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domingo, 31 de julio de 2022

Visita a Madrid (2): sigue habiendo mucha gente...

Improvisadores, ¡seguimos con el fin de semana en Madrid!

El sábado por la tarde nos fuimos (con el calorcito) a dar una vuelta en plan turistas absolutos. Puerta del Sol, Plaza Mayor… Nos hacía ilusión tomarnos un relaxing cup de café con leche en Plaza Mayor, pero estaba todo lleno. Así que seguimos con la ruta hasta el Palacio Real y allí en el Café de Oriente nos tomamos algo fresco. Así muy señorial todo.

Y diréis: qué tranquilo todo. Sí, porque no os he contado como me llevé un tortazo en toda la nariz. Íbamos caminando por la calle, yo contestando un WhatsApp. Y levanto la cabeza para seguir a mis amigos y una chica que estaba hablando con sus amigos estiró el brazo para indicarles algo y me arreó tremenda hostia en toda la cara. Ya os digo que me salieron todos los insultos que se. Y la chica flipando porque además era extranjera y no se hasta que punto entendió algo o solo pensó que la estaba maldiciendo. Si era lo segundo, no se equivocó.

Acabada la ruta en la Almudena fuimos a por el autobús para volver a casa de Paula. Yo estaba KO. Pero era hora de duchas y cambios de ropa, que nos íbamos a cenar. Pero pudimos descansar un poco. Con la tontería habíamos hecho kilómetros eh. según mi móvil en todo el día hicimos 11,79km.

Volviendo al tema, habían reservado en La Mentira. Os dejo el enlace a su perfil de Instagram por si os interesa. La verdad que el sitio es bastante chulo. Entras y es oscuro y hay música y no sabes si es un restaurante o un pub, pero es restaurante-pub. Cenamos muy bien, pedimos varias cosas para probar porque… decide tu. Imposible. Os comento lo que pedimos, por si os inspira, esta vez sin ranking, solo en orden:

Las Dyozas. Una mini delicia. Gyozas de pato. Que así dicho no tiene misterio ni nada. PERO es que tienen una reducción de cocido madrileño. Y mira, yo todo lo que sepa a cocido, me sirve.

El Mole. Que yo no lo probé porque el pulpo a mí no me va. Pero los que comieron dijeron que este pulpo con mole madre y tortillas de maíz estaba muy bueno. El mole lo que más triunfó, la verdad.

Luego llegamos a un problema… no sabíamos que bao ni que hamburguesa pedir. Así que si no recuerdo mal… pedimos todos. Eso sí, las hamburguesas pensábamos que serian más grandes. Aunque en realidad las compartimos y perfectas para probar de todo.

Pedimos la Pelayos con ternera, bacon, cheddar, cebolla caramelizada y salsa Pelayo (sea lo que sea eso) y la Triple Queso que creo que se explica sola.

Pero ojo… aun quedaban los baos. Tienen 4 tipos y pedimos tres. Pedimos el Salao con chipirones a la andaluza y mahonesa vittelo (sea lo que sea eso…. Otra vez); el Gringo con pollo crujiente con aderezo yankee (nuestro yankee no supo decirnos qué es) y pepinillos encurtidos en yuzu; y el Ibérico con panceta ibérica lacada con salsa coreana.

Nos dejamos fuera el oriental con langostinos tempura y mahonesa kimchi porque insistieron en pedir algo que todos comiéramos, pero seguro que esta buenísimo también.

Y como ya que estábamos había que rematar la faena… postres. La tarta de limón que a Paula y a Will cada vez que lo oyen les hacen chiribitas los ojos. Y una muerte por chocolate que la terminan en la mesa y te preguntan si quieres caramelo, chocolate con leche o chocolate blanco por encima. O todos. Adivinad qué pedimos.

Ya aquí nos pedimos una copa y pensábamos luego ir a algún sitio y volver a casa en taxi/Uber lo que sea. Pero por desgracia esa noche el Madrid ganó la Champions. Por desgracia para nosotros, claro. A los demás no les gusta el futbol y yo soy del Valencia, por eso lo digo. Vamos a evitar lapidaciones aquí.

Así que nos tocó salir corriendo a por el ultimo metro y subir andando 3 o 4 pisos de escaleras porque inexplicablemente el metro aun estaba abierto pero las escaleras estaban apagadas. Muy práctico todo, la verdad.

El domingo por la mañana nos despertamos sin tortitas, hicimos un desayuno más tradicional con nuestras tostadas con tomate y jamón. Y luego nos fuimos a dejar las maletas a la consigna de Atocha. Pero oh sorpresa, no hay consigna. No se si es desde el COVID o desde cuándo, pero la consigna de Atocha esta cerrada. Así que nos fuimos al Museo Reina Sofia con la maleta. Menos mal que un buen trabajador nos indicó la puerta del museo con consigna (y menos cola). Dentro se estaba super fresquito.

No os voy a mentir, yo tenia muchas ganas de ir para ver la exposición sobre la propaganda y los carteles de la Republica y la Guerra Civil y para ver el Gernika de Picasso. Si, no lo había visto aun, se que tiene delito.

