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sábado, 4 de marzo de 2023

Un año después sin ti

Yaya, hoy hace un año que te fuiste. Así que esta entrada va por ti.  

Cualquiera que me haya conocido sabe que eres de las personas más importantes de mi vida. El yayo y tu me habéis cuidado desde pequeña cuando los papás trabajaban a turnos. Me he pasado 30 veranos de mi vida contigo.

De ti he aprendido mil cosas. Pedacitos de sabiduría que me han hecho ser como soy, en parte. Contigo he viajado en el espacio visitando a la familia, de bodas, de celebraciones; y he viajado en el tiempo con cada historia que me contabas. He vivido la historia de la familia como si la hubiese vivido yo misma. Me acompaña cada vez que explico algo en clase. Me has hecho trampas al parchís y sigo sin saber cómo. Has perfeccionado el lanzamiento de zapatilla, pero también me enseñaste a hacer algunas de las mejores recetas de mi vida. Y sobre todo a que cocinar para los demás es un gesto de amor precioso. Me has enseñado a disfrutar de las personas, de la familia, de las reuniones. A que aquí estamos para disfrutar, para trabajar también, pero sobre todo para disfrutar.

De ti he aprendido que hay que ser honrado. Que hay que ser trabajador. Y que, si tú haces algo bien por alguien, da igual si te lo devuelven o no, porque tu has hecho bien. Puede que esto me haga un poco tonta, lo se. Pero es lo que hay.

De ti he aprendido que por muy dura que se ponga la vida, siempre se puede superar. Que las uñas hay que llevarlas siempre bien pintadas. Que hay que tener un pintalabios en el recibidor para encarar todos los días con buena cara. Que con 90 años aun se pueden hacer topless y que a quien no le guste que no mire.

También he aprendido que la gente nos va a decepcionar, pero no pasa nada. Porque no podemos vivir en función de lo que los demás van a hacer. Tenemos que vivir en función de como nosotros creemos que hay que vivir. Que las distancias dan lo mismo, que hay que cuidarse a uno mismo y a los demás.

Que las supersticiones no son malas, y que de hecho funcionan (poned la escoba al revés cuando queráis que alguien se vaya de vuestra casa y veréis). En tu casa hemos encontrado todas tus piedras y amuletos, tus cosas de bruja que digo yo. 

Sobre todo, he aprendido que puedes querer a alguien cuando ya no está. Y que todos los recuerdos, todas las vivencias contigo esos ya son para mi para siempre. Incluso las discusiones. Todo. Que eso ya no me lo quita nadie. Y yo me quedo con ese último “te quiero yaya” y tu apretón de mano para contestarme.

Desde que se te fuiste han pasado tantísimas cosas. Yaya, algunas te gustarían y otras no, pero así es la vida. Las cuatro nietas nos hicimos un tatuaje por ti (irónicamente no te gustaban los tatuajes); celebramos las fallas y fuimos a casa de la tía Amparo a comer buñuelos con chocolate como los que te gustaban; fuimos al pueblo a pasar la semana santa y a desconectar; he visto muchísimos atardeceres preciosos; he salido de fiesta, porque tu ya sabes que me encanta y que no puedo estar por casa mucho; he ido a pasar un finde a Madrid (aunque sabes que no me gusta nada); han ascendido a tu nieto David; he cumplido 31 años sin ti y me han regalado un ramo de flores precioso; he ido a la playa sin ti; he ido de paella con mis amigos, esos que jugaban al parchís contigo; he ido de fiesta al pueblo porque… ya sabes yaya, una fiesta; he despedido otro curso y otro instituto, ya sabes que se me da fatal; he pasado las vacaciones en tu casa; he celebrado mi cumple sin torneo de parchís porque tu no estabas; he leído muchísimo; me he leído todas tus libretas y tus historias (gracias); me he caído haciendo ejercicio y me pusieron 4 grapas, es la primera ve que pensé que menos mal que no estabas porque te hubieses asustado muchísimo; me he mentalizado mucho de que la salud mental es importante y lo que decías, que yo primero; he hecho mi primera fideuà, aunque muy mejorable; tu nieto Daniel ha sido papá; hemos acompañado a tu nieta Laura en sus primeras veces conduciendo estrenando carnet; he salido de fiesta por otro pueblo y he conocido a mucha gente nueva; he vuelto a ir a excavar una fosa como el año pasado que estabas tan orgullosa; he pasado días en casa de la tía Amparo como otros veranos contigo; he ido a Francia sin ti (eso sí fue muy raro) y he visto a las tías y a todos los primos; he vuelto al mismo instituto; mis amigas siguen teniendo bebés (no yaya, yo no); me he mudado a otro piso en otro pueblo; me he vuelto muy sanota y salgo a hacer mucho ejercicio, es bueno para la mente; fueron las fiestas del barrio y sí, había muchísimo ambientillo yaya; hemos ido a otra boda, la de la hija de la Feli, como te lo cuento; mamá se ha jubilado, increíble pero cierto; he estado en la fira de Onda, me hubieses soltado un “pendón verbenero” si te digo a que horas volvía a casa; paso mucho rato con mamá y hacemos planes diferentes como ir de museos; he confiado en la gente porque creo que todo el mundo es igual de bueno que yo, y resulta que no; al final Liria se queda en casa, pero ahora mismo esta llena de cosas; y ahora… planes como vaciar tu casa para hacer reformas y convertirla en la mía. No sabes lo raro que fue ver tu casa vacía. Me encantaba pasar el rato en tu balcón mirando la gente pasar y resulta que ahora es mi balcón. Soñé contigo, ¿sabes? Estábamos merendando en tu cocina. Y el sueño olía a café con leche con galletas. 

