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jueves, 12 de diciembre de 2013

Familia, divino tesoro.

Improvisadores, he vuelto y estoy resfriada. Me fui a pasar el puente de la constitución a Francia, a visitar a la familia. Y de regalo me he traído un resfriado. ¡Ah! Y preparados para seguir la explicación sin que os tenga que dibujar un árbol genealógico.
Me fui el viernes por la mañana con mi abuela y el primo de mi madre. Siete horas después de salir de Valencia, llegábamos a casa de mi tía Rita (la hermana de mi abuelo). Y desde ese viernes por la noche no hicimos más que ir de mesa en mesa.
El viernes cenamos 8 en casa de Rita y después me fui a la cama dejando a mi abuela y a su cuñada (es decir, Rita) en su fiesta de pijamas particular. No sé qué se traerían entre manos, pero llevaban unas risas ellas solas… El caso es que el sábado por la mañana pasó Pedro (el hijo de Rita, el primo de mi madre que nos trajo desde Valencia, ¿recordáis?) a recogernos y nos fuimos a comer a casa de la tía Carmen (hermana de mi abuelo también). No es que yo me levantase tarde, es que allí se come pronto. Y vas antes a la hora del aperitivo y luego a comer. Y comer y comer y no parar. Nunca deja de salir comida de la cocina, es como si tuviesen a alguien allí metido cocinando las 24h del día sin parar. Y encima todo está bueno, porque si estuviese malo pues no comes tanto. Pero todo está bueno, no hay cosa que no lo esté. El salmón que se deshace en la boca; pato que acompaña a las patatas de forma maravillosamente genial; foie gras que más que un aperitivo debería ser un plato principal; la raclette (creo que se escribe así) que combina queso, carne, patatas y todo lo que le eches. Y el vino rosado, ¡ay dios! No soy muy de vinos y el tinto me parece fuerte y el blanco no me va. Pero el rosado… ¡eso sí!
Después de comer con los tíos nos fuimos a casa de Javier (el hermano de Pedro) a cenar todos. Y cuando digo todos me refiero a los 5 hijos de mi tía con sus correspondientes consortes con sus correspondientes hijos y los consortes de sus hijos. En total éramos nada más y nada menos que 31 personas cenando allí. Somos una familia bastante grande (esto lo digo para los improvisadores que no son de la familia, los de la familia ya lo sabéis) y eso quiere decir que es más que probable que no conozca a alguno de mis primos aun. Hasta el sábado, porque no faltaba nadie allí. Y me lo pasé genial. No gracias a mi capacidad de comunicarme en francés, más bien a la capacidad de mis primos de comunicarse en castellano. Aunque en mi defensa diré que entiendo el francés más de lo que pensaba y que cuando me leían las preguntas del trivial en francés las pillaba casi siempre. Lo de leerlas yo en francés ya era otro tema. Como práctica está bien, pero como jugadora de trivial deja bastante que desear si luego alguien tiene que volver a leerlo. Pero vamos, que me lo pasé genial. No tengo nada en  contra de la gente mayor (me refiero a los que ya cobran pensión y tal) pero no tenemos el mismo concepto de entretenimiento y por eso esa noche me lo pasé tan bien, porque estaba con mis primos que se acercan más a mi edad que mis tías abuelas o mi abuela. Con todo el respeto del mundo hacia las personas mayores, ojo.
El domingo por la mañana fuimos a comer a casa de la Amparín (prima de mi madre e hija del tío Ricardo; hermano de mi abuelo) y allí éramos 21 si no recuerdo mal. La verdad es que los aperitivos empiezan pronto, pero luego la comida se alarga horas y horas porque como hace tanto tiempo que no los ves, parece que no quieres irte nunca. Pero sobre las 6 ya volvíamos a estar en casa de la tía Carmen. Esa noche tocaba pasarla en su casa. Y aquí fue donde avancé barbaridades a leer el libro de “El tiempo entre costuras”, supongo que por eso de no tener internet ni prestarle atención a la televisión. El lunes por la mañana nos levantamos y después de algunas visitas fugaces, me fui a dar una vuelta yo sola por el pueblo. No es que me fuera a perder porque ya había estado antes allí, así que no había ningún problema. ¿Por qué me fui a dar una vuelta? Porque me aburro toda la mañana en casa sin salir y porque pasear cuando no hace calor es una gozada. Cuando fui a Noruega a ver a Nuria también me fui yo sola a dar una vuelta.
Pero volvamos a Francia. Me fui en busca de una farmacia porque yo en cuanto me descuido tengo la garganta fatal. ¿Y sabéis que? Las farmacias no abren los lunes. Tampoco los bancos. Creo que no abre nada los lunes. Increíble pero cierto. Pasé una farmacia cerrada y buscaba otra, pero no sabía dónde había una, así que paré a una pareja de ancianos para preguntarles en mí no perfecto francés “Excuse-moi….comment ça se dire… ¿farmacia?” y el buen hombre me entendió y me dio las indicaciones en francés preguntándome si las entendía. Por suerte, el día de antes la tía Rita me había explicado como se dice “a la derecha”, “a la izquierda” y “todo recto”. El caso, que las tres farmacias que encontré estaban cerradas.
Así que de vuelta a casa de mi tía y cuando quise darme cuenta ya eran las 12, hora de comer. Sí, las 12. Pero no os penséis que después de comer hay siesta, que vino una amiga de mi tía y nos fuimos todas a su casa y allí estaban leyéndose las cartas estas de adivinación mientras tomaban el café. Las 6 señoras y yo. Y de allí nos fuimos al súper a comprar cosas que quería traerse la abuela de allí, y ya sabéis: discusión por pagar. No lo entenderé nunca. Una o dos veces vale, pero si a la tercera te dicen que no, ¡no te pongas a discutir!
Luego vinieron la Amparin y Paco a por la abuela y a por mí y nos fuimos a cenar a casa de Jose (otro hijo de la tía Rita). No sé cuántos éramos, pero no éramos 31 seguro. Hacia un frio de mil demonios fuera de casa, pero dentro con las dos chimeneas tengo que decir que su casa parecía el paraíso. Pero nos fuimos pronto a casa porque el martes por la mañana tocaba poner rumbo a Valencia, así que a las 12 de la noche ya estaba yo en la cama con el libro en la mano.
El martes me desperté y cuando salí me encontré con que habían traído a la prima pequeña porque estaba mala y no iba al colegio. Y ella sin hablar castellano y yo con 4 palabras mal dichas  (y que no sé escribir) en francés, estuvimos jugando lo menos dos horas. Me seguía, me esperaba si no la seguía, me mandaba subir a por mí abrigo porque a ella le habían dicho que saliese con su abrigo. Vamos, que la comunicación con los niños es universal. Hablen el idioma que hablen, todos hacen castillos con cubos de juguete y los derrumban, todos hacen mil preguntas, todos juegan a subir y bajar las escaleras y todos son un poquito mandones.
A las 11 vinieron Pedro y Françoise y pusimos los 4 rumbo a casa con el coche más cargado que cuando nos fuimos hacia allí.
Cuando fui a Noruega dije que era el sitio más bonito en el que había estado nunca. Y es verdad, es precioso, tiene algo especial. Pero Francia tiene algo muy especial también, que cuando vamos a casa de la familia es muchísimo más bonito que mil Noruegas juntas. Porque hace años que no los ves o incluso es la primera vez que los ves en tu vida, pero parece que los vieses todos los días. Porque vas allí y es reunión tras reunión, y risas y más risas. Y ya lo dice la Amparin, a los Zafras nos gusta el jaleo, y por eso me encanta ir a Francia a visitarlos. Es verdad que cuesta dinero viajar, pero si el dinero se gasta en viajar y en ver a la familia yo creo que es un dinero más que bien invertido. Y oye, no son visitas sin más que también voy aprendiendo cosas útiles. De momento solo sé frases cortas, palabras sueltas y preguntar dónde está el vino rosado; ¡pero por algo se empieza!

¡Sed Felices!

miércoles, 16 de octubre de 2013

Noruega parte IV: adiós Noruega.

Improvisadores, volamos de vuelta a casa. 
A las 5 de la mañana ha sonado el despertador. Nur se ha hecho un café, pero yo no tenía nada de hambre. He recogido lo que me faltaba y a las 5:40h cogíamos el autobús hacia el aeropuerto.
Resulta que Morten tenía que coger el mismo avión que yo, pero al perder el autobús llegó justo para embarcar. Tampoco había hablado mucho con él, por eso me sorprendió que estuviéramos juntos en la espera para embarcar. Teníamos filas diferentes y al llegar a Oslo bajé directa al autobús que me llevaba a la terminal y lo perdí de vista. Hasta que reapareció en el autobús. Al bajar del autobús volví a perderlo de vista hasta que apareció a mi lado mientras esperaba el ascensor que nos llevaba a los vuelos internacionales. Al bajar, ya tenía puesta mi puerta de embarque y me acompañó hasta la puerta que pasaba a internacional. Yo he pasado porque eran las 8:15 y mi avión salía a las 9, pero él no pasó porque su avión salía a las 17h.
Ya en el avión Oslo – Barcelona tocaba desayunar que eran las 10 y llevaba desde las 5 despierta y sin comer. Me pedí el mismo desayuno que mi vecina y me da un café, un zumo, una mini barrita y un sándwich. A mí no me va mucho el café, el zumo era “de naranjas de Valencia” (si tú lo dices). Al ver el sándwich pensaba que era de tomate y queso. Hasta que lo probé. ¡Pimiento rojo con queso! ¿Qué broma pesada es esta? Para el que no lo sepa, no me gusta el pimiento. Por un momento pensé en quitarlo, pero lo había pagado y me lo iba a comer. No sé si es señal de que tenía mucha hambre o de que me hago mayor. Después de desayunar, me he puesto a escribir en la libreta. Si vieseis la letra que me ha salido os imaginaríais la magnitud de las turbulencias.
Para seros sincera, era la primera vez que de verdad no quería volver a casa. Algunos dirán “normal, de vacaciones en Noruega yo tampoco querría volver a casa y a la rutina”. No es eso. No sé cómo explicarlo porque ni yo misma me entiendo. Pero voy a intentar explicarlo, escribir se me da mejor que hablar de estas cosas. Solo tengo que explicarlo de forma que no parezca que estoy de psiquiatra. Desde hace un tiempo estar en Valencia me agobia. En España. Cuando acabé 2º de carrera les dije a mis padres que no me gustaba, pero me dijeron que la acabase porque no se podía estar sin hacer nada. Y en ese momento tenían razón. Ahora he acabado la carrera y todos dicen lo que debería hacer, lo que tengo que hacer. Y me agobia. Todos dan por hecho lo que quiero hacer. Lo que nadie se plantea es qué quiero hacer yo. Pero tampoco lo tengo claro yo misma. Así que hay que hacer cosas “por si acaso”. Y yo pregunto: ¿Por si acaso qué? ¿Por si la crisis se acaba mañana cuando suene el despertador? ¿Por si de repente sé lo que quiero hacer? ¿Por si con 22 años soy capaz de decidir qué hacer con el resto de mi vida? Todos los “por si acaso” dan igual. Porque tengo 22 años y llevo desde los 18 escuchando que mi carrera no sirve para nada. Ahora yo misma creo que no sirve para nada. Y que en la radio y en la televisión no hagan más que dar malas noticias y decir lo mal que está todo no ayuda. Se me hace un nudo en el estómago y me dan ganas de llorar. Porque todos dicen que trabajemos en nuestro futuro, pero mientras tanto no hacen más que repetir que no tenemos futuro.
Podéis llamarme derrotista o cobarde, pero no quería volver aquí. En casa tengo ganas de llorar todos los días. En Noruega solo quise llorar cuando me tenía que volver. Lloro sin ningún motivo aparente, por tonterías. Y me siento mal por mí y por mis padres. Porque no creo que sea plato de buen gusto ver llorar a tu hija y no poder hacer nada. Y entonces lloro más. Y así es la pescadilla que se muerde la cola.
No sé si he conseguido explicarme, pero ahora mismo solo quiero volver a Molde. Necesito volver a Molde. Alejarme de todo esto, quizá ver las cosas con perspectiva; pensar un poco. Necesito volver a esas calles, casas y jardines perfectos con un futuro perfecto. 
¡Sed Felices!

