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domingo, 15 de agosto de 2021

Escapada Manchega: Santa Maria del Campo Rus (Cuenca). P.2

Improvisadores, 

Retomamos el viaje donde lo dejamos. ¿Os acordáis? Martes de mercado, miércoles castillo de Belmonte...

Pasamos entones al jueves, que volvimos a ir de mercado esta vez a San Clemente. Pero primero, paseo por el campo hasta San Isidro. Luego ya hacia San Clemente. Esta vez el mercado es mucho más grande. Tengo que decir que la gracia de ir al mercado es desayunar porras, que en Valencia solo tenemos en fallas. Aquí compramos comida, ropa, zapatos… nos volvimos medio locas. Luego una Coca-Cola a la sombra en la plaza de la iglesia parroquial de Santiago Apóstol y para casa, que entre unas cosas y otras comíamos a las 4 de la tarde. Que también os digo que hambre hambre… menudo empacho ese día. Condeciros que la siesta acabó a las 19h…

Y llegamos al viernes, ultimo día. Esta vez no nos fuimos a caminar, ya no sabíamos dónde ir. Así que nos fuimos de ruta de tiendas. A la panadería a encargar madalenas, a la carnicería a por embutido y a la quesería. Vamos, lo que viene siendo un básico cuando visitas cualquier sitio, volverte a casa con el coche lleno de comida. Por la tarde nos fuimos a la piscina y luego bajamos a cenar al bar. Luego nos fuimos hacia fuera del pueblo y vimos las estrellas. Vimos hasta la vía láctea. Era impresionante. Pero tengo que admitir que empezó a hacer frío y ya nos fuimos para casa.

Sábado, hora de irse a casa. Llenar el coche y salir a la carretera para encontrarse todo el atasco en dirección Valencia por la A3 desde Madrid. No pasa nada, no tenemos prisa. Paramos en Honrubia en el Restaurante Moya a comernos un bocadillo de bacon con queso y una Coca-Cola y qué queréis que os diga, el trafico hasta casa se ve diferente. Llegamos a Valencia después de km de atasco. Por fin. Y teníamos 6h para comer, descansar y volver a vernos porque habíamos quedado a cenar con las amigas. 

Habíamos reservado en el mercabanyal porque yo tenia muchas ganas de probarlo. Tenía especial interés en los baos de Baovan y las hamburguesas de Hundred y no puedo quejarme. Estuvimos de lujo, cenamos mejor que mejor y nos volvimos andando a casa que hacia una noche espectacular. 

Pero la cosa no queda ahí, el domingo quedamos para ir a la playa y luego a comer en la Chipirona Playa. Yo no soy muy de pescados y mariscos, per la fritura de chipirones con queso feta y mayonesa de quimchi y el arroz con bogavante... no había mejor cierre a una semana de vacaciones fantástica! 

Espero no haberos aburrido mucho con las entradas del viaje y haberos dado alguna idea por si no sabíais aun donde iros. Y os prometo que os iré compartiendo en instagram fotos de todo! 

¡Sed felices!  

miércoles, 7 de octubre de 2015

Tú a Londres, yo a Valencia y nos vemos en Barcelona.

Improvisadores, ¡he vuelto! Cuántas veces habré empezado diciendo eso… en fin, que ya estoy en Valencia, ya no me queda más remedio que quedarme aquí hasta que pueda volver a irme. ¿Próximos destinos? A saber, Nules, Barcelona, Londres… soy así de variada.

Pero vengo a contaros mi última semana de vacaciones que fue, como el año pasado, el primer finde de octubre. Porque no hay mejor temporada que la baja para irse de vacaciones. Y más cuando esas vacaciones van con alojamiento gratuito. Sí señores, me he ido a Barcelona. Como todos sabéis ya (o deberíais, a ver si leemos más) Paula está viviendo allí. Y es mi deber como amiga ir a acoplarme a su casa con la excusa de ver como está. Así que Elena y yo hicimos un tú a Londres y yo a Valencia pero al contrario, es decir, nos juntamos en Barcelona.