Improvisadores, os dejo aquí la despedida de aquel día. No la leí bien, porque me fue imposible no llorar. Tampoco es lo más bonito que haya podido decir de ella, pero lo escribí esa misma mañana en casa, desde el corazón.

Hoy estamos aquí para despedirnos, pero sobre todo para celebrar a María. Yaya, mamá, hermana, tía… Y qué contenta estaría de veros a todos aquí, con lo que a ella le gustaba.

La vida no siempre le fue fácil y aun así sacó fuerzas de donde no había y a seguir. Un día le pregunté que si de pequeña le hubiesen dicho que llegaría a los 90 viviendo lo que ha vivido y habiendo conseguido tanto y me dijo que no se lo hubiese creído en la vida.

Hoy lloramos y estamos tristes porque nos quedamos sin ti, pero celebramos tu vida. La vida que has compartido con nosotros y lo que nos quedamos de ti. Los abuelos deberían ser eternos, pero es que lo son. Son todo lo que enseñan y lo que dejan aquí. Gracias por todos los momentos contigo, todas tus historias y todos los viajes.

No sé si hay cielo ni cómo es, pero sé que ahora estas siendo recibida por todos los que se fueron antes que tú. Creo que llegas a una mesa larga, de esas que organizamos nosotros, y allí te esperan todos para darte la bienvenida y recibirte. El yayo el primero, que después de tantos años hay mucho que contar.

Descansa en compañía, descansa tranquila.

Brindad por tu llegada mientras brindamos por haber compartido la vida contigo.

Te queremos yaya.

Te quiero yaya


domingo, 21 de noviembre de 2021

Viaje de Primas: Costa Amalfitana y vuelta a casa (P.3 y última)

Improvisadores, llegamos al último día en Italia. 27 de octubre.

Habíamos decidido visitar la costa amalfitana. Por si no la conocéis, los pueblos fueron declarados Patrimonio de la Humanidad en 1997 y la República Amalfitana fue una de las muchas que dominó el Mediterráneo allá por el siglo XII. 

Así que no podíamos perdérnosla. Y como teníamos coche… para qué ir en autobús. Así que allá que nos fuimos. Nos lanzamos por una carretera de costa con todas sus curvas y todos sus conductores italianos y autobuses. Pero qué preciosa es. Os dejaré fotos por Instagram.

Teníamos 1h o así desde Salerno a Positano. No íbamos a parar en todos los pueblos porque uno de los problemas es el espacio para aparcar. El plan original era ir hasta Positano que estaba más lejos e ir volviendo hasta Vietri sul Mare, comer allí y ya a Salerno. ¿Problema? Somos muy lentas y entre que nos levantamos y salíamos de casa… llegamos a Positano sobre la 1 del medio día. Acabamos aparcando en zona azul que nos costó 6€. Ir en autobús hubiesen sido 10€ cada una, por si necesitáis la referencia.

Aparcamos y… bueno, ¿conocéis Positano? Por si no la conocéis…. No tiene ni una calle plana. Está más inclinada que la torre de Pisa. Así que bajamos los 2 millones de escaleras hasta llegar al Duomo. No pudimos entrar porque estaba cerrado. Así que dimos una vuelta (más escaleras), vimos las vistas (más escaleras). Y decidimos volver hacia el coche (más escaleras). Una vez arriba ya habíamos decidido que no parábamos en más pueblos inclinados. Que visto un pueblo mediterráneo vistos todos. Y sobra decir que decidimos eso con el hígado en la boca.

Paramos en el primer restaurante que vimos que no parecía que fuese a costarnos un riñón, no podíamos perder más órganos. Comimos en “Mediterraneo”. El dueño muy simpático, un poco engatusador como todos por allí. No sabemos porque se sorprendían de que condujésemos nosotras. “¿Pero vais solas? No hombre, vamos las 4 juntas. Que bonito, un viaje de 4 hermanas”. Pero la comida buenísima. Y eso que yo me había dejado mis pastillas de la lactosa en el coche y mi gnocchi iban sin mozzarella. Pedimos solos los 4 principales y mucha agua. Por las malditas escaleras. Y salimos si no recuerdo mal a 21€ por persona.

Cuando recuperamos la fuerza en las piernas volvimos al coche. Esta vez le tocaba a Nuria encararse con los autobuses, amos y señores de las curvas estrechas. Y llegamos a Amalfi. Así si se hace. Una ciudad plana. Que pueda llegar al duomo sin morirme. Aunque había escaleras para subir al duomo. No entramos, porque realmente lo bonito de estas iglesias son los colores de fuera. La playa, preciosa. Hicimos fotos, porque era bonito y como prueba de vida de que estábamos vivas. Y volvimos a Salerno. Tocaba hacer las maletas.

