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domingo, 15 de agosto de 2021

Escapada Manchega: Santa Maria del Campo Rus (Cuenca). P.2

Improvisadores, 

Retomamos el viaje donde lo dejamos. ¿Os acordáis? Martes de mercado, miércoles castillo de Belmonte...

Pasamos entones al jueves, que volvimos a ir de mercado esta vez a San Clemente. Pero primero, paseo por el campo hasta San Isidro. Luego ya hacia San Clemente. Esta vez el mercado es mucho más grande. Tengo que decir que la gracia de ir al mercado es desayunar porras, que en Valencia solo tenemos en fallas. Aquí compramos comida, ropa, zapatos… nos volvimos medio locas. Luego una Coca-Cola a la sombra en la plaza de la iglesia parroquial de Santiago Apóstol y para casa, que entre unas cosas y otras comíamos a las 4 de la tarde. Que también os digo que hambre hambre… menudo empacho ese día. Condeciros que la siesta acabó a las 19h…

Y llegamos al viernes, ultimo día. Esta vez no nos fuimos a caminar, ya no sabíamos dónde ir. Así que nos fuimos de ruta de tiendas. A la panadería a encargar madalenas, a la carnicería a por embutido y a la quesería. Vamos, lo que viene siendo un básico cuando visitas cualquier sitio, volverte a casa con el coche lleno de comida. Por la tarde nos fuimos a la piscina y luego bajamos a cenar al bar. Luego nos fuimos hacia fuera del pueblo y vimos las estrellas. Vimos hasta la vía láctea. Era impresionante. Pero tengo que admitir que empezó a hacer frío y ya nos fuimos para casa.

Sábado, hora de irse a casa. Llenar el coche y salir a la carretera para encontrarse todo el atasco en dirección Valencia por la A3 desde Madrid. No pasa nada, no tenemos prisa. Paramos en Honrubia en el Restaurante Moya a comernos un bocadillo de bacon con queso y una Coca-Cola y qué queréis que os diga, el trafico hasta casa se ve diferente. Llegamos a Valencia después de km de atasco. Por fin. Y teníamos 6h para comer, descansar y volver a vernos porque habíamos quedado a cenar con las amigas. 

Habíamos reservado en el mercabanyal porque yo tenia muchas ganas de probarlo. Tenía especial interés en los baos de Baovan y las hamburguesas de Hundred y no puedo quejarme. Estuvimos de lujo, cenamos mejor que mejor y nos volvimos andando a casa que hacia una noche espectacular. 

Pero la cosa no queda ahí, el domingo quedamos para ir a la playa y luego a comer en la Chipirona Playa. Yo no soy muy de pescados y mariscos, per la fritura de chipirones con queso feta y mayonesa de quimchi y el arroz con bogavante... no había mejor cierre a una semana de vacaciones fantástica! 

Espero no haberos aburrido mucho con las entradas del viaje y haberos dado alguna idea por si no sabíais aun donde iros. Y os prometo que os iré compartiendo en instagram fotos de todo! 

¡Sed felices!  

domingo, 8 de agosto de 2021

Escapada Manchega: Santa Maria del Campo Rus y Belmonte (Cuenca). P.1.

Improvisadores,

¡Volvemos a las andadas! Esta vez un viaje de 4 días a la provincia de Cuenca. El año pasado me fui a Carboneras y este año tocaba Santa Maria del Campo Rus.

Pero primero, ¡las presentaciones! Es un pueblo de no más de 600 habitantes en medio de Castilla La Mancha. La zona está habitada desde la antigüedad al estar en la vía que unía Alcalá de Henares con Cartagena. Pero su fundación oficial es anterior al siglo XIII, en época de Al-Ándalus con el nombre de Barrachina. Durante la expansión cristiana en la edad media se construyó una torre vigía y allí se agrupó la población y acabaría construyéndose la iglesia de Santa Maria (que ya no existe). Alcanzaría mucha importancia gracias a las minas de salitre. Se die que fue en Santa Maria donde murió el poeta Jorge Manrique después de ser herido en Castillo de Garcimuñoz enfrentándose a las tropas de Juan Pacheco marqués de Villena. Es un pueblo pequeño pero muy bonito de ver, tiene casas muy bonitas y varios elementos patrimoniales muy interesantes. Entre ellos la ermita de la Virgen del Amparo a la entrada (o salida, según de donde vengas) al final de un paseo. Anteriormente fue un hospital utilizado para donar sangre y poder abastecer a los heridos de guerra y se convirtió en 1545 en una fundación para dar culto a la Virgen del Amparo, patrona de la villa y dar protección a los pobres y cristianos. Es un pueblo predominantemente agrícola (esto según la página de su propio ayuntamiento) con cultivos de ajo, cereal y vid. Pero también os digo que hay muchísimos campos de girasoles.

Una vez presentado Santa Maria, vamos a lo interesante. El lunes por la tarde salimos Elena y yo de camino a su casa para llegar justo a la hora de cenar. A dormir fresquitas que en Valencia hace un calor de morirse.