Noruega parte III. Campamento base: Molde.

Improvisadores, seguimos con Noruega, pero tranquilos, ya no queda mucho. 
A las 8 de la mañana sonó el despertador y mi mente y mi cuerpo no querían responder. Pero al final no me quedaba otra. Me levanté, desayuné y preparé la mochila. Iba medio dormida, pero había conversación en el comedor y necesitaba mi inglés al 100%. Para empezar, “el progre” me saludó. No me lo esperaba, estábamos a lunes y no me había dirigido la palabra aun. Se ha ganado este apodo porque cree que si blancos y negros tienen hijos juntos, a las 4 generaciones serán estériles porque no es viable. Por lo visto su cerebro sí es viable, o eso dice el médico. Y luego el sueco (que se llama así porque es sueco, no porque se haga el sueco) se puso a hablar conmigo cuando todos me habían abandonado. Hizo un repaso de todo lo que llevaba en la mochila y todo lo que llevaba puesto. Vamos, que se aseguró hasta de que llevase ropa interior térmica. Me ha hecho levantarme y enseñarle los zapatos que llevaba para darle el visto bueno a ellos y a mi abrigo con capucha (porque según él necesitaba un gorro). Todo esto mientras insistía en que tuviese cuidado con no resbalar. Creo que pensaba que nos íbamos a escalar la montaña, lo que no sabía él es que íbamos a una zona perfectamente acondicionada para pasear. Pero bueno, que al volver de la excursión y no ver que me esperaba para ver si seguía viva, me ha decepcionado.
A las 9:30 llegaron Nur y Guillem con el coche alquilado y nos han recogido a Ali, Daniela y a mí. Con el rumbo marcado y confianza puesta en la capacidad de Nur para leer mapas, nos fuimos rumbo a Trollstigen. En lugar de coger el ferri decidimos bordear el fiordo añadiendo lo menos 1h y media al trayecto. Pero os aseguro que como era el primer día de turismo, valió la pena. No sé si es así en toda Noruega, pero en esta zona vimos cientos de cascadas. Noruega podría resumirse en agua y verde. El agua puede ser en el mar, en ríos o en lluvia, pero hace que todo esté verde y limpio.
Me fascinaron las casas en mitad del campo, sin ninguna valla de delimitación o protección. Las únicas vallas que había eran decorativas o para controlar a las ovejas. Personalmente, me parece genial que no tengan la necesidad de cerrar todo a cal y canto. Creo que eso hace la vida mucho más tranquila. Cuando llegamos al principio de Troslltigen, nos paramos a hacernos fotos con un troll de madera. Tenemos tal cantidad de fotos que es obvio que íbamos de turismo. Pero en las fotos no es ni la mitad de impresionante que en persona.
Subimos Trollstigen con el coche, aunque creo que casi se muere. No puede ser que un coche de 2 años no pueda subir las cuestas o tarde tanto en coger velocidad. Llegamos arriba y comimos sentados encima de nuestras chaquetas. Es lo que tiene la lluvia continua, que todo se moja. Pero si tenemos que esperar a que deje de llover, no saldríamos a la calle. No sé con qué palabras describir Trollstigen. Es impresionante. Si alguna vez vais a Noruega, no podéis perderos esta visita. Pero abrigaros.
De Trollstigen pusimos rumbo a un ferri que nos llevó hasta Geiranger. Allí la idea era coger un ferri que nos llevaría por el fiordo, pero solo funciona durante el verano.
Así que dimos media vuelta y cogimos el ferri otra vez. En el ferri Guillem y yo nos cambiamos, mi turno de conducir. Cuando me tocaba salir del ferri el coche no arrancaba. Que no cunda el pánico. Vuelvo a intentarlo. Sigo intentándolo. El del ferri viene a  preguntarme si hay algún problema. Claro que hay algún problema ¡el coche no arranca! El de atrás hace luces. Menos mal que Ali me defendió del impaciente. Guillem dice que le deje probar a él. Lo arranca. Me subo al coche deseando que la tierra me trague. Guillem saca el coche del ferri mientras el del ferri se quedaba mirándonos. Vuelvo a ponerme al volante.
Poco atentos a las señales, nos pasamos la que tocaba y me tocó bajar Trollstigen. Para que os hagáis una idea de la pendiente, se puede bajar toda entera en punto miento y frenando. Además, tiene curvas imposibles y curvas que ni el mejor de los circuitos de F1. Llegamos abajo sanos y salvos y entre carreteras y ferris conseguimos llegar a Molde. ¿Comentarios? ¿Nadie quiere decir nada? Vale, ya sigo yo. En los ferris se paga por el coche y por cada persona. Creo que el coche son unas 60kr (7.8€) y son 27Kr (3.51€) por persona. En todos y cada uno de los ferris hubo alguien que no pagó porque el cobrador se descontaba o vete a saber por qué. Pero fueron todos muy simpáticos, menos el del ultimo ferri. A este señor le pedimos por favor que nos hablase en inglés y nos contestó “noruego en Noruega”. Pues muy bien señor, muy bien.
Al llegar a Molde dejamos a Daniela en su casa y nos fuimos a aparcar. Vivir en el centro está muy bien, pero de 8h – 17h es todo zona azul. Como eran las 20:30h lo aparcamos y nos fuimos a por la cena. Allí estuvimos en otra de nuestras largas sobremesas con chistes y tontadas varias mientras veíamos cómo jugaban a la play los compañeros de residencia.
El problema de aparcar en zona azul es que o movíamos el coche o nos tocaba pagar. Eso quiere decir que el martes nos tocó madrugar más. A las 7 sonó el despertador y me levanté a hacer el café. Allí nos sentamos a desayunar ya con todo listo. A las 8 y cinco nos entraron las prisas y mientras Guillem iba a por el coche, nosotras bajamos las mochilas y esperábamos a Anastasiya. Lloviendo más que el día anterior pusimos rumbo a Bud, un pueblo pesquero. Al hacernos un lio para salir acabamos en un museo de la II Guerra Mundial (cerrado) y nos dimos una vuelta por fuera del puesto de vigilancia y los cañones. Nos asomamos a los túneles, pero también estaban cerrados. ¡Por dior! ¿Quién podría pensar que en Noruega cierran en invierno?
De Bud pusimos rumbo a la carretera del Atlántico para llegar a Kristiansund. Hasta que nos encontramos con un peaje. Era caro, así que nos dimos media vuelta allí mismo. ¿15€ Por persona y además el coche? No, gracias. De allí pusimos rumbo a una iglesia vikinga en Kvesnes. Como también abre solo en verano, la vimos por fuera. La vikinga y la del siglo XIX que construyeron al lado, las dos cerradas. ¡Qué rabia! ¡De verdad quería ver la iglesia vikinga! Nos pusimos a buscar un sitio donde parar a comer y no mojarnos. Seguimos un camino pasando de la señal de camino privado y casi acabamos en un barrizal, así que dimos media vuelta y acabamos en una mesa de picnic enfrente de una especie de hotel abandonado.
Mientras comíamos bajo la fina lluvia, pasó un señor con dos niños que iban a pescar y estuvo hablando con nosotros muy amablemente. Me fascina como allí casi todo el mundo habla inglés perfectamente. Después de comer decidimos intentar suerte en otra iglesia vikinga. Como no teníamos muy claro por donde llegar, le preguntamos a una mujer. Seguimos sus indicaciones y al no encontrar la iglesia, volvimos a preguntar. Sin saber cómo, volvíamos a estar en la carretera del Atlántico. Ali se puso al volante para hacer media carretera del Atlántico y luego lo volví a coger yo hasta Molde.
Dejamos a Anastasia y fuimos a comprar. Mientras Guillem y Ali devolvían el coche, Nur y yo volvimos a casa para hacer la maleta. A todo esto, el coche había que devolverlo con el depósito lleno. ¿Sabéis lo que eso quiere decir? Haceros una idea con este dato: 15’09Kr/litro. Lo que equivale a 1.96€/litro. Después de hacer la maleta y para hacer tiempo, nos pusimos una película. A las 9 salimos a hacer la cena y llegaron entonces el profesor de kickboxing y un compañero de residencia, que venían del gimnasio. Y entonces le dicen a Nur que podría haberme llevado a la clase. ¡A buenas horas mangas verdes! Y también la última noche deciden preguntarme quien soy y hablar conmigo. Nur tenía razón, son bastante fríos. Si no van borrachos no hay confianza. De hecho, he tenido un par de momentos raros al saludar a alguien e ir a darle dos besos y que ellos estiren el brazo para darme la mano. Con la costumbre se me olvida que esta gente no besa.

