miércoles, 16 de noviembre de 2022

Poquito a poco

Improvisadores,

Perdonad la ausencia, pero han sido meses de locura. En Instagram habréis ido viendo, pero a partir de septiembre se me han comido las horas del día.

En agosto estuve una semana más excavando una fosa del frente de levante de la guerra civil en Vistabella del Maestrat como el año pasado, eso sí lo visteis en Instagram. Aprovechamos para hacer un poquito de turismo por Puertomingalvo ya que estábamos. Luego me fui una semana a Francia a la boda de uno de mis primos, aunque de esto no hay nada en Instagram, pero íbamos todos guapísimos.

En septiembre vuelta al cole y este curso se me está haciendo largo y solo es noviembre. Vuelvo a tener 2º y 4º de la ESO, que bien. Vuelvo a ser tutora de 4º, que quizás un pelín menos bien. Y por primera vez me toca dar clase a la FPB. Estaba más asustada de lo que realmente esta siendo. Pero queda mucho curso por delante.

En este tiempo, además he comprado el piso de mi abuela que, como algunos sabréis, nos dejó en marzo. No es el mejor momento y seguramente si no hubiese sido ahora no me hubiese planteado comprarme un piso. Pero tenía que ser así.

Ahora estoy un poco hasta arriba de faena y a la vez tampoco os penséis que hago tanto. Pero algo no estoy haciendo bien en la organización de este curso. Entre el trabajo, las opos, el gimnasio, la vida social. Algo no he cuadrado bien. Y he de reconocer que algún pico de ansiedad he tenido algún día. Que es normal y no pasa nada, si se sabe gestionar. Y oye, si hay que llorar de tanto en tanto y soltarlo, pues se suelta. Si yo soy más llorona de lo que parece. Y más sensible. Y más cariñosa. Pero luego por la vida no creáis…

En fin. Voy a intentar volver a estar un poquito activa, aunque sea por Instagram. Volver a escribir que siempre me ha ayudado, pero he de reconocer que por querer centrarme en escribir sobre viajes y sitios he dejado de escribir para lo que inicialmente era esto, soltar un poco lo que llevo dentro. Pero claro, ¿a quién le interesa eso?

A ver si en vacaciones os voy subiendo algo más. Estas navidades creo que serán un poco raras. Diferente seguro. Pero bueno, seguiremos haciendo las recetas de la abuela y juntándonos a cenar. Siempre me ha gustado la navidad, no tiene porque dejar de hacerlo.

Igual alguna receta nueva de mis padres, aunque lo dudo porque nuestros menús son poco originales. Ya tenéis en Instagram el potaje que siempre hacemos el día de Navidad, los pepitos o ximos (en la provincia de Castellón) que hicimos para Nochevieja (aunque son típicos de Semana Santa), el cocido de Año Nuevo que hacia mi yaya y que ahora hace mi madre (¿Os conté la vez que hicimos competición de cocidos?) y, cómo no, los canelones de cocido para el día de reyes. No innovaremos mucho, pero, aunque sea para escuchar a mi madre decir: ¿Y por esto cuanto te pagan? Y yo “nada mamá, por amor al arte como siempre”. Y luego ella tan contenta con sus visitas.

Además, estamos organizando una escapada de finde para principios de marzo. Que diréis “pero si queda un montón”. Sí, pero organizar viajes da como una emoción especial. Y no viajo más porque me he comprado un piso y no tengo dinero, que sino…

¡Espero vernos pronto!

¡Sed felices!

 

 

domingo, 31 de julio de 2022

Visita a Madrid (2): sigue habiendo mucha gente...

Improvisadores, ¡seguimos con el fin de semana en Madrid!

El sábado por la tarde nos fuimos (con el calorcito) a dar una vuelta en plan turistas absolutos. Puerta del Sol, Plaza Mayor… Nos hacía ilusión tomarnos un relaxing cup de café con leche en Plaza Mayor, pero estaba todo lleno. Así que seguimos con la ruta hasta el Palacio Real y allí en el Café de Oriente nos tomamos algo fresco. Así muy señorial todo.

Y diréis: qué tranquilo todo. Sí, porque no os he contado como me llevé un tortazo en toda la nariz. Íbamos caminando por la calle, yo contestando un WhatsApp. Y levanto la cabeza para seguir a mis amigos y una chica que estaba hablando con sus amigos estiró el brazo para indicarles algo y me arreó tremenda hostia en toda la cara. Ya os digo que me salieron todos los insultos que se. Y la chica flipando porque además era extranjera y no se hasta que punto entendió algo o solo pensó que la estaba maldiciendo. Si era lo segundo, no se equivocó.

Acabada la ruta en la Almudena fuimos a por el autobús para volver a casa de Paula. Yo estaba KO. Pero era hora de duchas y cambios de ropa, que nos íbamos a cenar. Pero pudimos descansar un poco. Con la tontería habíamos hecho kilómetros eh. según mi móvil en todo el día hicimos 11,79km.

Volviendo al tema, habían reservado en La Mentira. Os dejo el enlace a su perfil de Instagram por si os interesa. La verdad que el sitio es bastante chulo. Entras y es oscuro y hay música y no sabes si es un restaurante o un pub, pero es restaurante-pub. Cenamos muy bien, pedimos varias cosas para probar porque… decide tu. Imposible. Os comento lo que pedimos, por si os inspira, esta vez sin ranking, solo en orden:

Las Dyozas. Una mini delicia. Gyozas de pato. Que así dicho no tiene misterio ni nada. PERO es que tienen una reducción de cocido madrileño. Y mira, yo todo lo que sepa a cocido, me sirve.

El Mole. Que yo no lo probé porque el pulpo a mí no me va. Pero los que comieron dijeron que este pulpo con mole madre y tortillas de maíz estaba muy bueno. El mole lo que más triunfó, la verdad.

Luego llegamos a un problema… no sabíamos que bao ni que hamburguesa pedir. Así que si no recuerdo mal… pedimos todos. Eso sí, las hamburguesas pensábamos que serian más grandes. Aunque en realidad las compartimos y perfectas para probar de todo.

Pedimos la Pelayos con ternera, bacon, cheddar, cebolla caramelizada y salsa Pelayo (sea lo que sea eso) y la Triple Queso que creo que se explica sola.

Pero ojo… aun quedaban los baos. Tienen 4 tipos y pedimos tres. Pedimos el Salao con chipirones a la andaluza y mahonesa vittelo (sea lo que sea eso…. Otra vez); el Gringo con pollo crujiente con aderezo yankee (nuestro yankee no supo decirnos qué es) y pepinillos encurtidos en yuzu; y el Ibérico con panceta ibérica lacada con salsa coreana.

Nos dejamos fuera el oriental con langostinos tempura y mahonesa kimchi porque insistieron en pedir algo que todos comiéramos, pero seguro que esta buenísimo también.

Y como ya que estábamos había que rematar la faena… postres. La tarta de limón que a Paula y a Will cada vez que lo oyen les hacen chiribitas los ojos. Y una muerte por chocolate que la terminan en la mesa y te preguntan si quieres caramelo, chocolate con leche o chocolate blanco por encima. O todos. Adivinad qué pedimos.

Ya aquí nos pedimos una copa y pensábamos luego ir a algún sitio y volver a casa en taxi/Uber lo que sea. Pero por desgracia esa noche el Madrid ganó la Champions. Por desgracia para nosotros, claro. A los demás no les gusta el futbol y yo soy del Valencia, por eso lo digo. Vamos a evitar lapidaciones aquí.