No sé si lo  sabéis, pero soy bastante maniática con eso de llegar pronto. Pero esta vez me pasé tres pueblos. El tren salía a las 14:50 de Valencia y a las 13:45 ya estaba en la estación. En mi defensa diré que la madre de Paula me llevó en coche porque me cargó una nevera llena de cosas para Paula y no podía llevarme más tarde. Allí en la estación me encontré con mi profesora de historia del arte del máster. Casualidades de la vida. Y entablé conversación con una pareja de señores mayores muy curiosos. Los que no me conozcáis no sabréis que tengo una habilidad especial para establecer conversación y pasar al nivel “como si te conociera de toda la vida” con bastante facilidad. Preguntad a mis amigos. Así que todo empezó porque los señores estaban mirando la cinta de seguridad y diciendo que si pasaría o si pitaría. Y les dije que no había arco detector, sólo cinta. Y ahí empezó todo. Que si resulta que el señor lleva una navaja en el bolsillo y que pensaba que pitaría, pero que no me asuste porque lleva una navaja (señor, mi padre es de Albacete, no me asustaré por eso. De hecho, tengo yo una navaja/tenedor/cuchara la mar de cuca desde hace mucho tiempo), que si mírame niña que coche llevo porque no lo veo bien. Y en eso que estaba por allí un policía nacional con todo su equipamiento y se me ocurre decirle: no se preocupe por su navaja que él le gana. Y la lie. La lie lo más grande. Porque empezaron a hablar de si seguridad y terrorismo y que si un jamón con chorreras y yo decidí abandonar tan fascinante conversación. Y luego la señora dijo que ella no quería ir a Barcelona antes de las elecciones por si no la dejaban salir. Y el señor le dijo que igual lo que no le dejaban era entrar. Fascinantes los señores de Cuenca.

Y por fin llegó el momento de embarcar, y subí hablando con mi profesora hasta que cada mochuelo se fue a su vagón. Y me senté al lado de una chica que estaba de prácticas en una editorial. Y detrás de un grupo de gente que criticaba creo que todas y cada una de las carreras que habían estudiado. Menos mal que mi acompañante era simpática. Ya lo dijo ella, que en los trenes te puede tocar gente muy rara. No fue el caso (espero). Pero además le dije: ponte la música si quieres. Y me contestó: no, si prefiero hablar. PREFIERO HABLAR. Me lo dice a mí. No sabe lo que ha hecho. Y nos pasamos las tres horas de viaje más la hora de retraso por la tormenta de Tarragona hablando. ¿No querías sal? Pues toma dos tazas.

Por fin llegamos a Barcelona y Paula y Elena estaban esperándome en la estación y se rieron cuando me vieron salir con la chica “como si la conociera de toda la vida”. ¡Pero si ya me conocéis! Cuando quisimos llegar a casa de Paula serian ya las 8, así que tardamos poco en captar a Joan (el compañero de piso de Paula) para irnos a cenar a Els Miralls (si no recuerdo mal). No hay nada más difícil que elegir cena cuando tienes mucha hambre y todo tiene una pinta genial, por eso Elena y yo acabamos compartiendo hamburguesas.

El miércoles por la mañana, Paula y Joan tenían que trabajar, así que Elena y yo nos fuimos a desayunar a “El Patrón”, os lo recomiendo, pasamos allí dos horas la mar de bien en la terraza cubierta viendo llover y poniéndonos al día. Y luego nos fuimos al Corte Ingles, a Zara, a Mango, etc. Es decir, que como Barcelona ya la hemos visto mil veces optamos por hacer otras cosas. Volvimos a casa, porque hacia día de comer en casa, peli y sofá. Pedimos comida china, pusimos “Mar de Plástico” y nos acomodamos en el sofá para ver “Los Chicos del Coro” hasta que Elena se vistió y se fue. Si bien en otras visitas era yo la que tenía compromisos sociales, esta vez fue Elena. Así que ella se fue a las 5 y allí me quedé, sola en casa. Agobiadísima, no sé si me entendéis. Hasta que a las 6 llegó Edgar para preparar la sorpresa para el cumple de Javi (el otro compañero de piso) y Joan. Al rato llamó Paula, que no llegaba a casa y que nos veíamos en el autobús. Joan y yo fuimos a su encuentro y antes de subir al autobús vimos a Jordi Evole. De lejos, pero cuenta. Nos fuimos los tres al teatro a ver “Aneboda” una obra fascinante que transcurre en lo que tardan tres amigos en montar un armario de Ikea. Con sus reflexiones, sus chorradas y demás. Vamos, que nosotras tuvimos un deja vu de impresión. Y nos reímos, sobretodo nos reímos. Después nos fuimos los tres a cenar a “La rosa negra” que es la hermana melliza de “la rosa del rabal” donde fuimos el año pasado a acabar con las existencias de mojito. Y vuelta para casa, es lo que tiene que los demás trabajen.