El cuadro me encantó y me hubiese quedado allí viéndolo más rato porque hay mil detalles. Pero había muchísimo ruido. ¿La gente no es capaz de callarse en un museo? Bueno, tampoco entienden el concepto “No foto” porque las pobres trabajadoras… incluso un par de veces fuimos Paula y yo las que dijimos a alguien “eh, ha dicho no foto” y ellos ah si bueno...

Por favor, no es tan difícil.

De aquí nos fuimos a por las maletas y a comer a La Musa de Espronceda. Aquí comimos de tapas y pinchos, aunque es verdad que a la hora que llegamos había algunos que no tenían. Pedimos varios pinchos, no sabría deciros cuales porque entre los que pedimos en la primera ronda y los que pedimos en la segunda porque no había de esos. Y los que tenían fuera de carta. Pero os la recomiendo. También pedimos raciones de croquetas, huevos rotos, morcilla y ¡la verdad es que estaban buenos!

Eso sí, me he dado cuenta de que en Madrid puedes pedir agua y te la ponen del grifo y no te la cobran. Pues en la de Espronceda no te sacan la botella, te sacan vasos. A mi me sabia mal molestarlos por cada vaso, pero Paula insistió en que de eso nada y que, sino que se compren botellas. Os lo digo por si sois como yo que bebéis mucha agua, para que lo sepáis.

De aquí nos fuimos al Retiro a descansar un rato a la sombra y a hacer tiempo porque el tren a Barcelona salía a las 17 y el mío a Valencia a las 18. Así que viendo cómo se llenaban las calles de Madrid de aficionados preparados para llenar Cibeles acabamos el fin de semana en Madrid.

He de reconocer que empezó mal, bastante mal. También porque la semana empezó mal. Pero si un fin de semana fuera ayuda a mejorar cualquier semana, si es en buena compañía más.

Hasta aquí las aventuras y desventuras por una ciudad que (lo siento, pero es así) está un pelín sobrevalorada. O yo la he visto poco. Prometo que es la última pullita que digo de Madrid…. Hasta la próxima visita.

¡Sed Felices!

domingo, 15 de agosto de 2021

Escapada Manchega: Santa Maria del Campo Rus (Cuenca). P.2

Improvisadores, 

Retomamos el viaje donde lo dejamos. ¿Os acordáis? Martes de mercado, miércoles castillo de Belmonte...

Pasamos entones al jueves, que volvimos a ir de mercado esta vez a San Clemente. Pero primero, paseo por el campo hasta San Isidro. Luego ya hacia San Clemente. Esta vez el mercado es mucho más grande. Tengo que decir que la gracia de ir al mercado es desayunar porras, que en Valencia solo tenemos en fallas. Aquí compramos comida, ropa, zapatos… nos volvimos medio locas. Luego una Coca-Cola a la sombra en la plaza de la iglesia parroquial de Santiago Apóstol y para casa, que entre unas cosas y otras comíamos a las 4 de la tarde. Que también os digo que hambre hambre… menudo empacho ese día. Condeciros que la siesta acabó a las 19h…

Y llegamos al viernes, ultimo día. Esta vez no nos fuimos a caminar, ya no sabíamos dónde ir. Así que nos fuimos de ruta de tiendas. A la panadería a encargar madalenas, a la carnicería a por embutido y a la quesería. Vamos, lo que viene siendo un básico cuando visitas cualquier sitio, volverte a casa con el coche lleno de comida. Por la tarde nos fuimos a la piscina y luego bajamos a cenar al bar. Luego nos fuimos hacia fuera del pueblo y vimos las estrellas. Vimos hasta la vía láctea. Era impresionante. Pero tengo que admitir que empezó a hacer frío y ya nos fuimos para casa.

Sábado, hora de irse a casa. Llenar el coche y salir a la carretera para encontrarse todo el atasco en dirección Valencia por la A3 desde Madrid. No pasa nada, no tenemos prisa. Paramos en Honrubia en el Restaurante Moya a comernos un bocadillo de bacon con queso y una Coca-Cola y qué queréis que os diga, el trafico hasta casa se ve diferente. Llegamos a Valencia después de km de atasco. Por fin. Y teníamos 6h para comer, descansar y volver a vernos porque habíamos quedado a cenar con las amigas. 

Habíamos reservado en el mercabanyal porque yo tenia muchas ganas de probarlo. Tenía especial interés en los baos de Baovan y las hamburguesas de Hundred y no puedo quejarme. Estuvimos de lujo, cenamos mejor que mejor y nos volvimos andando a casa que hacia una noche espectacular. 

Pero la cosa no queda ahí, el domingo quedamos para ir a la playa y luego a comer en la Chipirona Playa. Yo no soy muy de pescados y mariscos, per la fritura de chipirones con queso feta y mayonesa de quimchi y el arroz con bogavante... no había mejor cierre a una semana de vacaciones fantástica! 

Espero no haberos aburrido mucho con las entradas del viaje y haberos dado alguna idea por si no sabíais aun donde iros. Y os prometo que os iré compartiendo en instagram fotos de todo! 

¡Sed felices!  

domingo, 8 de agosto de 2021

Escapada Manchega: Santa Maria del Campo Rus y Belmonte (Cuenca). P.1.

Improvisadores,

¡Volvemos a las andadas! Esta vez un viaje de 4 días a la provincia de Cuenca. El año pasado me fui a Carboneras y este año tocaba Santa Maria del Campo Rus.

