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domingo, 18 de octubre de 2020

Finde por Barcelona y Girona

Improvisadores, ¿Cómo estamos? Yo hasta arriba de faena, pero lo prometido es deuda. Así que hoy vengo a contaros la escapada a Barcelona y Girona del finde del 2 de octubre. Tarde, lo sé. Lo siento. Pero más vale tarde que nunca, ¿no?

Como ya sabéis (y sino, os lo digo ahora) dos amigas viven en Barcelona, así que Elena y yo solemos ir mínimo un fin de semana al año. Pero claro, este 2020 esta siendo tan raro que… en fin. Íbamos a ir en agosto y lo cancelamos, lo hemos ido atrasando. Hasta que ya el primer finde de octubre parecía la cosa estable como para poder irnos. Pero no queríamos ir en tren, por lo de la distancia social. Eso y que teníamos que llevar un colchón. No sé, imaginaos el panorama entrando en el tren con un colchón.

Total, que el viernes salí de trabajar y llegué a casa justo para comer, hacer la maleta (sí, super previsora, lo sé) y a por Elena que había salido de trabajar también. Aun no habíamos salido del barrio que nos cayó el segundo diluvio universal. Que dijimos… bien empieza el viaje. Pero todo en orden y una vez pusimos gasolina nos fuimos hacia Barcelona GPS en mano. Pasado el Ebro paramos para merendar y hacer cambio de conductora. Que Elena lo de dirigir con el GPS en Barcelona decía que no, y yo con la tontería llevaba ya 2h de coche más los 120km que me hago todos los días para ir y volver de trabajar. Nos pedimos el café y el té para llevar y en el coche con bien de distancia social del resto del mundo merendamos tranquilamente. Bueno, Elena no se acabó el café porque le pusieron como litro y medio y yo el té me lo estuve bebiendo desde allí hasta casi ya en Barcelona.

Y que rápido nos hemos acostumbrado a lo bueno, porque en la Comunitat Valenciana han quitado los peajes y cuando llegamos al primero fue “¿pero aquí se paga o aquí hay ticket? ¿Qué carril es el nuestro?”. Además, que nos equivocamos de salida y llegamos a Barcelona por el interior y no por la costa, aunque creo que así pagamos menos peaje (comparando con la vuelta). Total, que llegamos a Barcelona y eso quiere decir que aun teníamos como 30 min hasta llegar a casa de Laura, porque claro… Barcelona. Que no es que vivamos en un pueblo de 300 habitantes, pero… ya me entendéis. Total, que antes de llegar al aparcamiento ya nos habían gritado. Que dices “pues nada, bienvenidas a Barcelona”. Que Barcelona me encanta, si además hemos ido montones de veces, pero a mí me agobia un poco. Mucha gente que tiene mucha prisa todo el tiempo.

Por fin llegamos al aparcamiento, aparcamos y oh sorpresa no hay ascensor. Así que bolsas y colchón por las escaleras desde el 2º piso. Pero bueno, suena más dramático de lo que fue. Llegamos a casa de Laura y yo estaba ya KO. Quiero que quede constancia de que me levanto a las 6.15 todos los días y conduzco 40min para llegar al trabajo y otros tantos de vuelta. Es la única defensa que se me ocurre. Habían reservado para cenar en La Montiel 37, un restaurante cerca que esta bastante bueno, la verdad. Ninguna habíamos ido antes, pero Paula quería probar. La verdad es que cenamos muy bien, no tengo foto porque de verdad que estaba yo muerta del todo y mi cerebro no funcionaba, pero os dejo el Instagram por aquí.

Si cuando digo que estaba muerta no es broma, llegamos a casa de Laura y me dormí en el sofá antes de abrirlo. Pero al final lo abrieron y yo caí dormida. Hasta que a las 4 de la mañana me dio una rampa en el gemelo y me levanté de un salto que no se como Elena no se dio cuenta. Pero tampoco creáis que me sorprendió, últimamente me despierto mucho por la noche y no duermo más de 4 o 5h del tirón. Lo de la rampa sí me sorprendió. Aunque creo que fue de tanto acelerador el día anterior. Lo malo de esto no es el momento, es que durante lo que queda de día va a molestar.

Pero no hay mal que cien años dure y menos si se desayunan churros. Yo no sabia que en Barcelona había churrerías, y oye, tan feliz. Un chocolate con churros y ya puedes empezar el día (y no comer, porque vamos… yo que no suelo desayunar mucho). Por si estáis en Barcelona y os entra un antojo terrible de churros, era en el Forn d’En Pau. No he encontrado ni pagina web ni instagram, pero os dejo una foto por si os sirve. 



De aquí nos fuimos al coche, música, tarjeta para el peaje y rumbo a Peratallada (Girona). Yo no había estado nunca, pero me habían dicho que es un pueblo medieval precioso y tengo que decir que… no me mintieron. La llegada es un poco complicada si, como nosotras, vas a la tuya y te pasas el camino. Pero una vez estas en él, es muy agradable. Fuera del pueblo hay un aparcamiento gratuito (por lo menos cuando fuimos nosotras) y ya entras al pueblo a pasear y disfrutarlo. No es muy grande, así que no vais a necesitar muchas horas. Nuestra idea era comer allí, así que nos paseamos el pueblo mirando los menús de los restaurantes y haciendo muchas fotos. Algunas las tenéis en mi Instagram o en mis historias destacadas.

Al final acabamos en el Hotel RestauranteEl Pati, que quizá no es el más barato del pueblo, pero el jardín es increíble y se come de lujo. Os voy a dejar por aquí algunas fotos para dar un poquito de envidia. En instagram teneis fotos de la comida, que ya poneros eso me parece pasarme. 




De Peratallada nos fuimos a la playa de Begur a tomar el café, pero antes dimos un paseo por el paseo de Ronda. Vale la pena, aunque igual justo después de comer no fue la mejor elección. Nos cruzamos con gente, pero al ser octubre tampoco estaba lleno de gente. La playa en si muy muy tranquila, igual el local que elegimos para tomar el café no tanto, pero no voy a decir el nombre que aquí solo estamos para lo bueno.

La vuelta a Barcelona ya fue un poco más tensa. Entre el cansancio del día, el sol en la cara, no saber qué música poner y el tráfico. El maldito tráfico. En serio os lo digo eh. Que dirán que aquí vamos locos con el coche y será porque no han ido a Barcelona. ¿Pero qué locura es esa? Pero si solo para coger la salida que toca haces más km que otra cosa. Y coches y más coches y no voy a hablar de las motos porque ya ¿para qué? Pero bueno, por fin llegamos a casa sanas y salvas. Duchas después de un día completito, pedimos cena y les dio por hacer sesión de belleza. Que yo solo quería dormir porque, os recuerdo, que me había despertado bien prontito y últimamente duermo poco. Total, que ahí estábamos las 4 con la cara verde (no hay foto, bueno sí hay, pero no os la voy a enseñar) y nos lo quitamos justo a tiempo para que el repartidor no se llevase un infarto. Y luego Paula y Laura empezaron a hablar y yo… pues mirad, yo me dormí. Y Elena también. Yo lo siento, si yo de verdad que suelo ser habladora y no estoy tan cansada, pero últimamente pues mirad, no tengo el día (ni el mes y ya casi ni el año).