Cenamos con una cerveza por fin, que después de las 18h no venden alcohol y siempre llegábamos tarde (y que son carísimas hasta que encontramos esas que estaban muy buenas por 4kr que son 50 céntimos). Después de cenar tocaba acostarse pronto, así que me despedí de Ali y Guillem y me dispuse a intentar dormir. 
!Sed felices!

lunes, 14 de octubre de 2013

Noruega parte II: Molde y su rutina

Improvisadores, los siguientes dias en Molde fueron de adaptación al terreno. 
El viernes por la mañana, Nur tenia prácticas en el hospital, así que me levanté y me fui a desayunar yo sola. No sé cómo acabé hablando con una chica mejicana durante más de una hora. Así es como se pasa la mañana cuando no sabes qué hacer. Después me puse mi abrigo y salí a visitar la ciudad. Nur acabó las prácticas antes de tiempo, asi que a las 12 volví a la residencia a cambiar mi abrigo por una sudadera y nos fuimos las dos a dar una vuelta.
Después de comer tocaba siesta, pero vino Daniela y como ella no hace siesta, no era demasiado consciente de que Ali, Nur y yo nos dormíamos. Nos dijo que si queríamos quedar con ella y con otros esa tarde noche, asi que cancelamos nuestro plan y nos fuimos al centro comercial a hacer tiempo. Al volver resulta que ya se habían ido, asi que nos duchamos, cenamos y nos pusimos una película. Estabamos tan cansadas que ni nos enteramos de la película.
El sábado por la mañana dormimos hasta tarde. Normal, las pobres madrugan bastante entre semana. Comimos y después de comer nos fuimos a hacer la compra. Al volver de hacer la compra y tras reponerme del susto de escuchar 221 (aun me tenía que acostumbrar a lo de las coronas, en realidad fueron 28.73€) nos pusimos una película, cenamos y sacamos el vodka que les había llevado. Estuvimos bebiendo mientras veíamos el Barça – Valladolid que tenían puesto los compañeros de Nuria. Son muy forofos del futbol, de cualquier liga.
A las 12 nos fuimos a la discoteca. Ellas entraron gratis con el carnet de estudiante, yo tuve que pagar 100Kr (13€). El caso es que se suponía que antes de las 12:30 es gratis, pero resulta que tuvimos la suerte de ir un dia que había una especie de DJ invitado.
Estuvimos allí las 4 bailando entre gente de su residencia y gente muy rara. Allí van muy a saco, que más de una vez nos tocó hacer piña y hacerle el vacio a alguien como forma sutil de decirle que se largue. No sé porque les cuesta tanto entenderlo. ¿Te parece a ti que te he dado permiso? Tu mano de mi nuca hasta el culo sobra. Marta seguro que piensa lo mismo del cansino que le tocó a ella. Ali acabó con un arañazo en la espalda, a mi me pegaron en la cabeza y a las dos nos tiraron un cubata encima.
A las dos cerraban y la gente estaba ya desfasada, como si fuesen las 8 de la mañana. Cuando salimos de allí llegaba la policía. Buen momento para irse.
El domingo a las 10 me desperté, después de intentar volver a dormir me levanté a la media hora y sin despertar a Nur me fui a desayunar. Por una vez el salón estaba vacio. Estos noruegos estarían recuperándose de tanto desfase hasta las dos de la mañana.
Cuando estaba preparándome mi elaborado desayuno de leche con cereales llegó Ali que volvia de recoger a su novio Guillem del aeropuerto. Así que desayuné con ellos y luego, mientras escribia en mi libreta, apareció el primer noruego del dia. Por lo menos Morten estaba vivo. Se hizo la comida y se largó con ella, para al minuto volver a bajar con la comida a una mesa y con su amigo. Digo yo que podrán comer en la mesa como dios manda, que hay muchas, no hace falta que se sienten en la mia. Hablamos un poco, pero nada más acabar de comer se levantaron y se fueron. Nada de sobremesa. Después de ellos, llegó una chica y siguiendo la tradición se ha hecho la comida y se ha ido después de indicarme amablemente donde había un supermercado abierto.
Poco a poco aparecieron Nur y Ali. Como no queríamos despertar a Guillem, nos pusimos una película para hacer tiempo hasta que a las 3 teniamos muchísima hambre y Ali decidió despertarlo. Con ella no puede enfadarse (o no mucho). Después de comer y de acabar a las 17h, nos tocaba siesta. Peroa las 18h se supone que habíamos quedado para salir a dar una vuelta, pero Ali y Guillem fueron baja por siesta. Asi que Nur y yo nos fuimos a dar una vuelta. Fuimos primero hasta el hospital, porque tienen que hacer fotos a los recursos del pueblo para un trabajo. Y luego nos fuimos a visitar el cementerio.
Sé que puede sonar raro, pero no lo es tanto. Una profesora dijo una vez que para conocer una sociedad hay que visitar el mercado y el cementerio. Pues a mi me gustan los mercados, pero los cementerios también tienen su encanto (a su manera, obvio). Hay cosas muy curiosas. En Noruega algunas lapidas tienen el oficio del fallecido y el apellido de soltera de la mujer. No tienen tumbas en nichos, son todas en el suelo y no con un elaborado mármol encima como por ejemplo en los entierros aquí. Solo tienen una lapida clavada que puede ir desde una piedra al mármol más ornamentado. Otra cosa curiosa es que no tienen horarios, el cementerio tiene una puerta para delimitar el terreno, no el horario. Simplemente tiene una valla baja con una puerta con cerrojo.
Al volver nos tomamos un café en la cafetera que le había llevado a Nur, cenamos y tras una larga sobremesa nos fuimos cada uno a su habitación con nuestros boles de palomitas. 
¡Sed felices!

domingo, 13 de octubre de 2013

Noruega parte I: Valencia - Molde

Improvisadores, he estado visitando a Nur en Noruega y aquí os dejo la primera parte del viaje. Hoy: Valencia - Molde. 
Por la noche no podía dormir de los nervios, así que a las 5 de la mañana y sin apenas haber dormido 4h me levanté y me fui zombi a desayunar.
Últimas cosas en la maleta y a las 5:50 el taxi ya nos esperaba. Nos tocó un taxista simpático, de esos que te dan conversación de la buena. Al llegar a la estación del tren mi padre se dio cuenta de que solo llevaba 2 billetes. Adivinad a quien le faltaba el billete. Exacto, a mí. Pero por una vez tengo que admitir que las tecnologías son útiles. Renfe me había enviado un SMS con un enlace donde descargar un código y con eso es como si fuese un billete en papel. Nos aposentamos en nuestros asientos y al lado se sentaron tres coreano. Era gracioso verlos porque hablaban rápido pero comían y bebían realmente lento. Creo que esa botella de Coca-Cola les durará hasta Seúl. En una de las paradas del tren subió un matrimonio con su hijo y resulta que uno de los coreanos ocupaba su sitio. Eso también fue gracioso de ver, un coreano intentando entenderse con un sudamericano que no hablaba más que castellano. ¿Dónde ha acabado el coreano? A mi lado. A eso de las 7 nos fuimos a desayunar al vagón cafetería y al volver había perdido a mis padres en algún punto del pasillo y el coreano empezó a hablarme en inglés con un acento muy difícil. Mis padres volvieron y me convertí en la intérprete. Y así hasta casi las 10 que llegamos a Barcelona. La verdad es que el coreano me preguntó por todos los temas posibles: si siempre se mata al toro (no me preguntéis porqué me preguntó eso porque no lo sé); que se hace con la carne de toro; si curan al toro después de las banderillas; si hay mucha corrupción en España; los problemas sanitarios; si dormimos mucho; si no nos morimos de hambre al cenar tan tarde; a qué hora empieza la jornada laboral; el jamón; y casi puso a dieta a mi padre y le dio la risa cuando mi madre le dijo que mi padre había perdido peso.
La verdad es que el tema del jamón le marcó de por vida. Cuando se enteró que el jamón no está cocinado creo que casi le dio un ataque. No paraba de repetir que el cerdo crudo es peligroso y que contiene bacterias. Nos preguntó que si comíamos mucho jamón. Estaba preocupado porque él había comido el día anterior y le dije: nosotros hemos comido y seguimos vivos. Y me contesta: sí, estáis vivos pero tendréis bacterias en el cerebro. Total, que al llegar a Barcelona acabé con la tarjeta de visita de un médico de Corea del Sur. Si alguna vez vais y os pasa algo me avisáis.
Al llegar a la estación fuimos a por el cercanías para ir al aeropuerto. Muchos aviones y todo lo que tú quieras, pero la combinación para ir da asco. Llegamos allí y facturé mi maleta. Nos fuimos a tomar una Coca-Cola, pero a mí me estaba dando un ataquito y acabé tomándome un Valium. Yo era más partidaria de un tequila, pero no se puede contradecir a una madre. Pasado el control, me di cuenta de que soy más rápida poniéndome las botas después de los controles. Esperé un rato y enseguida salió mi puerta de embarque. Allí estaba yo en la cola rodeada de noruegos y en el túnel para embarcar conocí a una pareja curiosa con una niña monísima. Ella es de Chile y él de Castellón, pero viven en Noruega. Hacía dos días que habían vuelto de Chile, eso sí es hacer puntos de vuelo.
Ya en mi asiento me tocó al lado a una madre y a su hija. Menos mal que la hija hablaba inglés, porque la megafonía del avión daba mucho asco. Al tardar en salir de Barcelona, llegamos más tarde de lo previsto. Después de casi morir de vieja esperando mi maleta, me quedé enfrente de la puerta de salida. Había dos opciones “Nada que declarar” en verde y “Objetos que declarar” en rojo. Llamarme loca, pero creo que en cuestión de aduanas es mejor evitar el rojo.
Cruzada la aduana, resulta que la facturación en Oslo se hace con una máquina. Como no tenía ni idea de cómo hacerlo, he tenido que pedir ayuda a una de las trabajadoras del aeropuerto. Volví a pasar el control de seguridad y cambié euros por coronas. Esto me hizo valorar lo cómodo que es ir con el euro a todas partes. De todas formas, aun tenía que acostumbrarme a las coronas noruegas y no poner cara de susto cuando por un cruasán y una botella de agua me cobren 63. Si fuesen 63€ le estampaba el agua en la cabeza.
A las 19:15 salió en el panel la puerta de embarque de mi vuelo Oslo – Molde. Resulta que la puerta estaba en la otra punta del aeropuerto y casi me equivoco y me meto en la cola que no era. Pero no pasó nada porque son tan previsores que pusieron la puerta de embarque a las 19:15 y la abrieron a las 20:40. Después de esperar una hora y media puedo deciros que los noruegos son muy silenciosos. No hablaban entre ellos ni los que iban juntos en grupo. Y también puedo deciros que cuando te miran lo hacen directamente, nada de disimulo.
Cuando subí al avión resultó que una pareja ocupaba mi sitio porque habían puesto entre los dos una bolsa llena de zapatos. ¿En serio? ¿No tenéis una maleta? Total, que después de conseguir dejar mi maleta (porque también habían ocupado mi huevo en el portaequipajes) me senté  dispuesta a soportar otro viaje en avión. Después de despegar estaba tan cansada que me dormí. Como lo leéis, me dormí en el avión.
Me desperté a tiempo para ver el mini aeropuerto de Molde. Tras un aterrizaje horrible, bajé corriendo del avión porque allí sabía que me esperaba Nur. Entré en una mini sala con dos mini cintas para maletas y allí estaba Nur con Ali y Marta. Después de un superabrazo, de conseguir no llorar y de saludar a Ali y Marta, recogí mi maleta llena de 22kg de cosas para Nur y nos sentamos dentro del aeropuerto.

Después nos fuimos en busca del autobús que cuesta 30 coronas (3.9€) y por fin llegamos a la residencia, cenamos, pusimos el colchón extra en la habitación de Nur y nos fuimos a dormir. Estaba viajando desde las 6 de la mañana. Creo que me lo merecía. 
¡Sed felices!

miércoles, 14 de agosto de 2013

Segunda parada: Ibiza

Improvisadores, como os prometí, en esta entrada toca hablar del siguiente viaje que he hecho este verano: Ibiza. Vosotros diréis: ¡Qué guay! ¡Ibiza! Fiesta a tope. Yo os digo: no. ¡Que guay! ¡Ibiza! Sol y barco. Eso sí es un viaje diferente.
El miércoles 31, después de toda la mañana intentando pagar las tasas del titulo y a la fresca en casa, a las 14 hice la bolsa corriendo y a las 14:45 salí a por el autobús. Delante de mis narices el 89 giraba por la calle y ante mis narices se largaba. Por un momento pensé que llegaría tarde a la estación de autobuses donde me esperaba mi compañera de viaje: Gem. Ella ya estaba allí, compró los billetes y me esperó en la cafetería. La vez que quedamos bajo el reloj de la estación de Renfe fue mucho más glamuroso, pero la cafetería también está bien. Llegué allí, nos sentamos las dos y a las 16 subimos al autobús que nos llevaría a Denia. Llegamos a las 18 y muertas de calor y cargadas llegamos al puerto. Allí estaban Thais y Alejo esperándonos desde hacía por lo menos una hora. Una vez nos reunimos todos, nos fuimos al pantalán (o el patatal como dice Alejo) para saludar a los padres de Gem y entrar en un primer contacto con el barco. Llegamos allí y dejamos los trastos. Fuimos de excursión a los servicios y cenamos coca que había hecho Puri (también conocida como la madre de Thais) y nos repartimos las camas. Bueno, ya estaban repartidas, digamos que pusimos las sabanas como última señal del reparto. A las 5 de la mañana del jueves 1 nos despertábamos todos. En un principio no pensábamos levantarnos, pero Juanjo (alias el padre de Gemma) dijo que tendríamos curiosidad y nos levantaríamos. Y tenía razón. Salimos todos a cubierta a las 5 y Juanjo puso rumbo a Ibiza convertidos todos en la tripulación del Alphecca. Allí estuvimos todos despiertos aguantándonos el sueño para ver amanecer. Después, volvimos a nuestras camas hasta por la mañana. La verdad es que 10 horas de navegación se pueden hacer muy largas. Pero por suerte no nos mareamos (hicimos trampa el primer día con la viodramina, pero ya está). Además, el día estaba muy claro y el agua parecía una balsa de aceite, así que fueron 10 horas de mirar al horizonte. Delante, Ibiza; detrás, Denia. Ves los dos sitios pero no llegas nunca. Además, vimos dos grupos de delfines a la ida.
Llegamos a Ibiza pasada la hora de comer y fondeamos el velero detrás de Conejera. Allí nos bañamos, comimos e hicimos la siesta. No sé si habéis dormido alguna vez en un barco, pero se duerme de lujo. Es como una cuna gigante. Ya os dije que las rotondas me dan sueño, pues imaginaos el movimiento continuo del barco con el balanceo. Solo os diré que los 6, sin excepción, nos hemos echado buenas siestas durante la semana. A las 19h Juanjo llamó al puerto de San Antonio para probar suerte. Y tuvimos mucha suerte: pudimos pasar la noche en el puerto y no fondeados. Esto es bueno porque puedes bajar a los servicios y a la ducha, puedes rellenar los depósitos de agua y puedes tener vecinos repipis. Bueno, lo último no es una ventaja.
Llegamos a puerto y Alejo, Gemma, Thais y yo, los 4 uniformados con nuestra camiseta de la tripulación causamos sensación. Nos miraban como si no hubiesen visto nunca una camiseta color boli bic. El caso es que los padres de Gem se fueron a hacer los papeles (supongo que lo que sería el check in) y nosotros 4 nos sentamos en cubierta. Y cuando volvieron los padres de Gem, el vecino repipi les dijo que menuda tripulación, que nos hemos relajado mucho. Chivato. El caso es que después nos tocó a los 4 limpiar el barco y justo cuando Juanjo cogió la manguera, volvió el vecino y soltó otra de sus críticas a la tripulación. ¡Cállese, por favor! En fin, siguiendo la rutina del camping, nos fuimos a la cama pronto. ¿Por qué? Pues porque, como dice Mª Carmen (alias la madre de Gem), el mar cansa más de lo que parece.
El viernes 2 salimos tarde de puerto porque nos esperamos a ver si teníamos suerte y podíamos quedarnos esa noche también. Entonces como a las 12 deben abandonar los amarres los barcos fondeados que no tienen el amarre reservado, nos esperamos. Y volvimos a tener suerte. Estando allí apareció un hombre diciendo que ese era su amarre y Thais y yo nos miramos con cara de  “A mi no me mires”. Y Gem se empezó a reír. Resulta que es un amigo de sus padres. Así que al final fuimos con los amigos de los padres de Gem y fondeamos en la misma cala. Allí estuvimos bañándonos mientras Gem y su padre probaban la bombona de oxígeno y luego Gem, Thais y yo probamos el ala manta. Si os cuento lo que es no os parecerá tan guay. Pero básicamente vas enganchado a una pieza de madera mientras te arrastra la lancha y puedes hundirte más o menos. El problema es que Thais y yo no estamos muy acostumbradas a respirar con el tubo y casi morimos, pero por lo demás es genial. Además, lo raro es que yo quisiera probarlo, por eso de que soy una cagueta y tal. Después de la siesta, los padres de Gem se fueron con la lancha al barco de sus amigos y nos dejaron a los 4 en cubierta con la música y el sol. Y las barcas que pasaban llenas de turistas nos miraban raro. Tanto que al final Thais les gritó “¡Sí, somos ricos! ¿Qué pasa?”. Y nos entró la risa. Pero luego nos enteramos de que la madre de Gem sí oía lo que decían de nosotros porque el viento les llevaba la conversación. Y eran cosas como “Pero mira, si tienen 20 años, lo tienen todo”. Es lo que mi padre llama envidia. Los padres de Gem volvieron al barco y a las 19 nos tomamos unos gin-tonics y unos ron con Coca-Cola, pero en copa por si aparecen más turistas mirones. Luego pusimos rumbo a San Antonio para situarnos para ver la puesta de sol. De camino allí hacia tanto viento que el barco escoró tanto que yo pensaba que salíamos volando de cabeza contra el otro lado. ¿Sabéis que es lo mejor de la puesta de sol en Ibiza? Que se juntan todos para verla ahí en la playa y en los cafés y cuando se pone el sol… ¡le aplauden!