Pero primero, ¡las presentaciones! Es un pueblo de no más de 600 habitantes en medio de Castilla La Mancha. La zona está habitada desde la antigüedad al estar en la vía que unía Alcalá de Henares con Cartagena. Pero su fundación oficial es anterior al siglo XIII, en época de Al-Ándalus con el nombre de Barrachina. Durante la expansión cristiana en la edad media se construyó una torre vigía y allí se agrupó la población y acabaría construyéndose la iglesia de Santa Maria (que ya no existe). Alcanzaría mucha importancia gracias a las minas de salitre. Se die que fue en Santa Maria donde murió el poeta Jorge Manrique después de ser herido en Castillo de Garcimuñoz enfrentándose a las tropas de Juan Pacheco marqués de Villena. Es un pueblo pequeño pero muy bonito de ver, tiene casas muy bonitas y varios elementos patrimoniales muy interesantes. Entre ellos la ermita de la Virgen del Amparo a la entrada (o salida, según de donde vengas) al final de un paseo. Anteriormente fue un hospital utilizado para donar sangre y poder abastecer a los heridos de guerra y se convirtió en 1545 en una fundación para dar culto a la Virgen del Amparo, patrona de la villa y dar protección a los pobres y cristianos. Es un pueblo predominantemente agrícola (esto según la página de su propio ayuntamiento) con cultivos de ajo, cereal y vid. Pero también os digo que hay muchísimos campos de girasoles.

Una vez presentado Santa Maria, vamos a lo interesante. El lunes por la tarde salimos Elena y yo de camino a su casa para llegar justo a la hora de cenar. A dormir fresquitas que en Valencia hace un calor de morirse.

El martes por la mañana nos fuimos a andar hasta los Molinos (ya os subiré una foto a instagram). Estos molinos quedan fuera del pueblo e igual alguno los vio en televisión porque salieron en el programa “Quien vive ahí” ya que no son ya molinos sino casas. Esto de salir a pasear pronto es porque este verano hago 5km todas las mañanas y Elena dijo que seguíamos. Pero había que volver a casa y ducharse porque los martes es día de mercado en Santa Maria. Así que allí echamos la mañana entre puestos y vecinos. Pero oye, qué buena forma de pasar la mañana. Luego tocaba comer y siesta, por supuesto. No hay ser vivo que aguante a esas horas fuera de casa bajo el sol de La Mancha. ¿Y después? A la piscina del pueblo, que estamos de vacaciones. Así que allá nos fuimos con nuestra nevera porque con el COVID el bar de la piscina esta cerrado. ¿Sabéis que gozada luego cenar a la fresca? No os lo imagináis. Que en Valencia hace calor desde mayo. Calor y humedad.

El miércoles nos levantamos y nos fuimos por otra ruta que el padre de Elena calculaba unos 5km. Y resultaron ser 7.5km. Pero no pasa nada, ¡valió la pena porque estaba llena de girasoles! Pero como no habíamos caminado bastante, decidimos coger el coche e irnos de visita al castillo de Belmonte. Hay aparcamiento arriba a las puertas del castillo. La entrada nos costó 9€ y con la aplicación “Castillos y Palacios de España” podéis escuchar el audio guía en vuestro propio teléfono. A mi me sonaba Belmonte de haberlo estudiado, pero no había estado nunca y la verdad es que es muy bonito. Es Tesoro Artístico Nacional desde 1931 y actualmente es considerado Bien de Interés Cultural. Me llamó la atención que es triangular, el patio cuando entras no es el típico patio cuadrado de castillo. Mantiene la estructura que le dieron en el siglo XV cuando los construyeron por orden de Juan Pacheco (sí, el mismo que luchó contra Jorge Manrique en el Castillo de Garcimuñoz). En 1811 los muros del castillo presencian el fusilamiento de Francisco Sánchez Fernández tío Camuñas, un guerrillero español en la lucha contra los franceses. Fue uno de los guerrilleros más populares de La Mancha y se enfrentó a los franceses tras los abusos sufridos en su pueblo y el asesinato de su hermano Juan Pedro. Tanto en Belmonte como en su pueblo, Camuñas, tiene una calle con su nombre y placas conmemorativas. Se le atribuye a él la frase "Yo no he estudiado nada, pero sé por la luz natural, que un pueblo oprimido es un pueblo que sufre violencia". Aun así, en la actualidad en muchas zonas de España se utiliza para asustar a los niños para que no se acerquen a los pozos y evitar accidentes, para referirse a alguien desaliñado o para referirse a alguien sigiloso.