Así que nos tocó salir corriendo a por el ultimo metro y subir andando 3 o 4 pisos de escaleras porque inexplicablemente el metro aun estaba abierto pero las escaleras estaban apagadas. Muy práctico todo, la verdad.

El domingo por la mañana nos despertamos sin tortitas, hicimos un desayuno más tradicional con nuestras tostadas con tomate y jamón. Y luego nos fuimos a dejar las maletas a la consigna de Atocha. Pero oh sorpresa, no hay consigna. No se si es desde el COVID o desde cuándo, pero la consigna de Atocha esta cerrada. Así que nos fuimos al Museo Reina Sofia con la maleta. Menos mal que un buen trabajador nos indicó la puerta del museo con consigna (y menos cola). Dentro se estaba super fresquito.

No os voy a mentir, yo tenia muchas ganas de ir para ver la exposición sobre la propaganda y los carteles de la Republica y la Guerra Civil y para ver el Gernika de Picasso. Si, no lo había visto aun, se que tiene delito.

El cuadro me encantó y me hubiese quedado allí viéndolo más rato porque hay mil detalles. Pero había muchísimo ruido. ¿La gente no es capaz de callarse en un museo? Bueno, tampoco entienden el concepto “No foto” porque las pobres trabajadoras… incluso un par de veces fuimos Paula y yo las que dijimos a alguien “eh, ha dicho no foto” y ellos ah si bueno...

Por favor, no es tan difícil.

De aquí nos fuimos a por las maletas y a comer a La Musa de Espronceda. Aquí comimos de tapas y pinchos, aunque es verdad que a la hora que llegamos había algunos que no tenían. Pedimos varios pinchos, no sabría deciros cuales porque entre los que pedimos en la primera ronda y los que pedimos en la segunda porque no había de esos. Y los que tenían fuera de carta. Pero os la recomiendo. También pedimos raciones de croquetas, huevos rotos, morcilla y ¡la verdad es que estaban buenos!

Eso sí, me he dado cuenta de que en Madrid puedes pedir agua y te la ponen del grifo y no te la cobran. Pues en la de Espronceda no te sacan la botella, te sacan vasos. A mi me sabia mal molestarlos por cada vaso, pero Paula insistió en que de eso nada y que, sino que se compren botellas. Os lo digo por si sois como yo que bebéis mucha agua, para que lo sepáis.

De aquí nos fuimos al Retiro a descansar un rato a la sombra y a hacer tiempo porque el tren a Barcelona salía a las 17 y el mío a Valencia a las 18. Así que viendo cómo se llenaban las calles de Madrid de aficionados preparados para llenar Cibeles acabamos el fin de semana en Madrid.

He de reconocer que empezó mal, bastante mal. También porque la semana empezó mal. Pero si un fin de semana fuera ayuda a mejorar cualquier semana, si es en buena compañía más.

Hasta aquí las aventuras y desventuras por una ciudad que (lo siento, pero es así) está un pelín sobrevalorada. O yo la he visto poco. Prometo que es la última pullita que digo de Madrid…. Hasta la próxima visita.

¡Sed Felices!

domingo, 24 de julio de 2022

Escapada a Madrid: bares y gente... mucha gente.

Improvisadores, lo prometido es deuda. Os prometí contaros el fin de semana en Madrid y ahora que tengo un rato… me pongo manos a la obra.

Vamos a partir de que, a mí, que me perdonen los madrileños, pero Madrid… meh. Tampoco es que Barcelona sea maravillosa. Las ciudades grandes me agobian, y mira que yo vivo en Valencia. Pero en Madrid parece que todo el mundo va enfadado, con prisas, corriendo. Gente, siempre hay gente por todas partes. En resumen, que yo iba sin ningunas ganas de ver Madrid. ¿Y ara qué iba? Porque una de mis amigas, Paula, que antes vivía en Barcelona ahora vive en Madrid. Y le hacía ilusión. Así que pido perdón por adelantado a todos los madrileños.

Pero además a mi me pilló en muy mala semana, malísima. Todo muy tenso por cosas de casa y de trabajo. Y además a 1h de irme a la estación discutí con mi madre. Y discutir con mi madre es como discutir conmigo misma porque reaccionamos igual y actuamos igual. Así que es… absurdo. Antes de subirme al tren la llamé y le dije: no quiero irme a Madrid y que te quedes pensando que estoy enfadada contigo. ¿Su respuesta? No, si yo contigo no estoy enfadada. ¿Lo veis? Igualitas.

Volviendo al viaje, tenia yo billetes para el último tren del día, por eso de que es más barato. Llego a Madrid a las 23h. “Es fácil pillar taxi” dijeron. Os diría que no me hagáis hablar, pero es el punto central de esta historia que empieza conmigo queriendo volverme a la terreta en cuanto puse un pie en Madrid.

Llego a la parada de taxis. Y hay una cola inmensa. No pasa nada, se hace la cola. No tengo problema. Llega el turno de la pareja de delante y los taxistas dicen que no, que ahí no se recoge, que vayamos al principio de la parada. Vale. Vamos al principio. Y cuando estamos en el principio vuelven a subir a gente desde donde estábamos nosotros. Claro… mosquea. Pero entonces los peatones se tiran a los carriles de los taxis a subirse a uno. Pero es que los taxistas empiezan a bajar de los coches para discutir entre ellos. Y yo flipando.

Cuando llevaba ya 1h intentando subir a un taxi después de una semana horrible y un día peor… mis ganas de volver a meterme en Atocha a esperar al primer tren iban en aumento. Encima llamé a mi amiga y que se riesen la verdad no ayudó. Pero lo entiendo, yo también me hubiese reído estando de cena. Digo bueno, me voy por la avenida y algún taxi parará. Después aprendí que por lo visto en Madrid los taxis en zona de parada no paran. Os juro que yo quería tirarle la maleta a alguien a la cabeza. Ni confirmo ni desmiento que maldijese y blasfemase respecto a Madrid en voz muy alta y delante de madrileños. Pero cada segundo que pasaba entendía más a Paco Martínez Soria con esto de la ciudad no es para mí.

Por fin Paula tuvo a bien enviarme un Cabify a recogerme. Y menos mal. Porque si no os prometo que, entre la pelea de taxistas, la semana de mierda y que estaba en Madrid… mal. Dormí en la gloria, os lo voy a decir. En el sofá, sí. Pero fuera de las calles de Madrid. Que angustia de ciudad.

El sábado por la mañana empezó bien porque el novio de Laura nos preparó tortitas americanas auténticas. Y son autenticas porque él es de Filadelfia, no me llevéis la contraria. Ya os dejaré la foto por Instagram porque menuda mesa de desayuno se organizó en un momento. Después dijeron que íbamos a dar una vuelta por Casa de Campo. Eso sí me gustó, el laguito era super agradable y no parecía que estuviésemos en Madrid.

Y entonces dijeron: vamos al teleférico que es un paseo. Un paseo en un secarral al sol, pero un paseo. Pero oye, el teleférico también me gusto. Tengo que reconocerlo. Entró una avispa y casi nos da un infarto, pero me gustó. Y entonces fuimos al Templo de Debod que no lo había visto nunca y eso que he estado veces en Madrid.