Volvimos a puerto, amarramos y ya os digo yo que no se aprecia tanto una ducha de verdad como cuando no la tienes. Y allí estábamos Thais, Gemma y yo cada una en su ducha pero hablando por encima del ruido del agua y cantando. Menos mal que no entró mucha gente. No sé si habéis ido a Ibiza alguna vez, pero es cuanto menos fascinante la fauna que se junta. Es como entrar de cabeza en Geordie Shore. Si no lo habéis visto nunca, buscad una foto. Pelos de colores, tíos cachas sin camiseta y llenos de tatuajes, chicas en bragas vaqueras, maquillaje a más no poder y borrachos. Nos lo pasamos genial comentando cada modelo que pasaba por delante, tendríamos que haber hecho un concurso. No pasa nada, otra vez será.
El sábado 3 no nos fuimos a navegar. A las 10 fuimos a la oficina de información para que nos dieran la guía de autobuses. Empezaba la aventura. Nos fuimos a la estación y subimos al autobús San Antonio – Ibiza. Llegamos a Ibiza en menos de media hora y empezamos a subir. La parte vieja de Ibiza, la turística, está arriba. No podían hacerla abajo, hubiese sido muy fácil. Casi nos morimos subiendo escaleras al sol hasta que bajando por el otro lado vimos un bar con cojines en una escalinata de la calle y nos asentamos allí. De hecho, se llama S'escalinata. Y digo asentarnos porque hubo tiempo para dos rondas de cervezas y un aperitivo con humus que nos estuvieron de vicio, os lo digo. Hasta tuvimos tiempo de entablar conversación con la camarera, de Alacuás por cierto. Bajamos de allí y nos fuimos a la zona del puerto de Ibiza. Vimos tiendas, vimos turistas y vimos una mesa en el restaurante "Café Mariano" que estaba justo en el punto donde soplaba el viento, y allí nos sentamos. La verdad es que comimos de tapas, pero estaba bueno. Aunque este día nos gastamos más dinero en autobús y bebidas que en comida. Solo ese día me bebí 3 coca colas, un café, un granizado y un té helado. Después de comer queríamos hacer tiempo, porque hacía mucho calor, así que Gem y yo nos pedimos un café. Del tiempo. Bueno, con hielo para los no valencianos. Un rato más tarde cruzamos la calle y nos sentamos a la sombra con un yogurt helado en la mano. Al final volvimos a la estación de autobuses que estaba donde Cristo perdió el gorro. Allí cogimos un autobús Ibiza – Santa Eulalia. En Santa Eulalia hicimos transbordo a Santa Eulalia – San Carlos. Pero no llegamos a San Carlos, nos bajamos en el mercadito hippy de Las Dalias. Estuvimos dando una vuelta por allí, viendo los puestecitos, poniendo cara de espanto ante les precios (¿60€ un chaleco? ¿Está usted loca?), nos encontramos con el primo de Gem y me encontré con un compañero del instituto. El mundo es un pañuelo. El problema era que llegamos al mercadito a las 17 y algo, y hasta las 19 no pasaba el autobús de vuelta, así que muertos de calor nos fuimos a por el té frío al bar. A las 19 volvimos a subirnos al autobús San Carlos – Santa Eulalia. A las 19:30 estábamos en Santa Eulalia esperando el siguiente autobús. A las 20 subimos al autobús Santa Eulalia – San Antonio y a las 20:30 llegamos a San Antonio. Fue un día cansado, muy cansado.
El domingo 4 nos fuimos a fondear y se vinieron con nosotros el primo de Gem y su novia. Era un día de esos en los que el sitio más divertido en la proa donde saltan las olas. Llegamos a la cala, echamos el ancla y se echan al agua. Nosotros estrenamos la cámara subacuática que compramos en Ibiza y mientras yo me voy quitando los zapatos. Justo cuando voy a bajar al escalón para meterme en el agua el primo de Gem dice algo tipo “Pues sí, me ha picado”. Si me pica a mí una medusa os enteráis aunque estéis en China. Así que se salieron todos corriendo y nos pasamos el resto del día maldiciendo a las medusas y disparando huesos de aceituna con un tirachinas. Tiro a la medusa. Esa tarde, al llegar a puerto, dijimos de salir a cenar, así que nos duchamos y nos pusimos nuestras mejores galas para ir a…la pizzería. Pero comparando con la del camping, madre mía, sí que es caro Ibiza. Después de cenar nos volvimos al barco y caímos redondos. Que no sé cómo podíamos estar tan cansados. Hacíamos siesta todos los días, pero no había manera. He llegado a la conclusión de que si vas a Ibiza en hotel puedes salir de fiesta, si vas en barco estas más cansado.
El lunes 5 nos fuimos a fondear cerca del puerto con la idea de volver a comer allí. Nos fuimos a una cala, pero había demasiadas medusas, en otra había demasiados barcos. Pero al final fondeamos, nos bañamos y volvimos a comer al puerto. Después de la siesta (que es sagrada) nos tocó limpiar el barco otra vez. Después fuimos a ducharnos y ya vestidos como personas nos fuimos a dar una última vuelta por las tiendas. Digo vestidos como personas porque nos hemos pasado el día en bikini y con la camiseta de la tripulación, y con eso nos íbamos al baño, al súper y a donde sea. Esa noche los padres de Gem se fueron a cenar con unos amigos, así que cenamos solos y luego nos quedamos viendo la tele. No se veían bien muchos canales porque hacía mucho viento, así que acabamos viendo Vergüenza Ajena en MTV, que era la única que se veía medianamente bien. Cuando llegaron los padres de Gem ya habíamos apagado la tele y estábamos en el proceso de coger el sueño. Somos unas juventud fiestera donde las haya. 
A las 5 de la mañana salimos de San Antonio rumbo a Denia, esta vez no nos despertamos. Ya no teníamos tanta curiosidad después de una semana en el barco. Éramos tan expertos que Alejo había pasado de grumete a contramaestre. Así que nos despertamos ya sobre las 9 o las 10. Esta vez el mar estaba más agitado, no era una balsa de aceite y el barco iba dando saltos. Tardamos más que a la ida porque el viento venia de Denia. A las cuatro de la tarde ya estábamos en el puerto de Denia, y en los minutos que tardamos en amarrar y que ya no estábamos a la sombra, Thais y yo nos quemamos los brazos, después de una semana sin quemarnos.
A las 17:15 salía el autobús en dirección a Valencia y a las 16:55 salía del barco con Thais, Alejo y los padres de Thais que me acercaban con el coche. Llegamos a la parada justo cuando llegaba el autobús. Lo cogí, por poco, pero lo cogí. Llegué a la estación de autobuses de Valencia y allí me recogió mi padre y oye por lo menos me ahorro el viaje extra hasta casa.
Estaba tan cansada que casi me duermo en la bañera, aunque ahogarme no me iba a ahogar. Al salir del baño me tiré en el sofá y me quedé enganchada a un documental sobre Hitler y Eva. Creo que es el primer documental que veo de historia. Os vais a reír, pero desde que empecé la carrera dejé de leer revistas y ver documentales de historia, ya tenía bastante historia en clase. Después de cenar me fui porque había quedado con Elena, Paula y Anna para tomar algo y ponernos al día. Y al llegar a casa ya no tenía sueño. Soy así de rara y acabé viendo Gandía Shore hasta que me entró el sueño y el aburrimiento.
Así que ahora ya estoy de vuelta en casa. Sin internet.  

Actualización 29 noviembre 2020: gracias por volver a leer este post! La verdad que ahora de nostalgia todos los viajes que hemos hecho y ahora no podemos. Pero podremos! Una vez más, el estilo de diario de viaje no es el habitual a los post de instagram, pero espero que os guste! 

¡Sed Felices! 

martes, 13 de agosto de 2013

Primera parada: Camping!

Improvisadores, vamos a entrar al tema interesante: las vacaciones. ¿No os parece interesante? Yo creo que es lo mejor del verano. O ¿quizás es el verano lo mejor de las vacaciones? No lo sé, el caso es que ahora voy a contaros mi primer viaje.
El lunes 22 era el día de organizar la maleta a corre prisas. A las 9 me desperté por culpa (o gracias al) grupo del whatsapp del camping, que ya estaban en marcha. Me puse a recoger mis cosas hasta que aparecieron mi madre y mi hermana diciendo que si íbamos al centro a ver vestidos para la graduación. Vale, vámonos. Yo no sé qué pensaba mi madre, pero me llevó al centro a tiendas donde tienen hasta café. Y donde no voy a gastarme tal cantidad de dinero en un vestido. ¿Estamos tontos o qué? 970€, mis dos riñones, tres ojos de la cara, un pacto con el diablo… además, en Divinity las dependientas son mucho más simpáticas. “A estas alturas, para septiembre no encuentras nada”. Pesimista de las narices, ya veremos si encuentro o no.
Después de comer acabé la maleta. Luego me fui a merendar con Lau y por la tarde, al llegar a casa, Gem me dijo que su cargador podía servir para mi cámara de fotos. ¡Yuju! Después, de repente en mi casa había que preinscribirse para el master, así que lo hice y en cuanto lo conseguí, mi padre me llevó a casa de Thais. Bajaron Thais y Alejo para ayudarme a subir trastos. Cuando llegó Gem nos fuimos a mercadona a comprar el desayuno y el almuerzo del viaje. Volvimos a apalancarnos en el sofá hasta la hora de cenar [Maria, deja de meterte con Gemma mientras escribes esto en el camping] y nos fuimos hacia el restaurante. Queríamos cenar en uno ambientado en La Vida de Brian, pero estaba cerrado y acabamos cenando en un libanés (Beirut King) con un menú degustación que según Gem sabía todo a morcilla. Pero a mi me encantó. 
Casi a punto del empacho y muerte, volvimos a casa de Thais. Hacía tanto calor que moriríamos por empacho y deshidratación. Gem y yo preferimos acostarnos en los sofás con el ventilador. Pero no conseguí dormir del tirón y a las 4:30 se despertó Gem y asaltamos la nevera en busca de agua. Después de esperar a que se descongelase una botellita pequeña, de darnos cuenta de que podíamos beber de una garrafa de la nevera y de cambiar los sofás, conseguí dormir del tirón hasta las 6:30.
El despertador sonó el martes 23 a las 7 de la mañana. Mientras Gem remoloneaba, Thais y Alejo se ducharon y yo…remoloneé. Desayunamos sandia, recogimos los trastos y nos fuimos hacia el coche. Después de la partida de tetris más difícil de la historia, conseguimos meternos todos en el coche. Solo diré que Gem y yo no tocamos el suelo del coche en ningún momento.
Después de parar a almorzar (previsoramente habíamos hecho bocadillos. Madres y abuelas, podéis estar orgullosas), seguimos la ruta y llegamos al camping (La Ballena Alegre) a las 13:30. El camino estuvo amenizado por canciones de nuestra recolección, pero también por la radio. Llegamos al camping y hacemos el check in. Y luego nos dicen que nos busquemos una parcela. Reserva ni reservo, allí que vamos nosotros en medio del caos a buscarnos una parcela. Nuestro vecino de la derecha nos ocupaba un trozo de parcela, pero bueno, no nos molestaba. El vecino de atrás será ahora conocido como El Patriarca, la mujer del Patriarca y su hija la Barbie Choni. Por fin encontramos una y después de 1h conseguimos montar la tienda (bueno, Thais y Alejo montaron la tienda). Es un tiempo nada malo si tenemos en cuenta que no la habíamos montado nunca, y si tenemos en cuenta también que no se nos cayó encima en ningún momento durante todo el viaje. Pero claro, imaginad el calor que pasamos montando la tienda al sol a esas horas del mediodía. Nada más acabar nos fuimos al bar a comer algo, pero como tenían horario guiri, nos tuvimos que conformar con unos bocadillos y unas cervezas. Suficiente.
Nos quedamos allí apalancados muriendo de calor. Nos reímos de Alejo, que dijo que su teléfono vaticinaba lluvia, nos reímos de mi madre que también nos había avisado. Nos dejamos de reír cuando acabamos con todos los trastos dentro de la tienda porque llovía. Mientras nosotros recogíamos las cosas dentro de la tienda, llego el vecino de la izquierda, un señor austriaco que desde hoy conoceremos como Vettel. Iba con sus 3 hijos (el de gafas, la niña y Philip) y se puso a montar la tienda mientras llovía, después de que yo intentase explicarle que la parcela acababa en una piedra. No lo entendió, porque nos ocupó media parcela. Como es lógico, noche de lluvia, noche de cartas. Cenamos los 4 dentro de la tienda, jugamos a las cartas y a las 12 estábamos todos en la cama. Porque teníamos sueño y porque somos muy respetuosos con las normas que dicen que de 12 a 7 hay que mantener el silencio absoluto.
El miércoles 24 decidimos quedarnos en el camping, lo que no sabíamos era que a las 8 de la mañana nos despertaría el calor insoportable que hacía en la tienda. Nos levantamos con calma, desayunamos con calma y sobre las 11 nos fuimos a la  playa, también con calma. A las 13:30 y ya muertos de calor nos fuimos al chiringuito a por unas cervezas. Pensábamos seguir nuestro camino hacia el supermercado, pero tenían pollo asado y patatas y decidimos aplazar la cocina para la noche. ¡Viva la procrastinación!
Después de comer nos quedamos allí porque corría el aire y se estaba mejor que en ningún sitio. Pero os aseguro que el tiempo pasa muy despacio cuando no haces nada. Al final volvimos a la parcela y fuimos moviendo las sillas según el sol. Después de conseguir levantarnos, caminamos el largo trecho que había de nuestra parcela al súper y por la noche cocinamos con el camping gas. Es más difícil darle la vuelta a la tortilla francesa si con un mal gesto puede acabar en el césped. Allí estábamos, Thais y yo cada una en una silla alrededor del camping gas, Thais aguantando la luz y yo con la sartén y la paleta en la mano. Después de cenar estuvimos con las cartas y de sobremesa, tanto que Thais y Alejo se apalancaron. Pero Gem y yo queríamos salir a ver que se cocía por ahí. El chiringuito cierra a las 12 y en la discoteca estaban todos los críos y el pub es pub de sentarte y tomarte una cerveza. Así que 30 minutos después de salir, Gem y yo volvíamos a la tienda con la sensación de ser nosotras las guiris. Debía ser así, porque allí eran todos holandeses.
El jueves 25 sonó el despertador a las 8, desayunamos, molestamos a la Barbie Choni que seguía durmiendo, también molestamos a nuestros vecinos de atrás que seguían durmiendo (conocidos desde hoy como Justin y su hermano el Moreno), recogimos y nos fuimos a Figueres. Aparcamos cerca de información (gracias GPS) y nos fuimos a hacer cola al museo de Dalí. Creo que de todos, la más fan de Dalí es Thais. A mí es que el surrealismo no me va, no lo entiendo mucho y parece que Dalí estaba como una cabra. Con todos mis respetos hacia los admiradores de Dalí. Después de ver el enorme, gigantesco e interminable museo, nos fuimos a comer.
Acabamos en el restaurante más lento de Figueres y preguntándonos si se pueden enviar sugerencias anónimas a Chicote. Después de horas para comer, volvimos al coche. El parking nos costó 10€ y a Alejo casi le da algo cuando vio que por ese precio ni le habían lavado el coche ni nada. Nos pusimos rumbo a Sant Pere de Rodes. Por el camino eché alguna cabezada hasta que topamos con un badén gigante que hizo que se me desencajaran las vértebras y me despertase. Es que íbamos por un camino de rotondas y no puedo soportarlo, me entra sueño. Pero luego el camino de curvas subiendo hacia Sant Pere ya no me dormí, esos sí me gustan. Llegamos arriba y…menudas vistas. Sí que sabían elegir bien los monjes las localizaciones. El monasterio sí que me gustó, más que el museo de Dalí diría yo.
Al acabar la visita, de vuelta al coche, pasamos por Cadaques de camino a Port Lligat a ver la casa de Dalí, pero no entramos porque eran 11€ y aun teníamos que volver al camping. Después de 1h de coche llegamos al camping a las 20:15h y decidimos que no queríamos cocinar, así que nos fuimos a la ducha y Alejo que acabó antes, se fue a por dos pizzas.
La verdad es que las pizzas estaban más buenas de lo que creía. Volvimos a jugar a las cartas y una vez la Barbie Choni acabó la fiesta que tenía con sus amigos en la caravana, nos fuimos a la cama. Total, si ya se van no tengo nada que cotillear, no vale la pena.
El viernes 26 volvimos a quedarnos en modo reposo en el camping, con nuestro calor a las 8 de la mañana, nuestra playa a las 11 y nuestra cerveza a las 13:30. Como veis, vivimos muy mal, muy estresados. Volvimos a comer en el chiringuito y después nos fuimos a la sombra de la piscina a hacer la siesta. A las 15 nos despertamos y Gem y yo nos fuimos a la ducha muertas de calor y luego a la parcela a sentarnos a la sombra. Al rato vinieron Thais y Alejo y tras horas aburridas de calor, nos pusimos a jugar al Jungle Speed (nosotros lo llamamos el Tótem, pero da lo mismo), el juego de cartas del viaje por excelencia. Nos entusiasma tanto que acabó siendo un espectáculo para los padres de Justin y el Moreno.
A las 20 nos fuimos a comprar la cena. Ya teníamos la cebolla en la sartén cuando encendimos el camping gas y empezó a arder por la clavija y lo tuvimos que apagar con una botella de agua. Lo dejamos enfriar y lo volvemos a intentar. Parecía que a la segunda iba bien, pero volvió a arder. Yo propuse pedir una cocina, pero ninguno quiso. Entonces el Patriarca vino a decirnos que ellos nos hacían la cena en su cocina. Gracias a esta buena gente pudimos comernos las hamburguesas.
Después de cenar volvimos a sacar las cartas en la partida más larga de la historia. Thais soltó un chillido a las 12:05 que hizo que por poco se nos saliera el corazón y nos echasen del camping (bueno, puede que esté exagerando). Cuando por fin acabamos la partida infinita, nos fuimos a dormir.
El sábado 27 fue el día que más tarde nos levantamos, a las 9 de la mañana. Diciendo esto no parece que estemos de vacaciones. Estábamos muy vagos y tardamos en desayunar y en cambiarnos. Llegamos a la playa a las 12 y yo diría que, definitivamente, fue el día más vago de la semana. Para variar, no cocinamos al medio día. Y por la noche nos fuimos a cenar a la pizzería. Nos pusimos nuestras mejores galas y nos fuimos al restaurante. Entramos muy decididos hasta que nos preguntó si teníamos reserva. Pues…no. Así que teníamos a 6 personas delante de nosotros. Pues una caña mientras esperamos, ¿no?
Justo cuando acabábamos llegó la camarera a buscarnos. Como somos unos animales, pedimos una pizza para cada uno y una ensalada. Digo que somos unos animales porque el miércoles habíamos cenado los 4 con 2 pizzas. Las pizzas y la ensalada no nos las acabamos, pero el lambrusco sí. Durante todo el camping nos comportamos y fuimos muy calladitos en contra del tópico, hasta este momento. Fuimos los más escandalosos del restaurante mientras hacíamos monólogos históricos partiéndonos de risa de todo evento histórico estudiado en la carrera. No sabemos si haremos un libro o un espectáculo teatral, ya os voy avisando. Al acabar de cenar bajamos a la fiesta del mojito. Nosotros íbamos a bailar, pero como había una pareja bailando muy bien, no quisimos dejarlos mal. Es decir, no bailamos porque no quisimos, no porque bailasen genial. Pero como el camping tiene horario guiri, a las 12 se acabó la fiesta y a las 12:30 estábamos en la cama.
El domingo 28 nos levantamos a las 8 – 8:30 para ir a Empúries. Llegamos allí y resulta que el último domingo de cada mes, la entrada al yacimiento es gratis. Entramos y nos sentamos a beber agua congelada mientras esperamos a la visita guiada de las 11. Allí en la cafetería nos pusimos a comentar datos históricos y esas cosas, sin darnos cuenta de que en la mesa de al lado, la guía de la visita de las 11 nos miraba de reojo. Primer enemigo de la mañana. Nos fuimos al punto de reunión y resulta que la entrada al yacimiento es gratis, pero la visita guiada no, son 3€. Y le decimos que compramos las entradas ahora y hacemos la visita y nos mira y nos dice que mejor en catalán a la de las 11:30. Está claro, nos escuchó hablar y le dio miedo que le preguntásemos, es que Thais es muy lista y controla el tema, ojo.
El caso es que compramos las entradas y nos esperamos a la visita de las 11:30. Esta visita era en inglés y en catalán. Y menos mal que nos esperamos a esta, porque el guía era más simpático que la otra. El tal Alex hizo una visita de 2h pero muy entretenida, nos reímos mucho, disfrutamos como niños en un campamento, todos sentados alrededor de él a la sombra mientras nos contaba batallitas de Escipión y las guerras púnicas. Así sí suena todo bonito.
Volvimos a comer al camping, que estaba a 10 minutos y después de reposar un rato viendo la F1, nos fuimos a Girona. Menos mal que vencimos nuestra pereza, porque es preciosa. Muy bonita, de verdad. Vale la pena ir. Además, la parte vieja no tardas tanto en verla. 