El jueves nos despertamos pronto (no es que nos levantásemos tarde, pero los trabajadores nos despertaban sin querer) para ser vacaciones y una vez despedimos a los trabajadores, pusimos en marcha la máquina de pensar ¿Qué hacemos hoy? Así que nos fuimos a desayunar un bocadillo de jamón con tomate y un café, el desayuno de los campeones y pusimos rumbo a las ramblas. Andandito eh, nada de metro ni chorradas, que hay que hacer piernas. Que la operación bikini empieza ya. Total, llegamos a la Rambla, compramos un zumo en el mercado de la boqueria, compramos una planta para Paula, Elena arrasó Mac y volvimos a casa con la intención de comprar un pez para Paula. Porque Joan y Javi tienen uno cada uno y a la niña le daban envidia. Pero el señor de la tienda nos riñó porque decía que en la pecera que queríamos meterlo no podía ser. Y la pecera era de su tienda. De todas formas, alguien que tiene peces muertos en la tienda no da confianza. Así que nos fuimos de vuelta a casa, compramos algo de comer en mercadona y nos echamos la siesta del siglo. Hasta las 4 que llegó Javi y vio la sorpresa que había dejado Edgar, y a nosotras. Elena se fue a atender sus obligaciones y yo me quedé haciendo un brownie de chocolate y canela en lo que Joan y Paula volvían a casa. Acabé justo a tiempo para vestirme e irme al punto de encuentro con Joan y después reunirnos con Paula. Fuimos a un sitio así muy moderno, moderno en el sentido hípster de la palabra, no en el sentido de los supersónicos (si sois más jóvenes que yo igual no entendéis esta referencia a los dibujos animados). Paula y Joan se pidieron cada uno un té, pero el té y yo… el té se toma cuando estas malito, cuando te duele la tripa o cuando te dicen que ayuda a adelgazar. Pero así por ir a tomar algo… así que me pedí un café, me daba igual que fuesen las 7 de la tarde.

Volvimos a casa a tiempo para degustar el brownie y preparar la cena y pasar una noche de esas de peli y casa. Porque somos así de marchosos. O nos reservábamos para el viernes. El viernes. ¡Ay el viernes! ¿Qué puedo contaros del viernes? Pues todo, claro que sí. El viernes, Elena y yo nos fuimos de casa sin desayunar, cogimos el autobús, viajamos 13 paradas y bajamos. Entramos en una cafetería y desayunamos antes de entrar al outlet de El Corte Inglés. Y diréis: ir a Barcelona para eso… Pues sí. Y nos llevamos unos botines que son… una delicia. Que costaban 120€ y los tenían a 15€. No comprarlos hubiese sido un pecado. Una vez acabada la batida por el Corte Inglés nos fuimos rumbo a la parada de autobús para volver a casa. Pero cual fue nuestra sorpresa cuando encontramos una maravillosa tienda de peces. Ahí sí. Y adquirimos a un pez amarillo que posteriormente seria bautizado como Malena. Y viajamos con él 13 paradas de autobús. Y en lo que llegaba la comida india lo aclimatamos a su nuevo hábitat y lo vimos saludar a sus compañeros. Y por fin llegó la comida india. Finalmente llegaron los amos de la casa, procedieron a ducharse y nos maqueamos todos para ir a cenar.

Elegir un sitio donde cenar no es fácil, y menos cuando los que los conocen no se ponen muy de acuerdo y cuando por fin lo consiguen, está el sitio lleno. Pero acabamos en un sitio así con luz tenue, como muy íntimo, decoración en francés que te entretienes traduciendo mientras esperas a la comida (está bien pensado) y hamburguesas enormes. Y cerveza. Y chupitos. Y aire acondicionado, gracias a su inventor. Al salir de aquí nos fuimos a un local a tomar algo (y con algo quiero decir alcohol tanto en forma de cerveza, coctel o chupito) donde parecían haberse refugiado la mitad de los adolescentes de Barcelona. Os lo prometo que aquel grupito no tenía 18 años, lo sabré yo. De aquí nos fuimos a El Dorado (tanto buscar El Dorado los descubridores de América y está en la plaza del Sol de Barcelona). El Dorado, un sitio fascinante. Y con fascinante quiero decir que me encantó. Porque ya sabéis que me gusta la música de pachangueo, de hacer el tonto. ¡Pues es tal que así! Y pillamos al camarero generoso, tan generoso que aquello sabía más a alcohol que a fanta. Al final entre generosidades y no generosidades llegamos a casa a las 3 y pico.
El ascensor de la finca no es especialmente grande pero pone que caben 4 personas, aunque el portero se empeñe en que sólo suban tres. Y total, por una persona más de lo que pone el cartel, ¿qué podría pasar? Pues podría pasar lo que pasó, que cuando habíamos casi llegado a nuestro destino, el ascensor se paró y bajó hasta quedarse entre el sótano y la planta baja. Que no cunda el pánico, solo estamos en un ascensor pequeño donde hace mucho calor. ¿Sabéis que pasa cuando estas en un ascensor así? Que si la guardia civil te hace soplar al salir das 0,0 del susto. Aunque en realidad estuvimos contando chistes y jugando una vez avisado el técnico. Que menos mal que unas vecinas se iban al aeropuerto a aquellas horas, porque no sé quién le abriría la puerta del edificio al técnico. Así que allí estuvimos nuestros mínimo 20 minutos que tardó el técnico en llegar. Pero no os lo perdáis que luego Elena, Paula y yo subimos andando, pero Javi y Joan subieron por el ascensor. Con un par. Creo que mejor nos vamos a dormir que ya hemos cumplido con el viernes, menuda noche más completa.