Llegamos a Salerno sobre las 5 o así. Y quiero que quede constancia de que le dijimos al del aparcamiento: hoy sobre las 21h vendremos a por el coche que nos tenemos que ir. Aquel aparcamiento donde dijeron el primer día que cerraban a las 22h. Ellas 3 se fueron a por crepes para merendar porque habíamos subido muchas escaleras y nos los merecíamos. Yo me fui al piso de mi prima a conectarme a una charla online. Hay que ser responsable. Sobre las 20h nos fuimos a cenar a Il Duca. Pedimos unos entrantes típicos de allí, pulpo en salsa y habas con sepia o algo así (no me gustan ninguna de las dos cosas y estaba bueno) y pizzas. Yo quería probar la pizza frita, por irme de allí con el ciclo completo. Sin más. Hasta un poco salada. Pero las otras pizzas espectaculares. Además, el dueño nos las sirvió ya cortadas y repartidas en platos para compartir entre las cuatro.

Aquí empieza la aventura. Estamos cenando, de charla, la ultima noche las cuatro juntas. Y se me ocurre preguntar qué hora era. Las 21.10h. Estupendo todo. Pagamos corriendo. A por las maletas y corriendo a por el coche. Que nos sentó la cena mal a todas de las prisas. Llegamos al aparcamiento a las 21.30h. Imaginaos nuestra cara cuando llegamos y está cerrado. La puerta, la verja, todo. Cerrado. El coche dentro. Nosotras fuera. El aeropuerto en Roma. Llama mi prima a un número de teléfono que hay en la puerta. Mi prima lleva un mes allí y habla más inglés que italiano. El señor del aparcamiento solo habla italiano. Y el hombre: tenéis pagado hasta el 28. Y yo: que da igual, que te lo regalo. Y buscando en el traductor como se decía “necesitamos el coche con urgencia, nos han cambiado el vuelo”. Y mi prima que solo decía: “urgente, aeroporto, aeroporto di Roma”. Mi otra prima buscando cómo se decía “nos dijisteis que cerrabais a las 22h”. Y mi hermana riéndose. Porque ella es así. El hombre se cansa de nosotras y dice que llamemos al otro número. Misma conversación. “Le ragazze del cinquecento?” si hombre, las del Fiat 500, si sabes quienes somos. Y ¿Por qué lo sabes? Porque te hemos dicho que vendríamos.

El hombre debía vivir cerca, porque mientras intentábamos volver a explicarle todo, la verja se abrió sola. Y bajamos todas corriendo. El hombre explicándonos en italiano dónde tenia las llaves de nuestro coche guardadas. Y mi prima diciéndole “vale, pero uscita, ¡uscita!” porque si, estábamos dentro, pero si no abría también la barrera no salíamos. Y la barrera se abrió sola. Y nosotras mirando hacia los edificios gritando “¡grazie mille!”. Y mi prima con el teléfono en la mano diciendo que el señor se estaba riendo.

A las 22h salíamos del aparcamiento riéndonos nosotras. Nos reíamos porque teníamos el coche, porque hubo 30 min de drama. Teníamos el sistema de vuelta mejor organizado que el de ida. 1h y media de conducción cada una, aproximadamente. La que conduce luego pasa a copiloto y la copiloto a descansar detrás y la de detrás a conducir. Empecé conduciendo yo. 2h, porque era pronto, no tenia sueño. Y porque tampoco os creáis que encontramos donde parar. Porque igual lo de parar en mitad de la nada de madrugada fue un error que cometimos a la ida que no hacia falta volver a cometer. A las 3 de la mañana aparcábamos en el aeropuerto de Roma. Y nos dormimos 1h dentro del coche. Os prometo que fue la hora que más descansamos. Porque realmente en la parte de detrás de un coche en marcha tampoco descansas. Hay baches, paradas, luces, música.

A las 4 nos fuimos hacia el aeropuerto, no había que facturar, pero con el COVID dijeron que había que estar antes. Llegamos y había una señora comprobando el green pass…. Con los ojos. No conocía a nadie que fuera capaz de escanear códigos QR con los ojos, pero oye, nunca te volverás a casa sin descubrir una cosa más. Pasamos el control más laxo de la historia de mis vuelos. Teníamos líquidos en la maleta, la Tablet... nada, no sacamos nada. Nos fuimos a la puerta de embarque y nos sentamos a esperar. A las 7 despegábamos y a las 9 de la mañana de 28 de octubre ya estábamos en Valencia. Nos recogió el novio de la prima y para casa. A desayunar al horno unas tostadas con tomate como toca.

Os diría que me acosté y dormí hasta el día siguiente, pero estaría mintiendo. Me cambié de ropa y me fui con mi abuela al cementerio. Porque la semana de todos los santos toca ruta. Y al día siguiente nos fuimos a otro. Y por la tarde del viernes 29 me volví a ir a Fira de Onda. Quien diga que no se puede salir de fiesta, sobrevivir a base de siestas mal echadas, viajar y volver a salir… se equivoca.