El martes por la mañana nos fuimos a andar hasta los Molinos (ya os subiré una foto a instagram). Estos molinos quedan fuera del pueblo e igual alguno los vio en televisión porque salieron en el programa “Quien vive ahí” ya que no son ya molinos sino casas. Esto de salir a pasear pronto es porque este verano hago 5km todas las mañanas y Elena dijo que seguíamos. Pero había que volver a casa y ducharse porque los martes es día de mercado en Santa Maria. Así que allí echamos la mañana entre puestos y vecinos. Pero oye, qué buena forma de pasar la mañana. Luego tocaba comer y siesta, por supuesto. No hay ser vivo que aguante a esas horas fuera de casa bajo el sol de La Mancha. ¿Y después? A la piscina del pueblo, que estamos de vacaciones. Así que allá nos fuimos con nuestra nevera porque con el COVID el bar de la piscina esta cerrado. ¿Sabéis que gozada luego cenar a la fresca? No os lo imagináis. Que en Valencia hace calor desde mayo. Calor y humedad.

El miércoles nos levantamos y nos fuimos por otra ruta que el padre de Elena calculaba unos 5km. Y resultaron ser 7.5km. Pero no pasa nada, ¡valió la pena porque estaba llena de girasoles! Pero como no habíamos caminado bastante, decidimos coger el coche e irnos de visita al castillo de Belmonte. Hay aparcamiento arriba a las puertas del castillo. La entrada nos costó 9€ y con la aplicación “Castillos y Palacios de España” podéis escuchar el audio guía en vuestro propio teléfono. A mi me sonaba Belmonte de haberlo estudiado, pero no había estado nunca y la verdad es que es muy bonito. Es Tesoro Artístico Nacional desde 1931 y actualmente es considerado Bien de Interés Cultural. Me llamó la atención que es triangular, el patio cuando entras no es el típico patio cuadrado de castillo. Mantiene la estructura que le dieron en el siglo XV cuando los construyeron por orden de Juan Pacheco (sí, el mismo que luchó contra Jorge Manrique en el Castillo de Garcimuñoz). En 1811 los muros del castillo presencian el fusilamiento de Francisco Sánchez Fernández tío Camuñas, un guerrillero español en la lucha contra los franceses. Fue uno de los guerrilleros más populares de La Mancha y se enfrentó a los franceses tras los abusos sufridos en su pueblo y el asesinato de su hermano Juan Pedro. Tanto en Belmonte como en su pueblo, Camuñas, tiene una calle con su nombre y placas conmemorativas. Se le atribuye a él la frase "Yo no he estudiado nada, pero sé por la luz natural, que un pueblo oprimido es un pueblo que sufre violencia". Aun así, en la actualidad en muchas zonas de España se utiliza para asustar a los niños para que no se acerquen a los pozos y evitar accidentes, para referirse a alguien desaliñado o para referirse a alguien sigiloso.

Volviendo al castillo, el protagonista de este sitio no es Juan Pacheco. Las protagonistas son dos mujeres: Juana de Trastámara y Eugenia de Guzmán. Igual os suena más Juana la Beltraneja, que se enfrentó a Isabel la Católica por el trono y cuenta la leyenda que escapó del castillo por una ventana. Y será Eugenia de Guzmán (igual os suena más Eugenia de Montijo) quien reconstruyó el castillo en el s.XIX. Por eso en el patio si vais veréis unas galerías más modernas que el resto del edificio, porque mantuvo la estructura, pero dentro Eugenia impuso la moda de la época. Además, parece ser que la emperatriz consorte de Francia marcaba tendencia en Europa. Será su sobrino nieto Hernando Fitz-James Stuart y Falcó, duque de Peñaranda, quien retomó el proyecto de Eugenia de Montijo. Fue en 1931 cuando lo declararon Tesoro Artístico Nacional. Durante la Guerra Civil fue utilizado como prisión, como en otras tantas guerras. Y después, servirá como academia de rurales Onésimo Redondo en manos del Frente de Juventudes. Pero caerá en el abandono y es ahora cuando ha ido restaurándose y recuperándose gracias a la colaboración de los propietarios (la Casa Ducal de Peñaranda descendientes de la Duquesa de Alba, María Francisca de Sales Portocarrero, hermana de Eugenia de Montijo), la administración local y el Ministerio de Fomento. Os recomiendo la visita porque se han trabajado muchísimo un video introductorio que os cuenta todo lo que os he contado yo, pero mucho más entretenido. Además, en la primera planta veréis como era el castillo en la época de Juana de Trastámara y en el segundo piso como era en la época de Eugenia de Montijo. Las dos mujeres que marcaron época en el castillo. Son 9€ que no me parecen caros. La visita está calculada en 1h y media, pero podéis ir al ritmo que os apetezca. Los techos y ventanas son preciosos y por no hablar de las escaleras de madera con todos los detalles.