El sábado por la mañana nos levantamos con menos energía que Elena que se levantó la primera para preparar su maleta y bajó a la panadería a por delicias matutinas para los demás. Menos Javi que estaba trabajando, alguien tiene que levantar el país. Total, que estuvimos muy tirados toda la mañana del sábado. Elena se fue y seguimos allí muy mustios. Bajamos a mercadona y a buscar fundas de cojines mientas Joan hacia unos macarrones al horno que casi estaban tan buenos como los de mi madre y mi abuela. Casi. Comimos y vimos/dormimos una película y media de las que echa Antena 3 los sábados por la tarde. Hasta que Joan dijo: ¿echamos un Catan? Y con la tontería echamos toda la tarde hasta la hora de cenar. Que como Javi y Joan no quisieron acompañarnos, Paula y yo nos fuimos mano a mano a cenar y a tomar algo. A una bodeguilla muy mona y muy riquísima y a un bar con mayoría de hombres y un futbolín. Y volvimos a casa a la 1 y no se nos ocurre otra cosa que ponernos a jugar al Catan con Javi y Joan hasta las 4. Porque es sábado y tal.

El domingo nos levantamos tarde y desayunamos aun más tarde. Parecía que no haríamos nada hasta que Paula dijo: vamos a sacar a Maria (sí, cual perrillo) y nos fuimos los cuatro al museo de historia de Cataluña. Desde los iberos hasta los cristianos pasando por todas las fases y fábricas de garum y preguntas de Javi. Preguntas que por más que quisiera, no sabía contestar. Una carrera y un máster para esto. El caso es que cuando salimos era ya la hora de comer y nos fuimos a comer a un sitio muy inglés. Tan inglés que Javi y Joan se metieron entre pecho y espalda un desayuno inglés y Paula y yo unos huevos Benedict. ¿Los habéis probado? Yo nunca. Pero están muy buenos, palabrita.

Después de comer nos fuimos a acompañar a Joan al laboratorio a que hiciese algo que no entiendo, después de despedirnos de Javi que se iba a su laboratorio. ¿Os he dicho que era domingo? Para que luego digan que nuestros cerebritos no trabajan. Después volamos a casa, recogí la maleta y puse rumbo a la estación con Paula. Llegué veinte minutos antes de abrir la puerta de embarque, justo para comprarme algo de cenar, porque llegaría a Valencia a las 23h. Me despedí de Paula que se iba a su laboratorio (ejem, ¿veis?) y me subí al tren. Tres horas después llegué a Valencia, después de hacer el autodefinido de la Cuore y ver tres capítulos de Las Reglas del Juego; además de charlar un rato (como no) con mi acompañante que se vio nada más y nada menos que dos películas. Además mandé a mi madre a esperarme a la estación que no era. Porque así soy yo.

Y eso es todo queridos amigos. Nada más que contar, porque no creo que os interesen mucho las oposiciones, ni mi curro de canguro, ni el de profe de inglés, ni nada de mi vida seria, ¿verdad? La vida seria aburre porque todos tenemos una. Más vale que siga buscando cosas que contaros.