Volviendo al castillo, el protagonista de este sitio no es Juan Pacheco. Las protagonistas son dos mujeres: Juana de Trastámara y Eugenia de Guzmán. Igual os suena más Juana la Beltraneja, que se enfrentó a Isabel la Católica por el trono y cuenta la leyenda que escapó del castillo por una ventana. Y será Eugenia de Guzmán (igual os suena más Eugenia de Montijo) quien reconstruyó el castillo en el s.XIX. Por eso en el patio si vais veréis unas galerías más modernas que el resto del edificio, porque mantuvo la estructura, pero dentro Eugenia impuso la moda de la época. Además, parece ser que la emperatriz consorte de Francia marcaba tendencia en Europa. Será su sobrino nieto Hernando Fitz-James Stuart y Falcó, duque de Peñaranda, quien retomó el proyecto de Eugenia de Montijo. Fue en 1931 cuando lo declararon Tesoro Artístico Nacional. Durante la Guerra Civil fue utilizado como prisión, como en otras tantas guerras. Y después, servirá como academia de rurales Onésimo Redondo en manos del Frente de Juventudes. Pero caerá en el abandono y es ahora cuando ha ido restaurándose y recuperándose gracias a la colaboración de los propietarios (la Casa Ducal de Peñaranda descendientes de la Duquesa de Alba, María Francisca de Sales Portocarrero, hermana de Eugenia de Montijo), la administración local y el Ministerio de Fomento. Os recomiendo la visita porque se han trabajado muchísimo un video introductorio que os cuenta todo lo que os he contado yo, pero mucho más entretenido. Además, en la primera planta veréis como era el castillo en la época de Juana de Trastámara y en el segundo piso como era en la época de Eugenia de Montijo. Las dos mujeres que marcaron época en el castillo. Son 9€ que no me parecen caros. La visita está calculada en 1h y media, pero podéis ir al ritmo que os apetezca. Los techos y ventanas son preciosos y por no hablar de las escaleras de madera con todos los detalles.

Os prometo que os iré dejando fotos en instagram y, si no se me pasa, os las enlazo aquí. 

Voy a frenar aquí que sino se hace muy largo el post y estamos de vacaciones, no hay que cansarse... pero la semana que viene ¡segunda parte! 

¡Sed felices! 


domingo, 18 de octubre de 2020

Finde por Barcelona y Girona

Improvisadores, ¿Cómo estamos? Yo hasta arriba de faena, pero lo prometido es deuda. Así que hoy vengo a contaros la escapada a Barcelona y Girona del finde del 2 de octubre. Tarde, lo sé. Lo siento. Pero más vale tarde que nunca, ¿no?

Como ya sabéis (y sino, os lo digo ahora) dos amigas viven en Barcelona, así que Elena y yo solemos ir mínimo un fin de semana al año. Pero claro, este 2020 esta siendo tan raro que… en fin. Íbamos a ir en agosto y lo cancelamos, lo hemos ido atrasando. Hasta que ya el primer finde de octubre parecía la cosa estable como para poder irnos. Pero no queríamos ir en tren, por lo de la distancia social. Eso y que teníamos que llevar un colchón. No sé, imaginaos el panorama entrando en el tren con un colchón.

Total, que el viernes salí de trabajar y llegué a casa justo para comer, hacer la maleta (sí, super previsora, lo sé) y a por Elena que había salido de trabajar también. Aun no habíamos salido del barrio que nos cayó el segundo diluvio universal. Que dijimos… bien empieza el viaje. Pero todo en orden y una vez pusimos gasolina nos fuimos hacia Barcelona GPS en mano. Pasado el Ebro paramos para merendar y hacer cambio de conductora. Que Elena lo de dirigir con el GPS en Barcelona decía que no, y yo con la tontería llevaba ya 2h de coche más los 120km que me hago todos los días para ir y volver de trabajar. Nos pedimos el café y el té para llevar y en el coche con bien de distancia social del resto del mundo merendamos tranquilamente. Bueno, Elena no se acabó el café porque le pusieron como litro y medio y yo el té me lo estuve bebiendo desde allí hasta casi ya en Barcelona.

Y que rápido nos hemos acostumbrado a lo bueno, porque en la Comunitat Valenciana han quitado los peajes y cuando llegamos al primero fue “¿pero aquí se paga o aquí hay ticket? ¿Qué carril es el nuestro?”. Además, que nos equivocamos de salida y llegamos a Barcelona por el interior y no por la costa, aunque creo que así pagamos menos peaje (comparando con la vuelta). Total, que llegamos a Barcelona y eso quiere decir que aun teníamos como 30 min hasta llegar a casa de Laura, porque claro… Barcelona. Que no es que vivamos en un pueblo de 300 habitantes, pero… ya me entendéis. Total, que antes de llegar al aparcamiento ya nos habían gritado. Que dices “pues nada, bienvenidas a Barcelona”. Que Barcelona me encanta, si además hemos ido montones de veces, pero a mí me agobia un poco. Mucha gente que tiene mucha prisa todo el tiempo.

Por fin llegamos al aparcamiento, aparcamos y oh sorpresa no hay ascensor. Así que bolsas y colchón por las escaleras desde el 2º piso. Pero bueno, suena más dramático de lo que fue. Llegamos a casa de Laura y yo estaba ya KO. Quiero que quede constancia de que me levanto a las 6.15 todos los días y conduzco 40min para llegar al trabajo y otros tantos de vuelta. Es la única defensa que se me ocurre. Habían reservado para cenar en La Montiel 37, un restaurante cerca que esta bastante bueno, la verdad. Ninguna habíamos ido antes, pero Paula quería probar. La verdad es que cenamos muy bien, no tengo foto porque de verdad que estaba yo muerta del todo y mi cerebro no funcionaba, pero os dejo el Instagram por aquí.

