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domingo, 18 de octubre de 2020

Finde por Barcelona y Girona

Improvisadores, ¿Cómo estamos? Yo hasta arriba de faena, pero lo prometido es deuda. Así que hoy vengo a contaros la escapada a Barcelona y Girona del finde del 2 de octubre. Tarde, lo sé. Lo siento. Pero más vale tarde que nunca, ¿no?

Como ya sabéis (y sino, os lo digo ahora) dos amigas viven en Barcelona, así que Elena y yo solemos ir mínimo un fin de semana al año. Pero claro, este 2020 esta siendo tan raro que… en fin. Íbamos a ir en agosto y lo cancelamos, lo hemos ido atrasando. Hasta que ya el primer finde de octubre parecía la cosa estable como para poder irnos. Pero no queríamos ir en tren, por lo de la distancia social. Eso y que teníamos que llevar un colchón. No sé, imaginaos el panorama entrando en el tren con un colchón.

Total, que el viernes salí de trabajar y llegué a casa justo para comer, hacer la maleta (sí, super previsora, lo sé) y a por Elena que había salido de trabajar también. Aun no habíamos salido del barrio que nos cayó el segundo diluvio universal. Que dijimos… bien empieza el viaje. Pero todo en orden y una vez pusimos gasolina nos fuimos hacia Barcelona GPS en mano. Pasado el Ebro paramos para merendar y hacer cambio de conductora. Que Elena lo de dirigir con el GPS en Barcelona decía que no, y yo con la tontería llevaba ya 2h de coche más los 120km que me hago todos los días para ir y volver de trabajar. Nos pedimos el café y el té para llevar y en el coche con bien de distancia social del resto del mundo merendamos tranquilamente. Bueno, Elena no se acabó el café porque le pusieron como litro y medio y yo el té me lo estuve bebiendo desde allí hasta casi ya en Barcelona.

Y que rápido nos hemos acostumbrado a lo bueno, porque en la Comunitat Valenciana han quitado los peajes y cuando llegamos al primero fue “¿pero aquí se paga o aquí hay ticket? ¿Qué carril es el nuestro?”. Además, que nos equivocamos de salida y llegamos a Barcelona por el interior y no por la costa, aunque creo que así pagamos menos peaje (comparando con la vuelta). Total, que llegamos a Barcelona y eso quiere decir que aun teníamos como 30 min hasta llegar a casa de Laura, porque claro… Barcelona. Que no es que vivamos en un pueblo de 300 habitantes, pero… ya me entendéis. Total, que antes de llegar al aparcamiento ya nos habían gritado. Que dices “pues nada, bienvenidas a Barcelona”. Que Barcelona me encanta, si además hemos ido montones de veces, pero a mí me agobia un poco. Mucha gente que tiene mucha prisa todo el tiempo.

Por fin llegamos al aparcamiento, aparcamos y oh sorpresa no hay ascensor. Así que bolsas y colchón por las escaleras desde el 2º piso. Pero bueno, suena más dramático de lo que fue. Llegamos a casa de Laura y yo estaba ya KO. Quiero que quede constancia de que me levanto a las 6.15 todos los días y conduzco 40min para llegar al trabajo y otros tantos de vuelta. Es la única defensa que se me ocurre. Habían reservado para cenar en La Montiel 37, un restaurante cerca que esta bastante bueno, la verdad. Ninguna habíamos ido antes, pero Paula quería probar. La verdad es que cenamos muy bien, no tengo foto porque de verdad que estaba yo muerta del todo y mi cerebro no funcionaba, pero os dejo el Instagram por aquí.

Si cuando digo que estaba muerta no es broma, llegamos a casa de Laura y me dormí en el sofá antes de abrirlo. Pero al final lo abrieron y yo caí dormida. Hasta que a las 4 de la mañana me dio una rampa en el gemelo y me levanté de un salto que no se como Elena no se dio cuenta. Pero tampoco creáis que me sorprendió, últimamente me despierto mucho por la noche y no duermo más de 4 o 5h del tirón. Lo de la rampa sí me sorprendió. Aunque creo que fue de tanto acelerador el día anterior. Lo malo de esto no es el momento, es que durante lo que queda de día va a molestar.

Pero no hay mal que cien años dure y menos si se desayunan churros. Yo no sabia que en Barcelona había churrerías, y oye, tan feliz. Un chocolate con churros y ya puedes empezar el día (y no comer, porque vamos… yo que no suelo desayunar mucho). Por si estáis en Barcelona y os entra un antojo terrible de churros, era en el Forn d’En Pau. No he encontrado ni pagina web ni instagram, pero os dejo una foto por si os sirve. 



De aquí nos fuimos al coche, música, tarjeta para el peaje y rumbo a Peratallada (Girona). Yo no había estado nunca, pero me habían dicho que es un pueblo medieval precioso y tengo que decir que… no me mintieron. La llegada es un poco complicada si, como nosotras, vas a la tuya y te pasas el camino. Pero una vez estas en él, es muy agradable. Fuera del pueblo hay un aparcamiento gratuito (por lo menos cuando fuimos nosotras) y ya entras al pueblo a pasear y disfrutarlo. No es muy grande, así que no vais a necesitar muchas horas. Nuestra idea era comer allí, así que nos paseamos el pueblo mirando los menús de los restaurantes y haciendo muchas fotos. Algunas las tenéis en mi Instagram o en mis historias destacadas.

Al final acabamos en el Hotel RestauranteEl Pati, que quizá no es el más barato del pueblo, pero el jardín es increíble y se come de lujo. Os voy a dejar por aquí algunas fotos para dar un poquito de envidia. En instagram teneis fotos de la comida, que ya poneros eso me parece pasarme. 




De Peratallada nos fuimos a la playa de Begur a tomar el café, pero antes dimos un paseo por el paseo de Ronda. Vale la pena, aunque igual justo después de comer no fue la mejor elección. Nos cruzamos con gente, pero al ser octubre tampoco estaba lleno de gente. La playa en si muy muy tranquila, igual el local que elegimos para tomar el café no tanto, pero no voy a decir el nombre que aquí solo estamos para lo bueno.

La vuelta a Barcelona ya fue un poco más tensa. Entre el cansancio del día, el sol en la cara, no saber qué música poner y el tráfico. El maldito tráfico. En serio os lo digo eh. Que dirán que aquí vamos locos con el coche y será porque no han ido a Barcelona. ¿Pero qué locura es esa? Pero si solo para coger la salida que toca haces más km que otra cosa. Y coches y más coches y no voy a hablar de las motos porque ya ¿para qué? Pero bueno, por fin llegamos a casa sanas y salvas. Duchas después de un día completito, pedimos cena y les dio por hacer sesión de belleza. Que yo solo quería dormir porque, os recuerdo, que me había despertado bien prontito y últimamente duermo poco. Total, que ahí estábamos las 4 con la cara verde (no hay foto, bueno sí hay, pero no os la voy a enseñar) y nos lo quitamos justo a tiempo para que el repartidor no se llevase un infarto. Y luego Paula y Laura empezaron a hablar y yo… pues mirad, yo me dormí. Y Elena también. Yo lo siento, si yo de verdad que suelo ser habladora y no estoy tan cansada, pero últimamente pues mirad, no tengo el día (ni el mes y ya casi ni el año).