¡Sed felices!



domingo, 12 de julio de 2015

Crónica de un conciertazo

Improvisadores, vengo con dos misiones. Una: daros un poquito de envidia. Dos: contaros mi concierto de Melendi haciendo que se cumpla la misión 1. Pero antes de empezar quiero aclarar que (como siempre digo) no soy experta en nada. ¿Qué quiere decir esto? Que hablo de música en nivel usuario, no experto. Lo mismo cuando hablo de libros o de cualquier otra cosa. Aclarado este punto. Allá vamos. 

Bien. Melendi... ¿Qué decir de él? Todo empezó cuando compré el CD "Sin noticias de Holanda" allá por el 2003. Que tenía yo nada más y nada menos que 12 añitos. Y aquí sigo a mis 24 tacos, fiel a un grande. ¿Por qué me gusta Melendi? Sinceramente, sabemos que no tiene una gran voz de esas que te quedas con cara de tonto y dices "ostras pedrín" (si es que alguien dice eso aún). No, pero tiene un arte para escribir que ya lo querrían muchos. Empezando por mi misma. Y os diré una de las cosas que más me gustan de él: su humildad. Es cercano a la gente, es agradecido y es abierto. Y eso es de valorar. Personalmente, una de las cosas que más me gustan de sus conciertos es cuando habla con nosotros, presentando las canciones y las situaciones haciendo que no vuelvas a escuchar la canción de la misma forma. Me encanta cuando interactua con nosotros. Y esa energía que tiene en el escenario... Hay canciones con las que consigue ponerte la piel de gallina y da igual si las has visto en concierto otras veces. 

Fuimos a su concierto el verano pasado y aún así este concierto lo he disfrutado igual. Me ha vuelto a poner la piel de gallina con "De repente desperté" y se ha llevado una más que merecida ovación con "Cierra los ojos". ¿Por qué? Si incluso él mismo dijo que no era la mejor canción para ovacionarlo. Pues te diré una cosa Ramón Melendi (improvisadores, nunca se sabe quién lee esto): sí lo es. Porque cualquiera que reconozca sus errores y los quiera aprovechar para ayudar a otros se merece una ovación. Y encima lo haces en todos y cada uno de tus conciertos llenos de gente joven e impresionable que te adora y haces que recapaciten sobre un tema tan espinoso como ese. Si eso no se merece una ovación, que venga Dios y lo vea. 

A los que no conozcáis a Melendi, os recomiendo escucharlo pero tenéis que ir a un concierto. Son conciertos con un abanico de edad amplísimo. ¿Por qué? Porque sigue conquistando corazones. Ya os he dicho que compré el primer CD en el 2003 a los 12 años. El año pasado llevamos a mi prima a su primer concierto, uno de Melendi, con 13 años. Lo que yo os diga, conquista corazones. ¡Tiene conquistada hasta a mi madre! En serio, tenéis que ir a un concierto, no os defraudará y saltareis, cantareis y disfrutareis como niños y os prometo que saldréis más felices que al entrar. 

Antes de acabar: mamá, menos mal que esta vez no has venido, tu chico (así lo llama ella con tono maternal cuando sale en la tele) llevaba las mangas subidas y se le veían los tatuajes y eso a ti... no. 

Improvisadores, id de concierto, salid, disfrutad y ¡compartidlo!

¡Sed Felices!

jueves, 9 de julio de 2015

De como hacer épico un viaje a Benidorm

Improvisadores, supongo que todos los que vivís en España estaréis pasándolas canutas con el calor que hace. Pues bien, el domingo 5 de julio me fui a Terra Mítica a pesar del calor. ¿Por qué? Pues porque a mis amigos y a mi no nos llega bastante oxígeno al cerebro. Y a las pruebas me remito. 

Salgo de mi casa a las 7:40 de un domingo (como lo leéis) para ir a recoger a Gem y a Martín para poner rumbo a Benidorm. Que para las personas normales no cuesta mucho hacer ese recorrido, pero ¿cuándo he dicho que yo sea normal? Con la intención de evitar peajes ponemos rumbo a Alicante por la A7. Porque yo soy un poco lerda y no sé que la N-332 se coge en el primer tramo de la AP7. Total, que allá vamos, todo normal. Llegados a un punto, no se cual es exactamente, vemos una señal que pone "Gandia" y mis dos acompañantes, casi tan listos como yo, me dicen: oye, ¿y si vamos hacia Gandia? Está en la costa y Benidorm también. Ante ese argumento no pude decir que no. Y aquí empezó la odisea. Siguiendo la indicación de Gandia nos plantamos ni más ni menos que en La Font de la figuera. Y me vino a la mente mi padre diciéndome "Si llegas a la Font de la figuera da la vuelta que os vais a Albacete" a lo que yo le dije "papá, no somos tan imbéciles". Pues aparentemente sí lo somos. 

