jueves, 15 de agosto de 2013

Te echaré de menos Nur!

Improvisadores, hace unos días podíais leer como me despedía de una amiga que se ha ido a Paraguay. Hoy podréis leer como me despido de otra amiga, de una amiga que sé que a pesar de discutir mil veces siempre estará ahí. Mi hermana Nur se va a Noruega.
¿Qué si la echaré de menos? Mucho. De pequeñas nos peleábamos mucho, menos los días del cumpleaños que estaba prohibido pegar a la cumpleañera. Ahora discutimos a veces, pero cuanto más mayores nos hacemos, menos discutimos.
Como ya he dicho, no es solo mi hermana. Es mi amiga. Sé que nos cubrimos las espaldas la una a la otra, nos prestamos ropa (más ella a mí que yo a ella) y compartimos casi los mismos gustos y aficiones.
Por mucho que a veces me queje de ella, sé que la echaré de menos y espero que ella me eche un poquito de menos a mí. Solo un poquito. Desde siempre ella fue la más lanzada de las dos, la que quería ver mundo y vivir por ahí. Bueno, se veía venir lo del Erasmus.
En realidad no tengo mucho que decir, ella ya sabe lo mucho que la echaré de menos. Seguramente también lloraré cuando vaya a despedirla al aeropuerto. Seguramente lloraré yo más que ella, yo soy la llorica. Espero que se lo pase muy bien, que disfrute todo lo que pueda, que se traiga un gran recuerdo y que me prepare un sitio para ir a visitarla. Que se acuerde de las mil cosas que hemos hecho juntas: el viaje a Madrid y el concierto de 1D, como cuando me arrastró a ver Mama en el cine y casi me da un ataque, como cuando veíamos Polseres Vermelles  en su teléfono de lo enganchadas que estábamos, como cuando le quitaba la ropa y desesperaba. Que se acuerde que ella es la primera que ha leído mi libro, la que me enseña libros geniales, la que cocina cuando yo estoy vaga. Pero que se acuerde de que yo soy la que hace el huevo frito cuando tiene miedo del aceite caliente, que yo desesperaba cuando llegábamos tarde a clase, que yo fui la primera en llamarla Nur consiguiendo encontrar un diminutivo para un nombre corto. Que por mucho que peleemos o discutamos, los momentos que hemos pasado juntas son siempre buenos recuerdos. Repetiría todos y cada uno de ellos, pero eso no dejaría tiempo para tener recuerdos nuevos.
Iba a ponerte una canción, como ya te dije. Pero no sé cuál elegir de todas las que he escuchado contigo, de todas las que hemos bailado en la habitación como locas, de todas las que hemos visto el videoclip juntas por primera vez ni de todas las que me traen recuerdos geniales. Tendría que ponerte la discografía entera de mucha gente. Así que pondré el video de la última que escuchamos juntas por primera vez, que sé que casi te lo sabes de memoria.

Nur, pásalo genial, abrígate y haz muchas fotos. Iré a verte en cuanto pueda y acuérdate de que el frio es psicológico. Te quiero.
¡Sed Felices!

miércoles, 14 de agosto de 2013

Segunda parada: Ibiza

Improvisadores, como os prometí, en esta entrada toca hablar del siguiente viaje que he hecho este verano: Ibiza. Vosotros diréis: ¡Qué guay! ¡Ibiza! Fiesta a tope. Yo os digo: no. ¡Que guay! ¡Ibiza! Sol y barco. Eso sí es un viaje diferente.
El miércoles 31, después de toda la mañana intentando pagar las tasas del titulo y a la fresca en casa, a las 14 hice la bolsa corriendo y a las 14:45 salí a por el autobús. Delante de mis narices el 89 giraba por la calle y ante mis narices se largaba. Por un momento pensé que llegaría tarde a la estación de autobuses donde me esperaba mi compañera de viaje: Gem. Ella ya estaba allí, compró los billetes y me esperó en la cafetería. La vez que quedamos bajo el reloj de la estación de Renfe fue mucho más glamuroso, pero la cafetería también está bien. Llegué allí, nos sentamos las dos y a las 16 subimos al autobús que nos llevaría a Denia. Llegamos a las 18 y muertas de calor y cargadas llegamos al puerto. Allí estaban Thais y Alejo esperándonos desde hacía por lo menos una hora. Una vez nos reunimos todos, nos fuimos al pantalán (o el patatal como dice Alejo) para saludar a los padres de Gem y entrar en un primer contacto con el barco. Llegamos allí y dejamos los trastos. Fuimos de excursión a los servicios y cenamos coca que había hecho Puri (también conocida como la madre de Thais) y nos repartimos las camas. Bueno, ya estaban repartidas, digamos que pusimos las sabanas como última señal del reparto. A las 5 de la mañana del jueves 1 nos despertábamos todos. En un principio no pensábamos levantarnos, pero Juanjo (alias el padre de Gemma) dijo que tendríamos curiosidad y nos levantaríamos. Y tenía razón. Salimos todos a cubierta a las 5 y Juanjo puso rumbo a Ibiza convertidos todos en la tripulación del Alphecca. Allí estuvimos todos despiertos aguantándonos el sueño para ver amanecer. Después, volvimos a nuestras camas hasta por la mañana. La verdad es que 10 horas de navegación se pueden hacer muy largas. Pero por suerte no nos mareamos (hicimos trampa el primer día con la viodramina, pero ya está). Además, el día estaba muy claro y el agua parecía una balsa de aceite, así que fueron 10 horas de mirar al horizonte. Delante, Ibiza; detrás, Denia. Ves los dos sitios pero no llegas nunca. Además, vimos dos grupos de delfines a la ida.
Llegamos a Ibiza pasada la hora de comer y fondeamos el velero detrás de Conejera. Allí nos bañamos, comimos e hicimos la siesta. No sé si habéis dormido alguna vez en un barco, pero se duerme de lujo. Es como una cuna gigante. Ya os dije que las rotondas me dan sueño, pues imaginaos el movimiento continuo del barco con el balanceo. Solo os diré que los 6, sin excepción, nos hemos echado buenas siestas durante la semana. A las 19h Juanjo llamó al puerto de San Antonio para probar suerte. Y tuvimos mucha suerte: pudimos pasar la noche en el puerto y no fondeados. Esto es bueno porque puedes bajar a los servicios y a la ducha, puedes rellenar los depósitos de agua y puedes tener vecinos repipis. Bueno, lo último no es una ventaja.
Llegamos a puerto y Alejo, Gemma, Thais y yo, los 4 uniformados con nuestra camiseta de la tripulación causamos sensación. Nos miraban como si no hubiesen visto nunca una camiseta color boli bic. El caso es que los padres de Gem se fueron a hacer los papeles (supongo que lo que sería el check in) y nosotros 4 nos sentamos en cubierta. Y cuando volvieron los padres de Gem, el vecino repipi les dijo que menuda tripulación, que nos hemos relajado mucho. Chivato. El caso es que después nos tocó a los 4 limpiar el barco y justo cuando Juanjo cogió la manguera, volvió el vecino y soltó otra de sus críticas a la tripulación. ¡Cállese, por favor! En fin, siguiendo la rutina del camping, nos fuimos a la cama pronto. ¿Por qué? Pues porque, como dice Mª Carmen (alias la madre de Gem), el mar cansa más de lo que parece.
El viernes 2 salimos tarde de puerto porque nos esperamos a ver si teníamos suerte y podíamos quedarnos esa noche también. Entonces como a las 12 deben abandonar los amarres los barcos fondeados que no tienen el amarre reservado, nos esperamos. