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martes, 3 de febrero de 2026

Morriña de mi misma

Improvisadores, 

Hace un año largo que no me paso por aquí. En parte porque no me da la vida, no creo que tenga mucho que contar. Y aparte en insta es más fácil subir cositas (y aún así tengo la constancia nula). 

Pero hoy me he puesto a pensar en cómo me encantaba escribir. Era mi liberación. Llevaba siempre algo a mano para ir escribiendo en viajes, en escapadas y en el día a día. Y ahora estoy desganada, o poco inspirada quizá. 

Me ha venido a la mente cuando escribí un libro (sí sí) y llegué a reunirme con una editora (como lo oyes), pero me achanté. Y no tenía presupuesto para ello. Pero me achanté. 

Que rabia me da haber perdido esa parte de mi. Esa personita que liberaba los nervios y las tensiones del día a día escribiendo. Ahora salgo de dar clase sin ganas. Casi tan pocas como las que siento que tienen ellos en clase. 

Llevo una temporada desmoralizada, no siento la conexión que sentía en clase. No se si son ellos o soy yo. O somos todos. O el sistema. Demasiados factores a valorar. 

Siento que no les motiva nada de lo que les podamos proponer. Y yo puedo prepararme un juego o una actividad más lúdica, pero si ellos no hacen su parte, no llego nunca a esa actividad. Y ellos piensan "Que mierda" y yo pienso "que mierda" y entro en un bucle. Un bucle en el que me planteo si lo hago bien, si soy buena profesora, qué puedo hacer... pero sigo en el bucle y no encuentro la respuesta. 

Jo, que sensación más desagradable. El estar desganada porque sientes que no lo estas haciendo bien. Pero cuando lo intentas, solo encuentras caras de asco que te dicen "puedo hacerlo en chat gpt?". 

No se, me encanta mi trabajo. Me encanta ser profe. Pero este año no se que pasa que simplemente, no. Y echo de menos cuando SÍ. Cuando escribir me ayudaba, cuando conseguía motivarme. Luego de verdad que encuentras alumnos maravillosos que tienen detalles contigo y piensas "Jo, algo habré hecho bien". Y no digo detalles materiales (que alguno ha caído), sino un gracias, una sonrisa, un "Hoy ha sido muy guay". Con eso yo me voy pagadísima a mi casa. 

Espero que el curso mejore, aunque eso ya lo pensé en septiembre. Esta entrada no tiene mucho misterio, simplemente recordarme que aun se la contraseña para entrar a blogger. Que me acuerdo de teclear y que en el fondo me encanta. 

¡Sed Felices! 

miércoles, 31 de enero de 2024

Recapitulación de enero: el mes más eterno del año

Improvisadores,

Febrero tendrá 29 días este año, pero enero ha tenido como 300, ¿no? Hoy vengo en modo reflexión y descarga. 

Voy a empezar por lo que más me ha trastocado enero: el trabajo. Imagino que alguno lo habrá deducido de mis otras publicaciones, pero soy profesora de historia en secundaria. No penséis que llevo mucho tiempo trabajando, desde el curso 2018 – 2019. Ha habido años más fáciles, años más difíciles. Compañeros mejores y peores. Pero hasta hoy no me había pasado esto. No quiero seguir en el centro donde estoy por culpa de la dirección.

La semana pasada mi jefa de estudios tuvo un muy mal gesto hacia mí, diciéndole a un alumno mío y a otra compañera que yo no mando. Es decir, desautorizando completamente mi trabajo. Y creedme que yo en clase tengo muchísima paciencia. Y soy resolutiva en general en el trabajo con mis problemas y con los de los demás. Pero desde la semana pasada que voy sin ganas y tengo mucha rabia dentro. No hacia los chavales, hacia ella. Cuando digo que lo peor de este trabajo son los adultos, no los chavales, me refiero a esto.

Llevo una semana de verdad malísima. De llegar a plantearme si quiero seguir haciendo esto. Porque en los años que llevo jamás me habían hecho sentir tan despreciada. Y eso que los adolescentes pueden ser muy crueles. Llevo 2 cursos haciéndome cargo de un grupo más complejo y sacándole las castañas del fuego a esta mujer... pero no pasa nada, se acabó. 

La 2ª evaluación siempre se hace muy pesada, pero espero volver a recuperar la ilusión por venir a clase porque al final los alumnos no tienen la culpa. Hoy ya… estoy menos enfadada. También ha pasado ya una semana y he asumido mi nueva filosofía de gestionar lo que me toca a mi y no lo de los demás. 

Es horrible la sensación de que tus compañeros no solo no te respetan, sino que te infravaloran. El viernes a última hora me dijo una compañera que no hiciera caso, que yo valgo mucho más que eso y tengo mejor saber estar que ella. Y se lo agradecí mucho, pero no hace desaparecer el menosprecio de dirección a mi persona y mi trabajo. No soy la profe más Mr. Wonderful ni más Pinterest, pero estoy por y para mis alumnos, para solucionar problemas y explicar mi asignatura. Pero esta semana me ha costado incluso eso. Y sinceramente, entrar a un aula con 25 adolescentes ya es difícil, pero si encima entras quemada, más.

Menos mal que el fin de semana salí un poco y me despejé, que me hacía falta. Además una salida que no esperaba, pero llegó la invitación el miércoles y de verdad lo primero que pensé fue: ¡Gracias! Justo lo que necesitaba. 

Fue desconexión de verdad. De paella familiar (que me salió buena eh), de cumpleaños y a comer a la falla y el domingo por la noche fui consciente de lo mucho que me había ayudado. Recargué las pilas para encarar otra semana más. ¡Ya queda menos para las vacaciones!

La verdad que ha sido un mes rarísimo. Un mes largo pero además creo que todos los años enero es el peor mes. No es la primera vez que vivo sola, pero sí es la primera que vivo sola en mi barrio. Antes los fines de semana me bajaba a casa de mis padres y siempre estaba en compañía. Creo que ahora hay muchos más momentos de soledad. Este mes me he repartido entre querer estar sola (normalmente cuando estoy en el instituto) y no querer estar sola (el resto del tiempo). Así soy, simple. Y encima que los ratitos de tortura en el gimnasio sean mis momentos de paz… tela. Pero no se lo digáis a mis entrenadores que pierdo credibilidad cuando me quejo allí. 

Está siendo un enero complicado a nivel personal, de estar ansiosa y no saber porque y eso lleva a pensar que algo malo está pasando cuando alguien está más raro o contesta seco, o no contesta. Pero no pasa nada. Ya es febrero, vamos a afrontarlo con otra perspectiva. O eso espero.

Hasta aquí mi recapitulación mensual. Os diría que mi idea es hacer esto cada mes, pero no voy a prometer nada porque seguramente no pase. Ya me conocéis. Recordad que también estoy en instagram (aunque tampoco aparezco mucho, la verdad... soy un desastre!)

Gracias por leerme, gracias por aguantarme y, sobre todo, gracias por vuestro tiempo.

¡Sed Felices! 


sábado, 9 de diciembre de 2023

Adaptandome... poco a poco.

Improvisadores,

He estado más desaparecida de la cuenta tanto aquí como en Instagram. Pero la vida me ha atropellado un poco.

En mayo empezaron la reforma de la casa de mi yaya (ahora mía). En junio se juntó una mudanza exprés porque vendieron el piso donde estaba, con las opos y con el final de curso.

La mudanza me llevó a compartir piso un mes de locura con Cristina que me acogió en su casa y que me hizo vegetariana de lunes a viernes. Celebré mis 32 con una tarrina de helado inmensa de chocolate y brownie. Pasé más horas de ese mes sentada haciendo temas que existiendo, y otras muchas saliendo a pasear con Cristina. Mi Risto particular repasándome los temas. Salimos de fiesta a las graduaciones como si nos graduásemos nosotras y yo no tuviese una opo en pocos días. Y el día antes del examen, nos fuimos al cine porque ya total…

La opos… mejor de lo que esperaba. Aprobé, que ya es más de lo que había conseguido nunca. Pero me quedé sin plaza. El proceso de asimilar que me he quedado a 0'17 de la plaza también tuvo lo suyo. Pero eh, al menos aprobé y sin tema y trabajando a tiempo completo. Igual me autoengaño diciéndome eso, pero me funciona.

El final de curso… como siempre. Con la tensión de saber cuando y donde tocará trabajar. Pero este curso sigo en el mismo instituto. Tengo que acabar FPB con mis chavales. Una vez se gradúen ya veremos.

Y todo esto, con la reforma de mi casa en marcha que, si no llega a ser por mis padres y especialmente por mi madre que está jubilada, no sé qué hubiese hecho. Ha sido también un proceso raro. Ver como desmontaban la casa de mi yaya que ahora no se parece en nada a la mía… Hay una foto de la cocina de mi yaya desmontada que la tengo grabada en el corazón.

Julio, agosto y septiembre los pasé en casa de mis padres. Pasaron volando entre viajes a Francia exprés a darle a mi tía Carmen los recuerdos de santos y estampitas que tenia mi yaya en casa. Nadie mejor que ella los va a cuidar. Mi tía Carmen y mi yaya eran amigas antes de ser cuñadas, ¿no os parece increíble? Y continuaron llamándose por teléfono muchas horas hasta el final. Como mi tía cumplía 90 este verano, la excusa perfecta para ir a verla.

Repetí excavando en el Frente de Levante en Vistabella 5 días. Que como siempre desconecto del resto del mundo. Os dejé un reels de qué hacíamos en un día a petición de una amiga.

También me fui al pueblo con Cristina y Camila. A la feria. No he bebido más tinto de verano en mi vida. Pero que bien se está en el pueblo. Y qué bien se come y qué bien se bebe. En septiembre me escapé una noche al pueblo de Elena a las fiestas. Si es que a mi no se me puede resistir una fiesta de pueblo.

Pero en octubre ya me pude trasladar a mi casa. Y no ha sido fácil. La adaptación, los remates de la obra e imprevistos. El dinero que cuesta. El estar en una casa que conozco… pero no. Es una sensación rara de explicar.

Estoy todo el día dándole mil vueltas a la cabeza a mil cosas, me apunté a la UNED como si no tuviese ya bastantes cosas que hacer. Pero no se estar sin hacer nada. Hasta que llegan días como hoy donde el cuerpo te para y te quedas en la cama y haces siestas de 3h.

Quiero volver a escribir, siempre me ha venido bien. Pero no sé de qué. Quiero utilizar más Instagram, pero tampoco viajo ni salgo por ahí, estoy en modo ahorro total y no tengo ideas.

Estoy en un proceso de adaptación donde no me aguanto ni yo a veces. A lo largo del camino conoces gente y luego por X motivos o por ninguno, se deja de hablar tanto. Y como estoy un poco en momento de adaptación soy consciente que igual no he luchado tanto por mantener eso. Y hay veces que me cansa mucho la gente (y soy profe, así que tengo un problema) y me doy cuenta de que es porque estoy constantemente pensando en cosas que tengo que hacer.

Y me saturo a mí misma. Desde aquí, lo siento si he saturado a alguien en este 2023, no era mi intención.

Intentaré volver pronto. Solo necesito un tiempito más.

¡Sed felices!

sábado, 4 de marzo de 2023

Un año después sin ti

Yaya, hoy hace un año que te fuiste. Así que esta entrada va por ti.  

Cualquiera que me haya conocido sabe que eres de las personas más importantes de mi vida. El yayo y tu me habéis cuidado desde pequeña cuando los papás trabajaban a turnos. Me he pasado 30 veranos de mi vida contigo.

De ti he aprendido mil cosas. Pedacitos de sabiduría que me han hecho ser como soy, en parte. Contigo he viajado en el espacio visitando a la familia, de bodas, de celebraciones; y he viajado en el tiempo con cada historia que me contabas. He vivido la historia de la familia como si la hubiese vivido yo misma. Me acompaña cada vez que explico algo en clase. Me has hecho trampas al parchís y sigo sin saber cómo. Has perfeccionado el lanzamiento de zapatilla, pero también me enseñaste a hacer algunas de las mejores recetas de mi vida. Y sobre todo a que cocinar para los demás es un gesto de amor precioso. Me has enseñado a disfrutar de las personas, de la familia, de las reuniones. A que aquí estamos para disfrutar, para trabajar también, pero sobre todo para disfrutar.

De ti he aprendido que hay que ser honrado. Que hay que ser trabajador. Y que, si tú haces algo bien por alguien, da igual si te lo devuelven o no, porque tu has hecho bien. Puede que esto me haga un poco tonta, lo se. Pero es lo que hay.

De ti he aprendido que por muy dura que se ponga la vida, siempre se puede superar. Que las uñas hay que llevarlas siempre bien pintadas. Que hay que tener un pintalabios en el recibidor para encarar todos los días con buena cara. Que con 90 años aun se pueden hacer topless y que a quien no le guste que no mire.

También he aprendido que la gente nos va a decepcionar, pero no pasa nada. Porque no podemos vivir en función de lo que los demás van a hacer. Tenemos que vivir en función de como nosotros creemos que hay que vivir. Que las distancias dan lo mismo, que hay que cuidarse a uno mismo y a los demás.

Que las supersticiones no son malas, y que de hecho funcionan (poned la escoba al revés cuando queráis que alguien se vaya de vuestra casa y veréis). En tu casa hemos encontrado todas tus piedras y amuletos, tus cosas de bruja que digo yo. 

Sobre todo, he aprendido que puedes querer a alguien cuando ya no está. Y que todos los recuerdos, todas las vivencias contigo esos ya son para mi para siempre. Incluso las discusiones. Todo. Que eso ya no me lo quita nadie. Y yo me quedo con ese último “te quiero yaya” y tu apretón de mano para contestarme.