Si cuando digo que estaba muerta no es broma, llegamos a casa de Laura y me dormí en el sofá antes de abrirlo. Pero al final lo abrieron y yo caí dormida. Hasta que a las 4 de la mañana me dio una rampa en el gemelo y me levanté de un salto que no se como Elena no se dio cuenta. Pero tampoco creáis que me sorprendió, últimamente me despierto mucho por la noche y no duermo más de 4 o 5h del tirón. Lo de la rampa sí me sorprendió. Aunque creo que fue de tanto acelerador el día anterior. Lo malo de esto no es el momento, es que durante lo que queda de día va a molestar.

Pero no hay mal que cien años dure y menos si se desayunan churros. Yo no sabia que en Barcelona había churrerías, y oye, tan feliz. Un chocolate con churros y ya puedes empezar el día (y no comer, porque vamos… yo que no suelo desayunar mucho). Por si estáis en Barcelona y os entra un antojo terrible de churros, era en el Forn d’En Pau. No he encontrado ni pagina web ni instagram, pero os dejo una foto por si os sirve. 



De aquí nos fuimos al coche, música, tarjeta para el peaje y rumbo a Peratallada (Girona). Yo no había estado nunca, pero me habían dicho que es un pueblo medieval precioso y tengo que decir que… no me mintieron. La llegada es un poco complicada si, como nosotras, vas a la tuya y te pasas el camino. Pero una vez estas en él, es muy agradable. Fuera del pueblo hay un aparcamiento gratuito (por lo menos cuando fuimos nosotras) y ya entras al pueblo a pasear y disfrutarlo. No es muy grande, así que no vais a necesitar muchas horas. Nuestra idea era comer allí, así que nos paseamos el pueblo mirando los menús de los restaurantes y haciendo muchas fotos. Algunas las tenéis en mi Instagram o en mis historias destacadas.

Al final acabamos en el Hotel RestauranteEl Pati, que quizá no es el más barato del pueblo, pero el jardín es increíble y se come de lujo. Os voy a dejar por aquí algunas fotos para dar un poquito de envidia. En instagram teneis fotos de la comida, que ya poneros eso me parece pasarme. 




De Peratallada nos fuimos a la playa de Begur a tomar el café, pero antes dimos un paseo por el paseo de Ronda. Vale la pena, aunque igual justo después de comer no fue la mejor elección. Nos cruzamos con gente, pero al ser octubre tampoco estaba lleno de gente. La playa en si muy muy tranquila, igual el local que elegimos para tomar el café no tanto, pero no voy a decir el nombre que aquí solo estamos para lo bueno.

La vuelta a Barcelona ya fue un poco más tensa. Entre el cansancio del día, el sol en la cara, no saber qué música poner y el tráfico. El maldito tráfico. En serio os lo digo eh. Que dirán que aquí vamos locos con el coche y será porque no han ido a Barcelona. ¿Pero qué locura es esa? Pero si solo para coger la salida que toca haces más km que otra cosa. Y coches y más coches y no voy a hablar de las motos porque ya ¿para qué? Pero bueno, por fin llegamos a casa sanas y salvas. Duchas después de un día completito, pedimos cena y les dio por hacer sesión de belleza. Que yo solo quería dormir porque, os recuerdo, que me había despertado bien prontito y últimamente duermo poco. Total, que ahí estábamos las 4 con la cara verde (no hay foto, bueno sí hay, pero no os la voy a enseñar) y nos lo quitamos justo a tiempo para que el repartidor no se llevase un infarto. Y luego Paula y Laura empezaron a hablar y yo… pues mirad, yo me dormí. Y Elena también. Yo lo siento, si yo de verdad que suelo ser habladora y no estoy tan cansada, pero últimamente pues mirad, no tengo el día (ni el mes y ya casi ni el año).

¿Y pensáis que aquí acaba todo? ¡Error! El domingo se despertaron sin prisa. Yo, para variar, me había despertado como a las 6 y volví a medio dormirme, pero a las 8 ya no había manera. Por fin nos ponemos en marcha y nos vamos a hacer un brunch. O desayuno tarde o comida pronto. Llamadlo como queráis. A un restaurante que, al parecer es especialista en esto, que se llama Casa do Açaí Brunch & Coffee. Por el nombre es fácil adivinar que son expertos, ¿no? Tengo que decir que me estuvo buenísimo. Además, nos vino fenomenal para salir de vuelta a casa ya comidas y no pillar nada de tráfico. Aunque creo que es mejor que reservéis si vais a ir. Yo el açaí no lo probé, pero Paula sí y dice que estaba bueno. Lo digo por si sois más valientes que yo. Como veis en la foto, fui a lo seguro con un wrap de salmón. ¿Qué puedo decir?



Sobre las 14h salíamos Elena y yo de vuelta a casa, coche cargado con el colchón otra vez y con cosas de Paula para su madre. Íbamos solísimas por la carretera, la verdad. Las dos pensábamos que tardaríamos mucho o encontraríamos mucho trafico y para nada. Elena sacó el coche de Barcelona y ya en cuanto paramos a poner gasolina lo cogí yo hasta Valencia. Miento, hasta que paramos en el Ebro a merendar, pero luego seguí yo conduciendo.