¿Y pensáis que aquí acaba todo? ¡Error! El domingo se despertaron sin prisa. Yo, para variar, me había despertado como a las 6 y volví a medio dormirme, pero a las 8 ya no había manera. Por fin nos ponemos en marcha y nos vamos a hacer un brunch. O desayuno tarde o comida pronto. Llamadlo como queráis. A un restaurante que, al parecer es especialista en esto, que se llama Casa do Açaí Brunch & Coffee. Por el nombre es fácil adivinar que son expertos, ¿no? Tengo que decir que me estuvo buenísimo. Además, nos vino fenomenal para salir de vuelta a casa ya comidas y no pillar nada de tráfico. Aunque creo que es mejor que reservéis si vais a ir. Yo el açaí no lo probé, pero Paula sí y dice que estaba bueno. Lo digo por si sois más valientes que yo. Como veis en la foto, fui a lo seguro con un wrap de salmón. ¿Qué puedo decir?



Sobre las 14h salíamos Elena y yo de vuelta a casa, coche cargado con el colchón otra vez y con cosas de Paula para su madre. Íbamos solísimas por la carretera, la verdad. Las dos pensábamos que tardaríamos mucho o encontraríamos mucho trafico y para nada. Elena sacó el coche de Barcelona y ya en cuanto paramos a poner gasolina lo cogí yo hasta Valencia. Miento, hasta que paramos en el Ebro a merendar, pero luego seguí yo conduciendo.

La verdad es que así contado se que no suena a mucho, pero si de normal un fin de semana con amigos ya lo disfrutas imaginad este. Este 2020 cualquier escapada que puedas hacer sabe a gloria y a vacaciones de un mes. Además, lo disfrutas sin saber qué va a pasar y de hecho mientras escribo esto los bares y restaurantes de Cataluña están cerrados otra vez y solo han pasado 2 semanas desde que fuimos nosotras.

Os voy a dejar por aquí fotos y los enlaces a los sitios por si, cuando vuelvan a abrir, queréis probar. Y recordaros (sin intención de ser pesada) que también teneis fotos en el instagram del blog. Y más seguido que entradas en el blog. 

Cuidaos, tened cabeza y disfrutad de las pequeñas cosas que si podemos hacer. 

¡Sed Felices!

miércoles, 7 de octubre de 2015

Tú a Londres, yo a Valencia y nos vemos en Barcelona.

Improvisadores, ¡he vuelto! Cuántas veces habré empezado diciendo eso… en fin, que ya estoy en Valencia, ya no me queda más remedio que quedarme aquí hasta que pueda volver a irme. ¿Próximos destinos? A saber, Nules, Barcelona, Londres… soy así de variada.

Pero vengo a contaros mi última semana de vacaciones que fue, como el año pasado, el primer finde de octubre. Porque no hay mejor temporada que la baja para irse de vacaciones. Y más cuando esas vacaciones van con alojamiento gratuito. Sí señores, me he ido a Barcelona. Como todos sabéis ya (o deberíais, a ver si leemos más) Paula está viviendo allí. Y es mi deber como amiga ir a acoplarme a su casa con la excusa de ver como está. Así que Elena y yo hicimos un tú a Londres y yo a Valencia pero al contrario, es decir, nos juntamos en Barcelona.

No sé si lo  sabéis, pero soy bastante maniática con eso de llegar pronto. Pero esta vez me pasé tres pueblos. El tren salía a las 14:50 de Valencia y a las 13:45 ya estaba en la estación. En mi defensa diré que la madre de Paula me llevó en coche porque me cargó una nevera llena de cosas para Paula y no podía llevarme más tarde. Allí en la estación me encontré con mi profesora de historia del arte del máster. Casualidades de la vida. Y entablé conversación con una pareja de señores mayores muy curiosos. Los que no me conozcáis no sabréis que tengo una habilidad especial para establecer conversación y pasar al nivel “como si te conociera de toda la vida” con bastante facilidad. Preguntad a mis amigos. Así que todo empezó porque los señores estaban mirando la cinta de seguridad y diciendo que si pasaría o si pitaría. Y les dije que no había arco detector, sólo cinta. Y ahí empezó todo. Que si resulta que el señor lleva una navaja en el bolsillo y que pensaba que pitaría, pero que no me asuste porque lleva una navaja (señor, mi padre es de Albacete, no me asustaré por eso. De hecho, tengo yo una navaja/tenedor/cuchara la mar de cuca desde hace mucho tiempo), que si mírame niña que coche llevo porque no lo veo bien. Y en eso que estaba por allí un policía nacional con todo su equipamiento y se me ocurre decirle: no se preocupe por su navaja que él le gana. Y la lie. La lie lo más grande. Porque empezaron a hablar de si seguridad y terrorismo y que si un jamón con chorreras y yo decidí abandonar tan fascinante conversación. Y luego la señora dijo que ella no quería ir a Barcelona antes de las elecciones por si no la dejaban salir. Y el señor le dijo que igual lo que no le dejaban era entrar. Fascinantes los señores de Cuenca.

Y por fin llegó el momento de embarcar, y subí hablando con mi profesora hasta que cada mochuelo se fue a su vagón. Y me senté al lado de una chica que estaba de prácticas en una editorial. Y detrás de un grupo de gente que criticaba creo que todas y cada una de las carreras que habían estudiado. Menos mal que mi acompañante era simpática. Ya lo dijo ella, que en los trenes te puede tocar gente muy rara. No fue el caso (espero). Pero además le dije: ponte la música si quieres. Y me contestó: no, si prefiero hablar. PREFIERO HABLAR. Me lo dice a mí. No sabe lo que ha hecho. Y nos pasamos las tres horas de viaje más la hora de retraso por la tormenta de Tarragona hablando. ¿No querías sal? Pues toma dos tazas.

Por fin llegamos a Barcelona y Paula y Elena estaban esperándome en la estación y se rieron cuando me vieron salir con la chica “como si la conociera de toda la vida”. ¡Pero si ya me conocéis! Cuando quisimos llegar a casa de Paula serian ya las 8, así que tardamos poco en captar a Joan (el compañero de piso de Paula) para irnos a cenar a Els Miralls (si no recuerdo mal). No hay nada más difícil que elegir cena cuando tienes mucha hambre y todo tiene una pinta genial, por eso Elena y yo acabamos compartiendo hamburguesas.