¿Y pensáis que aquí acaba todo? ¡Error! El domingo se despertaron sin prisa. Yo, para variar, me había despertado como a las 6 y volví a medio dormirme, pero a las 8 ya no había manera. Por fin nos ponemos en marcha y nos vamos a hacer un brunch. O desayuno tarde o comida pronto. Llamadlo como queráis. A un restaurante que, al parecer es especialista en esto, que se llama Casa do Açaí Brunch & Coffee. Por el nombre es fácil adivinar que son expertos, ¿no? Tengo que decir que me estuvo buenísimo. Además, nos vino fenomenal para salir de vuelta a casa ya comidas y no pillar nada de tráfico. Aunque creo que es mejor que reservéis si vais a ir. Yo el açaí no lo probé, pero Paula sí y dice que estaba bueno. Lo digo por si sois más valientes que yo. Como veis en la foto, fui a lo seguro con un wrap de salmón. ¿Qué puedo decir?



Sobre las 14h salíamos Elena y yo de vuelta a casa, coche cargado con el colchón otra vez y con cosas de Paula para su madre. Íbamos solísimas por la carretera, la verdad. Las dos pensábamos que tardaríamos mucho o encontraríamos mucho trafico y para nada. Elena sacó el coche de Barcelona y ya en cuanto paramos a poner gasolina lo cogí yo hasta Valencia. Miento, hasta que paramos en el Ebro a merendar, pero luego seguí yo conduciendo.

La verdad es que así contado se que no suena a mucho, pero si de normal un fin de semana con amigos ya lo disfrutas imaginad este. Este 2020 cualquier escapada que puedas hacer sabe a gloria y a vacaciones de un mes. Además, lo disfrutas sin saber qué va a pasar y de hecho mientras escribo esto los bares y restaurantes de Cataluña están cerrados otra vez y solo han pasado 2 semanas desde que fuimos nosotras.

Os voy a dejar por aquí fotos y los enlaces a los sitios por si, cuando vuelvan a abrir, queréis probar. Y recordaros (sin intención de ser pesada) que también teneis fotos en el instagram del blog. Y más seguido que entradas en el blog. 

Cuidaos, tened cabeza y disfrutad de las pequeñas cosas que si podemos hacer. 

¡Sed Felices!

martes, 13 de agosto de 2013

Primera parada: Camping!