Llegados a este punto ya no había vuelta atrás, o igual sí, pero chicos... valor y al toro. Así que seguimos por aquella carretera nacional tan bonita haciendo un poquito de turismo. Qué bonita la terreta y que poco la visitamos. El caso es que después de casi morir del asco detrás de una furgoneta que iba a una media de 70 km/h y a 20 Km/h si era en una curva, llegamos a Ontinyent. Vale, estamos en Ontinyent que está situado en algún punto de la geografía. (Nota mental: repasar la geografía básica). ¿No os pasa que podríais ubicar perfectamente ciudades y pueblos a los que no habéis ido o a los que habéis ido una vez pero no podríais ubicar en el mapa los pueblos y ciudades más cercanos a vosotros? Yo tengo un sentido de la orientación pésimo, para ir a casa de Gem voy siempre por el mismo camino, e incluso por el mismo carril. Si me despisto creo que acabo en China. 

En fin, seguimos con la historia. Estamos en Ontinyent y como no vemos señal alguna de Gandia decidimos cruzar Ontinyent, ¿por qué no? Seguimos, seguimos y os juro que no sé como acabamos en dirección a Alcoi. Y digo: vale, guay, en google ponía que por aquí también se puede ir. A eso de las 10 llegamos a la altura de Alcoi (para que os hagáis una idea habíamos quedado a las 10 en Terra Mítica, no iba a pasar) y me dicen mis dos cerebros acompañantes: mira, coge esta carretera que es más recto hasta Benidorm que dar toda la vuelta que dice Google. Total, que haciendo caso omiso a Google (craso error) cogemos la CV-70. ¿Sabéis que es la CV-70? Un maldito puerto de montaña. ¿Sabéis cuantos años tiene el coche? 18. Pues sí amigos míos, subí el puerto en tercera, gasté gasolina como para parar un tren, además coincidimos con un pelotón ciclista y a Dios pongo por testigo que pensé que el coche diría "Hasta aquí, colega". Pero no. Llegamos a Benidorm. Y además llegamos a la vez que Thais y Alejo lo cual quiere decir que no hay mal que por bien no venga, porque imaginaos esperar allí una hora...

Por fin todos juntos y después de que me diesen una camiseta por mi cumple (que dice "Sorry, I'm a blogger") pusimos rumbo a la taquilla. Después de una negociación de descuentos que no entendí, entramos al parque. A mi me costaba mucho subirme a las atracciones, después ya me hice mayor y no me daba miedo, pero hay una con la que no puedo: los troncos. ¿Sabéis de cual os hablo? No puedo con ella, no me siento sujeta, me da muchísimo miedo. ¿Pues en que atracción quisieron subir primero? Efectivamente. No sabéis lo taquicardica que estaba. Así que me subí pero solo porque Gem me sujetaba. Sino a santo de qué. Total, que pasado el primer susto y con la adrenalina ya pr las nubes eramos imparables. Pasamos toda la mañana de atracción en atracción dejándonos neuronas en una por los golpes en la cabeza y parte de la espalda en otra por la brutalidad del cine 5D. Total, después de comer retomamos la rutina de las atracciones y pasamos a la otra parte del parque. Esa parte fue... el paraíso. Allí nos subimos 5 veces en los rápidos. No había cola, no había nadie. Era la puñetera gloria. Además nos bañamos en la piscina que después de todo el día a lo menos 40 grados a la sombra no sabéis lo que se agradece. Merendamos, me hicieron entrar en la pirámide del terror. Prefiero subir veinte veces en los troncos que volver a entrar en ese infierno. 

Total, que a las 7 decidimos desplegar velas y poner rumbo a casa. Pero no podía ser fácil. Cogimos la N-332 (esta vez sí) y acabamos atascados en Oliva, en Favara y en Cullera. Mi pregunta es: si tienes un audi o un mercedes porqué no pagas el peaje y dejas que los parados circulemos con tranquilidad por una nacional llena de clubs y tiendas de cerámica? Es atascar por atascar. Total, que tres horas después, llegábamos a Valencia. Sí amigos míos, tres horas de ida y tres de vuelta Valencia - Benidorm. Por un poco más nos vamos a Port Aventura. 

Y estas son mis pruebas para demostrar que ni mis amigos ni yo somos muy normales pero que es mejor porque sino no tendríamos nada interesante que contar. 