El miércoles por la mañana, Paula y Joan tenían que trabajar, así que Elena y yo nos fuimos a desayunar a “El Patrón”, os lo recomiendo, pasamos allí dos horas la mar de bien en la terraza cubierta viendo llover y poniéndonos al día. Y luego nos fuimos al Corte Ingles, a Zara, a Mango, etc. Es decir, que como Barcelona ya la hemos visto mil veces optamos por hacer otras cosas. Volvimos a casa, porque hacia día de comer en casa, peli y sofá. Pedimos comida china, pusimos “Mar de Plástico” y nos acomodamos en el sofá para ver “Los Chicos del Coro” hasta que Elena se vistió y se fue. Si bien en otras visitas era yo la que tenía compromisos sociales, esta vez fue Elena. Así que ella se fue a las 5 y allí me quedé, sola en casa. Agobiadísima, no sé si me entendéis. Hasta que a las 6 llegó Edgar para preparar la sorpresa para el cumple de Javi (el otro compañero de piso) y Joan. Al rato llamó Paula, que no llegaba a casa y que nos veíamos en el autobús. Joan y yo fuimos a su encuentro y antes de subir al autobús vimos a Jordi Evole. De lejos, pero cuenta. Nos fuimos los tres al teatro a ver “Aneboda” una obra fascinante que transcurre en lo que tardan tres amigos en montar un armario de Ikea. Con sus reflexiones, sus chorradas y demás. Vamos, que nosotras tuvimos un deja vu de impresión. Y nos reímos, sobretodo nos reímos. Después nos fuimos los tres a cenar a “La rosa negra” que es la hermana melliza de “la rosa del rabal” donde fuimos el año pasado a acabar con las existencias de mojito. Y vuelta para casa, es lo que tiene que los demás trabajen.

El jueves nos despertamos pronto (no es que nos levantásemos tarde, pero los trabajadores nos despertaban sin querer) para ser vacaciones y una vez despedimos a los trabajadores, pusimos en marcha la máquina de pensar ¿Qué hacemos hoy? Así que nos fuimos a desayunar un bocadillo de jamón con tomate y un café, el desayuno de los campeones y pusimos rumbo a las ramblas. Andandito eh, nada de metro ni chorradas, que hay que hacer piernas. Que la operación bikini empieza ya. Total, llegamos a la Rambla, compramos un zumo en el mercado de la boqueria, compramos una planta para Paula, Elena arrasó Mac y volvimos a casa con la intención de comprar un pez para Paula. Porque Joan y Javi tienen uno cada uno y a la niña le daban envidia. Pero el señor de la tienda nos riñó porque decía que en la pecera que queríamos meterlo no podía ser. Y la pecera era de su tienda. De todas formas, alguien que tiene peces muertos en la tienda no da confianza. Así que nos fuimos de vuelta a casa, compramos algo de comer en mercadona y nos echamos la siesta del siglo. Hasta las 4 que llegó Javi y vio la sorpresa que había dejado Edgar, y a nosotras. Elena se fue a atender sus obligaciones y yo me quedé haciendo un brownie de chocolate y canela en lo que Joan y Paula volvían a casa. Acabé justo a tiempo para vestirme e irme al punto de encuentro con Joan y después reunirnos con Paula. Fuimos a un sitio así muy moderno, moderno en el sentido hípster de la palabra, no en el sentido de los supersónicos (si sois más jóvenes que yo igual no entendéis esta referencia a los dibujos animados). Paula y Joan se pidieron cada uno un té, pero el té y yo… el té se toma cuando estas malito, cuando te duele la tripa o cuando te dicen que ayuda a adelgazar. Pero así por ir a tomar algo… así que me pedí un café, me daba igual que fuesen las 7 de la tarde.

Volvimos a casa a tiempo para degustar el brownie y preparar la cena y pasar una noche de esas de peli y casa. Porque somos así de marchosos. O nos reservábamos para el viernes. El viernes. ¡Ay el viernes! ¿Qué puedo contaros del viernes? Pues todo, claro que sí. El viernes, Elena y yo nos fuimos de casa sin desayunar, cogimos el autobús, viajamos 13 paradas y bajamos. Entramos en una cafetería y desayunamos antes de entrar al outlet de El Corte Inglés. Y diréis: ir a Barcelona para eso… Pues sí. Y nos llevamos unos botines que son… una delicia. Que costaban 120€ y los tenían a 15€. No comprarlos hubiese sido un pecado. Una vez acabada la batida por el Corte Inglés nos fuimos rumbo a la parada de autobús para volver a casa. Pero cual fue nuestra sorpresa cuando encontramos una maravillosa tienda de peces. Ahí sí. Y adquirimos a un pez amarillo que posteriormente seria bautizado como Malena. Y viajamos con él 13 paradas de autobús. Y en lo que llegaba la comida india lo aclimatamos a su nuevo hábitat y lo vimos saludar a sus compañeros. Y por fin llegó la comida india. Finalmente llegaron los amos de la casa, procedieron a ducharse y nos maqueamos todos para ir a cenar.

Elegir un sitio donde cenar no es fácil, y menos cuando los que los conocen no se ponen muy de acuerdo y cuando por fin lo consiguen, está el sitio lleno. Pero acabamos en un sitio así con luz tenue, como muy íntimo, decoración en francés que te entretienes traduciendo mientras esperas a la comida (está bien pensado) y hamburguesas enormes. Y cerveza. Y chupitos. Y aire acondicionado, gracias a su inventor. Al salir de aquí nos fuimos a un local a tomar algo (y con algo quiero decir alcohol tanto en forma de cerveza, coctel o chupito) donde parecían haberse refugiado la mitad de los adolescentes de Barcelona. Os lo prometo que aquel grupito no tenía 18 años, lo sabré yo. De aquí nos fuimos a El Dorado (tanto buscar El Dorado los descubridores de América y está en la plaza del Sol de Barcelona). El Dorado, un sitio fascinante. Y con fascinante quiero decir que me encantó. Porque ya sabéis que me gusta la música de pachangueo, de hacer el tonto. ¡Pues es tal que así! Y pillamos al camarero generoso, tan generoso que aquello sabía más a alcohol que a fanta. Al final entre generosidades y no generosidades llegamos a casa a las 3 y pico.
El ascensor de la finca no es especialmente grande pero pone que caben 4 personas, aunque el portero se empeñe en que sólo suban tres. Y total, por una persona más de lo que pone el cartel, ¿qué podría pasar? Pues podría pasar lo que pasó, que cuando habíamos casi llegado a nuestro destino, el ascensor se paró y bajó hasta quedarse entre el sótano y la planta baja. Que no cunda el pánico, solo estamos en un ascensor pequeño donde hace mucho calor. ¿Sabéis que pasa cuando estas en un ascensor así? Que si la guardia civil te hace soplar al salir das 0,0 del susto. Aunque en realidad estuvimos contando chistes y jugando una vez avisado el técnico. Que menos mal que unas vecinas se iban al aeropuerto a aquellas horas, porque no sé quién le abriría la puerta del edificio al técnico. Así que allí estuvimos nuestros mínimo 20 minutos que tardó el técnico en llegar. Pero no os lo perdáis que luego Elena, Paula y yo subimos andando, pero Javi y Joan subieron por el ascensor. Con un par. Creo que mejor nos vamos a dormir que ya hemos cumplido con el viernes, menuda noche más completa.