Improvisadores, vamos a entrar al tema interesante: las vacaciones. ¿No os parece interesante? Yo creo que es lo mejor del verano. O ¿quizás es el verano lo mejor de las vacaciones? No lo sé, el caso es que ahora voy a contaros mi primer viaje.
El lunes 22 era el día de organizar la maleta a corre prisas. A las 9 me desperté por culpa (o gracias al) grupo del whatsapp del camping, que ya estaban en marcha. Me puse a recoger mis cosas hasta que aparecieron mi madre y mi hermana diciendo que si íbamos al centro a ver vestidos para la graduación. Vale, vámonos. Yo no sé qué pensaba mi madre, pero me llevó al centro a tiendas donde tienen hasta café. Y donde no voy a gastarme tal cantidad de dinero en un vestido. ¿Estamos tontos o qué? 970€, mis dos riñones, tres ojos de la cara, un pacto con el diablo… además, en Divinity las dependientas son mucho más simpáticas. “A estas alturas, para septiembre no encuentras nada”. Pesimista de las narices, ya veremos si encuentro o no.
Después de comer acabé la maleta. Luego me fui a merendar con Lau y por la tarde, al llegar a casa, Gem me dijo que su cargador podía servir para mi cámara de fotos. ¡Yuju! Después, de repente en mi casa había que preinscribirse para el master, así que lo hice y en cuanto lo conseguí, mi padre me llevó a casa de Thais. Bajaron Thais y Alejo para ayudarme a subir trastos. Cuando llegó Gem nos fuimos a mercadona a comprar el desayuno y el almuerzo del viaje. Volvimos a apalancarnos en el sofá hasta la hora de cenar [Maria, deja de meterte con Gemma mientras escribes esto en el camping] y nos fuimos hacia el restaurante. Queríamos cenar en uno ambientado en La Vida de Brian, pero estaba cerrado y acabamos cenando en un libanés (Beirut King) con un menú degustación que según Gem sabía todo a morcilla. Pero a mi me encantó. 
Casi a punto del empacho y muerte, volvimos a casa de Thais. Hacía tanto calor que moriríamos por empacho y deshidratación. Gem y yo preferimos acostarnos en los sofás con el ventilador. Pero no conseguí dormir del tirón y a las 4:30 se despertó Gem y asaltamos la nevera en busca de agua. Después de esperar a que se descongelase una botellita pequeña, de darnos cuenta de que podíamos beber de una garrafa de la nevera y de cambiar los sofás, conseguí dormir del tirón hasta las 6:30.
El despertador sonó el martes 23 a las 7 de la mañana. Mientras Gem remoloneaba, Thais y Alejo se ducharon y yo…remoloneé. Desayunamos sandia, recogimos los trastos y nos fuimos hacia el coche. Después de la partida de tetris más difícil de la historia, conseguimos meternos todos en el coche. Solo diré que Gem y yo no tocamos el suelo del coche en ningún momento.
Después de parar a almorzar (previsoramente habíamos hecho bocadillos. Madres y abuelas, podéis estar orgullosas), seguimos la ruta y llegamos al camping (La Ballena Alegre) a las 13:30. El camino estuvo amenizado por canciones de nuestra recolección, pero también por la radio. Llegamos al camping y hacemos el check in. Y luego nos dicen que nos busquemos una parcela. Reserva ni reservo, allí que vamos nosotros en medio del caos a buscarnos una parcela. Nuestro vecino de la derecha nos ocupaba un trozo de parcela, pero bueno, no nos molestaba. El vecino de atrás será ahora conocido como El Patriarca, la mujer del Patriarca y su hija la Barbie Choni. Por fin encontramos una y después de 1h conseguimos montar la tienda (bueno, Thais y Alejo montaron la tienda). Es un tiempo nada malo si tenemos en cuenta que no la habíamos montado nunca, y si tenemos en cuenta también que no se nos cayó encima en ningún momento durante todo el viaje. Pero claro, imaginad el calor que pasamos montando la tienda al sol a esas horas del mediodía. Nada más acabar nos fuimos al bar a comer algo, pero como tenían horario guiri, nos tuvimos que conformar con unos bocadillos y unas cervezas. Suficiente.
Nos quedamos allí apalancados muriendo de calor. Nos reímos de Alejo, que dijo que su teléfono vaticinaba lluvia, nos reímos de mi madre que también nos había avisado. Nos dejamos de reír cuando acabamos con todos los trastos dentro de la tienda porque llovía. Mientras nosotros recogíamos las cosas dentro de la tienda, llego el vecino de la izquierda, un señor austriaco que desde hoy conoceremos como Vettel. Iba con sus 3 hijos (el de gafas, la niña y Philip) y se puso a montar la tienda mientras llovía, después de que yo intentase explicarle que la parcela acababa en una piedra. No lo entendió, porque nos ocupó media parcela. Como es lógico, noche de lluvia, noche de cartas. Cenamos los 4 dentro de la tienda, jugamos a las cartas y a las 12 estábamos todos en la cama. Porque teníamos sueño y porque somos muy respetuosos con las normas que dicen que de 12 a 7 hay que mantener el silencio absoluto.