¡Sed Felices! Y bebed mucha agua que el calor este es mortal. 

domingo, 23 de septiembre de 2012

Las últimas dos semanas...de no parar.


Improvisadores, me he cansado de hacer pequeñas entradas. Así que pongo todo en esta y pasamos a otra cosa mariposa. Es un poco larga, pero la voy a dejar tal cual. Sé que me vais a perdonar. Y sino..pues chicos, cerrad cuando os canséis de leer. Qué fácil, ¿verdad?
22 Agosto:
Fiestas de Algar. Allá que vamos a cenar y a ver el Grand Prix que tenían preparado. Yo no sé cómo la gente estaba tan tranquila, cada vez que mi primo salía a mi me daba algo. Y a su hermana también, así que entre las dos...bien. Después de varias caídas y una vaquilla que se escapó, empezó la discomóvil. Aunque el dj no estaba muy motivado esa noche. De todas formas nos teníamos que ir pronto porque por la mañana yo tenía que madrugar. Entre que llegaba a casa y pitos y flautas…me acosté a las 5 de la mañana.
23 Agosto:
Había quedado para comprar la comida con Elena y Héctor mientras Anna, Paula y Karl estaban en la playa. La verdad es que no soy muy fan de la arena de la playa, y después de acostarme a las 5 y levantarme a las 9, pues como que menos. Así que allí estuvimos, luchando con aquellas brasas infernales que no querían encenderse y poniendo la mesa. Y diréis, ¿y todo esto? Y yo digo, ¿Pero se necesita una excusa para quedar a hacer una barbacoa? No. Pero en nuestro caso la teníamos: íbamos a conocer a Karl. Gracias a una pequeña falta de coordinación, acabamos la comida cuando ellos salían de la playa y no cuando ellos llegaban a casa. No pasa nada, gracias a dios existe el microondas.
Comiendo yo creo que fue bien, aunque vamos a ser sinceros, si hubiésemos hablado en inglés igual el pobre Karl se hubiese enterado más, pero tengo pánico escénico a hablar inglés delante de ingleses. No puedo, lo siento. Pero aun así, sin entender una palabra, estuvo bien. Y también se dio cuenta de que hablo muy rápido. Me lo dicen mucho. ¿Será verdad?
Después de comer quedamos para el día siguiente también, porque era el cumpleaños de Paula. Pero esa ya es otra historia.
24 Agosto:
Volví a madrugar para bajar con el coche a Valencia porque Paula y yo habíamos quedado para desayunar en casa de Anna con ella y con Karl porque como no vendrían a comer, Anna dijo que quedásemos a desayunar para felicitar a Paula. Yo me apunté porque lo mismo me da conducir desayunada que sin desayunar. Y Anna y Karl se lucieron haciendo crepes para desayunar. Después de desayunar fuimos a casa de Paula a despertar a su hermano y a que la mujer se cambiase. No queda bien ir a la playa sin bañador. Una vez estuvimos todos listos nos fuimos Elena, Héctor, Paula, su hermano, su padre y yo a la playa.
Qué bonita es la playa del Saler. Qué bien se está, que poca gente hay, que maravilla… ¡y cómo picaba el agua del demonio! Así que después de bañarnos y de aclararnos el agua en la ducha para no morir del picor nos volvimos a cambiar. No queda bien ir a un restaurante en bañador. Así que nos fuimos a un restaurante y su padre nos invitó a una paella para celebrar el cumpleaños.
Después de comer volvimos a Valencia y…yo de vuelta a casa con el coche ardiendo después de estar aparcado horas y horas al sol. ¿Que porqué no lo aparqué en la sombra? Pues porque cuando llegué esa mañana a Valencia había mercadillo y no tenía mucho donde elegir.
25 Agosto:
Fiestas de Algar. Allá que vamos, pero esta vez solo Nur y yo y nos vamos a quedar a dormir porque mi primo quiere agua de Valencia y ya que la hago bebo y ya que bebo no conduzco. Así que allí estábamos mi primo y yo en el garaje haciendo el agua de Valencia. Problema: no caí en que tendría que darles a mis tíos y sus amigos. Porque estando aun en los toros ya estaban diciendo que querían probarla. Y les dimos media botella, pero se quedó tan corta que a las 4 menos algo me mandó un whatsapp mi tía preguntando si aun nos quedaba  más. Así que el año que viene haremos más de tres litros.
Esa noche estuvimos Nur, Belén y yo de charreta más que bailando, porque la gente parecía que no se acababa de animar a bailar. Y al final nos retiramos sobre las 5. Creo. No me acuerdo.