El sábado por la mañana nos levantamos con menos energía que Elena que se levantó la primera para preparar su maleta y bajó a la panadería a por delicias matutinas para los demás. Menos Javi que estaba trabajando, alguien tiene que levantar el país. Total, que estuvimos muy tirados toda la mañana del sábado. Elena se fue y seguimos allí muy mustios. Bajamos a mercadona y a buscar fundas de cojines mientas Joan hacia unos macarrones al horno que casi estaban tan buenos como los de mi madre y mi abuela. Casi. Comimos y vimos/dormimos una película y media de las que echa Antena 3 los sábados por la tarde. Hasta que Joan dijo: ¿echamos un Catan? Y con la tontería echamos toda la tarde hasta la hora de cenar. Que como Javi y Joan no quisieron acompañarnos, Paula y yo nos fuimos mano a mano a cenar y a tomar algo. A una bodeguilla muy mona y muy riquísima y a un bar con mayoría de hombres y un futbolín. Y volvimos a casa a la 1 y no se nos ocurre otra cosa que ponernos a jugar al Catan con Javi y Joan hasta las 4. Porque es sábado y tal.

El domingo nos levantamos tarde y desayunamos aun más tarde. Parecía que no haríamos nada hasta que Paula dijo: vamos a sacar a Maria (sí, cual perrillo) y nos fuimos los cuatro al museo de historia de Cataluña. Desde los iberos hasta los cristianos pasando por todas las fases y fábricas de garum y preguntas de Javi. Preguntas que por más que quisiera, no sabía contestar. Una carrera y un máster para esto. El caso es que cuando salimos era ya la hora de comer y nos fuimos a comer a un sitio muy inglés. Tan inglés que Javi y Joan se metieron entre pecho y espalda un desayuno inglés y Paula y yo unos huevos Benedict. ¿Los habéis probado? Yo nunca. Pero están muy buenos, palabrita.

Después de comer nos fuimos a acompañar a Joan al laboratorio a que hiciese algo que no entiendo, después de despedirnos de Javi que se iba a su laboratorio. ¿Os he dicho que era domingo? Para que luego digan que nuestros cerebritos no trabajan. Después volamos a casa, recogí la maleta y puse rumbo a la estación con Paula. Llegué veinte minutos antes de abrir la puerta de embarque, justo para comprarme algo de cenar, porque llegaría a Valencia a las 23h. Me despedí de Paula que se iba a su laboratorio (ejem, ¿veis?) y me subí al tren. Tres horas después llegué a Valencia, después de hacer el autodefinido de la Cuore y ver tres capítulos de Las Reglas del Juego; además de charlar un rato (como no) con mi acompañante que se vio nada más y nada menos que dos películas. Además mandé a mi madre a esperarme a la estación que no era. Porque así soy yo.

Y eso es todo queridos amigos. Nada más que contar, porque no creo que os interesen mucho las oposiciones, ni mi curro de canguro, ni el de profe de inglés, ni nada de mi vida seria, ¿verdad? La vida seria aburre porque todos tenemos una. Más vale que siga buscando cosas que contaros.

¡Sed felices!



miércoles, 8 de octubre de 2014

Barcelona mola, pero poner títulos no.