De aquí decidimos que era momento de ir a tomarse algo fresco a la sombra porque estaba haciendo un calor de derretirse al respirar. Y luego fuimos a comer al que es desde ese día mi bar favorito de Madrid. El Bar La Gloria. No tengo foto de la comida, porque nos lanzamos y estaba buenísima. Pero el ranking que hicimos entre todos de lo que más nos gustó. Y, obviamente, os lo voy a dejar aquí escrito:

1.- El croquetón. Un primer puesto por unanimidad. Un indispensable si vais. Hacedme caso.

2.- Mollete de pringá. Estaba jugoso, el pan increíble. De hecho, pedimos dos para los 7 para poder degustarlo bien.

3.- Tomate rosa. La mejor idea que tuve desde que decidí ir a Madrid. Un tomate rosa con mucha carne y mucho sabor y bien acompañado con un aliño increíble. Buenísima idea para equilibrar un poco, que parece que cuando vamos a comer fuera nos tiramos a los fritos solo.

3.- Ensaladilla. En otro merecidísimo tercer puesto porque no pudimos decidirnos esta la ensaladilla sin guisantes. De esta también pedimos dos. Y en serio, como si fuera la de mi madre.

4.- Cachopo. Lo sé, no es andaluz y esto es una taberna andaluza, pero estaba muy muy muy bueno.

5.- Berenjenas con miel. Es un plato seguro, es muy difícil que salgan mal. Pero también es muy fácil que salga la berenjena aceitosa. Pero estaba perfecta.

6.- Albóndigas de choco. Yo no las probé, no me gusta el marisco ni nada así, pero dijeron mis amigos que no era lo que ellos esperaban, por eso el último puesto.

Todo esto con dos vermuts, dos tercios, dos cañas, una copa de vino…. 18 euros por cabeza. ¡En Madrid! Comida increíblemente buena y por 18 por cabeza con bebida… no puedo recomendarlo bastante.

Y.… lo voy a dejar aquí que sino se me junta una recomendación con la otra reseña y esto es un caos!

¡Sed Felices!

domingo, 28 de noviembre de 2021

Curiosidades de Pompeya

Improvisadores, vengo a contaros algunas curiosidades extras de Pompeya. Tenéis la visita general en la entrada del viaje de primas parte 2.

Imaginaos como debía ser Pompeya. Una ciudad que, según el guía, tenía 150 hectáreas (solo han excavado una parte, 66 si no recuerdo mal). Los datos sobre la ciudad son un poco variados si miráis por ahí, así que voy tirando de memoria del guía. Vivian 22.000 personas en el momento de la erupción solo en la ciudad de Pompeya. Destino vacacional de los romanos ricos. Ciudad que nació pagana y murió pagana pues no llegó a vivir la conversión del Imperio al cristianismo y, gracias a eso, podemos ver en las casas los altares y la devoción a los dioses romanos.

Aunque la ciudad es la más famosa por quedar sepultada por las cenizas del volcán, la erupción del Vesubio no fue tan grande comparada con otras en la historia. Pero si fue la primera erupción descrita por testigos de primera mano. Hablo de Plinio el Joven quien a sus 17 años vivía en Miseno. Plinio sobrevivió a la erupción y llegaría a ser consejero de Trajano. Gracias a él y a los restos se sabe que no llegaron a Pompeya ni lava ni fuego, fueron las cenizas las que sepultaron la ciudad. Y la nube de gases volcánicos la que produjo la muerte de 2.000 personas de las 22.000 que vivían en aquel momento en la ciudad. Por eso los cuerpos encontrados están muchos en posiciones fetales o retorcidas, al parecer (no soy ninguna experta) la intoxicación por estos gases produce contracciones musculares. El Vesubio avisó, como todos los volcanes antes de la erupción. ¿Por qué no se fueron? Porque los terremotos no eran tan raros. En el año 62 había habido ya uno fuerte. De hecho, el Vesubio sigue activo y la última erupción fue en 1944.

Otro dato curioso, si Pompeya recibió las cenizas ¿Dónde fue la lava? A Herculano. Mientras esta ciudad si sufrió el paso de la lava, Pompeya quedó enterrada bajo 6-7 metros de ceniza volcánica. Gracias a esto se conservaron en tan buenas condiciones los restos de la ciudad (según nuestro guía).

Pompeya está dividida en 9 regiones, por facilitar los planos y la localización. Estas regiones se dividen en ínsulas (manzanas). La casa de la que vengo a hablaros está en la Regio VI, Ínsula 12, casas 1-8. Ella solita es una manzana completa. Hoy en día está en la Vía della Fortuna, que en su momento fue una de las calles principales de Pompeya al conectar el foro con la Puerta Nola.

Os hablo de la famosa Casa del Fauno del siglo II a.C. Era una casa de Pompeya, pero lo más impresionante es que tenía 2970 metros cuadrados. Que se dice rápido. ¿La conocíais? La casa fue ampliada y reconstruida tras el terremoto del año 62. Enterrada por las cenizas en el año 79. Descubierta en 1830. Bombardeada en 1943. Y hoy en día es visitada por 2.5 millones de turistas al año. La casa recibe el nombre por una estatua que, posteriormente, se dijo que era un sátiro. Pero cámbiale tu ahora el nombre a la casa. La estatuilla es considerada la de mayor calidad y mejor conservación de toda Pompeya. No hay nada que esta super Domus romana no tenga. Debió ser famosa en la época en que la habitaron y sigue siéndolo hoy en día.

Y por supuesto... el mosaico de Issos. Que lo ha visto en clase millones de veces. Os dejaré foto en Instagram, como siempre. Este mosaico representa la Batalla de Issos del 333 a.C entre Alejandro Magno y Darío III de Persia. ¿Por qué esta este mosaico en una domus romana? Según deducen, algún antepasado del propietario debía ser de origen macedonio. Esta hecho de teselas de menos de 4mm. Y tiene mérito porque el mosaico mide 5.50x3.20 metros. Calculan que se utilizaron un millón y medio de teselas. Y me quejaba yo de las clases de plástica cuando tocaba hacer puntillismo.

Aquí os dejo, así por encima, un poco sobre Pompeya, porqué tenia tantas ganas de ir y un poquito sobre la Casa del Fauno que tanto llama la atención. ¡Espero que os haya gustado!

¡Sed Felices! 

domingo, 21 de noviembre de 2021

Viaje de Primas: Costa Amalfitana y vuelta a casa (P.3 y última)

Improvisadores, llegamos al último día en Italia. 27 de octubre.

Habíamos decidido visitar la costa amalfitana. Por si no la conocéis, los pueblos fueron declarados Patrimonio de la Humanidad en 1997 y la República Amalfitana fue una de las muchas que dominó el Mediterráneo allá por el siglo XII. 

Así que no podíamos perdérnosla. Y como teníamos coche… para qué ir en autobús. Así que allá que nos fuimos. Nos lanzamos por una carretera de costa con todas sus curvas y todos sus conductores italianos y autobuses. Pero qué preciosa es. Os dejaré fotos por Instagram.

Teníamos 1h o así desde Salerno a Positano. No íbamos a parar en todos los pueblos porque uno de los problemas es el espacio para aparcar. El plan original era ir hasta Positano que estaba más lejos e ir volviendo hasta Vietri sul Mare, comer allí y ya a Salerno. ¿Problema? Somos muy lentas y entre que nos levantamos y salíamos de casa… llegamos a Positano sobre la 1 del medio día. Acabamos aparcando en zona azul que nos costó 6€. Ir en autobús hubiesen sido 10€ cada una, por si necesitáis la referencia.