El miércoles 24 decidimos quedarnos en el camping, lo que no sabíamos era que a las 8 de la mañana nos despertaría el calor insoportable que hacía en la tienda. Nos levantamos con calma, desayunamos con calma y sobre las 11 nos fuimos a la  playa, también con calma. A las 13:30 y ya muertos de calor nos fuimos al chiringuito a por unas cervezas. Pensábamos seguir nuestro camino hacia el supermercado, pero tenían pollo asado y patatas y decidimos aplazar la cocina para la noche. ¡Viva la procrastinación!
Después de comer nos quedamos allí porque corría el aire y se estaba mejor que en ningún sitio. Pero os aseguro que el tiempo pasa muy despacio cuando no haces nada. Al final volvimos a la parcela y fuimos moviendo las sillas según el sol. Después de conseguir levantarnos, caminamos el largo trecho que había de nuestra parcela al súper y por la noche cocinamos con el camping gas. Es más difícil darle la vuelta a la tortilla francesa si con un mal gesto puede acabar en el césped. Allí estábamos, Thais y yo cada una en una silla alrededor del camping gas, Thais aguantando la luz y yo con la sartén y la paleta en la mano. Después de cenar estuvimos con las cartas y de sobremesa, tanto que Thais y Alejo se apalancaron. Pero Gem y yo queríamos salir a ver que se cocía por ahí. El chiringuito cierra a las 12 y en la discoteca estaban todos los críos y el pub es pub de sentarte y tomarte una cerveza. Así que 30 minutos después de salir, Gem y yo volvíamos a la tienda con la sensación de ser nosotras las guiris. Debía ser así, porque allí eran todos holandeses.
El jueves 25 sonó el despertador a las 8, desayunamos, molestamos a la Barbie Choni que seguía durmiendo, también molestamos a nuestros vecinos de atrás que seguían durmiendo (conocidos desde hoy como Justin y su hermano el Moreno), recogimos y nos fuimos a Figueres. Aparcamos cerca de información (gracias GPS) y nos fuimos a hacer cola al museo de Dalí. Creo que de todos, la más fan de Dalí es Thais. A mí es que el surrealismo no me va, no lo entiendo mucho y parece que Dalí estaba como una cabra. Con todos mis respetos hacia los admiradores de Dalí. Después de ver el enorme, gigantesco e interminable museo, nos fuimos a comer.
Acabamos en el restaurante más lento de Figueres y preguntándonos si se pueden enviar sugerencias anónimas a Chicote. Después de horas para comer, volvimos al coche. El parking nos costó 10€ y a Alejo casi le da algo cuando vio que por ese precio ni le habían lavado el coche ni nada. Nos pusimos rumbo a Sant Pere de Rodes. Por el camino eché alguna cabezada hasta que topamos con un badén gigante que hizo que se me desencajaran las vértebras y me despertase. Es que íbamos por un camino de rotondas y no puedo soportarlo, me entra sueño. Pero luego el camino de curvas subiendo hacia Sant Pere ya no me dormí, esos sí me gustan. Llegamos arriba y…menudas vistas. Sí que sabían elegir bien los monjes las localizaciones. El monasterio sí que me gustó, más que el museo de Dalí diría yo.
Al acabar la visita, de vuelta al coche, pasamos por Cadaques de camino a Port Lligat a ver la casa de Dalí, pero no entramos porque eran 11€ y aun teníamos que volver al camping. Después de 1h de coche llegamos al camping a las 20:15h y decidimos que no queríamos cocinar, así que nos fuimos a la ducha y Alejo que acabó antes, se fue a por dos pizzas.
La verdad es que las pizzas estaban más buenas de lo que creía. Volvimos a jugar a las cartas y una vez la Barbie Choni acabó la fiesta que tenía con sus amigos en la caravana, nos fuimos a la cama. Total, si ya se van no tengo nada que cotillear, no vale la pena.