Improvisadores, vengo a contaros unos fantásticos 4 días. Por dar un poco de envidia. Que sé que muchos estáis ya con las clases y trabajos y demás. Pero tranquilos que yo empiezo la universidad el lunes.
Como últimas vacaciones (y porque tenía que solucionar cosas de la matrícula de la UB) decidí irme con Elena a Barcelona porque ella se iba a echar currículums. Y ¿qué mejor sitio para quedarse que en casa de Paula? Pues eso. Así que el viernes a las 7:40 estábamos ya sentadas en nuestros butacones del Euromed. Porque eso no son asientos de tren, son butacones reclinables. Aunque nos faltó una película. A las 10:30 llegamos a Barcelona después de un viaje acompañadas por un niño en el vagón, dos hombres que a las 10 de la mañana iban pasándose la petaca, un hombre que se pasó todo el viaje enviando emails y un chico que se reía él sólo viendo “Dos hombres y medio” en la Tablet.
En la estación nos recogió Paula (aunque le faltó el cartelito con nuestros nombres) y nos llevó hasta el ascensor del metro que está a hacer puñetas para estar en una estación de tren donde la gente suele ir con maletas. ¿Por qué llevaba una maleta grande? Porque la mitad de esa maleta estaba ocupada por cosas de Paula. Por no hablar de la bolsa frigorífica llena de botes de caldo. Os lo juro. Llegamos a casa de Paula que está a un tiro de piedra de la estación de metro y dejamos todos los trastos. Después de un pequeño tour por el piso nos dio las llaves y Elena y yo pusimos rumbo a la universidad.
Supongo que en general, todos habréis notado que tengo mala suerte en lo que a burocracia y papeleo se refiere. Así que imaginaos mi cara cuando a las 12:15 llego a la cola de secretaría y había 8 personas por delante de mí. No íbamos a acabar nunca y teníamos currículums que repartir. Y entonces pregunta la de secretaria: “¿sois todos para doctorado?” y le contesto desde la cola: “¡No!”. Y entonces me convertí en la primera en la cola para masters y en 5 minutos había acabado con el papeleo. Buena señal de que iba a ser un gran día. Y un gran fin de semana.
Al acabar con la universidad tocaban los curriculums. No voy a aburriros con lo que fueron viajes en metro, hospitales y curriculums varios. Pero sí voy a deciros que nos quedamos paradas dos veces en la línea 5 por problemas en una parada en la otra punta de la línea. Y que la de información del hospital Vall d’Hebron es la persona que peor se explica de la historia de los puestos de información.
Muertas de patear y con un bonometro acabado, nos fuimos a comprar, porque somos humanas y tenemos que comer. Fuimos a un supermercado a comprar con la idea de no gastarnos mucho, pero una señora se llevó la última barra de pan. Y entonces decidimos ir a una panadería y de paso comprar algo de dulce, por lo de que no acogen en su casa y eso. Pero la cara que se le quedó a Elena cuando le dijeron el precio… no os lo digo que me da vergüenza admitir que nos estafaron. Pero me entró un ataque de risa y me fui riendo lo menos los 2 minutos hasta que llegamos a casa, pero además las calles de Gracia son estrechas y retumba mucho, así que se debió enterar todo el barrio de que me estaba partiendo de risa. Cuando caí en la cuenta de que Elena y yo íbamos a medias en los gastos no me hizo tanta gracia.
Comimos las tres juntas en casa como personas civilizadas en un salón sin muebles y al acabar estábamos bastante derrotadas. Además, la noche del jueves al viernes habíamos dormido muy poco. Yo personalmente, 4 horas. Total, que después de comer me senté en el sofá y pensé “5 minutos”. Y estaba hablando con Paula y Elena que estaban luchando con los restos de pintura de las ventanas y cuando me quise dar cuenta me estaba despertando como una hora después. ¿Pero qué? Y lo peor es que me desperté más atontada de lo que estaba antes de dormirme. (Sí, es posible estar más atontada).
Habían dejado el piso impoluto y entonces llegó el casero con la lavadora nueva y los que venían a instalarla. Que no llevaban los zapatos precisamente limpios. Y colocan la lavadora en su sitio y se largan. Y a fregar otra vez el suelo. Y Paula decide poner una lavadora para ver cómo va y tal. Y mientras estábamos en el salón empieza a sonar un ruido rarísimo y era la lavadora que estaba bailando claqué. No sabéis como se movía esa lavadora. Y no visteis a Paula y Javi (el compañero de Paula, que se me ha olvidado cuándo llegó) sujetando la lavadora con todas sus fuerzas y no había manera. Total que apagan la lavadora y sacan la ropa, obviamente, sin aclarar. “Pues aclaradla en la ducha”. Pues no, listillos. Acababan de poner silicona en la ducha y no podía usarse en 24 horas. Así que aclaramos como buenamente pudimos las sábanas en la pila de la cocina y las tendimos en el patio. Pero claro, eso chorreaba por todas partes y cuando nos dimos cuenta nosotros mismos habíamos ensuciado otra vez el suelo al entrar del patio. Bien por nosotros.
Decidimos que era el momento de hacer la lista de la compra, la de comer y la de muebles. Y nos fuimos los 4 a Mercadona de excursión. Y nunca mejor dicho porque está a 20 minutos caminando y llevábamos bolsas de la compra hasta en la mochila. Después de comprar la cena nos fuimos a casa y pusimos la mesa y después llegaron Javi (que se había ido porque es una persona con otros compromisos, no como Paula que tiene que aguantarnos) y Joan (otro amigo de Paula. Joan – lectores, lectores – Joan). Después de cenar decidimos poner rumbo a… bueno, a donde nos llevasen. Y nos fuimos a la Rambla. Y allí cada dos pasos hay alguien poniéndote el cuño de una discoteca para que entres gratis hasta la una (o las dos depende de la discriminación positiva de la discoteca).
Entramos a la primera (Boulevard) pero estaba muy vacía, así que nos tomamos el chupito de manzana que nos regalaban y decidimos salir a ver si había otro sitio con más animación. Y acumulamos dos cuños más. En uno de los sitios entramos y era talmente como si la familia Adams hubiese decorado el local, así que entramos a que Joan comprase tabaco y salimos. Y al tercer sitio no entramos porque abrían a la 1. ¿Pero qué?
El caso es que al final decidimos volver a Boulevard, pero era la 1 menos cuarto y había mucha cola. Decidimos intentarlo. Llegamos a la puerta y Elena pasa sin problemas pero cuando va a entrar Paula, el portero le dice que no puede pasar y le dice al compañero que no nos cuente que ya hemos entrado antes con el cuño y que ahora hay que pagar. Y entonces Paula les dice que no va a pagar y cuando estamos saliendo por la puerta le dice a la cajera que nos deje pasar. Evidentemente porque íbamos a ser lo mejorcito que entrase esa noche en la discoteca. Y no va de broma.
Entramos y la sala estaba llena, pero de especímenes difíciles de clasificar. Desde los chavales que debían estar celebrando que se habían colado en la discoteca sin tener 18 hasta personas que podrían ser perfectamente los padres de estos chavales. Además de los grupitos de personas que te roban el espacio personal y bailan sin darse cuenta de que tu espacio vital en ese momento es sagrado. Y puedo decir orgullosa que gané la batalla por el sitio y se marcharon. Y luego a las 2 menos cuarto nos marchamos nosotros hartos de señores que podrían ser padres y de chavales. Y que el metro cerraba a las 2.
El sábado nos levantamos a las 10 y nos dio tiempo a ducharnos a los 4, porque somos así de veloces. Y a las 11 salíamos por la puerta de casa de camino a ikea. Supongo que la mayoría habréis ido ya, pero yo no había ido nunca. Y tienen cosas muy chulas, pero también hay mucha gente. Y debe ser el centro de operaciones de todas las embarazadas o en Barcelona hay un baby boom. El caso es que llegamos allí y Javi y Paula se fueron por su cuenta y riesgo mientras Elena y yo (que no íbamos a comprar nada) nos dimos una vuelta tranquilamente por toda la tienda. Nos encontramos con Javi y Paula en las cajas y después de que Javi se fuese (compromisos, os lo he dicho), nosotras nos fuimos a comer. No sabéis la cantidad de gente que había en el restaurante. No sé si tiene aforo máximo, pero estaban a un bebé de sobrepasar el límite. Después de comer dimos la segunda vuelta a la tienda, esta vez para elegir las cosas de Paula. No sabéis que lio nos montamos en la sección de trastos (¿o era complementos?) Para buscar una estantería de tela del color que queríamos con un cajón que nos gustase. Total para al final dejar el cajón. Pero creo que hicimos buena compra. Y con hicimos me refiero a Paula que es la que se gastó los cuartos.
Después de ikea nos fuimos a casa y cuando llegamos allí estaba el obrero/manitas/chapuzas como queráis llamarlo arreglando el desastre de la lavadora. Y resulta que no habían quitado los tornillos que sujetan el tambor en el transporte, pero que son tornillos que bien podrían ser igual de grandes que un lápiz. Un lápiz un poco usado. El caso es que ya que el muchacho estaba allí, Paula aprovechó para que le colgase las lámparas. Que digo yo, que entre que se suba él a la escalera y las ponga y nos subamos nosotras que no tenemos ni puñetera idea… la decisión era obvia. Y nos hicimos un lio porque se supone que Joan iba a casa de Paula y Javi a recibir los muebles de ikea, pero Joan no venía. Así que al final nos quedamos en casa hasta que llegaron los muebles. Bueno, unos señores trajeron los muebles. Y después vino Joan a por su silla. Creo que al final la cosa era que Javi avisaría a Joan cuando lo avisasen de ikea, pero como nosotras estamos un poco atontadas pues nos quedamos en casa esperando a los de ikea.