La verdad es que así contado se que no suena a mucho, pero si de normal un fin de semana con amigos ya lo disfrutas imaginad este. Este 2020 cualquier escapada que puedas hacer sabe a gloria y a vacaciones de un mes. Además, lo disfrutas sin saber qué va a pasar y de hecho mientras escribo esto los bares y restaurantes de Cataluña están cerrados otra vez y solo han pasado 2 semanas desde que fuimos nosotras.

Os voy a dejar por aquí fotos y los enlaces a los sitios por si, cuando vuelvan a abrir, queréis probar. Y recordaros (sin intención de ser pesada) que también teneis fotos en el instagram del blog. Y más seguido que entradas en el blog. 

Cuidaos, tened cabeza y disfrutad de las pequeñas cosas que si podemos hacer. 

¡Sed Felices!

martes, 15 de septiembre de 2020

Breakfast at Tiffany's... digo, en Cuenca

Improvisadores,

Os va a sorprender, porque me sorprendí yo, pero resulta que la escapada a Calpe no fueron mis únicas vacaciones. Os explico. Además, aprovecho para publicar este recuerdo de Agosto en pleno septiembre, para los que estamos teniendo una vuelta al cole complicada.

Mis amigos Gemma y Martín tuvieron una hija hace dos meses, es muy cuqui, muy mona y muy… bebé. Así que están teniendo un verano diferente e intenso. El sábado (mientras estaba en Calpe) me escribió mi amiga y estaba un poco agobiada. Así que le escribí a su marido.

“Te escribo para preguntarte si es una locura que vaya esta semana a pasar un día. Me ha escrito y la noto un poco agobiada de la vida”. Y así empezó la mejor sorpresa del 2020. No lo sabéis, pero a él le cuesta mucho guardar un secreto, y tuvo que hacerlo desde el sábado hasta el martes. De hecho, le dijo que tenía una sorpresa, pero no podía decirle cual. Pero se lo perdonamos.

Desde el sábado nos fuimos organizando, y el martes a las 7.30h de la mañana salía yo de mi casa camino a su pueblo. No sabéis lo emocionada que estaba, se me hizo el camino cortísimo. Que, por cierto, ¿cómo es tan bonita Cuenca con tantos girasoles? Disfruté del paisaje un montón, porque han puesto el limite en 90km/h y no estoy yo para pagar multas. Sobre las 9.30h llegué al pueblo, aparqué el coche y me puse debajo de la ventana. Martín le gritó que se asomase a mirar una cosa. Y cuando Gemma se asomó se quedó mirándome como diciendo: ¿Qué está pasando? No entendía nada. Era muy gracioso para los demás, porque lo sabían todos menos ella. Y entonces ya por fin: ¡Estas aquí! ¿qué haces aquí? Y yo: pues, desayunar…

No se si se aprecia la cantidad de girasoles que había (aclaración: no conducía yo).

Luego me lié y me quedé dos noches, pero eso es otro tema. Esa mañana después de desayunar (que es a lo que iba) nos fuimos a pasar la mañana a Cuenca, que ya habíamos estado todos, pero por dar una vuelta. Tomamos algo, la niña se echó la siesta de su vida mientras la subían y bajaban por las cuestas… porque en Valencia no hay cuestas, y claro, nos pilla por sorpresa. Comimos en un restaurante que barato no fue, pero vale completamente la pena si vais, es el Romera. Además, os recomiendo ir con una madre que este dando el pecho, porque tenéis conductor designado seguro. Te queremos Gem. Se que así contado, el día no tiene nada interesante, pero pensad que fue lo más parecido a irme de vacaciones que he tenido este verano. Dos días en un pueblo pequeñito, a la fresca, sin nada más que hacer que leer, socializar, comer y beber.

Las casas colgantes de Cuenca, para quien no las haya visto

Justo al salir de comer empezó a llover, así que huimos hacia el pueblo de vuelta. La tormenta se fue acercando al pueblo y sobre las 20h empezó a llover y llover... y no paró hasta las 2 de la mañana. La verdad es que esa noche dormí a ratos, porque el agua caía con tanta fuerza que hubo un momento que parecía que era granizo. Pero qué fresquito se estaba. Había salido de Valencia a las 7.30h con 27ºC ya... y allí estábamos a 15ºC. ¿Hay algo mejor que oír llover? Sobre todo, si estas a cubierto, claro…

Al día siguiente desayunamos, y la idea era ir al rio, pero con la tormenta de la noche iba a estar imposible. Así que nos fuimos a dar una vuelta al mercado y a saludar a los tíos y primos de Martín. La verdad es que fue un día genial sin tener nada así del otro mundo. Paseo por el mercado, torrà (o barbacoa, como queráis llamarlo), siestorra, ganar a Martín a un juego de mesa… todo bien.

Y yo os prometo que mi idea era volver a cenar a Valencia. Pero Gem me dijo que si me quedaba. Y yo, que soy tan difícil de liar, dije bueno venga va. Lo mejor es que llamé a mi madre para decírselo y me dice: si yo no te esperaba hoy. Por lo visto yo era la única que pensaba volver a casa.