El viernes 26 volvimos a quedarnos en modo reposo en el camping, con nuestro calor a las 8 de la mañana, nuestra playa a las 11 y nuestra cerveza a las 13:30. Como veis, vivimos muy mal, muy estresados. Volvimos a comer en el chiringuito y después nos fuimos a la sombra de la piscina a hacer la siesta. A las 15 nos despertamos y Gem y yo nos fuimos a la ducha muertas de calor y luego a la parcela a sentarnos a la sombra. Al rato vinieron Thais y Alejo y tras horas aburridas de calor, nos pusimos a jugar al Jungle Speed (nosotros lo llamamos el Tótem, pero da lo mismo), el juego de cartas del viaje por excelencia. Nos entusiasma tanto que acabó siendo un espectáculo para los padres de Justin y el Moreno.
A las 20 nos fuimos a comprar la cena. Ya teníamos la cebolla en la sartén cuando encendimos el camping gas y empezó a arder por la clavija y lo tuvimos que apagar con una botella de agua. Lo dejamos enfriar y lo volvemos a intentar. Parecía que a la segunda iba bien, pero volvió a arder. Yo propuse pedir una cocina, pero ninguno quiso. Entonces el Patriarca vino a decirnos que ellos nos hacían la cena en su cocina. Gracias a esta buena gente pudimos comernos las hamburguesas.
Después de cenar volvimos a sacar las cartas en la partida más larga de la historia. Thais soltó un chillido a las 12:05 que hizo que por poco se nos saliera el corazón y nos echasen del camping (bueno, puede que esté exagerando). Cuando por fin acabamos la partida infinita, nos fuimos a dormir.
El sábado 27 fue el día que más tarde nos levantamos, a las 9 de la mañana. Diciendo esto no parece que estemos de vacaciones. Estábamos muy vagos y tardamos en desayunar y en cambiarnos. Llegamos a la playa a las 12 y yo diría que, definitivamente, fue el día más vago de la semana. Para variar, no cocinamos al medio día. Y por la noche nos fuimos a cenar a la pizzería. Nos pusimos nuestras mejores galas y nos fuimos al restaurante. Entramos muy decididos hasta que nos preguntó si teníamos reserva. Pues…no. Así que teníamos a 6 personas delante de nosotros. Pues una caña mientras esperamos, ¿no?
Justo cuando acabábamos llegó la camarera a buscarnos. Como somos unos animales, pedimos una pizza para cada uno y una ensalada. Digo que somos unos animales porque el miércoles habíamos cenado los 4 con 2 pizzas. Las pizzas y la ensalada no nos las acabamos, pero el lambrusco sí. Durante todo el camping nos comportamos y fuimos muy calladitos en contra del tópico, hasta este momento. Fuimos los más escandalosos del restaurante mientras hacíamos monólogos históricos partiéndonos de risa de todo evento histórico estudiado en la carrera. No sabemos si haremos un libro o un espectáculo teatral, ya os voy avisando. Al acabar de cenar bajamos a la fiesta del mojito. Nosotros íbamos a bailar, pero como había una pareja bailando muy bien, no quisimos dejarlos mal. Es decir, no bailamos porque no quisimos, no porque bailasen genial. Pero como el camping tiene horario guiri, a las 12 se acabó la fiesta y a las 12:30 estábamos en la cama.
El domingo 28 nos levantamos a las 8 – 8:30 para ir a Empúries. Llegamos allí y resulta que el último domingo de cada mes, la entrada al yacimiento es gratis. Entramos y nos sentamos a beber agua congelada mientras esperamos a la visita guiada de las 11. Allí en la cafetería nos pusimos a comentar datos históricos y esas cosas, sin darnos cuenta de que en la mesa de al lado, la guía de la visita de las 11 nos miraba de reojo. Primer enemigo de la mañana. Nos fuimos al punto de reunión y resulta que la entrada al yacimiento es gratis, pero la visita guiada no, son 3€. Y le decimos que compramos las entradas ahora y hacemos la visita y nos mira y nos dice que mejor en catalán a la de las 11:30. Está claro, nos escuchó hablar y le dio miedo que le preguntásemos, es que Thais es muy lista y controla el tema, ojo.
El caso es que compramos las entradas y nos esperamos a la visita de las 11:30. Esta visita era en inglés y en catalán. Y menos mal que nos esperamos a esta, porque el guía era más simpático que la otra. El tal Alex hizo una visita de 2h pero muy entretenida, nos reímos mucho, disfrutamos como niños en un campamento, todos sentados alrededor de él a la sombra mientras nos contaba batallitas de Escipión y las guerras púnicas. Así sí suena todo bonito.
Volvimos a comer al camping, que estaba a 10 minutos y después de reposar un rato viendo la F1, nos fuimos a Girona. Menos mal que vencimos nuestra pereza, porque es preciosa. Muy bonita, de verdad. Vale la pena ir. Además, la parte vieja no tardas tanto en verla. 