Una vez solucionado el tema muebles, decidimos ir a dar una vuelta por el barrio. Vuelta que acabó en una zapatería donde Elena se compró unas botas a las que les había echado el ojo. Y tiene buen ojo para estas cosas, no os creáis. Así que volvimos a casa a dejar el botín y volvimos a emprender el paseo. Y resulta que no sé porque había como un mercado o algo así en el barrio. Y cuando íbamos en busca de una plaza para tomar algo, nos llamó Joan diciendo que si íbamos hacia el hospital. No os preocupéis, está todo bien, es que detrás del hospital hay un mercado (de cuyo nombre no puedo acordarme) donde hacían el festival de la tapa. Así que pusimos rumbo al metro donde nos encontramos con Joan.
Llegamos al mercado y había grupos de música y mucha gente, así que sacamos nuestras carteras y nos compramos los tickets correspondientes. Al acabar la primera ronda de tapas llegó Javi y volvimos a sacar las carteras y otras dos rondas de tapas con su correspondiente bebida. Estábamos con la última ronda de tapas cuando de repente una de las patas de la mesa decidió plegarse sobre sí misma y tirar todo al suelo. Incluido el móvil de Elena y los tickets. Y nos entró el ataque de risa a nosotros y a los abuelos que estaban sentados en el banco al lado nuestro. Después de cenar de pie, fue la hora de que los abuelitos se retirasen y fuimos conquistando el banco, así que por lo menos el postre pudimos comerlo sentados como personas normales.
Aunque dejamos de ser personas normales cuando acabamos el postre y decidimos intentar tocar palmas al ritmo de la música. Qué descoordinación. Nos fuimos hacia el grupo de música cuando quedaban pocas canciones para acabar, una lástima. Entramos al mercado a por unos mojitos (y al baño, shh) pero fracasamos en la misión. ¿Pues no va el hombre y nos dice que él no sabe hacerlos? Bueno, disculpe señor, pero estoy segura de que la chica que está haciendo mojitos detrás de usted es capaz de hacer mojitos. Que no, que está cerrado. Pues menos dinero para ti, ea.
Así que compuestos y sin mojito pusimos rumbo al metro para ir a la Rambla y a un bar llamado  “La rosa del rabal”. Queríamos mojitos y mojitos íbamos a tener. Debimos estar allí como una hora o más hasta que después de dos rondas de mojitos nos echaron a las 2 porque cerraban. ¿Sabéis que pasa? Que es difícil calcular el tiempo cuando te lo estás pasando bien (y no llevas reloj). El caso es que estando allí nos mandó un whatsapp Ángel (el amigo de Reix, ¿os suena? Os tiene que sonar) que también está en Barcelona y como el mundo es un pañuelo, estuvo en clase con Paula, Javi y Joan. Así que lo esperamos a él y a sus amigos en la puerta para ir a otro sitio. No tenemos mucho criterio así que nos fuimos al primer sitio al que nos dijeron que nos invitaban a algo. Somos muy fáciles de contentar. Estuvimos allí un rato más después de que Ángel y sus amigos se fuesen a otro sitio. Después de que Paula rechazase muy poco correctamente a un inglés un tanto sobón decidieron cambiar de sitio. Pero digo yo, ¿no podían acabar a que acabase la canción de Ed Sheeran? Pusimos rumbo a la discoteca (de cuyo nombre ni me enteré ni lo pregunté) y allí estuvimos…. Pues otro rato, ¿qué más da cuanto rato? Podría decirse que aquí la cosa se dispersó y se desmadró un poco. Pero mantendremos el secreto de sumario porque quiero mantener la poca dignidad que pueda quedarnos. Solo diré que me encantan los baños mixtos porque por una vez todos hacemos cola igual. Aunque ese hombre quiso colarse. Pues no señor, ya se lo dije “Haces cola como todas”. Bienvenidos a las inmensas colas en las discotecas.
No sé quién decidió que era el momento de irnos, pero salimos de la discoteca y nos fuimos caminando a casa. Al llegar, hicimos una pizza (que tiene mucho mérito si tenemos en cuenta que el horno es de gas y nadie se chamuscó las cejas) y nos pusimos a ver videos en YouTube. Paula se fue a la cama a las 6:30, al poco, Elena se quedó frita en el colchón hinchable y creo que antes de las 7, apagamos la tele y nos fuimos a dormir.
El domingo nos despertamos a las 12, lógicamente. Elena y yo dormíamos en el comedor y ni con toda la luz del mundo nos despertamos. Elena porque llevaba antifaz y yo, pues porque nos habíamos acostado a las 7 supongo. Y entonces aparece a las 12 Javi con una voz de hombre de las cavernas saludando, imaginaos el panorama. Y aun así nos levantamos los 4 y montamos los muebles de ikea. Y con montamos me refiero a que comimos galletas príncipe mientras Javi montaba la mesita auxiliar y el mueble de la tele. Aunque ahí ya nos tocó ayudar un poco, pero no mucho. Y otra vez en tiempo record nos duchamos y nos preparamos porque habíamos quedado con Ángel (no el amigo de Reix, el amigo de Elena). Qué originales fueron los padres de nuestra generación con los nombres. El caso es que nos fuimos con el coche en busca de un parque que no llegamos a encontrar y acabamos comiendo en un bar de estos que lleva una pareja de chinos y que tiene pinta de tener parroquianos habituales. Lo mejor del bar fue el cartel que decía: Sólo se fía a mayores de 90 años acompañados de sus padres. Qué cachondos. Después de comer Ángel nos llevó a un centro comercial donde nos tomamos un café/helado y retomamos nuestro camino hacia una montaña que no sé cómo se llama pero desde la que se ve toda Barcelona. Hay fotos muy chulas por ahí (“por ahí” en el sentido de redes sociales, no por ahí de en el viento). Después de recoger un ramo de flores silvestres para casa, Ángel nos llevó de vuelta al piso donde aún quedaban por montar muebles. Así que acabamos el domingo como lo empezamos, montando muebles. Cerca de la hora de la cena nos dimos cuenta de que al habernos comido la pizza, quizá no habría suficiente cena. Y Paula y Elena necesitaban no sé qué para una manualidad. Así que bajamos medio en pijama a una tienda a comprar algo de cenar (imaginaos el precio un domingo a las 8 de la tarde) y a por palomitas. Después de cenar y de casi sacarme la piel a tiras con la bandeja ardiente del horno, hicimos palomitas y nos sentamos a ver una de las películas menos graciosas que he visto últimamente: Sex Tape. No sé por qué esperaba más. Después de la película Javi se fue a dormir porque el lunes trabaja como las personas normales y nosotras nos quedamos hablando un rato hasta que a Paula le entró el sueño y decidió irse de nuestra habitación/su salón.
El lunes por la mañana escuchamos irse a Javi, pero fue tan silencioso que habría que ponerle un cascabel. No como Paula que parecía un elefante en una tienda de tazas de porcelana. A las 10 nos levantamos Elena y yo y después de desayunar nos fuimos a buscar una copistería. Y nos perdimos. Pero fue el destino, porque de vuelta de la copistería vimos pasar un camión con palés. ¿Y qué? Os pongo en antecedentes. Javi y Paula querían un palé para ponerle unas ruedas y hacer una mesita de café (esas entre la tele y el sofá) y llevaban buscando uno desde antes de que se inventasen los palés. Bueno, al ver el camión pensamos que era de una obra y que no nos iban a dar palés, pero de repente se paró delante de un contenedor y le digo a Elena: ¡es de recogida de muebles! Y tras un microsegundo en el que nos miramos, salimos corriendo hacia el camión gritando para que no se subiesen al camión. Elena le pregunta que si puede recoger un palé y el hombre le dice que no, que el horario de recogida es de tal a tal y Elena le dice: no, si lo que quiero es llevármelo a casa. No quiero saber qué pensó el hombre, pero el caso es que nos dio el palé. Tampoco sabíamos lo que pesaba un palé, pero se nos hizo muy larga la vuelta a casa. Dejamos el palé en el salón y volvemos a irnos de tiendas: mañana de manualidades. Volvemos a casa y nos ponemos manos a la obra. No quiero daros envidia, pero Paula tiene una mesilla de noche que os morís. Y les pusimos las fotos del domingo de recuerdo. En realidad, nos metimos un poco en su vida y les añadimos cosas a la casa, como si fuese nuestra. Son las típicas cosas que guardaran en el fondo del armario y las sacaran cuando vayamos a ir, como si fuésemos su suegra.
Cuando llegó Paula, no la dejamos entrar y la guiamos con los ojos cerrados para ver todas las cosas que le habíamos hecho a su casa. Pero el mayor triunfo fue sin duda el palé. Antes de ponernos a hacer la comida acompañamos a Paula a correos, ¿vosotros sabéis la cantidad de gente que hay en correos a la una y media? Y cuando llevábamos un rato se me ocurre decirle a Paula que pregunte porque igual como su carta es sin sello no tiene que hacer cola. Efectivamente. No me lo tengáis en cuenta, a veces me cuesta tener grandes ideas. Comimos y después de acabar de hacer las maletas nos sentamos a ver la tele un poco y pusimos rumbo a la estación.
Subimos al tren a las 17:30 y nos tocó otro bebé en el vagón. Qué ilusión (nótese la ironía). Nos sentamos y colocamos las butacas en la posición que queríamos como quien se sienta en el sofá de su casa. Al poco el tren se pone en marcha y nosotras empezamos el viaje con una revista cada una. Cuando yo me acabo mi revista, Elena estaba durmiendo. No sabéis lo que me costó arrancarle su revista de las manos. Es como las madres que no te dan el mando de la tele aunque estén durmiendo. Pero conseguí la revista. Y después de una hora de siesta Elena se despertó. Lo malo de pasar 4 días juntas es que no tienes nada que contar y se nos habían acabado las revistas y aún faltaba media hora hasta llegar a Valencia.
Pero sobrevivimos al viaje y llegamos a casa sanas y salvas y con un viaje de vuelta  a Barcelona pendiente. Para ver el palé, no a Paula.
Espero haberos dado un poquito de envidia (de la buena) y sino, pues contadme qué habéis hecho que haya sido mejor. Pues eso, lo que yo decía…