Desde que se te fuiste han pasado tantísimas cosas. Yaya, algunas te gustarían y otras no, pero así es la vida. Las cuatro nietas nos hicimos un tatuaje por ti (irónicamente no te gustaban los tatuajes); celebramos las fallas y fuimos a casa de la tía Amparo a comer buñuelos con chocolate como los que te gustaban; fuimos al pueblo a pasar la semana santa y a desconectar; he visto muchísimos atardeceres preciosos; he salido de fiesta, porque tu ya sabes que me encanta y que no puedo estar por casa mucho; he ido a pasar un finde a Madrid (aunque sabes que no me gusta nada); han ascendido a tu nieto David; he cumplido 31 años sin ti y me han regalado un ramo de flores precioso; he ido a la playa sin ti; he ido de paella con mis amigos, esos que jugaban al parchís contigo; he ido de fiesta al pueblo porque… ya sabes yaya, una fiesta; he despedido otro curso y otro instituto, ya sabes que se me da fatal; he pasado las vacaciones en tu casa; he celebrado mi cumple sin torneo de parchís porque tu no estabas; he leído muchísimo; me he leído todas tus libretas y tus historias (gracias); me he caído haciendo ejercicio y me pusieron 4 grapas, es la primera ve que pensé que menos mal que no estabas porque te hubieses asustado muchísimo; me he mentalizado mucho de que la salud mental es importante y lo que decías, que yo primero; he hecho mi primera fideuà, aunque muy mejorable; tu nieto Daniel ha sido papá; hemos acompañado a tu nieta Laura en sus primeras veces conduciendo estrenando carnet; he salido de fiesta por otro pueblo y he conocido a mucha gente nueva; he vuelto a ir a excavar una fosa como el año pasado que estabas tan orgullosa; he pasado días en casa de la tía Amparo como otros veranos contigo; he ido a Francia sin ti (eso sí fue muy raro) y he visto a las tías y a todos los primos; he vuelto al mismo instituto; mis amigas siguen teniendo bebés (no yaya, yo no); me he mudado a otro piso en otro pueblo; me he vuelto muy sanota y salgo a hacer mucho ejercicio, es bueno para la mente; fueron las fiestas del barrio y sí, había muchísimo ambientillo yaya; hemos ido a otra boda, la de la hija de la Feli, como te lo cuento; mamá se ha jubilado, increíble pero cierto; he estado en la fira de Onda, me hubieses soltado un “pendón verbenero” si te digo a que horas volvía a casa; paso mucho rato con mamá y hacemos planes diferentes como ir de museos; he confiado en la gente porque creo que todo el mundo es igual de bueno que yo, y resulta que no; al final Liria se queda en casa, pero ahora mismo esta llena de cosas; y ahora… planes como vaciar tu casa para hacer reformas y convertirla en la mía. No sabes lo raro que fue ver tu casa vacía. Me encantaba pasar el rato en tu balcón mirando la gente pasar y resulta que ahora es mi balcón. Soñé contigo, ¿sabes? Estábamos merendando en tu cocina. Y el sueño olía a café con leche con galletas. 

Improvisadores, os dejo aquí la despedida de aquel día. No la leí bien, porque me fue imposible no llorar. Tampoco es lo más bonito que haya podido decir de ella, pero lo escribí esa misma mañana en casa, desde el corazón.

Hoy estamos aquí para despedirnos, pero sobre todo para celebrar a María. Yaya, mamá, hermana, tía… Y qué contenta estaría de veros a todos aquí, con lo que a ella le gustaba.

La vida no siempre le fue fácil y aun así sacó fuerzas de donde no había y a seguir. Un día le pregunté que si de pequeña le hubiesen dicho que llegaría a los 90 viviendo lo que ha vivido y habiendo conseguido tanto y me dijo que no se lo hubiese creído en la vida.

Hoy lloramos y estamos tristes porque nos quedamos sin ti, pero celebramos tu vida. La vida que has compartido con nosotros y lo que nos quedamos de ti. Los abuelos deberían ser eternos, pero es que lo son. Son todo lo que enseñan y lo que dejan aquí. Gracias por todos los momentos contigo, todas tus historias y todos los viajes.

No sé si hay cielo ni cómo es, pero sé que ahora estas siendo recibida por todos los que se fueron antes que tú. Creo que llegas a una mesa larga, de esas que organizamos nosotros, y allí te esperan todos para darte la bienvenida y recibirte. El yayo el primero, que después de tantos años hay mucho que contar.

Descansa en compañía, descansa tranquila.