31 Agosto:
Quedamos para celebrar el cumpleaños de Paula. ¿Otra vez? Sí, esta vez con Laura, porque por si no lo habíais notado no estaba los días anteriores. Después de una semana pensando, decidimos que íbamos a hacer una cena de montaditos y de picar y decidimos que cada una hiciese unos y los llevásemos ya hechos. A mí me tocó tortilla de patatas (de mi madre, no es porque yo no sepa hacerla, es porque mis amigas dijeron que de mi madre. Que conste). Como mi madre hacia la tortilla, decidí hacer la tarta. Pero no os creáis que fue fácil pensar de qué, porque nunca me acuerdo de qué le gusta a cada una. Al final fue mi padre el que me dijo una tarta que comía de pequeño. Y triunfé. El caso es que a las 6 me veis a mí en el coche, con media cena y rezando para no encontrar tráfico, por el bien de la tarta. Como veis, me he hecho más carretera que un tonto.
Habíamos quedado a las 19:30h en casa de Laura para organizarlo todo y estuviese listo cuando Paula llegase. Y estaba listo, pero Paula no llegaba. Y otra vez, menos mal que existen los microondas. Al final llegó y antes de decir “hola” dijo “lo siento”. 1h y pico tarde. Esto pasa cuando antes de quedar con alguien tienes otra cosa. Te retrasas en una y ya la has liado.
Se supone que Paula es la que hace las tartas, pero no había podido hacer la tarta y le dijimos que no se preocupara porque teníamos congelada tarta que sobró de la comida con Karl. Y le sacamos media tarta congelada en una fiambrera. Su cara fue épica. Tendríamos que haberle hecho una foto. Qué gran momento de la historia. Pero tranquilos, luego sacamos la tarta que había hecho yo, no somos tan crueles.
7 Septiembre:
Después de una semana en Valencia intentando aclarar papeles, horarios y demás, el viernes me fui con Gemma a Alcossebre. Ya os dije que es casi mi segundo hogar. Allá que fuimos Gemma y yo, todo iba bien hasta que se salió en la salida anterior a la que tocaba. Lástima de carreteras que no te dejan rectificar, nos tocó hacer lo menos 20 minutos en dirección contraria y media vuelta. También fue culpa de un vehículo extra lento, que conste. Y por fin llegamos y sorpresa: son las fiestas. Os prometo que no sabía que eran fiestas del pueblo. Así que nos pasamos el fin de semana en este orden: paseo por la playa, cervecita, comer, siesta, paseo por la playa, cena, fiesta, comprar, paseo por la playa, cervecita, comer, siesta, paseo por la playa, cena, fiesta, dormir toda la mañana, paseo por la playa, comer, siesta. Como podéis ver, vivimos muy estresadas las dos.
De vuelta a casa todo fue bien, no nos equivocamos de salida. Y eso que la que dirigía era yo porque tenía que dejarme en mi casa. Que fe ciega tiene esta mujer en mí.
11 Septiembre:
Día de matrícula. Pero eso no es lo importante. Lo importante es que habíamos quedado a comer y nos juntábamos todas las Grandes después de todo el verano. Que no es como si no hubiésemos hablado, porque el whatsapp echaba humo. Así que después de mucha paciencia por culpa de los ordenadores de la universidad, que no se si se rompen solos o los rompen por tocar las narices, por fin nos fuimos a comer. Y después de comer me matriculaba yo. Estaba todo el día pensando “Como no tenga sitio en lo que quiero, me han matado”. Os comunico que sí tenía sitio. Menos mal.
Después de matricularme nos fuimos Thais y yo a su casa mientras Gemma se iba a su casa a por ropa y volvía. Hoy dormíamos en casa de Thais. Pensábamos salir, pero como Raquel no pudo quedarse, lo aplazamos y nos quedamos en casa. De tranquis, pero bien. Genial.
Pero mejor aun fue al día siguiente, que nos hacen ir a las 10:30 para una charla sobre las prácticas y cuando llegamos nos dicen que nos podemos ir los del autopracticum. Ganas de matar aumentando. Y ya a mis amigas las acabaron de rematar diciendo que tenían que rematricularse porque habían combinado asignaturas de dos itinerarios diferentes. Viva la competencia. 
Y con esto acabamos hasta nueva orden. ¿Cuándo será eso? Pues no lo sé. Mañana si me aburro, el día que salga con las Grandes. No lo sé, cualquier día puede ser el día.
¡Sed Felices!