Esa noche venían a cenar los primos de Martín y tocaban pizzas caseras. Entre nosotros, yo creo que Gem me pidió que me quedase para que hiciera las pizzas. La verdad es que nos salieron tremendas, esta feo que yo lo diga. Y luego nos fuimos a ver la lluvia de estrellas. No he visto unas estrellas tan brillantes nunca (bueno, en El Bonillo). Nada como no estar en la ciudad. Ya os dije que desde la desescalada todo me parece más bonito, pero imaginaos ver la lluvia de estrellas lo que fue. Y eso que estuvimos poquito rato porque hacia fresquito y la peque tenia hambre.

Esa noche dormí de lujo. Y el despertarte a 15ºC y salir a la fresca… eso aquí no lo puedo hacer, porque a la misma hora ya hay 25ºC. Esta vez sí, después de desayunar me fui de camino a casa de mi tía a recoger a mi abuela. La vuelta preciosa, girasoles, a 90km/h, la guardia civil en un stop (pero tranquis, todo ok).. y entonces autovía, llegas a la Comunidad Valenciana... y obras. Un solo carril. Estupendo. Estoy feliz. Nada, me dije: no tienes prisa, tienes música y poquito a poquito. 2h y media después llegué a casa de mi tía. Justo para comer y echarme dos buenas horas de siesta. Que no se vosotros, pero yo me las había ganado. Estar de vacaciones es cansado, ¿vale?

Como veis fueron dos días que puede que no tengan nada apasionante, pero creo que este año las cosas más mínimas parecen mucho más. Disfrutando de las pequeñas cosas, rodeada de gente a la que quiero y que me quiere, probando el helado de mandarina, disfrutando de simplemente estar sin hacer mucho más. No hemos pasado una pandemia para no disfrutar de las pequeñas cosas.

Ánimo con la vuelta a la realidad,

¡Sed Felices!

 

martes, 18 de agosto de 2020

Primera escapada: Calpe (P. II)

Improvisadores,

He tenido algún problemita técnico y no pude subir la entrada anterior cuando quería, mil perdones. Hoy traigo la segunda parte.

Después de tardar unos mil años en ponernos de acuerdo sobre a qué hora quedar, a las 9 de la mañana nos juntamos y nos fuimos rumbo a Calpe. El cálculo era que se tarda 1h y media en llegar de Valencia a Calpe, pero querían hacer una parada en el horno de la Beata Inés. Los que seáis de la zona de Valencia lo conoceréis. El resto, os lo recomiendo, pero no desayunéis antes de ir. Todo está buenísimo y todo es tamaño gigante. Allí desayunamos y compramos merienda. Estaban en plan goloso, qué puedo decir.

De allí nos fuimos hacia Calpe, pero no sé si la lio el GPS o nosotros, pero tardamos llegamos a Calpe a las 11.30h. ¿Qué son 2h y para hacer un trayecto de hora y media? Esto me recordó a cuando intentando llegar a Benidorm acabamos en la Font de la Figuera...

Bueno, por fin llegamos al apartamento de nuestros amigos, nos pusimos bien de crema y bajamos a la playa. Para entonces había bastante gente y hay control de aforo en las playas este año. El controlador que estaba en la “puerta” nos dejó colocarnos en un hueco, pero oh sorpresa, el mismo hueco que le había dicho a otro grupo. Al final se arregló sin ninguna ayuda del controlador que vio el panorama y dio media vuelta y se fue. Gracias por nada. La verdad que el hueco en la arena daba un poco igual, la mitad estuvimos todo el rato en el agua. Tengo que decir que se mantenían bastante las distancias, excepto alguna colchoneta a la deriva. Y algunos que ocupaban media playa para pasarse una pelota. Así que todo lo que os conté en la primera parte… sin problemas.

Aquí, para que no digan que no lo cuento todo, voy a contaros como eché a dos chicos del agua. Pero no era mi intención. Y en mi defensa diré que fui muy simpática. Se de otra que no lo hubiese sido tanto…Estaban dos chicos jugando en el agua con una pelota de rugbi. Eso duele si te da. Y nosotras nos quitamos de en medio. Pero por una o por otra se movían y volvíamos a estar en medio. Vamos a ver chavales, no tendréis mar mediterráneo para jugar a pasaros la pelota. Total, que en una de estas cayó la pelota a mi lado y yo a modo broma le digo que me la voy a quedar. Y él dice que me la presta. Y yo no hombre no (¿para que leches la quiero?) y entonces le dice al otro “vámonos que las chicas nos pegan”. Pero vamos a ver, ¿he dicho yo que voy a pegarte? No. Y le digo: no hombre, pegarte no. Y entonces suelta mi amiga: bueno, igual sí. Los chicos se salieron del agua, pero por favor no me digáis que fui yo una borde antipática. Pues todo el día con el cachondeo.

La verdad que estábamos muy bien en el agua, excepto por algún infarto porque te roza un alga. Pero como nos sabia mal que la mitad no pudiesen bañarse por lo de controlar las cosa, nos fuimos a la piscina del apartamento. Yo la verdad, soy más de piscina. La playa tiene… arena. La piscina estaba de 10, y encima teníamos la comida ya medio hecha y estando de vacaciones… ¿Qué prisa hay? Y digo vacaciones porque este día fuera son las únicas vacaciones de este verano.

