O eso pensaba, porque entonces se me ocurrió la idea de enviarle el manuscrito a una editora. Y me contestó Yolanda con algunos comentarios como que “puede ser aterradora de verdad”, “una apuesta arriesgada” y aunque ella se disculpó en el email por si me molestaron las críticas, la verdad es que me motivó mucho más. Me hizo ver que quizá no era necesario mantenerlo tan en secreto. Y entonces Mati avanzó, la historia evolucionó y, como vaticinaba Yolanda, la sangre acabó llegando al río.
Mientras, mi madre miraba editoriales en internet. Así que mientras por un lado me insistía en masters y oposiciones, por otro lado es la que más se interesa en mi libro (y eso que no lo ha leído). La verdad es que ahora ya no me apetece dejarlo secreto. Ha estado escondido muchos años, pero ahora me emociona pensar que todos conociesen a Mati. De hecho, me apetecería hacer esto durante muchos años y no tener que hacer nada más.
Y esta es la historia de cómo la pasión por escribir se impuso sobre el resto de mi vida.
¡Sed Felices!