Os prometo que os iré dejando fotos en instagram y, si no se me pasa, os las enlazo aquí. 

Voy a frenar aquí que sino se hace muy largo el post y estamos de vacaciones, no hay que cansarse... pero la semana que viene ¡segunda parte! 

¡Sed felices! 


domingo, 15 de noviembre de 2020

Puente Castellano: Alcolea del Pinar, Molina de Aragón y Formiche (p.4 y última)

Improvisadores, ¿Cómo estamos? Hoy llegamos al último día de puente castellano. Tengo un problema, no se que os contaré la semana que viene… pero ese es un problema para el futuro. De momento, volvemos al 12 de octubre. Último día de puente y momento de volver a casa. Eso sí, con paradas de por medio. 

Primero hay que prepararse, así que fuimos a desayunar churros con chocolate a “Gustos de Antes”. Que mira, eso es el paraíso del goloso. No he visto panadería pastelería con más cosas. Gustos de antes y de ahora, porque madre mía… con deciros que todos los días que pasamos por delante tenían cola ya os hacéis una idea.

De aquí nos íbamos hacia Valencia, pero de sorpresa paramos en Alcolea del Pinar. ¿Qué hay aquí? Pues el día de antes había leído que estaba la Casa de Piedra. No pudimos visitarla porque con el tema del covid no se puede, más que nada porque son los familiares del creador y propietario Lino Bueno los que la enseñan. Es una casa tallada completamente en la roca que empezó a hacerla en 1907 y acabó en 1927. Tiene dos plantas (creo) que construyó por las noches ya que durante el día trabajaba en el campo. Todo está tallado en la roca, incluso el mobiliario como alacenas, mesas, etc. La peña era del ayuntamiento que la cedió a Lino para que construyese una casa para su familia, en mi opinión creyendo un poco que no iba a ser capaz, pero estuvo habitada hasta 1990 (si no me equivoco). Todo esto es lo que leí de la casa, porque como os digo no pudimos hacer la visita. Por lo visto es una localización bastante conocida pues tanto Alfonso XIII con Primo de Rivera como Juan Carlos y Sofía la han visitado en algún momento. Durante la guerra civil fue refugio y polvorín, pero Lino no lo vio pues murió en 1935 a los ochenta y muchos años dejando (aun) una habitación sin terminar en un tercer piso que no llegó a hacerse.

Os dejo aquí dos enlaces con un poco más de información de Lino y su Casa Cueva, por si os interesa.

Imposible sacar la casa entera en una foto...

De aquí nos fuimos rumbo a Molina de Aragón, pero antes queríamos parar en un yacimiento que hay en Herrería, El Ceremeño. Era un castro celtibero y hoy yacimiento arqueológico. Lamentablemente solo pudimos verlos desde la valla pues, otra vez, por el covid y sin reserva previa no se pude visitar. Es un castro curioso pues está bastante comunicado con otros castros, no está aislado. Y esta muy cerca de la actual N211, antigua calzada romana. Esta declarado como BIC (Bien de Interés Cultural) y pensamos que por intentar visitarlo no perdíamos nada. Esta estratégicamente colocado sobre un cerro en la zona del rio Saúco, bien posicionado tanto para defensa como para agricultura. Tiene una muralla de 2-2.5 metros de ancho y 2m de altura que rodea el perímetro de nada mas y nada menos que 2.000 m2; pero actualmente se conservan 85 metros de muralla. 

Visto lo poco que podíamos ver de El Ceremeño, nos fuimos hacia Molina de Aragón. Aquí nos avisaron de que el Castillo (una vez más) no se podía visitar. Así que decidimos dar una vuelta e ir subiendo hacia allí. Si llegábamos bien y si no también. Molina de Aragón pasó, en época medieval, de mano en mano. Igual por eso encontramos la zona de la judería y la morería aun con sus calles estrechas como barrios propios. Aunque fue conquistada por Alfonso I de Aragón, la cedió a Castilla; pero luego la conquistaron los almorávides volviendo así a manos musulmanas. En el siglo XII fue conquistada, de nuevo, por un noble castellano que lo convirtió en señorío independiente. En la guerra entre Castilla y Aragón, Molina se amotinó contra Enrique II de Castilla y se puso bajo soberanía de Aragón y, de aquí, el nombre de Molina de Aragón (antes, Molina de los Caballeros). En 1375 volvió definitivamente a Castilla como parte de la dote de la infanta Leonor de Aragón. Es curioso que en la plazuela de Tres Palacios hay un poema (de 1983) que conmemora las hazañas de los vecinos de Molina que resistieron contra las tropas napoleónicas en 1808. Os lo dejo aquí.