Como siempre, espero que os hayan gustado nuestras aventurillas. Os he ido dejando en Instagram reels de cada día e iré compartiendo fotos.

¡Sed Felices!

 

domingo, 14 de noviembre de 2021

Viaje de Primas: Pompeya y pizza (P.2).

Improvisadores, seguimos con el viaje por Italia.

El segundo día estábamos un poco más recuperadas que en el primero… no es difícil tampoco. Suena la alarma a las 8h. Toca prepararse y preparar bocadillos, que nos vamos de excursión. Nos vamos a Pompeya, pero tenemos la visita guiada a las 13.45h.

Para hacer tiempo nos fuimos a ver los Jardines de Minerva. Son bonitos, pero también son para echar un rato leyendo la información. La única epga que le veo es que los carteles están en italiano todos. Son unos jardines dedicados a las plantas y su aplicación a la medicina desde tiempos inmemoriales. La verdad que también son un mirador precioso y, si no me equivoco, la entrada de adulto son 3€. 

Una vez acabamos nos fuimos a por el coche para poner rumbo a Pompeya. ¿Os he dicho que los italianos están locos al volante? Como diría Obélix, están locos estos romanos. Así que nos lanzamos a la carretera y una hora después llegamos a Pompeya sanas y salvas. Aparcamos en un sitio que nos indicó quien creíamos que era un gorrilla, pero desapareció antes de darle nada y no aparcó ningún coche más. Pero bueno, en la mismísima puerta eh. Comimos (pronto, la verdad, no era ni la una). El bocadillo era tortilla francesa con jamón, pero el jamón italiano no está como el jamón serrano. Tiene un no sé qué que qué se yo que… no es igual.

Luego nos fuimos a comprar chorraditas de recuerdo y mi prima se hizo amiga de un vendedor a base de regatearle. Todos flipaban con lo de 4 hermanas (como si en Italia no hubiese familias con muchos hijos). Mirad si se acordaban de que al salir de Pompeya pasamos por allí y aun dijo una a su compañero que éramos le ragazze spagnole. Sí señora, no se equivoca usted.

Pero hablemos de Pompeya. También para entrar es necesario el Green Pass. Sí, aunque sea al aire libre. El yacimiento es inmenso. No sé si el guía dijo que 66 hectáreas. 660.000 metros cuadrados. Lo primero que nos dijo es que para verla entera hacían falta varios días. Así que ya con tranquilidad. Caminamos 2h sin parar y no vimos casi nada. Pero estábamos avisadas. Mi hermana es la segunda vez que va y dice que ha visto cosas que no vio la otra vez. Así que si vais a Pompeya no digáis que no os he avisado.

Me gustó mucho Pompeya y tenía muchas ganas de ir, no os voy a mentir. Pero me pareció mucho más bonito y disfrutable Paestum. El problema de Pompeya no es que sea más turístico, que también. Ni que esté lleno de gente, que también. El problema es que es tan inmenso que me resultó imposible hacerme una imagen mental de cómo era. Era caminar por calles entre edificios sin poder hacerme esa idea. Y a mi eso es lo que me gusta de estas visitas. Pensar cómo era, como vivirían. Bueno, en el caso de Pompeya como morirían. Nos dijo el guía que murieron 2.000 personas de las 22.000 que vivían allí. Aun así, volvería a ir y me parece una visita muy muy recomendable. Gracias a la ceniza y a que no fue quemada es una muestra única de ciudad greco – romana. Y con un detalle que repitió mucho el guía. A diferencia de otras ciudades romanas, Pompeya desaparece en el año 79, nació pagana y murió pagana. Así que todo lo que se encuentra en ella en el ámbito religioso esta puramente original sin mezclas con el cristianismo.

Salimos de Pompeya y como no habíamos tenido bastante y aun sentíamos un poco las piernas, volvimos a Paestum, pero esta vez a ver el museo. Aquí esta la tumba del nadador encontrada en 1968 que parece ser de las pocas o la única pintura de la época con una representación humana que ha sobrevivido íntegra.

De aquí nos volvimos a Salerno y esta vez tocaba pizza. Así que nos fuimos a la pizzería Spicchio. No he encontrado su Instagram, pero os la recomiendo muchísimo. Las pizzas estaban increíbles, el dueño majísimo y el precio fenomenal. Os dejaré fotos.

La verdad es que fue un día intenso. Pompeya fue abrumadora, la pizza estaba de locura. Y además nos echamos unas risas las primas juntas intentando no morir al volante. He intentado resumirlo todo en un reels, pero no ha sido fácil.

¿Seguimos en la siguiente entrada? ¡Nos vemos!

¡Sed felices!

domingo, 7 de noviembre de 2021

Viaje de Primas: llegando a Salerno y Paestum. (P.1)

Improvisadores, ¡hemos vuelto a viajar!

Parecía que el COVID nos había dejado sin viajes, pero poco a poco van volviendo. Eso sí, con nueva normalidad y nuevos códigos QR que llevar encima. ¿Os cuento? aunque ya sabéis que, como siempre, en mi Instagram os voy subiendo fotos y más cosas os dejaré los enlaces por aquí. 