Brindad por tu llegada mientras brindamos por haber compartido la vida contigo.

Te queremos yaya.

Te quiero yaya


domingo, 11 de julio de 2021

Acabando el curso

Improvisadores, hace mil que no escribo, pero estaba acabando el curso y parece que no, pero es un poco locura.

Y de eso va el blog de hoy, hoy no traigo viajes ni bares, hoy traigo despedida. Porque he acabado un curso que se ha hecho largo y muy corto a la vez. He tenido la suerte de tropezarme con compañeros increíbles que me han ayudado en lo que he necesitado y han compartido conmigo consejos y experiencia que yo aun no tengo. También he encontrado compañeros que se han convertido en amigos y aunque se que se dice mucho lo de “nos veremos” y al final no, espero que sea mentira. Porque encontrarte con compañeros así es un gusto y madrugar se hace un poquito menos duro. Poquito.

Y por favor, no podría haber tenido mejores jefas en conserjería, porque he pasado más tiempo allí que en el departamento. Pero no os creáis, también he trabajado. Este año he tenido la suerte o la desgracia de tener una clase de cada curso menos de 1º de bachiller. Así que aburrirme… no me he aburrido. Empecé teniendo 1º ESO en historia y en valores éticos, pero para poder ampliar grupo de 2º de bachiller sacrifiqué la historia de 1º. Pero mira, me alegro, porque la hora de valores que tenia con ellos era de relax, charlamos, vemos alguna peli y de enterarme de cotilleos que… ¿esta gente tiene 12 años?

Mi 2º de la ESO… el peor segundo dijeron. Y sí, ha habido días que salía diciendo: no sé qué he hecho hoy, pero clase no ha sido. Pero si en una clase tienes más absentistas que asistentes y esos asistentes la mitad deberían estar en 4º de la ESO… trabajas con lo que tienes.  Y aunque había días que costaba entrar, tengo que admitir que me lo he pasado bien con ellos. Y he aprendido yo más que ellos en ciertas cosas, seguro. No puedo estar más agradecida de tener alumnos musulmanes en mi clase, que participen y aporten cuando trabajamos el islam y Al-Ándalus. Los compañeros han tenido una suerte increíble. Y yo no puedo estar más contenta, porque si de 10 cosas se han quedado con 4, bien está. Pero, además, que un absentista vuelva a clase y te diga que viene a tu clase porque se lo pasa bien… yo ya me doy con un canto en los dientes.

El 3º de la ESO ha sido…. Interesante. A la mitad los conocía del año pasado y puede que ese sea el problema y la confianza de asco. Pero en el fondo son buenos chavales. Y la otra mitad… dar la mitad de la clase ya estaba bien, porque a días iban motorizados y a días parecían zombis. Aun así, son buenos chavales y la verdad es que los echaré de menos también. Además, han tenido el honor de ser la primera clase que se lleva un parte mío… o el deshonor en realidad. Pero, aun así, estoy contenta con casi todos los resultados. Y tengo que decir que en el fondo se que me quieren, porque ya me dijeron que estoy en el top 3 y que cuanto mejor les caemos peor se portan.

He podido disfrutar como una enana con 2º de bachiller, y no me refiero solo a la graduación. Me refiero a poder dar historia de España que es, para mí, la mejor de todas las asignaturas que puedo dar. No sabéis lo bien que me lo he pasado. Ellos seguramente no, pero qué le vamos a hacer. Tengo que admitir que el siglo XIX se me hizo largo, pero el siglo XX lo disfruté como nunca. Además, he tenido la suerte de dar con dos clases con las que creo que en general he conectado bien y eso es oro puro. Ojalá les hubiesen puesto a todos la nota que se merecían en el selectivo, pero no pasa nada… van a tener suerte seguro. También los que no hicieron el selectivo. La verdad es que los días que me tocaba clase de 2 bachiller se agradecía. Y los miércoles solos los tenía a ellos… ¿Está feo decir que son mis favoritos? Mil gracias por la paciencia, por las risas, por jugar al blooket con más pasión que los niños de 1º ESO, por las palabras del discurso de graduación, por los detalles que habéis tenido conmigo. Y por aguantarme hasta cuando no sabía ni lo que estaba diciendo. Gracias.