Como os digo, no visitamos nada en Molina, excepto Molina en si misma. La verdad es que es una ciudad (pues según internet tiene el título de ciudad) preciosa. Os iré enseñando fotos en Instagram. De hecho, la foto de la puerta que hay en mi Instagram es de Molina de Aragón y cómo gustó. Cuando ya nos íbamos a Molina, llegamos de casualidad al rio que estaba precioso en octubre con los colores otoñales que, en Valencia, aun tardaron un poco en llegar. Y en algunas zonas no ha llegado aún. Me llena de orgullo y satisfacción informaros que, al final, de calle en calle sí llegamos al castillo. También os digo que es casi imposible sacarlo en una foto sin que salga una carretera o un cable de teléfono. Pero yo hice lo mejor que pude.

Ya ahora si que si nos fuimos hacia Valencia y ya sobre las 15h paramos a comer. Y ya, por seguir con la ruta gastronómica, nos desviamos hasta Formiche Alto pues, al parecer, es de allí la empresa que fabrica la morcilla de arroz que compramos aquí. Y dijimos, ya que estamos… Es un pueblo de 151 habitantes, pero tranquilos porque bares tiene. Nosotros comimos en el Bar 4 esquinas. No os puedo dejar enlace ni nada porque no hay nada en internet. Pero os lo apuntáis en una nota. Menú casero 100%, buenísimo, super bien de precio. El típico de menú de primeros y segundos con platos combinados de lo que tu quieras. Postres caseros impresionante. Yo me pedí un consomé (obviamente) y el plato combinado de morcilla (no vamos a ir hasta allí para nada). Un bar típico, muy amplio, limpio y de atención extremadamente agradable. No os imagináis como estaban esas natillas.

El viaje acabaría con nosotros llegando a casa sin encontrar atasco al entrar a Valencia, que ya de por si es un éxito, y preparándonos para la vuelta a la realidad de golpe para el día siguiente. Pero eso… eso ya no es tan interesante.

Se que esta entrada ha sido un poco más cultural y menos de anécdotas, pero es lo que hay cuando tampoco puedes visitar muchas cosas. Y yo soy un poquito friki de la historia, ya lo sabéis. Espero que, a pesar de todo, os haya gustado. Yo iré pensando qué contaros el domingo que viene.

¡Sed Felices!

domingo, 8 de noviembre de 2020

Puente Castellano: Campillo, Valverde, Jadraque y Torija (p.3)

Improvisadores, espero que estéis bien. A mi personalmente se me está haciendo cuesta arriba este año, pero qué le vamos a hacer, ¿no? Por eso vengo a contaros la tercera parte del puente castellano, para distraernos.

Estamos ya en domingo 11 de octubre, no nos queda nada para volver a casa. Así que hay que aprovechar el día. Nos fuimos a visitar los Pueblos Negros. Hay muchas rutas que hacer y mucho que ver, así que nosotros seleccionamos dos pueblos a los que ir. Desayunamos en Los Soportales y nos fuimos hacia Campillo de Ranas. Es un pueblo pequeño, 148 habitantes según wiki, y de hecho no se puede entrar con el coche. Así que aparcamos a la entrada del pueblo que hay un aparcamiento y ya caminando al pueblo. La verdad que es un pueblo muy bonito y un paseo agradable. Nosotros aprovechamos y compramos miel y mermelada caseras que ya os enseñaré en Instagram. Y lo que más me gustó fue que no había nadie. De verdad que nos cruzamos todo el rato con la misma familia. No sabéis la paz que había allí.


Os podéis imaginar que la visita a Campillo dura lo que vosotros queráis, porque es pequeñito. Pero es precioso y estuve haciendo bastantes fotos. Ya las iré compartiendo. Pero antes de irnos al siguiente pueblo hicimos una parada técnica, y menos mal ya veréis por qué. Era sobre las 13h y no habíamos almorzado. Así que nos tomamos algo (yo un agua, obvio) y pidieron un pincho de tortilla. Os prometo que la mejor tortilla de patatas que existe es la de mi madre, y eso es indiscutible, pero esta tortilla… con deciros que le hice una foto porque tenía una pinta, un color precioso, un… ¿se nota que me flipa la tortilla de patatas? Catadora de croquetas, patatas bravas y tortilla de patatas.

De allí nos fuimos hacia Valverde de los Arroyos que, por lo visto, es el pueblo negro más conocido. Y tanto. Estaba a reventar de gente. De hecho, nuestra idea era hacer una ruta que sale de allí después de comer. Todos los restaurantes completos, gente comiendo en la calle… así que estuvimos 5 minutos dando una vuelta y nos fuimos porque aquello era agobiante. Y pensamos “vamos bajando y en el siguiente pueblo comemos”. JA. Una hora después encontramos un sitio donde comer. En Jadraque, en el restaurante El Castillo. Que además llegamos tardísimo que yo pensaba que no nos darían de comer. Pero comimos, vaya si comimos. Yo me pedí una sopa (empieza a ser repetitivo) pero, qué sopa. Tenia de todo. Con deciros que comí eso y ya. Bueno, y postre. Y ya que estábamos allí subimos a ver el castillo de Jadraque. No se podía visitar por dentro, pero la camarera del restaurante nos dijo que lo bonito era por fuera y no mentía. Vale la pena subir. Además, se puede subir prácticamente hasta la puerta con el coche. De hecho, había un grupo de motoristas que subieron hasta la puerta. Eso sí, hace mucho aire arriba, preparaos. Pero las vistas son increíbles. El resto del pueblo no pudimos visitar nada, ya sabéis… Fase 2. Y es una lástima porque en Jadraque tienen, hasta donde yo sé, una obra de Zurbarán y una talla de Pedro de Mena. Además, esta la casona de las Ursulinas que refugió en 1808 a Jovellanos y a Goya.