Primero un poco de contexto. Mi prima esta de erasmus en Salerno, y el 23 de octubre cumplía un añito nuestra sobrina. La hija de su hermano. ¿Cómo se lo iba a perder? Así que entre las 4 primas organizamos la sorpresa, la trajimos de Valencia de vuelta y el viernes 22 por la tarde la llevamos a su casa. La cara de mis tíos al verla… indescriptible. Y os preguntareis que todo esto a qué viene, ¿no? Pues que aprovechando que yo tenia vacaciones en el instituto y mi hermana y mi prima podían pedirse los días… pensamos que era muy irresponsable traerla hasta aquí y no asegurarnos de que volviese a casa sana y salva. Así que nos fuimos las 3 con ella hasta Salerno.

Pero esperad que no nos vamos aún… volvamos un poco atrás. Sábado 23 de octubre. Nos vamos en 24h, pero ¿Quién se resiste a una fiesta de pueblo? Nadie. Y yo menos (los que me conocéis ya lo sabéis). Así que allí estábamos mi hermana y yo de cubateo, kebab y casales hasta las 7 de la mañana del domingo. ¿Me arrepiento? No. Fue como volver a ser yo después de 2 años. No se si dice poco de mí, pero esa noche volvía a ser yo 100%. Y, además, una charla de sofá a las 5 de la mañana con gente que no conoces era ya la vuelta absoluta a la normalidad.

Nos acostamos a las 7 de la mañana y nos levantamos a las 9 de la mañana. Empezando el viaje con energías. A las 10.30 estábamos llegando a Valencia ya. Ducha, siesta, comer, acabar la maleta… y a las 19h estábamos de camino al aeropuerto. Allí nos encontramos con nuestras 2 primas. Facturar maletas. Pasar el control. Volver a pasar el control porque si para a alguien ya sabéis que siempre es a mí. Aunque tengo que decir que he visto los dos controles (ida y vuelta) bastante desganados. No me han hecho quitarme las zapatillas, ni sacar los líquidos de la maleta ni nada.

El avión salía a las 22.25, así que jugamos a las cartas, cenamos tranquilamente y por fin a las 21.45 embarcábamos. Los que me conocéis sabéis que odio volar. Pero no hay nada como no dormir por estar de fiesta y un Valium para sufrir muy muy poco. Eso sí, no dormí en el avión y llevaba una sensación de jetlag encima… que parecía que había volado a Cancún en lugar de a Italia.

Aterrizamos a las 00.05 en Roma, pero hasta la 1 no salieron las maletas. Y aun tuvimos suerte porque parecía que allí había gente esperando sus maletas desde hacia 3h. Tenían una montada con la policía que mira… lástima que el italiano a velocidad de enfado no lo entiendo. Recogiendo las maletas nos llama la chica de la compañía de alquiler de coches, que donde estamos, que nos espera como mucho hasta las 2. Disculpe señora si la puerta del aeropuerto que comunica directamente con el aparcamiento la cierran por la noche y tenemos que dar una vuelta que ni volviendo a casa andando.

Habíamos contratado con Edreams el coche, pero Italia Renting Car nos dio problemas. El primero, Edreams decía que había sobrecargo de 90€ por horario nocturno y allí nos cobraron 130€. El segundo que mi tarjeta de crédito tenia un limite de 500€ no se porque y no aceptaron que mi hermana pagara con la suya porque estaba en el móvil. Así que nos cobró el seguro a todo riesgo para poder darnos el coche. Total, que 235€ más aparte de los ya pagados para alquilar el coche. Sali de allí con tan mala leche que se me había pasado hasta el sueño.

Eran ya las 2 de la mañana cuando pusimos rumbo a Salerno. No fuimos ni por peaje porque ya me sentía bastante robada por Italia y solo llevaba allí 1h. así que nos turnamos entre mi hermana y mi prima y a las 7 de la mañana llegábamos a Salerno.

Siguiente sorpresa. Todo Salerno es zona azul. TODO. O eres residente o pagas. Me empezaban a tener un poco cansada los italianos y llevaba 6h en el país. Miramos y un día entero de zona azul eran 50€. No va a pasar. Así que busqué en Google y encontré un aparcamiento que por 54€ podíamos dejar el coche todos los días, lo aparcan ellos y además podemos sacarlo y dejarlo tantas veces como queramos. Decidido.

Llegamos al piso de mi prima sobre las 8 de la mañana, por fin. Y nos acostamos. Bueno, se acostaron. Porque yo a las 8.30 estaba al teléfono con mi gerente del banco para solucionar lo del limite de la tarjeta de crédito. Y cuando digo al teléfono digo que mi señora madre fue al banco y le pasó al hombre su propio móvil. No le puede decir que no a una madre.

Me acosté después de solucionarlo y a las 12 nos levantamos. ¿Se puede vivir a base de siestas cortas? Claramente demostrado que sí. Mis respetos a todas las madres y padres que viven años a base de siestas cortas. Nos medio recompusimos y nos fuimos a comer pasta. Ya os daré envidia en Instagram, pero fuimos al restaurante Al Dente y estaba buenísimo. Pedimos dos entrantes y cuatro principales. Y agua. Salimos a 15€ por cabeza que oye, increíble. Eso sí, en Italia en ese momento para comer en interior en los restaurantes nos pidieron el Green pass o certificado de vacunación del COVID.