Aparcamos y… bueno, ¿conocéis Positano? Por si no la conocéis…. No tiene ni una calle plana. Está más inclinada que la torre de Pisa. Así que bajamos los 2 millones de escaleras hasta llegar al Duomo. No pudimos entrar porque estaba cerrado. Así que dimos una vuelta (más escaleras), vimos las vistas (más escaleras). Y decidimos volver hacia el coche (más escaleras). Una vez arriba ya habíamos decidido que no parábamos en más pueblos inclinados. Que visto un pueblo mediterráneo vistos todos. Y sobra decir que decidimos eso con el hígado en la boca.

Paramos en el primer restaurante que vimos que no parecía que fuese a costarnos un riñón, no podíamos perder más órganos. Comimos en “Mediterraneo”. El dueño muy simpático, un poco engatusador como todos por allí. No sabemos porque se sorprendían de que condujésemos nosotras. “¿Pero vais solas? No hombre, vamos las 4 juntas. Que bonito, un viaje de 4 hermanas”. Pero la comida buenísima. Y eso que yo me había dejado mis pastillas de la lactosa en el coche y mi gnocchi iban sin mozzarella. Pedimos solos los 4 principales y mucha agua. Por las malditas escaleras. Y salimos si no recuerdo mal a 21€ por persona.

Cuando recuperamos la fuerza en las piernas volvimos al coche. Esta vez le tocaba a Nuria encararse con los autobuses, amos y señores de las curvas estrechas. Y llegamos a Amalfi. Así si se hace. Una ciudad plana. Que pueda llegar al duomo sin morirme. Aunque había escaleras para subir al duomo. No entramos, porque realmente lo bonito de estas iglesias son los colores de fuera. La playa, preciosa. Hicimos fotos, porque era bonito y como prueba de vida de que estábamos vivas. Y volvimos a Salerno. Tocaba hacer las maletas.

Llegamos a Salerno sobre las 5 o así. Y quiero que quede constancia de que le dijimos al del aparcamiento: hoy sobre las 21h vendremos a por el coche que nos tenemos que ir. Aquel aparcamiento donde dijeron el primer día que cerraban a las 22h. Ellas 3 se fueron a por crepes para merendar porque habíamos subido muchas escaleras y nos los merecíamos. Yo me fui al piso de mi prima a conectarme a una charla online. Hay que ser responsable. Sobre las 20h nos fuimos a cenar a Il Duca. Pedimos unos entrantes típicos de allí, pulpo en salsa y habas con sepia o algo así (no me gustan ninguna de las dos cosas y estaba bueno) y pizzas. Yo quería probar la pizza frita, por irme de allí con el ciclo completo. Sin más. Hasta un poco salada. Pero las otras pizzas espectaculares. Además, el dueño nos las sirvió ya cortadas y repartidas en platos para compartir entre las cuatro.

Aquí empieza la aventura. Estamos cenando, de charla, la ultima noche las cuatro juntas. Y se me ocurre preguntar qué hora era. Las 21.10h. Estupendo todo. Pagamos corriendo. A por las maletas y corriendo a por el coche. Que nos sentó la cena mal a todas de las prisas. Llegamos al aparcamiento a las 21.30h. Imaginaos nuestra cara cuando llegamos y está cerrado. La puerta, la verja, todo. Cerrado. El coche dentro. Nosotras fuera. El aeropuerto en Roma. Llama mi prima a un número de teléfono que hay en la puerta. Mi prima lleva un mes allí y habla más inglés que italiano. El señor del aparcamiento solo habla italiano. Y el hombre: tenéis pagado hasta el 28. Y yo: que da igual, que te lo regalo. Y buscando en el traductor como se decía “necesitamos el coche con urgencia, nos han cambiado el vuelo”. Y mi prima que solo decía: “urgente, aeroporto, aeroporto di Roma”. Mi otra prima buscando cómo se decía “nos dijisteis que cerrabais a las 22h”. Y mi hermana riéndose. Porque ella es así. El hombre se cansa de nosotras y dice que llamemos al otro número. Misma conversación. “Le ragazze del cinquecento?” si hombre, las del Fiat 500, si sabes quienes somos. Y ¿Por qué lo sabes? Porque te hemos dicho que vendríamos.

El hombre debía vivir cerca, porque mientras intentábamos volver a explicarle todo, la verja se abrió sola. Y bajamos todas corriendo. El hombre explicándonos en italiano dónde tenia las llaves de nuestro coche guardadas. Y mi prima diciéndole “vale, pero uscita, ¡uscita!” porque si, estábamos dentro, pero si no abría también la barrera no salíamos. Y la barrera se abrió sola. Y nosotras mirando hacia los edificios gritando “¡grazie mille!”. Y mi prima con el teléfono en la mano diciendo que el señor se estaba riendo.

A las 22h salíamos del aparcamiento riéndonos nosotras. Nos reíamos porque teníamos el coche, porque hubo 30 min de drama. Teníamos el sistema de vuelta mejor organizado que el de ida. 1h y media de conducción cada una, aproximadamente. La que conduce luego pasa a copiloto y la copiloto a descansar detrás y la de detrás a conducir. Empecé conduciendo yo. 2h, porque era pronto, no tenia sueño. Y porque tampoco os creáis que encontramos donde parar. Porque igual lo de parar en mitad de la nada de madrugada fue un error que cometimos a la ida que no hacia falta volver a cometer. A las 3 de la mañana aparcábamos en el aeropuerto de Roma. Y nos dormimos 1h dentro del coche. Os prometo que fue la hora que más descansamos. Porque realmente en la parte de detrás de un coche en marcha tampoco descansas. Hay baches, paradas, luces, música.

A las 4 nos fuimos hacia el aeropuerto, no había que facturar, pero con el COVID dijeron que había que estar antes. Llegamos y había una señora comprobando el green pass…. Con los ojos. No conocía a nadie que fuera capaz de escanear códigos QR con los ojos, pero oye, nunca te volverás a casa sin descubrir una cosa más. Pasamos el control más laxo de la historia de mis vuelos. Teníamos líquidos en la maleta, la Tablet... nada, no sacamos nada. Nos fuimos a la puerta de embarque y nos sentamos a esperar. A las 7 despegábamos y a las 9 de la mañana de 28 de octubre ya estábamos en Valencia. Nos recogió el novio de la prima y para casa. A desayunar al horno unas tostadas con tomate como toca.

Os diría que me acosté y dormí hasta el día siguiente, pero estaría mintiendo. Me cambié de ropa y me fui con mi abuela al cementerio. Porque la semana de todos los santos toca ruta. Y al día siguiente nos fuimos a otro. Y por la tarde del viernes 29 me volví a ir a Fira de Onda. Quien diga que no se puede salir de fiesta, sobrevivir a base de siestas mal echadas, viajar y volver a salir… se equivoca.

Como siempre, espero que os hayan gustado nuestras aventurillas. Os he ido dejando en Instagram reels de cada día e iré compartiendo fotos.

¡Sed Felices!

 

domingo, 14 de noviembre de 2021

Viaje de Primas: Pompeya y pizza (P.2).

Improvisadores, seguimos con el viaje por Italia.

El segundo día estábamos un poco más recuperadas que en el primero… no es difícil tampoco. Suena la alarma a las 8h. Toca prepararse y preparar bocadillos, que nos vamos de excursión. Nos vamos a Pompeya, pero tenemos la visita guiada a las 13.45h.