Tengo que hacer aquí una parada. Antes de bajar a la playa habíamos hecho los macarrones, pero no calculamos bien, nos vinimos arriba, somos tontos… la explicación que queráis. Básicamente tenemos 29/30 años, pero no sabemos medir las cantidades de comida. Hicimos 1kg de macarrones. Éramos 6 personas. Salieron macarrones para toda la finca. Yo sigo sin estar convencida de que el paquete fuese de 1kg. Claro, cuando subimos de la piscina y mientras se acababa la comida, el aperitivo. ¿Cómo íbamos a comernos 1kg de macarrones? Y de postre habían traído helado de leche merengada para tomarlo con café, pero como yo no tomo café porque me pone (más) nerviosa, me tomé una taza de helado que vamos… gloria. Y las cinco de la tarde nos tumbamos a descansar un rato. Sí, a las cinco. ¿No os he dicho que estábamos de vacaciones?

Que diréis, ¿Qué tiene de emocionante que os echéis a descansar un rato? Nada, efectivamente, pero ¿sabéis la típica escena de dibujos donde se pliega el sofá cama y aplasta a alguien? Pues casi nos pasó. Nos reímos mucho. Si llega a pasar… igual no hubiese sido tan gracioso, la verdad. Pasamos la tarde (o lo que quedaba) tumbados haciendo el tonto y enviándonos vídeos en el grupo, aunque estábamos en la misma habitación, la vagancia eh. Y ya a las siete de la tarde merendamos. Toma horario de vacaciones eh. Pero los cruasanes (¿curasán, cruasán, croissant?) del horno aquel, rellenos de chocolate… son una bomba. Así que dijimos, vamos a pasear un rato porque entre el aperitivo, los macarrones y esta bomba…

La verdad que el paseo de Calpe está bastante bien, yo no había estado nunca o no lo recordaba. Tienen tiendas y puestecitos que oye, es entretenido dar una vuelta. Además, las vistas son muy chulas. Y justo enfrente del peñón han puesto el nombre de Calpe con legras grandes que salen unas fotos muy chulas. Os dejo la foto (sin nosotros) en Instagram.  Después del paseo volvimos al apartamento un rato, pero no teníamos hambre (no entiendo porque, si solo habíamos estado comiendo non stop casi todo el día) y nos volvimos a Valencia.

La verdad que fue un día muy divertido, me reí muchísimo, no me quemé (¡éxito!) y la gente se comportaba bastante con las mascarillas y distancias, lo cual me alegra. Pero cuando tienes días así tan divertidos es cuando te das cuenta de que se te esta acabando el verano a marchas forzadas.

Pero no pasa nada, porque de un plan siempre sale otro y ya tenemos para septiembre pendiente una tarde entretenida de pri(mark) – pri(mor) y lo que surja.

Disfrutad de lo que queda de agosto todo lo que podáis (con cabeza).

¡Sed Felices!

viernes, 23 de mayo de 2014

La noche de las coletas y el taper.

Improvisadores, vamos a hablar de la vuelta al cole. Es broma, vamos a hablar de la vuelta a casa. Pero será breve, muy breve.
Paula ha vuelto de Viena y el viernes 9 de mayo decidimos ir a cenar las 5 juntas. De hecho, como sólo íbamos a cenar nos fuimos en deportivas y con coleta. Nos encontramos en la Plaza de la Virgen y nos fuimos a tomar algo a la plaza del negrito. De allí decidimos irnos a cenar a un indio en Cánovas. Que oye, no habia ido yo nunca a cenar a un restaurante indio pero la verdad es que está bastante bueno. Pero con tanta especia bebes mucho. Y allí, después de las dos botellas de vino, alguien propuso irnos a bailar a algún sitio. Y puesto que nunca hemos ido juntas de fiesta, nos pareció una gran idea. Bueno, por eso y porque oye, un dia es un dia.
Fuimos aun bar por Cánovas y después de huir de allí sin pedir nada al ver los precios, pusimos rumbo a Aragón pero como aun era pronto decidimos tomarnos algo y cayeron cervezas, baileys y vodka. Así, de aperitivo. Así que siguiendo la cuenta llevábamos: 6 cañas, dos botellas de vino, una copa baileys y una de vodka. A falta de entrar a los pubs. No está mal, nada mal. Según mi madre ahí está el porqué de ir a bailar. Cuando nos cansamos de los juegos de beber en la terraza del bar, nos fuimos al tucán con nuestros 2x1 en la mano. Allí estuvimos un rato con nuestros copazos de piña colada, mojito, san francisco y Cosmopolitan. Porque somos así, muy de cócteles (si son a 3€). Y qué buenos están.
Cuando nos cansamos de estar allí (y nos acabamos las copas) nos fuimos a otros sitio que tenían la fiesta del ron y te regalaban un vaso de ron con cocacola. Pues no me gusta el ron con Coca-Cola, pero ¡es gratis! No sé ni a que hora entramos ni a que hora nos fuimos, pero a las 3 estaba en mi casa. Así, como única referencia temporal.
El caso es que esta noche fue muy grande y eso demuestra una vez más que las noches improvisadas son las mejores. Porque no tienes grandes expectativas a parte de una gran cena con las amigas (que ya de por si es genial) y de repente estais todas de pubs. Pues oye, una sorpresa agradable. Peor es tener expectativas y que no se cumplan.

Así que ojala planeemos otra noche solo a cenar (guiño, guiño). 
¡Sed Felices!