¡Sed felices!

jueves, 17 de octubre de 2013

Los papeles del CADCI: Memoria recuperada.

Improvisadores, hoy toca culturizarse un poco. Y por eso os quiero hablar de una nueva exposición que se inauguró en el Castillo de Montjuïc el martes 15 de octubre: “Los papeles del CADCI”.

Carta desde el frente. Os la escribo abajo para que la leáis mejor.

No os preocupéis si no sabéis qué es el CADCI, hace un año yo tampoco lo sabía. Pero me ofrecieron ayudarlos con los documentos del CADCI y así lo conocí. Y ahora vengo a contaros un poco qué es el CADCI y qué podréis ver en la exposición. Primero os pondré aquí más o menos la explicación que viene en el dosier de prensa de la exposición. Después ya os pondré mi opinión personal, esto igual se hace un poco largo. Intentaré no aburriros.

Dosier de Prensa:


En 1903 se fundó el Centro Autonomista de Dependientes del Comercio y de la Industria (CADCI) para agrupar a los dependientes asalariados, todos aquellos que no trabajaban en un torno, una prensa o un telar. Los socios del CADCI eran los que trabajaban en un mostrador (también conocidos como “saltataulells”). El lema que resumía el objetivo principal de la organización era “para Cataluña, libertad; para el dependientes, mejoras”.

El CADCI se configuró con una red de sedes por toda Cataluña que, siguiendo el modelo de la delegación central de Barcelona, se organizó en la Federación de Dependientes. El centro coordinó la acción sindical con las Secciones Permanentes y las Especiales. Éstas, encargadas de ámbitos específicos, gestionaban las actividades formativas de los socios y las socias en las Escuelas Mercantiles Catalanas, la bolsa de trabajo, los servicios sanitarios en la Quinta de Salud la Alianza, las cooperativas de vivienda y consumo, las actividades deportivas y las acciones políticas y culturales relevantes. Como ejemplos de iniciativas culturales y de reivindicación nacional destacan la reactivación de la conmemoración del Once de Septiembre, la manifestación por el estatuto en 1932, la participación durante los hechos de Octubre de 1934 y la organización de la Olimpiada Popular de 1936.

Durante los hechos del 6 de octubre de 1934, la entidad dio apoyo a la constitución del Estado catalán por parte del presidente de Cataluña, Lluís Companys. El ejército, des de los astilleros, bombardeó la sede del CADCI, algunos socios murieron y otros fueron detenidos, entre los cuales estaba su presidente Jaume Cardús que había dado apoyo a la proclamación de la República Catalana. En 1936 el presidente del CADCI fue puesto en libertad junto con el presidente Lluís Companys y los consejeros de la Generalitat. Esto tuvo lugar tras la victoria en las elecciones generales de 1936 del Frente Popular y del Frente de Izquierdas en Cataluña. Los socios y socias recuperaron el CADCI y durante este año llegaron a emitir más de 60.000 carnets.

Durante 1938 el CADCI llegó a movilizar unos 5.000 socios para luchar con el Ejército Popular de Cataluña contra el ejército franquista. Mientras, la entidad actuaba en la retaguardia gestionando acciones de apoyo al frente y otros dirigidos al auxilio social o la gestión en la colectivización de empresas.

Con la entrada en Barcelona del ejército de ocupación el 26 de enero de 1939 también entró en acción la Delegación del Estado para la Recuperación de Documentos. La función de la DERD fue fundamental en la acción represiva ya que con el registro y requisa pretendía identificar a la máxima cantidad de personas y entidades consideradas enemigas de los valores franquistas.

El CADCI fue clausurado y se le arrebataron las propiedades (el edificio de la Rambla Santa Mónica, casas, campos de deportes, suelo edificable, cuentas corrientes, bibliotecas, archivos, etc.). Según el libro de actas de la DERD, el largo y minucioso registro de la sede del CADCI fue uno de los más grandes de los 1690 que se realizaron en Barcelona del 28 de enero al 3 de junio de 1939. El resultado fue la obtención de 180 sacos de documentos en una semana.