De aquí nos fuimos a Paestum. Un yacimiento cerca de Salerno. Desde luego 100% recomendable. Hay poca gente, un paseo agradable y además la entrada te sirve para 3 días. También piden el Green Pass para entrar. Nosotras nos compramos el bono familia que eran 20€ entre todas, aunque un poco por ratas y por marear a la chica que no estaba muy convencida. Sin el bono son 10€ cada adulto y 2€ para los jóvenes hasta 25 años. Le dijimos que éramos primas, pero entre que nos hicimos las locas y que en italiano no se dice así… mi prima le dijo que éramos hermanas. Y como ellos miran el último apellido y en nuestro caso las 4 tenemos el mismo… pues 4 hermanas.

Una vez dentro podéis visitar el museo o el yacimiento en sí. Nosotras visitamos el yacimiento y nos descargamos la aplicación que sirve de audioguía. Es un paseo entretenido y un sitio precioso. Si no hicimos 1000 fotos no hicimos ninguna. También la lié, porque soy así. Cogiendo el bolso se enganchó en una piedra de un murete y se me cayó la piedra en el pie. No me puse a llorar por vergüenza. Solo dije dos cosas "¡Mi pie!" y "Joder, he roto el monumento". Recoloqué la piedra y espero que si vais no dejéis los bolsos cerca de los muros. 

Volvimos a Salerno a cenar pronto porque, sinceramente, no podíamos con nuestras vidas. A las 20.30 estábamos en Ingordo cenando, una hamburguesería típica de Salerno con hamburguesas enormes. Cenamos estupendamente, vuelta a casa, ducha y a dejarse morir en la cama. Bueno, el sofá en mi caso y el de mi hermana.

Dejamos los siguientes días… para otro día, ¿no? Que ya solo la llegada a Salerno ha sido intensa. No quiero aburriros mucho. Además, así os da tiempo a que se os pase la envidia. Os dejo por aquí un resumen del primer día

¡Sed felices!

domingo, 20 de diciembre de 2020

Rememorando: escapada a París

Improvisadores,

Hoy traigo un fin de semana de escapada increíble… de hace un año. Sí, se que es una barbaridad. Pero hace un año tenía el blog aparcado por falta de tiempo y por falta de ganas, ideas, creatividad… llamadlo como queráis. Pero Instagram me recordó que justo hace un año estaba en Paris el 14 de diciembre de 2019 y he pensado, ¿Por qué no contárselo? Así no os martirizo una semana más con el repaso de las entradas antiguas en el blog.

Antes que nada, contexto. La idea origina era irme con mi hermana y unos amigos a Disney de jueves a domingo. Emocionadísima que estaba yo, que no voy a Disney desde hace a saber cuantos siglos. Total, que nos íbamos el 12 de diciembre. Cual es mi sorpresa cuando un mes antes me adjudican una sustitución en un instituto hasta el 19 de diciembre. Obviamente tengo que aceptarla, así que… adiós, Disney. Y aquí, no se qué pasó, pero se alinearon los planetas y me volví loca yo, pero también mi madre. Que un día de broma le digo: nada, cambio el billete, compramos dos mas y de fin de semana en París. Y mi madre dijo que sí. Y allá que nos fuimos.

Viernes 13 a las 8 de la mañana yo llegando a trabajar y mis padres llegando a París en avión. Mi hermana en Disney desde el jueves, por si alguien se lo pregunta. Total, mientras mis padres se pegaban un viernes de lujo de pasear por Paris y comiendo de vicio, yo estaba en el instituto dando las clases que me tocaban. Ya veis porque a mi madre le gustó el plan. A las 14h acabé y salí volando al coche. Porque a todo esto yo estaba trabajando a 40min de mi casa (si no hay tráfico). Total, llego a mi casa, cojo la maleta y volando al metro. Comí en el aeropuerto porque no me fiaba de mi misma… si como en casa pierdo el vuelo seguro. Pero esperad, que encima el vuelo de mis padres había sido directo, pero el mío hacia escala en Barcelona. Llegaba yo a París a las 22h. Un frío. Una lluvia. Pero es París, no puedo quejarme. Mis padres me esperaban en el aeropuerto porque, al parecer, ellos habían vivido su propia odisea por la mañana porque con la huelga de los chalecos amarillos el metro tenia algunas paradas cerradas. Así que pensaron venir a por mi y en taxi al hotel. Estábamos en el hotel Le Clement que así visto no parece gran cosa, pero yo volvería a ir. Limpio, atentos, buena localización… Cenamos en la habitación quiche que habían comprado mis padres y yo… morí. Porque menudo día más completo.