Y, por último, pero obviamente no menos importante, 4 ESO. Mi tutoría. Mis chavales que han tenido la mala suerte de tener la tutora más caótica para guardar papeles de la historia de las tutoras. Pero eso sí, tú tienes un lio y yo te voy a defender a muerte… siempre que se pueda defender. Bromas aparte, no podría haber pedido una tutoría mejor para estrenarme como tutora. Además, los que pudieron nos fuimos a comer al acabar el curso y fue un día divertido. Y esto lo digo porque me dijeron que pusiera la foto que nos hicimos en el blog, pero no me parece muy apropiado. Pero gente, os quiero igual. Incluso los días que era imposible dar clase, los días que tuve que estar presenten en las 4 sesiones de diversidad sexual y sexualidad y cuando decidimos ir de excursión el día que más calor hizo. Muchas gracias por la paciencia y por las risas. No se si recordareis algo del Imperialismo, pero espero que recordéis que no tenéis que creeros todo lo que os dicen, aunque sea vuestra profesora quien lo diga. No he podido ser más pasota porque era difícil, pero espero que me perdonéis igualmente. ¡En el fondo sabéis que os quiero mucho y espero veros pronto!

No voy a decir nada de alumnos concretos de cada curso, porque está feo decirlo... y esta feo decir que los profesores tenemos debilidad por alguno… pero ya saben quien son! Es broma, creo que con prácticamente todos los alumnos tienes momentos durante el curso que marcan un poquito. Y además yo soy muy ñoña, aunque no lo parezca. A mi me haces un regalo y en el momento es como: ¡pero si no hace falta! Pero luego me subo al coche y me muero de emoción yo sola. Así que gracias por regalarme los momentos. Al final… los alumnos sois los que hacéis que tenga ganas de ir a trabajar. Gracias al alumno que no habla por acabar hablándome a final de curso, gracias a mi tutoría por tener un humor retorcido y una visión de la vida como la mía, gracias por ser la mano inocente eligiendo sobres de exámenes… y, sobre todo, gracias por reafirmarme lo que ya creía. Un profesor con el que los alumnos tienen confianza disfruta de la clase y las clases funcionan mejor que un profesor al que le tengan miedo. Gracias por, a pesar de estar empezando, demostrarme que voy por el buen camino.

Gracias a compañeros y alumnos por un año raro pero muy bueno. ¡Feliz verano!

¡Sed felices!

domingo, 24 de enero de 2021

Profes y maestros, ¡es nuestro día!

Improvisadores,

Hoy es el Día Internacional de la Educación. Y no podía dejar pasar esta oportunidad. No vengo a quejarme (mucho). Por si hay algún improvisador nuevo, soy profesora de historia de secundaria. Podría quejarme de muchas cosas, pero creo que al final solo me quejaré de unas pocas.

Antes que nada, quiero felicitar a todos mis compañeros de profesión (profesores y maestros) que están dando el 200% este curso tan raro. Un curso en el que lo que menos molesta es la mascarilla. Pero la incertidumbre… y los alumnos preguntando si sabes si nos van a confinar, si sabes porque no los han confinado si a un compañero sí, si van a tener que conectarse online si nos confinan… Y compañeros que día sí día también vaticinan el confinamiento. Desde el primer día de curso repitiendo “en dos semanas nos confinan seguro”.

Quiero felicitar a mis compañeros por superar cada día, hora a hora, sin dejarse llevar (mucho) por el miedo. Y quiero recordar que también somos humanos y tenemos tanto o más miedo que los demás, pero tenemos que mantener la calma (o que lo parezca), que tenemos nuestras vidas fuera del centro educativo donde puede estar todo bien o puede estar hecho pedacitos. Pero seguimos manteniendo la calma. Que hay días en los que no podemos más y nos enfadamos por cosas que normalmente toleramos; o días en los que no puedes más y no quieres dar clase porque mentalmente estas a -100. Y seguimos. Por no hablar de los días de ola de frio en los que hemos ido a clase envueltos en más ropa que si fuésemos a esquiar. Pero vas e intentas mantener buena actitud para no caer en el desánimo. Y seguimos adelante.

Hay días buenos dentro de toda esta locura, días en los que por un momento en clase se te olvida la pandemia. Días en los que te toca con uno de esos grupos que te alegran y sientes que ese día la clase funciona. Y entonces piensas que todo vale la pena. También hay días malos, días en los que no ponen de su parte y tú no tienes energía para discutir. Días en los que acabas llorando cuando llegas a casa o incluso en el coche de camino a casa. Pero tienes 15 minutos para llorar y te sientas en el ordenador y reformulas la clase, reestructuras lo que tenías pensado. No puedes perder más tiempo. Porque vienen días alternos y si una hora de clase la echas a perder igual ya no los tienes hasta la semana siguiente. Esto, obviamente, no puedo hablar por todos y solo es mi caso.