Para hacer tiempo nos fuimos a ver los Jardines de Minerva. Son bonitos, pero también son para echar un rato leyendo la información. La única epga que le veo es que los carteles están en italiano todos. Son unos jardines dedicados a las plantas y su aplicación a la medicina desde tiempos inmemoriales. La verdad que también son un mirador precioso y, si no me equivoco, la entrada de adulto son 3€. 

Una vez acabamos nos fuimos a por el coche para poner rumbo a Pompeya. ¿Os he dicho que los italianos están locos al volante? Como diría Obélix, están locos estos romanos. Así que nos lanzamos a la carretera y una hora después llegamos a Pompeya sanas y salvas. Aparcamos en un sitio que nos indicó quien creíamos que era un gorrilla, pero desapareció antes de darle nada y no aparcó ningún coche más. Pero bueno, en la mismísima puerta eh. Comimos (pronto, la verdad, no era ni la una). El bocadillo era tortilla francesa con jamón, pero el jamón italiano no está como el jamón serrano. Tiene un no sé qué que qué se yo que… no es igual.

Luego nos fuimos a comprar chorraditas de recuerdo y mi prima se hizo amiga de un vendedor a base de regatearle. Todos flipaban con lo de 4 hermanas (como si en Italia no hubiese familias con muchos hijos). Mirad si se acordaban de que al salir de Pompeya pasamos por allí y aun dijo una a su compañero que éramos le ragazze spagnole. Sí señora, no se equivoca usted.

Pero hablemos de Pompeya. También para entrar es necesario el Green Pass. Sí, aunque sea al aire libre. El yacimiento es inmenso. No sé si el guía dijo que 66 hectáreas. 660.000 metros cuadrados. Lo primero que nos dijo es que para verla entera hacían falta varios días. Así que ya con tranquilidad. Caminamos 2h sin parar y no vimos casi nada. Pero estábamos avisadas. Mi hermana es la segunda vez que va y dice que ha visto cosas que no vio la otra vez. Así que si vais a Pompeya no digáis que no os he avisado.

Me gustó mucho Pompeya y tenía muchas ganas de ir, no os voy a mentir. Pero me pareció mucho más bonito y disfrutable Paestum. El problema de Pompeya no es que sea más turístico, que también. Ni que esté lleno de gente, que también. El problema es que es tan inmenso que me resultó imposible hacerme una imagen mental de cómo era. Era caminar por calles entre edificios sin poder hacerme esa idea. Y a mi eso es lo que me gusta de estas visitas. Pensar cómo era, como vivirían. Bueno, en el caso de Pompeya como morirían. Nos dijo el guía que murieron 2.000 personas de las 22.000 que vivían allí. Aun así, volvería a ir y me parece una visita muy muy recomendable. Gracias a la ceniza y a que no fue quemada es una muestra única de ciudad greco – romana. Y con un detalle que repitió mucho el guía. A diferencia de otras ciudades romanas, Pompeya desaparece en el año 79, nació pagana y murió pagana. Así que todo lo que se encuentra en ella en el ámbito religioso esta puramente original sin mezclas con el cristianismo.

Salimos de Pompeya y como no habíamos tenido bastante y aun sentíamos un poco las piernas, volvimos a Paestum, pero esta vez a ver el museo. Aquí esta la tumba del nadador encontrada en 1968 que parece ser de las pocas o la única pintura de la época con una representación humana que ha sobrevivido íntegra.

De aquí nos volvimos a Salerno y esta vez tocaba pizza. Así que nos fuimos a la pizzería Spicchio. No he encontrado su Instagram, pero os la recomiendo muchísimo. Las pizzas estaban increíbles, el dueño majísimo y el precio fenomenal. Os dejaré fotos.

La verdad es que fue un día intenso. Pompeya fue abrumadora, la pizza estaba de locura. Y además nos echamos unas risas las primas juntas intentando no morir al volante. He intentado resumirlo todo en un reels, pero no ha sido fácil.

¿Seguimos en la siguiente entrada? ¡Nos vemos!

¡Sed felices!

domingo, 7 de noviembre de 2021

Viaje de Primas: llegando a Salerno y Paestum. (P.1)

Improvisadores, ¡hemos vuelto a viajar!

Parecía que el COVID nos había dejado sin viajes, pero poco a poco van volviendo. Eso sí, con nueva normalidad y nuevos códigos QR que llevar encima. ¿Os cuento? aunque ya sabéis que, como siempre, en mi Instagram os voy subiendo fotos y más cosas os dejaré los enlaces por aquí. 

Primero un poco de contexto. Mi prima esta de erasmus en Salerno, y el 23 de octubre cumplía un añito nuestra sobrina. La hija de su hermano. ¿Cómo se lo iba a perder? Así que entre las 4 primas organizamos la sorpresa, la trajimos de Valencia de vuelta y el viernes 22 por la tarde la llevamos a su casa. La cara de mis tíos al verla… indescriptible. Y os preguntareis que todo esto a qué viene, ¿no? Pues que aprovechando que yo tenia vacaciones en el instituto y mi hermana y mi prima podían pedirse los días… pensamos que era muy irresponsable traerla hasta aquí y no asegurarnos de que volviese a casa sana y salva. Así que nos fuimos las 3 con ella hasta Salerno.

Pero esperad que no nos vamos aún… volvamos un poco atrás. Sábado 23 de octubre. Nos vamos en 24h, pero ¿Quién se resiste a una fiesta de pueblo? Nadie. Y yo menos (los que me conocéis ya lo sabéis). Así que allí estábamos mi hermana y yo de cubateo, kebab y casales hasta las 7 de la mañana del domingo. ¿Me arrepiento? No. Fue como volver a ser yo después de 2 años. No se si dice poco de mí, pero esa noche volvía a ser yo 100%. Y, además, una charla de sofá a las 5 de la mañana con gente que no conoces era ya la vuelta absoluta a la normalidad.

Nos acostamos a las 7 de la mañana y nos levantamos a las 9 de la mañana. Empezando el viaje con energías. A las 10.30 estábamos llegando a Valencia ya. Ducha, siesta, comer, acabar la maleta… y a las 19h estábamos de camino al aeropuerto. Allí nos encontramos con nuestras 2 primas. Facturar maletas. Pasar el control. Volver a pasar el control porque si para a alguien ya sabéis que siempre es a mí. Aunque tengo que decir que he visto los dos controles (ida y vuelta) bastante desganados. No me han hecho quitarme las zapatillas, ni sacar los líquidos de la maleta ni nada.

El avión salía a las 22.25, así que jugamos a las cartas, cenamos tranquilamente y por fin a las 21.45 embarcábamos. Los que me conocéis sabéis que odio volar. Pero no hay nada como no dormir por estar de fiesta y un Valium para sufrir muy muy poco. Eso sí, no dormí en el avión y llevaba una sensación de jetlag encima… que parecía que había volado a Cancún en lugar de a Italia.

Aterrizamos a las 00.05 en Roma, pero hasta la 1 no salieron las maletas. Y aun tuvimos suerte porque parecía que allí había gente esperando sus maletas desde hacia 3h. Tenían una montada con la policía que mira… lástima que el italiano a velocidad de enfado no lo entiendo. Recogiendo las maletas nos llama la chica de la compañía de alquiler de coches, que donde estamos, que nos espera como mucho hasta las 2. Disculpe señora si la puerta del aeropuerto que comunica directamente con el aparcamiento la cierran por la noche y tenemos que dar una vuelta que ni volviendo a casa andando.