Al volver de Girona pasamos a comprar algo para cenar, sin cocina, por supuesto. Nos hemos pasado el camping comiendo macedonia y cosas frías.
El lunes 29 nos levantamos pronto porque teníamos planes más lejanos. Pusimos el GPS y tranquilamente llegamos a Besalú. Mi madre me dijo que Besalú era muy bonito, y no mentía. También me dijo que hay un libro ambientado en el puente de Besalú, y me lo creo, pero no me lo he leído. Ya os compartiré alguna foto en instagram. Fuimos a la oficina de visitas guiadas y elegimos la que daba toda la vuelta al pueblo. Nur dice que íbamos de pijos, de VIP, pero mi padre dice que íbamos potenciando el trabajo de guía turístico por si algún día nos toca trabajar ahí. El caso es que resultó que nosotros 4 éramos los únicos en la visita. Así que disfrutamos realmente de una visita privada, con una guía muy simpática con un acento catalán muy acogedor. Como íbamos los 4 dijo que podía hacerlo en castellano o en catalán, pero como nos daba igual y ya nos había oído hablar en valenciano, nos hizo la visita en catalán. Igual es una sensación mía, pero el acento de Girona es mucho más agradable que por Barcelona, sin ofender. Será una sensación. Después de la visita nos fuimos a ver el puente de cerca, compramos unas madalenas gigantes rellenas de mil cosas y pusimos rumbo a Camprodón.
¿Por qué Camprodón? Porque mis padres nos dijeron que hacen un embutido de primera. Y no mentían. Llegamos justo a la hora de comer y comimos muy bien en un restaurante de la plaza (Nuria). Mi hermana dice que fui ahí porque no puedo vivir sin ella, yo digo que era el que más nos gustó. Además, la señora era muy simpática y nos hizo reír primero tomándonos nota y después con el postre. Estaba toda la comida buenísima y no nos salió excesivamente caro si no recuerdo mal.
Después de comer fuimos a la oficina de turismo, pero la oficina de información de Camprodón cierra los lunes y martes, que lo sepáis si vais. Así que nos fuimos a ver el puente, subimos y justo al bajar, como dijeron mis padres, la tienda de embutidos. Entramos allí y no sabíamos qué llevarnos, todo olía tan bien. Al final salimos de allí con cosas para casa pero también con un fuet para cenar. No se deciros exactamente el nombre, pero no tiene perdida porque el escaparate es alucinante. 
Al llegar al camping empezamos a recoger todo más o menos, porque por la mañana teníamos que irnos. Se nos pasó muy rápido la semana.
El martes 30 nos levantamos a las 7:30, desmontamos la tienda, nos duchamos y una vez cargado el coche, nos fuimos a hacer el check out y a desayunar al bar. Conseguimos subirnos en el coche otra vez con los trastos (y nuevos trastos como una caja con botellas de vino) y pusimos rumbo a Valencia. Tuvimos que parar una vez por el bien de la circulación de mis piernas, se me había dormido ya una. Y estuvimos parados un buen rato en el peaje, pero al final, llegamos a Valencia sobre las 15. Llegué a casa muy cansada, solo quería dormir, pero tenía que deshacer y hacer la maleta otra vez, al día siguiente por la tarde tenía que estar en Denia. Lo que sí hice esa noche fue seguir el ritmo del camping y a las 12 ya estaba en la cama.
El siguiente viaje, a la próxima.
Actualización 22 noviembre 2020: esta entrada estilo diario no estaba muy pensada como recomendación de viajes o sitios, solo como memorias de un gran viaje. ¡Espero que os guste igualmente!  

¡Sed Felices!