Al volver de Girona pasamos a comprar algo para cenar, sin cocina, por supuesto. Nos hemos pasado el camping comiendo macedonia y cosas frías.
El lunes 29 nos levantamos pronto porque teníamos planes más lejanos. Pusimos el GPS y tranquilamente llegamos a Besalú. Mi madre me dijo que Besalú era muy bonito, y no mentía. También me dijo que hay un libro ambientado en el puente de Besalú, y me lo creo, pero no me lo he leído. Ya os compartiré alguna foto en instagram. Fuimos a la oficina de visitas guiadas y elegimos la que daba toda la vuelta al pueblo. Nur dice que íbamos de pijos, de VIP, pero mi padre dice que íbamos potenciando el trabajo de guía turístico por si algún día nos toca trabajar ahí. El caso es que resultó que nosotros 4 éramos los únicos en la visita. Así que disfrutamos realmente de una visita privada, con una guía muy simpática con un acento catalán muy acogedor. Como íbamos los 4 dijo que podía hacerlo en castellano o en catalán, pero como nos daba igual y ya nos había oído hablar en valenciano, nos hizo la visita en catalán. Igual es una sensación mía, pero el acento de Girona es mucho más agradable que por Barcelona, sin ofender. Será una sensación. Después de la visita nos fuimos a ver el puente de cerca, compramos unas madalenas gigantes rellenas de mil cosas y pusimos rumbo a Camprodón.
¿Por qué Camprodón? Porque mis padres nos dijeron que hacen un embutido de primera. Y no mentían. Llegamos justo a la hora de comer y comimos muy bien en un restaurante de la plaza (Nuria). Mi hermana dice que fui ahí porque no puedo vivir sin ella, yo digo que era el que más nos gustó. Además, la señora era muy simpática y nos hizo reír primero tomándonos nota y después con el postre. Estaba toda la comida buenísima y no nos salió excesivamente caro si no recuerdo mal.
Después de comer fuimos a la oficina de turismo, pero la oficina de información de Camprodón cierra los lunes y martes, que lo sepáis si vais. Así que nos fuimos a ver el puente, subimos y justo al bajar, como dijeron mis padres, la tienda de embutidos. Entramos allí y no sabíamos qué llevarnos, todo olía tan bien. Al final salimos de allí con cosas para casa pero también con un fuet para cenar. No se deciros exactamente el nombre, pero no tiene perdida porque el escaparate es alucinante. 
Al llegar al camping empezamos a recoger todo más o menos, porque por la mañana teníamos que irnos. Se nos pasó muy rápido la semana.
El martes 30 nos levantamos a las 7:30, desmontamos la tienda, nos duchamos y una vez cargado el coche, nos fuimos a hacer el check out y a desayunar al bar. Conseguimos subirnos en el coche otra vez con los trastos (y nuevos trastos como una caja con botellas de vino) y pusimos rumbo a Valencia. Tuvimos que parar una vez por el bien de la circulación de mis piernas, se me había dormido ya una. Y estuvimos parados un buen rato en el peaje, pero al final, llegamos a Valencia sobre las 15. Llegué a casa muy cansada, solo quería dormir, pero tenía que deshacer y hacer la maleta otra vez, al día siguiente por la tarde tenía que estar en Denia. Lo que sí hice esa noche fue seguir el ritmo del camping y a las 12 ya estaba en la cama.
El siguiente viaje, a la próxima.
Actualización 22 noviembre 2020: esta entrada estilo diario no estaba muy pensada como recomendación de viajes o sitios, solo como memorias de un gran viaje. ¡Espero que os guste igualmente!  

¡Sed Felices!  

miércoles, 5 de junio de 2013

Especial: Viaje a Madrid y concierto de One Direction

Improvisadores, tengo dos buenas noticias. Ayer hice el último examen de la primera tanda y fue mi cumpleaños. Para celebrar con vosotros que cumplo 22 años, voy a contaros mi aventura por Madrid con Nuria cuando fuimos al concierto de One Direction.

El sábado 25 a las 8 de la mañana estábamos ya en el tren sentadas preparadas para el viaje. Era la primera vez que subía en el AVE, es como un avión pero sin lo de volar. Maravilloso. En el tren estuve estudiando, porque el lunes tenía el primer examen. Llegando a Madrid, resultó que las chicas de delante también iban al concierto. Así que salimos todas juntas de la mega estación de tren que es Atocha y fuimos a buscar nuestros hoteles. No sé estas chicas, pero Nur y yo dimos una vuelta enorme para llegar hasta nuestro hotel. Cuando llegamos allí nos dicen que no podemos entrar a la habitación hasta las 3 de la tarde. ¿Qué? Por lo menos nos guardaron la maleta y no tuvimos que cargar con ella todo el día. Nos fuimos directas a Atocha otra vez a coger el metro. Debe ser facilísimo el metro de Madrid, pero nos hicimos tal lío que al final el guardia de seguridad se apiadó de nosotras y nos ayudó (Gracias). Cogimos el metro y llegamos a la Puerta del Sol y no puede evitar reírme cuando Nuria miró alrededor y dijo “¿Esto es la Puerta del Sol? ¿Ya está?”. No sé que estaba esperando.

De la Puerta del Sol nos fuimos a la Plaza Mayor, pero sin poder evitarlo me arrinconó una gitana para leerme la mano. No sé qué me pasa con los gitanos, ya me paró el gitano “honrao” en la estación de Valencia. El caso es que yo pensaba que a esta gente se le daba la voluntad. Y cuál es mi sorpresa cuando me dice “Son 10€….cada mano”. Imaginaos mi cara de “¡¿Perdona?!”. Miré a Nuria que había dejado de reírse. Porque a todo esto, la chica no había parado de reírse mientras la gitana decía que me iba a cambiar la suerte y que hay tres personas de las que no me puedo fiar. Le dije que me dijese el nombre de las 3 personas, pero solo me dijo que uno es un hombre. Se ve que no veía claro el nombre. Como ya había abierto la cartera para sacar alguna moneda, la mujer había visto el billete de 10€ que llevaba en la cartera. Menos mal que no vio el de 5€, sino se lo queda también. Y Nuria y yo mirándonos con cara de “¿Pero esto es real?”. Le pregunté a Nuria si tenía algo más de dinero (aunque su cartera la llevaba yo en mi bolso) y contesta que no, que ella se lo ha dejado todo en el hotel. Al final le di los 10€ a la gitana diciendo: “Nur, hoy ya no comemos”. Y no era ninguna broma, que llevaba 15€ sueltos. Ahora ni eso. Y luego la gitana me hizo lo mismo que el gitano “honrao”, decir que si no se lo doy de corazón que no se lo dé. En serio, ¿qué pretenden con eso? De verdad alguien les ha dicho “¡Ah! Pues entonces devuélveme mi dinero”. No creo. El caso es que la mujer aun me dijo que cogiese una piedra para el amor y ya enfadada le dije “¡Que no te cojo nada más que no tengo más dinero!”. Ya está bien. Por cierto, me dijo que el amor de mi vida me llevaría a un viaje, pronto. Así que alguien que se aplique el cuento.

Volviendo a nuestro viaje, una vez la gitana nos dejó en paz, nos fuimos a ver la Almudena. Y mientras yo refunfuñando por la gitana. Y luego fuimos a comprar lotería porque nos mandó la abuela. Además, la gitana dijo que iba a cambiar mi suerte, a ver si es verdad. Tardamos mil horas en encontrar “Doña Manolita” para comprar la lotería porque, por lo visto, la han cambiado de sitio. Y yo no sé cómo no se mueren en esa ciudad, pero está todo lejísimos. Nur y yo nos pusimos a hacer tiempo y a buscar algún sitio para comer, cuando nos dimos cuenta estábamos ya en Cibeles, luego enfrente del Prado y ya no valía la pena buscar el metro. Comimos por ahí y estábamos hartas de dar vueltas y queríamos nuestra habitación. Llegamos al hotel a las 2 de la tarde y le supliqué al recepcionista si podía mirar si tenía una habitación libre ya. Gracias a Dios nos dio una habitación.

Subimos a la habitación, nos duchamos y nos tiramos en la cama. Casi nos quedamos dormidas, pero pusimos la televisión. ¿Hay algo mejor que canales de música? Oímos unos golpes y pensábamos que era el vecino y nos entró la risa. Pero no era, imposible. Si la tele tenía tan poco volumen que ni nosotras la oíamos. El caso es que a las 4 nos fuimos hacia Atocha a por el metro para ir hacia el Vistalegre. En el metro un grupo de chicas iban con la música puesta y cantando canciones de One Direction. No hacía falta ser un genio para adivinar donde iban.

Llegamos a Vistalegre sobre las 5. Había un montón de chicas alrededor pegadas a las vallas y gritando cada vez que llegaba un autobús. Autobús que llevaba los cristales tintados y no se veía nada. Hubo un momento que gracias a dios llegamos a la sombra. De repente apareció Liam y todas se volvieron locas y empezaron a gritar y a llorar. Yo no lloré, pero si miré a Nur y le dije: ¡Mira! Y cámara en mano nos quedamos allí. Perdonad por sacar mi vena de directioner, pero es lo que hay. Al cabo de un momento pasó Niall y casi se vuelven locas todas otra vez. Llorando, gritándole y haciéndole fotos. Nuria y yo solo hicimos fotos. Igual dicho así suena a que somos directioners light, pero os juro que me hizo la misma ilusión que a la que lloraba y gritaba, pero yo sin llorar puedo ver mejor. Encima, después apareció Louis. Y más de lo mismo. Yo no sé cómo estos chicos pueden aguantar eso todos los días, yo llevaba allí una hora y media y ya me dolía la cabeza. Sólo por eso ya los admiro.

Bueno, sigamos. Ya con las fotos rápidas y harta de repartir papelitos, decidimos ir a buscar nuestra cola. Vemos una cola inmensa y pensamos ir a preguntar para qué zona era. Cuál es nuestra sorpresa cuando caminando por la calle nos encontramos con los miembros de la banda. No sé si fue impresión nuestra o de verdad pusieron un poco cara de susto de pensar que lo habíamos reconocido y que íbamos a ponernos a gritar histéricas o algo. Le digo a Nur: ¡Es Josh! Y ella solo me contestó “¡Sí!” y lo miramos en plan “Eres tú”. Pero ni gritamos ni nada, supongo que el pobre lo agradecería, porque sonrió. En cuanto pasó por nuestro lado una chica que estaba en la cola lo vio y gritó con todas sus fuerzas “¡ES JOOOOOOSH!”. Nur y yo nos giramos y lo último que vimos fue a los chicos girando la esquina corriendo. Pobres chicos. 