Habíamos contratado con Edreams el coche, pero Italia Renting Car nos dio problemas. El primero, Edreams decía que había sobrecargo de 90€ por horario nocturno y allí nos cobraron 130€. El segundo que mi tarjeta de crédito tenia un limite de 500€ no se porque y no aceptaron que mi hermana pagara con la suya porque estaba en el móvil. Así que nos cobró el seguro a todo riesgo para poder darnos el coche. Total, que 235€ más aparte de los ya pagados para alquilar el coche. Sali de allí con tan mala leche que se me había pasado hasta el sueño.

Eran ya las 2 de la mañana cuando pusimos rumbo a Salerno. No fuimos ni por peaje porque ya me sentía bastante robada por Italia y solo llevaba allí 1h. así que nos turnamos entre mi hermana y mi prima y a las 7 de la mañana llegábamos a Salerno.

Siguiente sorpresa. Todo Salerno es zona azul. TODO. O eres residente o pagas. Me empezaban a tener un poco cansada los italianos y llevaba 6h en el país. Miramos y un día entero de zona azul eran 50€. No va a pasar. Así que busqué en Google y encontré un aparcamiento que por 54€ podíamos dejar el coche todos los días, lo aparcan ellos y además podemos sacarlo y dejarlo tantas veces como queramos. Decidido.

Llegamos al piso de mi prima sobre las 8 de la mañana, por fin. Y nos acostamos. Bueno, se acostaron. Porque yo a las 8.30 estaba al teléfono con mi gerente del banco para solucionar lo del limite de la tarjeta de crédito. Y cuando digo al teléfono digo que mi señora madre fue al banco y le pasó al hombre su propio móvil. No le puede decir que no a una madre.

Me acosté después de solucionarlo y a las 12 nos levantamos. ¿Se puede vivir a base de siestas cortas? Claramente demostrado que sí. Mis respetos a todas las madres y padres que viven años a base de siestas cortas. Nos medio recompusimos y nos fuimos a comer pasta. Ya os daré envidia en Instagram, pero fuimos al restaurante Al Dente y estaba buenísimo. Pedimos dos entrantes y cuatro principales. Y agua. Salimos a 15€ por cabeza que oye, increíble. Eso sí, en Italia en ese momento para comer en interior en los restaurantes nos pidieron el Green pass o certificado de vacunación del COVID.

De aquí nos fuimos a Paestum. Un yacimiento cerca de Salerno. Desde luego 100% recomendable. Hay poca gente, un paseo agradable y además la entrada te sirve para 3 días. También piden el Green Pass para entrar. Nosotras nos compramos el bono familia que eran 20€ entre todas, aunque un poco por ratas y por marear a la chica que no estaba muy convencida. Sin el bono son 10€ cada adulto y 2€ para los jóvenes hasta 25 años. Le dijimos que éramos primas, pero entre que nos hicimos las locas y que en italiano no se dice así… mi prima le dijo que éramos hermanas. Y como ellos miran el último apellido y en nuestro caso las 4 tenemos el mismo… pues 4 hermanas.

Una vez dentro podéis visitar el museo o el yacimiento en sí. Nosotras visitamos el yacimiento y nos descargamos la aplicación que sirve de audioguía. Es un paseo entretenido y un sitio precioso. Si no hicimos 1000 fotos no hicimos ninguna. También la lié, porque soy así. Cogiendo el bolso se enganchó en una piedra de un murete y se me cayó la piedra en el pie. No me puse a llorar por vergüenza. Solo dije dos cosas "¡Mi pie!" y "Joder, he roto el monumento". Recoloqué la piedra y espero que si vais no dejéis los bolsos cerca de los muros. 

Volvimos a Salerno a cenar pronto porque, sinceramente, no podíamos con nuestras vidas. A las 20.30 estábamos en Ingordo cenando, una hamburguesería típica de Salerno con hamburguesas enormes. Cenamos estupendamente, vuelta a casa, ducha y a dejarse morir en la cama. Bueno, el sofá en mi caso y el de mi hermana.

Dejamos los siguientes días… para otro día, ¿no? Que ya solo la llegada a Salerno ha sido intensa. No quiero aburriros mucho. Además, así os da tiempo a que se os pase la envidia. Os dejo por aquí un resumen del primer día

¡Sed felices!

domingo, 22 de agosto de 2021

Sacando tierra, desenterrando memoria

Improvisadores, por petición popular os traigo un poquito de la experiencia excavando con Arqueo Antro una semana en Vistabella del Maestrat. No he compartido ninguna foto de la excavación donde aparecen los restos encontrados, pero sí os voy a dejar varios enlaces donde Arqueo Antro comparte la información y las fotos. Por eso pregunté en la encuesta de mi Instagram si os interesaba, pero desde un punto de vista personal.

Los días antes de ir estaba muy nerviosa, pero yo es que me pongo nerviosa con las cosas nuevas. Llegué el domingo por la tarde y nos repartieron en casas rurales, la verdad que no puedo quejarme de los compañeros que me tocaron. Cenamos, nos presentamos y a la cama que al día siguiente empezaba el intensivo. A las 7:15 nos levantamos para ir a desayunar y a las 9 estábamos ya en el Mas del Collet. Aquí veréis en algunas fotos un monolito, la única pista de donde podían estar enterrados. Así que pasamos la mañana sacando tierra y picando. Yo no me voy a quejar, es de lógica aplastante que si no sacas la tierra no vas a encontrar nada. Además, el lunes había niebla y chispeaba que era ideal. El primer día ya salieron cositas pequeñas, como algún botón del uniforme de los Guardias de Asalto. He hablado de la Guardia de Asalto en clase infinidad de veces, pero tener el botón en la mano los hizo muy reales.

Por las mañanas estábamos excavando y por las tardes teníamos clases de arqueología forense, antropología forense, genética… mil cosas interesantes. Tengo que decirle gracias a Fernanda, mi profe de biología de 4º de ESO, aun me acuerdo de la genética.

El segundo día hice 3,7km a base de cargar capazos de tierra, pero si no la quitas… no se quita sola, ¿no? La verdad que solo estábamos en el segundo día y ya estaba disfrutando de una de las experiencias más increíbles de mi vida. Cansada pero emocionada. Y aun cansados, no hay quien quite esa copa de por la noche después de cenar. Pero al día siguiente la alarma no perdona.

Un día tocan capazos y otro toca trabajo fino y acabo con las piernas dormidas de estar sentada o agachada encima de la tierra, pero estoy contenta. Además, ese día tocan visitas de prensa justo cuando van a apareciendo más materiales de los Guardias de Asalto. Pero desde el miércoles que más o menos determinan que la edad de los Guardias era de unos 18 – 20 años no se me va de la cabeza. Aunque serian bastante más maduros que los chavales de 18 – 20 años de ahora, desde el miércoles no dejo de pensar en que podrían ser alumnos míos. En qué sentirían cuando se vieron tan acorralados que se rindieron a las tropas franquistas pensando que les perdonarían. Y qué pensarían cuando se dieron cuenta de que iban a morir allí, en un agujero de bancal. Igual que almorzando allí a la sombra de un arbusto pensaba que estábamos viendo el mismo paisaje que muchos soldados en sus últimos momentos de vida. Igual soy demasiado empática para estas cosas, pero creo que es así como se humanizan las cosas…

Los días siguientes seguía pensando en que eran chavales muy jóvenes. De la misma edad que el tío de mi abuela cuando desapareció en el frente. Pero lo bueno es que cuando estas a la faena no piensas en otras cosas, y ese día hice otros 4,3km llevando tierra. Si recuerdo estar ese día muy reflexiva conmigo misma. Como… con otra perspectiva de las cosas. Y esa tarde la casualidad quiso que estuviésemos un rato hablando con el vecino de la casa rural. Nació en 1932 y nos preguntó que qué estábamos haciendo y pensó que nos interesaría saber que en otro Mas había otro soldado enterrado. Y parece que a veces así es como se descubren las fosas. De casualidad y por un vecino que informa a los de fuera.