La mayor parte de los documentos requisados fueron destruidos y convertidos en pasta de papel. Otra parte se disgregó por diferentes instituciones de la administración franquista y el resto pasaron a formar parte del actual Centro Documental de Memoria Histórica ubicado en Salamanca. Se estima que solo se conserva actualmente un 10% del total expoliado en Cataluña.

Para definir los métodos de trabajo de la estrategia de represión, el ejército tuvo la colaboración del gobierno alemán por medio de una comisión de especialistas en administración policial, policía política y policía criminal. Esta comisión secreta, dirigida por el coronel alemán de las SS Heinz Jost, se encargó de establecer el procedimiento de vaciado de datos de los documentos requisados. Estos documentos supusieron la creación de un archivo de información política. El archivo se ubicó en Salamanca que desde 1938 era la sede del DERD.

La represión de la dictadura se ejecutó mediante diferentes organismos. En el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo se elaboraban sentencias a partir de los informes que, fruto del expolio documental, emitía la DERD. La DERD compartía edificio y responsable (Marcelino Ulibarri) con el Tribunal.  No existen datos contrastados, pero se calcula que de 1940 – 1964 se ejecutaron unos 60.000 procesos judiciales. La cifra evidencia la magnitud de la represión franquista, así como la relevancia que adquiere la documentación expoliada ya que aportaban datos y nombres de personas, entidades y organismos. Su procesamiento generó 3.190.000 fichas de individuos que utilizaron para ejecutar sentencias. El fichero que conserva estas fichas sigue estando en su ubicación original en Salamanca.

Con el restablecimiento de la Generalitat de Cataluña el 29 de septiembre de 1978 se pusieron en marcha una serie de acciones civiles y políticas con voluntad de recuperar el patrimonio expoliado. A pesar de las iniciativas presentadas en la sede parlamentaria y el pronunciamiento del Patrimonio de Cataluña, no fue hasta 1982 cuando se consiguió microfilmar los documentos. A pesar de todo fue en 2012 cuando, con la aplicación de la Ley de Restitución del 2005, se devolvieron al CADCI una parte de los 368 legajos y 6 libros de actas. Aún faltan por devolver 35.670 documentos conservados en más de 450 cajas.

Los carteles de propaganda saqueados del CADCI siguen en Salamanca y no serán devueltos en un principio. No se sabe nada de los 9.000 volúmenes de la biblioteca, ni las cuentas bancarias o de los bienes sustraídos. En el acta de confiscación de la “Cooperativa de Casas Baratas del CADCI” hecha por el Instituto Nacional de la Vivienda, constan 23 casas construidas en Sarrià, un terreno de Pedralbes y una casa del barrio de Sant Andreu. La sede en el número 10 de la Rambla de Santa Mónica, después de ser requisado por el ejército pasó a ser propiedad del Estado franquista. La sede nunca se ha devuelto al CADCI, al igual que el resto de bienes. Actualmente es propiedad del Ministerio del Trabajo y Seguridad Social que en 1984 la cedió a la UGT.

Mi opinión personal: 


Por mi parte, os recomiendo ir a esta exposición. Da igual si sois catalanistas o no, si sois de derechas o de izquierdas. Sigue siendo una exposición que permite sacar a la luz parte de la historia que se está recuperando y vale la pena. La exposición estará del 15 de octubre al 6 de enero en la sala 17 del Castillo de Montjuïc. Está abierta de 9 a 19h y es de entrada libre.


Os voy a dejar aquí algunas fotos que hice el día de la exposición. Espero que os guste y vuelvo a recomendaros que vayáis. 





Carnets de socios. Devueltos desde Salamanca y expuestos en Montjuïc.

Fichas que se entregaban a los hijos de los socios del CADCI.

Postal enviada desde el frente. 


Telegrama enviado solicitando un certificado de antifascista.

Imagen de la primera misa celebrada en Barcelona después de la ocupación.

Soldado republicano y socio del CADCI delante de una bandera de la entidad.

Selección aleatoria de algunos de los carnets devueltos desde Salamanca.

Fotos de las Escuelas Mercantiles.

Joan Escudé (socio del CADCI) viendo la entrevista que a él mismo le hicieron.

Carnet de Joan Escudé cuando tenía 20 años. No se lo llevaron a Salamanca al tenerlo guardado su madre. (No sabéis lo que fue pasar de estar pasando datos a un excel a conocer a un socio del CADCI en persona)

Imágenes de las actividades de retaguardia.

Más imágenes de retaguardia.

Así es como se conservan los documentos en el Archivo Histórico Nacional.


Vaga mercantil delante de la sede del CADCI el 19 de junio de 1936. Se puede ver el cartel de la Olimpiada Popular que debía haberse inaugurado el 19 de julio de 1936.

Solicitud al CADCI de un permiso de libre circulación para su empleado y socio del CADCI. 

Sello del CADCI en 1903.

Carnets de socios. Abajo, recibo de pago de junio de 1937.
Acompañaba a la foto en los carnets de los socios.  "Todo socio representa al Centro. Cabe en todo lugar comportarse digno de esta representación."

Os dejo aquí el enlace a la noticia en televisión. Aunque os aviso que está en catalán (para los que no lo entiendan).

La carta con la que abro hoy el blog la enviaron desde la División Carlos Marx en el Regimiento de Infantería de Aragón nº2, 3er Batallón. Y dice así:

"Granja del Cuervo a 13 de Enero de 1937.

Simpáticas y lindas nenas del CADCI,

En estos momentos en que el aburrimiento y la nostalgia están completamente apoderados de nosotros, hemos pensado que quizás entre alguna de estas lindas obreritas de Barcelona exista alguna que tenga la amabilidad de escribirnos y contarnos algo de ésta apreciada Ciudad que tanto echamos de menos. 

No dudamos que vosotras que habéis demostrado y demostráis tener un corazón tan noble, al trabajar por nosotros para procurarnos todo el bienestar posible en estas áridas y frías tierras de Aragón y que además nos hacéis el obsequio de mandarnos este regalo, que lo apreciamos, no por el valor material que representa sino porque junto con él viene todo el espíritu de Cataluña, caracterizado principalmente en vosotras, que habéis contribuido con esa fineza que distingue a la mujer, a hacernos más dichosa esta azarosa vida. 

No queremos cansaros más, y esperamos ansiosos vuestras respuestas que no dudamos llegarán muy pronto, aliviándonos un poco con vuestras caricias literarias de estos días que tan largos se hacen lejos de nuestra querida Ciudad y simpáticas camaradas. 

Salud y Revolución. 

Vuestros camaradas que esperan impacientes les contestéis."

Joyas como esta son algunas de las que podréis ver en la exposición hasta el 6 de Enero. No os lo podéis perder. Y yo, al igual que los soldados de la División Carlos Marx en el Regimiento de Infantería de Aragón nº2, 3er Batallón, espero ansiosa vuestras respuestas (o comentarios).

¡Sed felices!