De aquí nos fuimos a Torija, porque ¿qué son 30 min después de conducir 1h para comer? En Torija realmente no vimos mucho. Nos tomamos el café (yo no) a los pies del castillo y nos fuimos hacia Sigüenza. La verdad que me llamó la atención que el castillo de Torija no estuviese en alto como el resto de los castillos que llevábamos vistos. Lo curioso es que este castillo ha vivido de todo. Durante la guerra de independencia contra Napoleón fue refugio de Juan Martín “El Empecinado”, responsable de que los muros fuesen destruidos para que los franceses no lo utilizasen; en 1937 fue cuartel de Líster y Kahle, jefes de las brigadas republicanas en la Batalla de Guadalajara. Por razones más que obvias el castillo fue reconstruido años después y ahora es un centro de interpretación de la provincia y en la torre del homenaje hay un museo dedicado única y exclusivamente al libro “Viaje a la Alcarria” de Camilo José Cela.

Y ya de aquí nos volvimos a Sigüenza porque se hacía de noche y, sinceramente, hacia un frío increíble. Si os digo que nos despertábamos con 0º… Volvimos a cenar en El Mesón porque no os mentí cuando dije que estaba increíble. Y sí, antes de que preguntéis, me pedí una sopa. Podéis reíros de mí, pero qué feliz soy así.

Y hasta aquí el penúltimo día de viaje. La semana que viene el cuarto y último. Luego tendré que pensar qué os cuento porque, como todos, los de los viajes este año esta complicado. Disfrutad de la semana con cabeza.

¡Sed Felices!

domingo, 1 de noviembre de 2020

Puente Castellano: Pelegrina y Medinaceli (p.2)

Improvisadores, ¿Cómo lleváis la primera semana de toque de queda? Yo como me levanto a las 6.15 para ir a trabajar… ya me entendéis. Así que vamos a rememorar cosas más agradables y seguimos con el puente castellano, ¿si?

El sábado 10 nos habían avisado que habría más gente, pero pensamos que exageraban. Así que prontito nos fuimos al barranco del Río Dulce a hacer una ruta circular facilísima pero muy bonita y agradable. Os compartiré fotos. Facilísima nivel que yo iba en vaqueros, que es apta para niños. Pone que apta para carritos de niños, pero eso ya no lo tengo tan claro. La verdad es que estaba precioso con los colores de otoño. Y si os digo que es donde Félix Rodríguez de la Fuente rodaba muchos de sus programas ya os imagináis la de animales y sitios preciosos que hay. Nosotros tardamos como 3h pero porque íbamos parándonos, haciendo fotos y tal. Y no subimos a la cascada porque un grupo que bajaba nos dijo que estaba seca.

La única pega que voy a poner es que cuando estábamos acabando se llenó de gente. Que en un momento nos apartamos del camino porque entró un grupo de unas 50 personas y no exagero. Se que exagero siempre, pero esta vez no. Y os recuerdo que Castilla La Mancha estaba en fase 2 y no podía haber grupos tan grandes. Por muy al aire libre que fuera. Y menos mal que nos íbamos ya, porque imaginaos como fue que al día siguiente salió en el periódico la avalancha de gente que hubo en el pueblo. Además el pueblo donde dejas el coche es minusculo, Pelegrina, que tiene según wiki 15 habitantes. Al acabar, nos paramos en el restaurante “El mirador del dulce” que no tiene perdida porque es el que esta al lado del parking a tomar algo. Yo mayoritariamente agua. Pero la tortilla de patatas y los torreznos.. impresionantes. Pero el agua me estuvo increíble. Teniendo en cuenta que yo el día que menos bebo será como 2L.. pues 3h de ruta sin agua, mal pensado. Hice muchas fotos, algunas absurdas y haciendo el tonto que no veréis, y otras que os compartiré en Instagram.