Tengo que decir que me ha sorprendido también la cantidad de visitas que han llegado a la excavación, tanto de periodistas como de vecinos. Me parece genial que sea un tema tan seguido y se haga difusión. Además, a la gente que viene les explican todo y me parece muy importante eso.

Además de las clases, que acababan el viernes, fuimos a ver una obra de teatro sobre La Pastora, Teresa o Florencio Pla Meseguer miembro de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón. Y la verdad que, aunque a mí el teatro moderno no me va mucho, la obra me encantó. Y su conclusión, en la que la vida es pasturar. Pasturar en el sentido de hacer lo que quieras siempre que sepas que estas haciendo lo que quieras. Pero tener el viernes por la tarde para ver un poco el pueblo fue bueno también, descansar, visitar la iglesia de la Asunción (extrañamente grande) y recargar pilas. 

El fin de semana solo íbamos por la mañana a la excavación y por la tarde queríamos ir al rio o al campo de aviación, pero no salió buen tiempo, la verdad. Y llegamos al domingo, ultimo día. No tenia ningunas ganas de irme, la verdad. Así que cuando me dijeron por la mañana que si querría quedarme más (o si podría) y que según fuese la faena ese día ya me dirían, qué feliz. Y por la tarde recogí todo, ducha, maletas y con el coche ya cargado me dijeron que si me quedaba un día más.

Es verdad que como no pensaba quedarme más tiempo no tenia ni saco de dormir ni nada y tuve que improvisar una sabana bajera con una toalla y una funda de almohada con dos camisetas. Pero para la próxima (porque espero que haya una próxima) el saco de dormir en el coche no ocupa nada. Tengo que admitir que me supo un poco mal, porque así soy yo. Que había compañeros del curso que se están formando de arqueólogos y yo no, pero luego hablando con una amiga me dijo que me dejase de tonterías. Así que yo hago caso y me dejo de tonterías. Y menos mal, porque estuve muy bien y el lunes lo disfruté aun más. Igual porque éramos menos o igual porque era el final de tantos capazos de tierra. Estuvimos intensivo hasta las 21h y porquese nos iba la luz. Pero menos mal que me quedé.

Último día. La puesta de sol y el monolito que señalaba la fosa.

Entre nosotros, he disfrutado tanto la experiencia y me parece tan importante lo que hacen que hubiese dedicado todo lo que me quedaba de verano si hubiera hecho falta. Son un grupo fantástico que además tienen un papel tan importante que no se ni como explicarlo. Ojalá pueda llevar a mis alumnos alguna vez porque creo que es necesario y además no hay mejor forma de destacar la necesidad de recuperar la memoria de los olvidados (y los olvidados de los olvidados).

El lunes vino a visitarnos un señor, a contarnos lo que sabía. Y se despidió con un gracias por todo y un ¡Viva la República! Por esa gente que ya tiene 90 o más y su memoria se va yendo y ellos también es por los que hay que hacer lo que están haciendo. Y darles voz, que, aunque ellos no estén, su historia perviva. Y que esa historia ayude a abrir la tierra para cerrar heridas.

No creo que este sea el post que esperabais, pero os voy a dejar aquí abajo los enlaces a varios de los medios que estuvieron allí de visita. Además, tenéis las redes sociales de Arqueo Antro donde van actualizando todo el trabajo que hacen. Como os he dicho al principio, esto iba a ser sobre mis sensaciones esta semana; el trabajo que hacen y los restos encontrados se lo dejo a los profesionales de la difusión.

À punt: Recuperen restes òssies d'almenys cinc soldats republicans a Vistabella del Maestrat

El Salto Diario: Localizan restos óseos que podrían pertenecer a Guardias de Asalto fusilados en 1938 en Castellón

Arxiu de Vistabella del Maestrat: Drets humans al mas del Collet

Grup per la Recerca de la Memòria Històrica de Castelló: XII Jornades de memòria històrica de Vistabella del Maestrat

ArqueoAntro: Instagram, Facebook, twitter y página web

Eloy Ariza, en su instagram veréis las fotazas que hace para documentar el proceso de trabajo. De hecho, yo descubrí ArqueoAntro gracias a la lupa de Instagram que me llevó a este perfil. 

En el perfil de Frente de Levante también encontrareis fotos e imágenes de todo el proceso (además de más cositas).

Por último, mil gracias al equipo de Arqueo Antro tanto por el curso como por los días extra. ¡Ojalá poder repetir pronto!  

¡Sed Felices! 

domingo, 15 de agosto de 2021

Escapada Manchega: Santa Maria del Campo Rus (Cuenca). P.2

Improvisadores, 

Retomamos el viaje donde lo dejamos. ¿Os acordáis? Martes de mercado, miércoles castillo de Belmonte...

Pasamos entones al jueves, que volvimos a ir de mercado esta vez a San Clemente. Pero primero, paseo por el campo hasta San Isidro. Luego ya hacia San Clemente. Esta vez el mercado es mucho más grande. Tengo que decir que la gracia de ir al mercado es desayunar porras, que en Valencia solo tenemos en fallas. Aquí compramos comida, ropa, zapatos… nos volvimos medio locas. Luego una Coca-Cola a la sombra en la plaza de la iglesia parroquial de Santiago Apóstol y para casa, que entre unas cosas y otras comíamos a las 4 de la tarde. Que también os digo que hambre hambre… menudo empacho ese día. Condeciros que la siesta acabó a las 19h…

Y llegamos al viernes, ultimo día. Esta vez no nos fuimos a caminar, ya no sabíamos dónde ir. Así que nos fuimos de ruta de tiendas. A la panadería a encargar madalenas, a la carnicería a por embutido y a la quesería. Vamos, lo que viene siendo un básico cuando visitas cualquier sitio, volverte a casa con el coche lleno de comida. Por la tarde nos fuimos a la piscina y luego bajamos a cenar al bar. Luego nos fuimos hacia fuera del pueblo y vimos las estrellas. Vimos hasta la vía láctea. Era impresionante. Pero tengo que admitir que empezó a hacer frío y ya nos fuimos para casa.

Sábado, hora de irse a casa. Llenar el coche y salir a la carretera para encontrarse todo el atasco en dirección Valencia por la A3 desde Madrid. No pasa nada, no tenemos prisa. Paramos en Honrubia en el Restaurante Moya a comernos un bocadillo de bacon con queso y una Coca-Cola y qué queréis que os diga, el trafico hasta casa se ve diferente. Llegamos a Valencia después de km de atasco. Por fin. Y teníamos 6h para comer, descansar y volver a vernos porque habíamos quedado a cenar con las amigas. 

Habíamos reservado en el mercabanyal porque yo tenia muchas ganas de probarlo. Tenía especial interés en los baos de Baovan y las hamburguesas de Hundred y no puedo quejarme. Estuvimos de lujo, cenamos mejor que mejor y nos volvimos andando a casa que hacia una noche espectacular. 