Pero ojo, para día completo el sábado. ¿Qué quieres hacer? Me da igual, si París ya lo conozco… pues de momento a desayunar. Habría seguramente cafeterías muchísimo mejores, pero acabamos desayunando en La Croissanterie que creo que es una cadena. Pero mirad, a mi me encantó. Si por algo los croissants son franceses, qué buenos estaban. Acabado el desayuno decidí que quería ir a Montmartre, uno de mis sitios favoritos. Pero andando. Porque París es pequeñita para andarla entera, lo sé. Pero con el lio del metro mis padres no se fiaban. Así que… París arriba. Pasamos por el Louvre, jardín de las Tullerias… todo Paris lleno de mercados de Navidad, con puestos de comida típica, recuerdos, más Navidad… Precioso, la verdad. Pero qué lejos esta Montmartre. Llegando al Moulin Rouge tuve que entrar a una farmacia a por tiritas porque yo no venía preparada para caminarme Paris entero. Pero ah, ¿cómo se dicen tiritas en francés? Porque eso no os lo he contado, mis padres se pasaron el viernes entero en Paris sin problemas, fue aterrizar yo y ya era todo “Habla tú que hablas francés”.


Nos faltaba la cuesta final cuando paramos a tomar un chocolate caliente porque no se si os he dicho ya que hacía mucho frío. Qué bueno el chocolate aquel. No se si yo estaba decida a que me gustase todo esas 24h y poco que iba a estar en París o qué, pero lo disfruté todo. Por fin llegamos arriba. A la plaza de los artistas y entonces… empieza a llover. Como os lo cuento. Todos recogiendo, tapándolo todo. Que suerte tenemos eh. Pero no pasa nada, como con tanto paseo y pararse a hacer fotos y ver cosas fuimos lentos, era la hora de comer. Así que dijimos de comer por allí. Y encontramos un restaurante con un menú a 17€ creo que era, bastante barato comparando con la competencia. Y estaba lleno de gente y no eran turistas, así que decidimos probar. No había sitio en el restaurante así que nos metieron en el salón atrás donde había una comida de un viaje del IMSERSO francés, como quiera llamarse. Pero oye, ¿qué podría pasar? Nada, ¿verdad? Conseguí con el camarero y pedir asegurándonos de qué platos llevaban champiñones y qué platos no (por no matar a mi padre) y de verdad que estaba todo increíblemente bueno. ¿Volvería a comer allí? Volvería a París solo para comer allí.

Pero… ¿a que no os he dicho el nombre del restaurante? Bien, es porque os hubiese chafado lo mejor de la historia. No nos dimos cuenta de que ponía “Chez Ma cousine” (Casa de mi prima). Yo estoy un poco atontada en la vida y sé que lo que yo leí no tenía ningún sentido, pero lo se ahora, porque en mi cabeza leí “Chez Ma Cuisine” (Casa de mi cocina). Además, doble delito porque en valenciano prima se dice cosina, que es prácticamente igual. Pero además ponía “Chez Ma Cousine” y en pequeño debajo “Restaurant – cabaret”. Sí, tal cual. Como lo leéis. Ya decía yo que el salón con un escenario pequeño y cortinas rojas de terciopelo era raro, pero yo que se, es Francia. Y así es como acabamos mis padres y yo viendo un espectáculo en un restaurante cabaret rodeados de la tercera edad francesa. Pero no fue un cabaret al uso, esta vez era un showman – musico – monologuista que entretenía a la juventud con chistes verdes y cada cual más verde que el anterior. Y allí estaba yo… traduciéndoselo a mis padres para que no se quedasen excluidos.

Después de esta experiencia surrealista, pusimos rumbo hacia Notre-Dame porque habíamos reservado un free tour nocturno de leyendas y misterios, porque París ya la conocíamos. De camino hacia el tour pasamos por la Rue Montorgueil. Os prometo que es la mejor calle de París. Está llena de cafés, pero también de tiendas y además la gente que esta comprando no son turistas. De hecho, nosotros la encontramos de casualidad. Me la he guardado en Google maps como “La mejor calle de París” para poder volver. Aquí compramos quesos, patés y foie que no hace falta que os explique lo estupendos que estaban. Por fin llegamos a la zona de Notre-Dame. La verdad es que habiendo estado allí antes de que se quemase y verlo ahora, se te parte un poco el corazón. Esta rodeada de vallas y no puedes acercarte, lo que sí han puesto es una explicación en las vallas de como se esta haciendo la restauración. Pero viéndola así, de noche ya, da mucha lástima. Esta apagada y con ella todos los restaurantes y creperías de la zona que solían estar llenísimos. Entramos en la Crêperie du Cloître a merendar y estábamos solos. Cuando yo recuerdo aquella zona a reventar. Por cierto… la crepe increíble. Si no hay decepción en ningún restaurante de París.

Por fin nos reunimos y empezó el freetour de leyendas y misterios. Os lo recomiendo porque es un tour increíble y las guías no pueden hacerlo mejor. Empieza en la Sorbona y acaba en el ayuntamiento de Paris. Además, por aquellas fechas estaba toda la plaza decorada de Navidad y estaba preciosa. El tour te cuenta historias que te cambian la visión del mercado de las flores o de Luis XVI (si es que tenéis una visión de Luis XVI). Acabamos el tour en la plaza del ayuntamiento y mi madre quería subirse al tiovivo, así que allá que fuimos. 