De aquí nos fuimos a Medinaceli. Tengo que admitir que yo pensaba que Medinaceli era muy grande, porque nos habían dicho que había mucho que ver. Y estaba yo nerviosa por si nos entreteníamos mucho en Pelegrina y no nos daba tiempo a ver Medinaceli. Obviamente me equivocaba. Medinaceli está catalogado como uno de los pueblos más bonitos de España y, sinceramente, es bonito. Llegamos cerca de la hora de comer y como Castilla y León también tenia muchas restricciones, no había mucho que ver. Así que dimos una vuelta por el pueblo mientras buscábamos donde comer. Hay muchas opciones y la verdad es que es difícil elegir. Nosotros al final comimos en El Rincón de la Vila. Es un sitio de comida típica castellana con su menú establecido y bastante espacio en la zona de comedor para estar bien separados y amplios. Tengo que decir que si tenemos que quedarnos con algo del covid para siempre, que sea con la separación de mesas. Gracias. Aquí las migas estaban impresionantes también, pero no tengo foto. El ansia, ya sabéis. Las croquetas… increíbles. Si pudiese, seria catadora de croquetas. Pero no creo que de para vivir. Para ser feliz sí, pero no para vivir. Aquí probamos un hojaldre hecho con mantequilla de Soria que si vais a Medinaceli y no lo probáis… deberíais ir a prisión. De hecho, quisimos comprar en una tienda y nos dijeron que no tenían y nos mandaron a este restaurante a comprarlo. Ahi lo dejo.



De aquí nos fuimos a ver el mosaico romano, que sí estaba abierto. Es una exposición muy interesante y os va contando no solo sobre el mosaico sino sobre toda Medinaceli. Yo la recomiendo. Después dimos una vuelta por el pueblo y no había casi nadie, fue un paseo muy agradable. Acabamos en el arco romano que esta al lado del parking. Bueno, el parking al lado del arco, que el arco estaba antes. Y de allí ya nos fuimos.

De aquí nos volvimos a Sigüenza, por lo de descansar, ducharse y esas cosas varias antes de ir a cenar. Esta vez cenamos en La Catedral. El restaurante eh, no el edificio religioso. La verdad que cenamos muy bien, yo sopa, para variar. Tengo que decir que no aprovechamos al máximo el restaurante, porque no teníamos hambre aun después de Medinaceli. Así que yo una sopa castellana y una tosta de pan con tomate que mira, yo feliz. Os parecerá una tontería, pero yo soy así de simple.

Vamos a dejar aquí esta parte, que la siguiente tiene mucho que contar y tampoco hay que saturarse.

Disfrutad de la semana (con cabeza) y cuidaos.

¡Sed Felices!

domingo, 25 de octubre de 2020

Puente Castellano: Sigüenza, Atienza y lo que queda (P.1)

 Improvisadores, ¿Cómo va la semana? La verdad que yo hasta arriba de trabajo preparando clases y con evaluaciones online y corrigiendo. La manía que tienen en 2 de bachiller de hacer exámenes. ¡Qué ganas de que sea verano ya! Aunque escribiendo esto en octubre igual es mucho pedir.

Además, con toda la situación del covid cada día está más difícil poder hacer algo que despeje la cabeza, ¿no? Bueno, igual es solo mi sensación. Así que he pensado que rememoraré el último viaje que hice que fue este puente de Octubre pasado. Nos fuimos 4 días a Guadalajara y claro, cuatro días dan para visitar muchos sitios y probar muchos platos. Tengo que confesar que yo soy fan del plato de cuchara y en cuanto hace un poco de frío me lanzo como una loca a comer sopa. Así que igual puedo haceros un ranking de las mejores sopas castellanas de la zona.

El viernes 9 de octubre era fiesta en la Comunidad Valenciana y, aprovechando, nos fuimos hacia Sigüenza en cuanto acabamos de trabajar. Llegamos sobre las 21h justos para ir a cenar. Si vais, cuando se pueda, la Hospedería Puerta Coeli es en la que estuvimos. La verdad que habitaciones super bien, el servicio fantástico. Nosotros avisamos de que llegaríamos tarde y estuvieron super atentos llamándonos por teléfono. También nos hizo unas recomendaciones geniales de donde ir o qué ver. Además, la Hospedería está al lado del Parador Nacional, en el centro histórico de Sigüenza. Por el tema del covid han hecho un circuito de entrada y salida y no dan servicio de desayuno ni tiene la terraza o las zonas comunes habilitadas, pero sin duda un sitio donde volver en condiciones ya normales.

En cuanto dejamos las cosas en la habitación nos fuimos a cenar a uno de los sitios que nos habían recomendado. El Mesón, que es también hostal por lo visto, y cenamos de lujo. Teníamos hambre, pero cenamos de lujo. Yo, obviamente, una sopa castellana. Os tengo que decir que la mejor de las que comí por la zona, ya os la enseñaré un día. De aquí hicimos poco más, dar una vuelta aprovechando que aun no hacia mucho frío, porque avisaban de que el fin de semana seria frio.

Una cuestión que no tuvimos en cuenta es que en Castilla – La Mancha estaban en fase 2, eso quiere decir que estaba todo cerrado. Todo lo que podría visitarse estaba cerrado, incluso la catedral. Así que el viernes por la mañana queríamos aprovechar que aún no había mucha gente para visitar Sigüenza. Nos habían dicho desde la Hospedería que el fin de semana del puente se llenaría de gente, así que quisimos aprovechar la soledad. Bajamos a desayunar a la plaza al Mesón Los Soportales. Solo desayunamos, pero me quedé con ganas de cenar o comer allí. Porque de verdad que tenía todo una pintaza. Ojo, el desayuno de chocolate con churros tremendo. Nunca diré nada malo de un chocolate con churros.