Y los sentimientos encontrados sobre el confinamiento. Los alumnos que te dicen que ojalá nos confinen porque así no harán nada y pasaran de curso igual. Los alumnos que no quieren que nos confinen porque no quieren perder otro año. Y tu que ya no sabes ni que quieres. Miento, no me gustaría repetir el confinamiento y el teletrabajo, fue más agotador que presencial.

Feliz día a los alumnos también, a todos. A los que te motivan a dar clase, a los que te desmotivan y te hacen replantearte las cosas. A los que te saludan por los pasillos y sin saberlo te alegran un poco un día pésimo, a los que no te saludan y no pasa nada. A los que te desesperan, pero en el fondo los quieres. Este curso nos está haciendo un máster en empatía a todos. A los alumnos les diría que piensen que ellos están agotados y nosotros también, pero muchos ya lo saben. Y el día que te ven llegar agotada a clase se portan mejor. Y este curso más que nunca (al menos yo) estoy pasando por alto muchas cosas porque se que no es fácil para ellos. Tener un mal día y volver a casa no siempre arregla ese mal día este curso. O tener un mal día y no volver a casa porque no vives en casa y tus padres solo están en el teléfono.

A mis alumnos de 1 ESO les diría que me agotan, pero que está bien ver que no todos perdemos la energía con esta situación. A los de 2 ESO les diría que me gusta que en clase hablemos de todo (a veces hasta de historia). A los de 3 ESO que me cansan a días, pero me divierto con ellos también, no pueden echarle más cara a la vida. A los alumnos de 2 de Bach les diría que lo siento, que de verdad estoy intentando hacerlo lo mejor posible en estas circunstancias y que lo sacaremos adelante. Por último, a mi tutoría de 4 ESO, lo siento de verdad, porque las energías para hacer de tutoría una hora algo más útil son mínimas. Pero también agradecerles porque no podía pedir mejor tutoría para estrenarme como tutora. Hablar con ellos de la vida al final de clase me devuelve un poco la vida.

Y a mis compañeros, gracias por los almuerzos al sol de pie, en círculo y separados. Gracias por compartir quejas y risas. Gracias por las conversaciones que no son de mascarillas o chaquetas para clase. Los ratos de charlas entre clases y compartir sensaciones de fracaso y que sean menos fracaso.

No quiero aplausos a las 20h, solo pido en este día de la educación que se nos reconozca el trabajo que hacemos que va mucho más allá de enseñar el currículo, de tener vacaciones o de no querer volver a trabajar porque en el confinamiento no hicimos nada. Solo pido que se reconozca el trabajo que hacemos y se nos ayude a seguir haciéndolo.

Feliz día a todos los compañeros de profesión. Porque estamos sacando adelante un curso difícil, muy difícil. Porque lo estamos haciendo lo mejor que sabemos. Y porque si nos confinan volveremos a sacarlo. Ánimo a todos.

¡Sed felices!

lunes, 23 de marzo de 2015

Yo, mi, me, conmigo y contra mi.