Preguntamos en esa cola y no era la nuestra, así que cruzamos por la tienda y  llegamos a la otra parte de las vallas. Allí le preguntamos a uno de los que organizaban la fila que donde estaba la cola para Premium y nos contestó “¿Premium? ¿Qué es eso? Las de grada es esta fila”. Y Nur y yo nos miramos con cara de “¿Será toda una misma fila?”. Pero era raro tener que hacer semejante cola. Y digo semejante cola porque cruzaba calles y calles. Incluso una mujer casi se nos come por pararnos en el semáforo a buscar a otro organizador. Supongo que la mujer estaría harta de hacer cola, pero no hace falta asustar así a la gente. El caso es que el otro organizador nos mandó de vuelta al Vistalegre y encontramos nuestra cola. En 1 minuto (literal) habíamos pasado la cola. Nos registraron los bolsos para que no metiésemos botellas ni nada y nos miraron las entradas. Entonces nos pusieron una pulsera de “todo lo que quieras comer y beber” y una acreditación, entonces nos pasaron a un photocall y luego nos mandaron por un pasillo. Pero Nur y yo nos equivocamos de pasillo, menos mal que vino una chica súper amable a rescatarnos, nos dejó en un rinconcito y dijo “Esperad aquí que ahora viene un compañero a por vosotras”. Menudo servicio, qué nivel, qué calidad, qué poco acostumbradas a esto estamos. Nur dice que ahora que sabe lo que es ser VIP, no puede dejarlo. Lo malo es que yo estoy de acuerdo con ella. Llegó el compañero y nos abrió la cuerda con un “¿Me seguís, por favor?”. Sí hombre sí, te seguimos. Nos metió en dos camerinos donde había comida y bebida, toda la que quisiéramos. Aquí conocimos a Maria, Alba y Raquel. Resulta que estábamos todas en el mismo reservado, así que maravilloso.

Después de hacernos fotos y apuntar twitters nos fuimos hacia nuestros asientos. Nur, Maria y yo estábamos en una fila y Raquel y Alba justo debajo de nosotras. Maria estaba muy emocionada, ya dijo que iba a llorar. No sé si es porque era la pequeña de todas (14 años) o por otra cosa, pero el resto estábamos emocionadas pero sin llorar. Simplemente queríamos pasar un gran rato. Mientras esperábamos pusieron videoclips de Little Mix, 5SOS  y Olly Murs. También pusieron un anuncio donde salía el grupo pidiendo a la gente que estuviese tranquila, que no corriesen, y demás consejos de seguridad. Me pareció genial. También era genial que estuviese subtitulado porque no se oía nada, era salir alguno de ellos en la pantalla y estallar un grito general. Alba, Nur y yo nos mirábamos con cara de “Dios mío, la que nos espera”. Yo pensaba que esta histeria me haría disfrutar menos de la noche, pero os digo ya que no. Que fue una noche genial. Hubo un momento en que se desató un grito general y todas se giraron hacia atrás, yo, no veía nada. Pero por lo que me decía una mujer, el grupo estaba arriba y se habían asomado y estaban firmando. Maria, a mi lado, empezó a llorar desconsolada.

Antes que ellos salió la telonera Camryn (@camrynrocks). No conocía sus canciones, solo conocía las que cantó que no eran de ella. Tampoco hacía falta telonero, ya estaba el ambiente bastante animado. Casi a las 9 salieron los chicos y el grito aumentó de calibre. Con un espectáculo de luces en la pantalla aparecieron Harry, Liam, Niall, Zayn y Louis y el público enloqueció. Maria empezó a chillar y a llorar. Grabó el concierto con la cámara, pero no creo que se vea nada de tanto movimiento.

Fue empezar el concierto y todas nos pusimos a saltar y a cantar como locas. Para los que me conocen y leen el blog, o los que solo leen el blog: Sí, yo también, también me gustan. Como ya he dicho otras veces, tengo un gusto musical muy variado. Y porque un grupo de chicas jóvenes de la edad de Maria puedan gritar como locas, no quiere decir que todas lo hagamos. Aunque puede que yo lo hiciera también… El caso, que sí, que me gusta One Direction, que me lo pasé genial en el concierto, salté tanto que me alegro de haberme puesto deportivas, salté tanto que el lunes aun tenia agujetas, me lo pasé tan bien que casi ni recuerdo cosas de tan entregada que estaba. Aunque hubo un momento que me preocupé por Maria, supongo que fue en el momento en que empezó a hiperventilar. Pero tranquilos, sigue viva. Aunque de todo el concierto, y sin ofender a One Direction, mi momento preferido fue cuando Nur se giró hacia mí sonriendo tanto como podía, con los ojos brillando y me gritó “¡Es el mejor regalo del mundo!”. Solo por eso ya habría valido la pena aguantar gritos de directioners, hacer una cola inmensa e incluso animar a Maria que no paró de llorar. Nur y yo disfrutamos del concierto como nunca. Yo quería hacer algo juntas antes de que se fuese de Erasmus en agosto a Noruega, creo que lo he conseguido. Nos lo pasamos tan bien que no descartamos intentar ir a otro concierto.

Tengo 191 fotos del concierto. Núria hizo fotos geniales, pero tengo que elegir entre todas. 

Sobre las 11 acabó el concierto y Maria seguía llorando después de pasarse todo el rato saltando, gritando, llorando e incluso agarrándome del brazo. Así que Alba, Nur y yo intentábamos animarla. Bajamos a los camerinos a pedir agua, estaba cerrado ya, pero el chico fue muy simpático y al ver como estaba Maria nos sacó un vaso gigante de agua. Luego le preguntamos que quien venía a por ella y nos esperamos fuera con ella hasta que llegó su madre. La pobre niña seguía llorando. Yo estaba sufriendo por la pobre niña, por si de verdad estaba disfrutando el concierto. No sé porque lloraban tanto, yo estaba contenta, me lo pasé muy bien, vi al grupo, conocí gente nueva muy simpática y tengo un viaje inolvidable con mi hermana.

Cuando llegó la madre de Maria nos despedimos, la pobre seguía llorando. Resultaba que Alba tenía el hotel también cerca de Atocha y pensamos en coger un taxi juntas. ¿Os podéis creer que no había ni un taxi libre? ¡Y hablamos de Madrid! Caminamos calle abajo para alejarnos un poco del Vistalegre para ver si encontrábamos algún taxi y nos esperamos en una parada de autobús. Aquí una mujer nos dijo que ella había llamado para pedir un taxi y estaban todos ocupados. Nuestro error fue no mirar si podíamos volver en autobús al hotel. Pero en un momento de lucidez mental vi que había un autobús que ponía “Cibeles” así que le dije a Nur y a Alba que subieran, que Cibeles está más cerca de Atocha que el Vistalegre. Pero nuestra suerte no acabó aquí, porque el autobús paró justo en Atocha. Bajamos allí y nos fuimos las tres a cenar y allí comentando el concierto, enseñándonos las fotos, intercambiando twitters y whats app pasamos el rato y llegamos al hotel a las 2 de la mañana. 

A las 8 de la mañana Nur se levantó a ducharse. Yo lo intenté, pero tenía las piernas molidas de tanto saltar y bailar. Luego estuvimos un rato más tiradas en la cama viendo las fotos y recogimos la habitación. A las 10 nos fuimos a la consigna de Atocha a dejar la maleta y a desayunar. Luego nos fuimos al parque del Retiro que Nur quería verlo. Llegamos allí con la idea de aprovechar el tiempo y seguir estudiando. Nos sentamos en un banco y a los 5 minutos para mí ya era evidente que no podía estudiar. Recogimos los trastos y nos pusimos a caminar sin rumbo por el Retiro hasta que llegamos al estanque. Allí estaban las barcas con la gente, los patos y un montón de puestos con artistas callejeros. Desde un violín y un arpa, títeres bailarines, un malabarista, mujeres que leen la mano (más no, gracias). Creo que esto fue lo que más nos gustó de la ciudad.

Comimos pronto y luego nos fuimos a Atocha a por la maleta y nos sentamos en cualquier parte. Al llegar a Valencia a las 5:30 de la tarde estaban nuestros padres esperándonos para recogernos y me di cuenta de que Nur estaba más sonriente que nunca, no sé si ella se dio cuenta. Yo también estaba contenta, ha sido un gran fin de semana sola con mi hermana, en un gran concierto y conociendo a gente nueva muy simpática. Y además mi hermana está feliz. ¿Es que puede haber algo mejor?

Ahora, cada vez que Nur y yo escuchemos alguna de las canciones de One Direction no solo nos acordaremos de la experiencia del concierto, nos acordaremos de la visita rápida a Madrid, de la cara que puso cuando le regalé las entradas en Navidad y de la emoción que las dos teníamos aunque ninguna gritase ni llorase.

Después de esto, la suerte me ha sonreído. No sé si por la gitana, si por volver más relajada después de gritar y saltar, no sé. No sé  porque, pero estoy más tranquila, más optimista y la suerte me sonríe. Preguntadles a mis amigas.

Voy a ponerme emotiva, os lo digo por si queréis dejar de leer. Muchas gracias a Nur por participar en uno de los mejores fines de semana de mi vida y porque cuanto más mayores somos mejor nos llevamos, gracias a mis padres por no enfadarse cuando vieron lo que costaban las entradas y por la frase “Con lo mal que está la cosa, no hace falta que nos amarguemos nosotros más”. Gracias a Alba por ser tan simpática, con gente así vale la pena ir a los concierto. Gracias también a Maria por ser un cielo, aunque casi me dejase sorda. Gracias a los de seguridad y los sanitarios que obviamente hicieron un gran trabajo. Y esto no lo van a leer, pero voy a darle las gracias también a One Direction, porque si no hubiese sido por ir a su concierto no hubiese pasado este gran fin de semana ni le hubiese hecho a Nur este regalo tan genial para ella. Y gracia a vosotros por leer este post tan largo, si habéis llegado hasta aquí os merecéis un gran aplauso.

Mirad la vida de forma positiva, no os preocupéis por cosas que no son importantes, disfrutad de la buena compañía, de un buen concierto, de un buen partido, de lo que sea. Disfrutad de lo que os gusta, no os preocupéis por lo que pueda pasar porque todo tiene solución. No os preocupéis si pasáis una mala racha porque las rachas se acaban, os lo digo por experiencia. Si queréis hacer un viaje, hacedlo; si queréis ir a un concierto, id. No os dejéis cosas por hacer, porque el arrepentimiento de no hacer algo es peor que el de haberlo hecho y viviréis toda la vida con el “¿y si…?” en la mente. En serio, disfrutad de la familia, los amigos, las aficiones, las celebraciones, los días, las noches, el verano, el otoño, el invierno y la primavera. Disfrutadlo todo lo que podáis. Escribid algo cuando estéis contentos, felices y positivos y volved a leer eso en el momento en que estéis tristes y en una mala racha. Todos os merecéis ser felices, disfrutar de las cosas buenas y tener grandes recuerdos que contar a vuestros nietos.

Me vais a hacer decirlo… ¡os quiero gente!




¡Sed Felices!