¿Cómo va a ir mal el día si empieza así?
¿Cómo va a ir mal el día si empieza así?

De aquí nos fuimos a dar una vuelta por Sigüenza porque no había mucho más que hacer. Ya os iré compartiendo fotos en Instagram a ver si así se nos hace más llevadero el no poder viajar. La verdad es que es un pueblo (¿ciudad? ¿pueblo? bueno, me perdonáis si me equivoco) precioso solo para pasear. Mientras desayunábamos a los pies de la catedral me quedé mirándola y digo uy que desperfectos más de impacto de bala tiene, ¿no? Así soy yo, una friki de la historia. Y efectivamente, soy tonta y estoy tan apagada o fuera de cobertura últimamente que ni me acordé de la batalla de Sigüenza. Si cuando digo que estoy completamente agotada ya…

Os recomiendo dar un paseo por la Alameda si hace un buen día. La verdad que en un rato lo ves entero si no puedes entrar a los sitios, pero vale la pena. Reservamos para comer en la Taberna Seguntina, justo en la calle subiendo al Parador Nacional. Os prometo que aquí comimos las mejores migas que he probado (después de las que hace mi padre, obviamente). Ya os las enseñaré. Queríamos ir esa tarde al cañón del rio dulce, pero después de comer como que nos dio pereza, ¿me entendéis? Así que querían hacer la siesta. Yo no me dormí, porque bastante me cuesta dormir por las noches últimamente como para ir haciendo siestas.

Pero tranquilo, que por la tarde no nos quedamos haciendo el vago. Nos fuimos a ver Atienza. De camino paramos en unas salinas que no nos quedó muy claro si siguen en funcionamiento o no, pero es un buen sitio para hacer algunas fotos. En el coche fui leyendo sobre la historia de la zona en el siglo XX y tengo que decir que hay mucho que leer sobre los movimientos sociales y las condiciones de vida y de trabajo en las salinas. Lo digo por si tenéis curiosidad histórica.



Ya os iré compartiendo fotos en instagram, no vamos a quitarle la función básica que tiene, ¿no? Además, así tenéis que venir a visitar mi perfil. El plan perfecto. 

En Atienza pasaba lo mismo, todo cerrado, pero para dar una vuelta y subir al castillo esta bien. Además, son listos allí. Tu ves el castillo y dices “ahí no subo”, pero vas paseando y dices uy voy a ver esa iglesia. Y un poco más arriba ves un trozo de muralla “vamos hasta ahí y ya”. Y cuando te quieres dar cuenta estas a los pies del castillo. La verdad que tiene unas vistas impresionantes y el pueblo en si es pequeñito pero muy bonito. La verdad que el no poder visitar sitios hace que acabes “rápido” de ver los pueblos, pero ¿a quien no le gusta dar un paseo por pueblos así de bonitos?

De Atienza ya nos volvimos a Sigüenza a ducharnos y cenar, que al día siguiente sí teníamos planes más lejos y había que madrugar. Cenamos en un restaurante que nos habían dicho que no era el típico de comida castellana, La Tascona de la Cárcel, porque están en la Plazuela de la Cárcel que no cunda el pánico. La verdad es que cenamos muy bien, pero las raciones son generosas, así que id con cabeza. No he encontrado página web ni Instagram que dejaros, por lo visto han abierto este año.

Vamos a dejarlo aquí que imagino que tendréis cosas que hacer y la semana pasada ya quedó una entrada un poco larga. Ya el próximo día os cuento el senderismo, Medinaceli y más platos de sopa castellana.

Disfrutad de lo que se pueda, cuidaos mucho.

¡Sed Felices!

martes, 15 de septiembre de 2020

Breakfast at Tiffany's... digo, en Cuenca

Improvisadores,

Os va a sorprender, porque me sorprendí yo, pero resulta que la escapada a Calpe no fueron mis únicas vacaciones. Os explico. Además, aprovecho para publicar este recuerdo de Agosto en pleno septiembre, para los que estamos teniendo una vuelta al cole complicada.

Mis amigos Gemma y Martín tuvieron una hija hace dos meses, es muy cuqui, muy mona y muy… bebé. Así que están teniendo un verano diferente e intenso. El sábado (mientras estaba en Calpe) me escribió mi amiga y estaba un poco agobiada. Así que le escribí a su marido.

“Te escribo para preguntarte si es una locura que vaya esta semana a pasar un día. Me ha escrito y la noto un poco agobiada de la vida”. Y así empezó la mejor sorpresa del 2020. No lo sabéis, pero a él le cuesta mucho guardar un secreto, y tuvo que hacerlo desde el sábado hasta el martes. De hecho, le dijo que tenía una sorpresa, pero no podía decirle cual. Pero se lo perdonamos.