Al lado del ayuntamiento esta la placa que puso el ayuntamiento a los republicanos españoles de “La Nueve”, héroes de la liberación de París. Y no, no tienen monumento en España hoy en día que yo sepa.

"Jardines de los Combatientes de la Nueve. 
A los Republicanos antifascistas españoles que continuaron su lucha participando en la2ª DB. Héroes de la Liberación de París."
 

Llevábamos todo el día queriendo probar la Tartifflete que habíamos visto en el mercado de Navidad, pero estaba lejísimos de donde estábamos y en dirección contraria al hotel. Así que nos fuimos hacia el hotel. Y nos perdimos. Nos perdimos pero bien. Acabamos cenando en L'Annexe de la Petite Périgourdine. Yo me pedí una hamburguesa que estaba buena, mi madre no me dejó explicarle lo que le estaba diciendo el camarero y se comió un bocadillo de jamón y queso con mantequilla. Ella quería un sándwich mixto, pero no me dejó pedirlo y… bocadillo de jamón y queso. Mi padre creo que un steak tartar, que le tenia ganas. La verdad es que cenamos muy bien, pero estábamos tan cansados que ni lo apreciamos. Que no estaba lejos del ayuntamiento, unos 15 minutos andando si sabes donde vas, pero si estas perdido como nosotros… más. Y de aquí al hotel otros 15. Pero de verdad que no podíamos más con la vida. Llevábamos todo el día París arriba París abajo. Hicimos 25.000 pasos y no os miento.

Domingo por la mañana de… de nada porque toca volver a casa. Si os he dicho que fue un viaje exprés. Recogemos todo, pedimos un taxi y desayunamos en el hotel. La verdad que el desayuno es un buffet pequeñito y simple, pero estaba muy bueno. Hasta tenían para hacer huevos cocidos. Llegó el taxi y nos fuimos hacia el aeropuerto. Tengo que decir que este taxista bastante más simpático que el del viernes. Estuvo hablándonos de todo lo que podáis imaginaros. Chalecos amarillos, edades de jubilación, pensiones, enfermeros, bomberos, policías, que él era profesor de francés en Túnez… de todo. Y por fin llegamos al aeropuerto. Los que me seguís de hace tiempo sabéis que a mi siempre me pasa algo en los aeropuertos. Entre eso y que odio volar…

Estamos esperando a mi padre con las maletas y empiezan a llamar por megafonía al propietario de una bolsa negra, que acuda a tal sitio. Y lo llaman otra vez. Y una tercera vez. Y entonces me doy cuenta de que la bolsa está a 2 metros de nosotras. A su vez, a 3 metros de la bolsa un empleado de seguridad que no le quita el ojo de encima. Cogí a mi madre y nos fuimos hacia seguridad y mi padre nos alcanzó ya de camino. No tenia porque ser nada, pero a mi me pasa de todo siempre y no me la voy a jugar. Pero por evitar un lío, otro. Llegamos a seguridad, pasa mi maleta sin problemas y cuando voy a pasar… paran a mi madre. El de seguridad super borde diciéndome que venga, que pasase por el arco. Y le digo que si me deja quedarme con mi madre que no habla francés y la han parado. Que mal le sentó. ¿Por qué han parado a mi madre? Por el queso, el paté y el foie. Os prometo que había un señor de seguridad buscando queso. La señora de delante llevaba como 3kg de queso y el de seguridad olio todos los paquetes. Sí, los olisqueó como si fuese él el perro. Le dan el visto bueno a mi madre y pasamos las dos sin problemas. Recojo mi maleta y paran la de mi madre. Resulta que hay poca comunicación en el control de seguridad. Y lo llevábamos envuelto en papel albal y resultó sospechoso. Y voy a explicarle al señor otra vez lo que es y mi madre por lo bajini “si me lo van a quitar me lo como todo aquí eh”. Di que sí. Le expliqué al señor lo que era, abrí los paquetes, que hasta le dije el tipo de paté por si había dudas. Me veía yo ya sentadas en seguridad pegándonos una panzada de patés y quesos. Pero no, conseguimos llegar a casa sanos y salvos y con las compras intactas.

La verdad que escribir esto en diciembre de 2020 se me hace raro. Como si fuese otra vida completamente diferente y hace solo un año. Fue el último viaje al extranjero que he hecho y me alegro de que fuera con mis padres. Mi madre durante el confinamiento lo ha recordado mucho. Para los que no lo sabéis, mis padres y mi hermana son los tres enfermeros, así que tener un recuerdo bonito reciente ayuda mucho. Para su cumpleaños incluso le hice una quiche y mi padre y yo hicimos una tarta tatin que no sé si se parecía mucho a la que se comió en aquel viaje a París, pero la intención es lo que cuenta. Espero que pronto podamos volver a viajar, a visitar a la familia. Este 2020 tampoco hemos podido reunirnos con la familia de Francia, ni con la de aquí. Espero que pronto podamos empezar las entradas con “vengo a contaros mi último viaje” y no tener que tirar de archivo.

Pero para todo esto, de momento cabeza y paciencia. Cuidaos.

¡Sed felices!