Improvisadores, sé que estoy muy muy muy desaparecida desde hace… ni sé cuánto tiempo. Pero es por una buena causa, porque estoy de prácticas en un instituto y como este blog se nutre de las exageraciones de las pequeñas desgracias de mi vida… quiero decir, que si no hay desgracias no hay blog. Es así de triste. Pero no os preocupéis porque como aquí o son desgracias o son fiestas, creo que después de Fallas volveré por aquí. Porque además habré acabado las prácticas y tendréis que aguantar mis anécdotas de depresión post-prácticas. Sorry, not sorry.
De momento os dejo una cosa que escribí hace un tiempo y que no subí al blog porque… porque… porque se me olvidó. Lo siento. Allá vamos.
“Improvisadores, por una vez voy a romper la dinámica habitual que venía dominando el blog y no voy a hablar de fiestas ni nada por el estilo. De hecho, ni siquiera sé si esto es para vosotros o más para mí misma. Porque muchas veces necesito escribir para aclarar mis ideas. Y en otras muchas ocasiones me explico mejor escribiendo que hablando. Y la inmensa mayoría de las veces no me explico bien ni hablando ni escribiendo. Es una de mis virtudes.
En realidad creo que no va a ser una entrada con demasiada calidad literaria ni muy larga. De hecho, creo que iba a ser mucho más larga de lo que va a acabar siendo y es culpa de hablar con alguien y que te des cuenta de que en el fondo el sufrimiento que te corroe no es para tanto.
Pero la verdad es que lo que me ha llevado a escribir esta entrada no es el sufrimiento personal. Y con esto me refiero a esa preocupación constante, esa ansiedad que te acompaña cuando algo te preocupa o te ronda la mente y que hace que le des mil vueltas, que se te haga un nudo en el estómago y que, junto con otras cosas, puedas llegar a llorar. Cinco minutos, pero lloras. Me refiero a cosas tontas como sentir que fallas a una amiga por no poder ir a algo que organiza porque ya tenías planes. O no prestar tanta atención a la emoción de una amiga como posiblemente debería hacer.
Lo que me ha llevado a escribir esto es la conversación con unas amigas respecto a eso. Y es que mientras hablaba me he dado cuenta de una cosa: quizá hace unos años no me hubiese mosqueado, pero sí me molesta que algo me haga sentir mal durante días sin yo encontrar un porque. Me molesta analizar las cosas para buscar mi culpa cuando puede que no la tenga. O puede que no toda. Porque no voy a decir que no tengo culpa, porque todos somos un poco culpables. Pero sobretodo me he dado cuenta de que me enfado conmigo misma por sentirme así, es decir, me molesto conmigo misma. Porque yo me lo guiso y yo me lo como.
Y ¿sabéis por qué me molesta algo que antes no? Porque antes no tenía tanta autoestima. Y no es que ahora sea la reina de la autoestima, pero creedme cuando os digo que lo soy en comparación con épocas pasadas de mi vida. Y lo mío me ha costado llegar hasta aquí y no voy a dejar que nada ni nadie (incluida yo misma) destroce eso. Porque nada debería destrozar la autoestima de nadie. Porque la autoestima debería formarla (no destrozarla) la propia persona, porque por algo es su propia estima. No me estoy explicando demasiado bien y lo sé. Pero precisamente hoy, mientras me aclare yo…
Y creo que la conclusión de esto es que debería estar orgullosa de mi misma. Porque he tardado 23 años (y medio, para aquellos que disfrutan recordándome que me hago mayor) pero lo he conseguido. He conseguido valorar mi autoestima como se merece y valorar a la poseedora de mi autoestima, es decir, YO. Y creo que en realidad esto no es considerarse a sí mismo perfecto, porque eso sería mentirse. Es encontrar el equilibrio entre conocer los fallos y los aciertos que nos acompañan, porque todos tenemos de ambas cosas. Simplemente, no martirizarse por los fallos y echarse flores por los aciertos. Es decir, todos cometemos errores y todos acertamos. Todos tenemos puntos flacos y puntos fuertes. Y ser consciente de eso es lo que, en mi opinión, forma la autoestima. Quererse y valorarse con las cosas buenas y las cosas malas que nos forman. Podemos intentar cambiar las cosas malas, obviamente, pero también creo que para cambiar las cosas malas primero hay que reconocerlas y no hundirse en la miseria al hacerlo. Yo reconozco que tengo un pronto bastante malo, pero también soy consciente de que debo intentar solucionarlo y esto no me hace peor persona ni menos valida que nadie. Porque tengo cosas buenas, pero esas no os las digo que si no se pierde la magia de la primera no cita (porque en realidad ya nos conocemos desde hace tiempo, pillines).
Escribir esto me ha servido más a mí que a vosotros, pero sentíos libres de utilizar lo que consideréis útil si queréis aclarar vuestras ideas.
No tengo nada más que decir, porque como podéis comprobar, una de mis virtudes no es hacer grandes finales.”

¡Sed felices!

miércoles, 12 de enero de 2011

(re)Presentación

¿Primera entrada del blog? No, pero he borrado las anteriores, quiero comentar el cambio de dirección del blog, porque bueno, he decidido que escribiré cuando tenga algo importante que contar. Porque gente en este mundo que habla por hablar, sobran. Y yo soy una de esas, pero si a alguien le interesa lo que digo, bien, sino, pues siempre puede mover el ratón a la parte derecha de la pantalla y cerrar la ventana. Los milagros de la tecnología que puedes leer lo que quieras sin arriesgarte a pagar por algo que no te guste.

No soy escritora, ni periodista, ni abogada, ni profesora, ni especialista en nada. Ni siquiera domino este blog. Simplemente soy persona, ciudadana y especialista en dar mi opinión sobre los temas del dia a dia. De los temas que son noticia, y de los que no lo son ya. De las noticias que sabemos y de las que sabemos que no nos cuentan. Vale, lo admito, a veces me gusta demasiado crear polémica, pero bueno, viendo que en esta sociedad o creas polémica y pegas gritos o no te hace caso nadie. Triste pero cierto.

No aspiro a nada con este blog, lo empecé como una forma de volcar mis pensamientos respecto al baile, pero tengo tantos pensamientos en mi cabeza que no podía ser solo de una cosa. Tampoco prometo escribir cada día, ni cada semana, ni tan solo cada mes, pero prometo que lo que escriba lo escribiré porque así lo pienso.


Sed felices