Desde el sábado nos fuimos organizando, y el martes a las 7.30h de la mañana salía yo de mi casa camino a su pueblo. No sabéis lo emocionada que estaba, se me hizo el camino cortísimo. Que, por cierto, ¿cómo es tan bonita Cuenca con tantos girasoles? Disfruté del paisaje un montón, porque han puesto el limite en 90km/h y no estoy yo para pagar multas. Sobre las 9.30h llegué al pueblo, aparqué el coche y me puse debajo de la ventana. Martín le gritó que se asomase a mirar una cosa. Y cuando Gemma se asomó se quedó mirándome como diciendo: ¿Qué está pasando? No entendía nada. Era muy gracioso para los demás, porque lo sabían todos menos ella. Y entonces ya por fin: ¡Estas aquí! ¿qué haces aquí? Y yo: pues, desayunar…

No se si se aprecia la cantidad de girasoles que había (aclaración: no conducía yo).

Luego me lié y me quedé dos noches, pero eso es otro tema. Esa mañana después de desayunar (que es a lo que iba) nos fuimos a pasar la mañana a Cuenca, que ya habíamos estado todos, pero por dar una vuelta. Tomamos algo, la niña se echó la siesta de su vida mientras la subían y bajaban por las cuestas… porque en Valencia no hay cuestas, y claro, nos pilla por sorpresa. Comimos en un restaurante que barato no fue, pero vale completamente la pena si vais, es el Romera. Además, os recomiendo ir con una madre que este dando el pecho, porque tenéis conductor designado seguro. Te queremos Gem. Se que así contado, el día no tiene nada interesante, pero pensad que fue lo más parecido a irme de vacaciones que he tenido este verano. Dos días en un pueblo pequeñito, a la fresca, sin nada más que hacer que leer, socializar, comer y beber.

Las casas colgantes de Cuenca, para quien no las haya visto

Justo al salir de comer empezó a llover, así que huimos hacia el pueblo de vuelta. La tormenta se fue acercando al pueblo y sobre las 20h empezó a llover y llover... y no paró hasta las 2 de la mañana. La verdad es que esa noche dormí a ratos, porque el agua caía con tanta fuerza que hubo un momento que parecía que era granizo. Pero qué fresquito se estaba. Había salido de Valencia a las 7.30h con 27ºC ya... y allí estábamos a 15ºC. ¿Hay algo mejor que oír llover? Sobre todo, si estas a cubierto, claro…

Al día siguiente desayunamos, y la idea era ir al rio, pero con la tormenta de la noche iba a estar imposible. Así que nos fuimos a dar una vuelta al mercado y a saludar a los tíos y primos de Martín. La verdad es que fue un día genial sin tener nada así del otro mundo. Paseo por el mercado, torrà (o barbacoa, como queráis llamarlo), siestorra, ganar a Martín a un juego de mesa… todo bien.

Y yo os prometo que mi idea era volver a cenar a Valencia. Pero Gem me dijo que si me quedaba. Y yo, que soy tan difícil de liar, dije bueno venga va. Lo mejor es que llamé a mi madre para decírselo y me dice: si yo no te esperaba hoy. Por lo visto yo era la única que pensaba volver a casa.

Esa noche venían a cenar los primos de Martín y tocaban pizzas caseras. Entre nosotros, yo creo que Gem me pidió que me quedase para que hiciera las pizzas. La verdad es que nos salieron tremendas, esta feo que yo lo diga. Y luego nos fuimos a ver la lluvia de estrellas. No he visto unas estrellas tan brillantes nunca (bueno, en El Bonillo). Nada como no estar en la ciudad. Ya os dije que desde la desescalada todo me parece más bonito, pero imaginaos ver la lluvia de estrellas lo que fue. Y eso que estuvimos poquito rato porque hacia fresquito y la peque tenia hambre.

Esa noche dormí de lujo. Y el despertarte a 15ºC y salir a la fresca… eso aquí no lo puedo hacer, porque a la misma hora ya hay 25ºC. Esta vez sí, después de desayunar me fui de camino a casa de mi tía a recoger a mi abuela. La vuelta preciosa, girasoles, a 90km/h, la guardia civil en un stop (pero tranquis, todo ok).. y entonces autovía, llegas a la Comunidad Valenciana... y obras. Un solo carril. Estupendo. Estoy feliz. Nada, me dije: no tienes prisa, tienes música y poquito a poquito. 2h y media después llegué a casa de mi tía. Justo para comer y echarme dos buenas horas de siesta. Que no se vosotros, pero yo me las había ganado. Estar de vacaciones es cansado, ¿vale?

Como veis fueron dos días que puede que no tengan nada apasionante, pero creo que este año las cosas más mínimas parecen mucho más. Disfrutando de las pequeñas cosas, rodeada de gente a la que quiero y que me quiere, probando el helado de mandarina, disfrutando de simplemente estar sin hacer mucho más. No hemos pasado una pandemia para no disfrutar de las pequeñas cosas.

Ánimo con la vuelta a la realidad,

¡Sed Felices!