Pero la cosa no queda ahí, el domingo quedamos para ir a la playa y luego a comer en la Chipirona Playa. Yo no soy muy de pescados y mariscos, per la fritura de chipirones con queso feta y mayonesa de quimchi y el arroz con bogavante... no había mejor cierre a una semana de vacaciones fantástica! 

Espero no haberos aburrido mucho con las entradas del viaje y haberos dado alguna idea por si no sabíais aun donde iros. Y os prometo que os iré compartiendo en instagram fotos de todo! 

¡Sed felices!  

domingo, 8 de agosto de 2021

Escapada Manchega: Santa Maria del Campo Rus y Belmonte (Cuenca). P.1.

Improvisadores,

¡Volvemos a las andadas! Esta vez un viaje de 4 días a la provincia de Cuenca. El año pasado me fui a Carboneras y este año tocaba Santa Maria del Campo Rus.

Pero primero, ¡las presentaciones! Es un pueblo de no más de 600 habitantes en medio de Castilla La Mancha. La zona está habitada desde la antigüedad al estar en la vía que unía Alcalá de Henares con Cartagena. Pero su fundación oficial es anterior al siglo XIII, en época de Al-Ándalus con el nombre de Barrachina. Durante la expansión cristiana en la edad media se construyó una torre vigía y allí se agrupó la población y acabaría construyéndose la iglesia de Santa Maria (que ya no existe). Alcanzaría mucha importancia gracias a las minas de salitre. Se die que fue en Santa Maria donde murió el poeta Jorge Manrique después de ser herido en Castillo de Garcimuñoz enfrentándose a las tropas de Juan Pacheco marqués de Villena. Es un pueblo pequeño pero muy bonito de ver, tiene casas muy bonitas y varios elementos patrimoniales muy interesantes. Entre ellos la ermita de la Virgen del Amparo a la entrada (o salida, según de donde vengas) al final de un paseo. Anteriormente fue un hospital utilizado para donar sangre y poder abastecer a los heridos de guerra y se convirtió en 1545 en una fundación para dar culto a la Virgen del Amparo, patrona de la villa y dar protección a los pobres y cristianos. Es un pueblo predominantemente agrícola (esto según la página de su propio ayuntamiento) con cultivos de ajo, cereal y vid. Pero también os digo que hay muchísimos campos de girasoles.

Una vez presentado Santa Maria, vamos a lo interesante. El lunes por la tarde salimos Elena y yo de camino a su casa para llegar justo a la hora de cenar. A dormir fresquitas que en Valencia hace un calor de morirse.

El martes por la mañana nos fuimos a andar hasta los Molinos (ya os subiré una foto a instagram). Estos molinos quedan fuera del pueblo e igual alguno los vio en televisión porque salieron en el programa “Quien vive ahí” ya que no son ya molinos sino casas. Esto de salir a pasear pronto es porque este verano hago 5km todas las mañanas y Elena dijo que seguíamos. Pero había que volver a casa y ducharse porque los martes es día de mercado en Santa Maria. Así que allí echamos la mañana entre puestos y vecinos. Pero oye, qué buena forma de pasar la mañana. Luego tocaba comer y siesta, por supuesto. No hay ser vivo que aguante a esas horas fuera de casa bajo el sol de La Mancha. ¿Y después? A la piscina del pueblo, que estamos de vacaciones. Así que allá nos fuimos con nuestra nevera porque con el COVID el bar de la piscina esta cerrado. ¿Sabéis que gozada luego cenar a la fresca? No os lo imagináis. Que en Valencia hace calor desde mayo. Calor y humedad.

El miércoles nos levantamos y nos fuimos por otra ruta que el padre de Elena calculaba unos 5km. Y resultaron ser 7.5km. Pero no pasa nada, ¡valió la pena porque estaba llena de girasoles! Pero como no habíamos caminado bastante, decidimos coger el coche e irnos de visita al castillo de Belmonte. Hay aparcamiento arriba a las puertas del castillo. La entrada nos costó 9€ y con la aplicación “Castillos y Palacios de España” podéis escuchar el audio guía en vuestro propio teléfono. A mi me sonaba Belmonte de haberlo estudiado, pero no había estado nunca y la verdad es que es muy bonito. Es Tesoro Artístico Nacional desde 1931 y actualmente es considerado Bien de Interés Cultural. Me llamó la atención que es triangular, el patio cuando entras no es el típico patio cuadrado de castillo. Mantiene la estructura que le dieron en el siglo XV cuando los construyeron por orden de Juan Pacheco (sí, el mismo que luchó contra Jorge Manrique en el Castillo de Garcimuñoz). En 1811 los muros del castillo presencian el fusilamiento de Francisco Sánchez Fernández tío Camuñas, un guerrillero español en la lucha contra los franceses. Fue uno de los guerrilleros más populares de La Mancha y se enfrentó a los franceses tras los abusos sufridos en su pueblo y el asesinato de su hermano Juan Pedro. Tanto en Belmonte como en su pueblo, Camuñas, tiene una calle con su nombre y placas conmemorativas. Se le atribuye a él la frase "Yo no he estudiado nada, pero sé por la luz natural, que un pueblo oprimido es un pueblo que sufre violencia". Aun así, en la actualidad en muchas zonas de España se utiliza para asustar a los niños para que no se acerquen a los pozos y evitar accidentes, para referirse a alguien desaliñado o para referirse a alguien sigiloso.

Volviendo al castillo, el protagonista de este sitio no es Juan Pacheco. Las protagonistas son dos mujeres: Juana de Trastámara y Eugenia de Guzmán. Igual os suena más Juana la Beltraneja, que se enfrentó a Isabel la Católica por el trono y cuenta la leyenda que escapó del castillo por una ventana. Y será Eugenia de Guzmán (igual os suena más Eugenia de Montijo) quien reconstruyó el castillo en el s.XIX. Por eso en el patio si vais veréis unas galerías más modernas que el resto del edificio, porque mantuvo la estructura, pero dentro Eugenia impuso la moda de la época. Además, parece ser que la emperatriz consorte de Francia marcaba tendencia en Europa. Será su sobrino nieto Hernando Fitz-James Stuart y Falcó, duque de Peñaranda, quien retomó el proyecto de Eugenia de Montijo. Fue en 1931 cuando lo declararon Tesoro Artístico Nacional. Durante la Guerra Civil fue utilizado como prisión, como en otras tantas guerras. Y después, servirá como academia de rurales Onésimo Redondo en manos del Frente de Juventudes. Pero caerá en el abandono y es ahora cuando ha ido restaurándose y recuperándose gracias a la colaboración de los propietarios (la Casa Ducal de Peñaranda descendientes de la Duquesa de Alba, María Francisca de Sales Portocarrero, hermana de Eugenia de Montijo), la administración local y el Ministerio de Fomento. Os recomiendo la visita porque se han trabajado muchísimo un video introductorio que os cuenta todo lo que os he contado yo, pero mucho más entretenido. Además, en la primera planta veréis como era el castillo en la época de Juana de Trastámara y en el segundo piso como era en la época de Eugenia de Montijo. Las dos mujeres que marcaron época en el castillo. Son 9€ que no me parecen caros. La visita está calculada en 1h y media, pero podéis ir al ritmo que os apetezca. Los techos y ventanas son preciosos y por no hablar de las escaleras de madera con todos los detalles.

Os prometo que os iré dejando fotos en instagram y, si no se me pasa, os las enlazo aquí. 

Voy a frenar aquí que sino se hace muy largo el post y estamos de vacaciones, no hay que cansarse... pero la semana que viene ¡segunda parte! 

¡Sed felices!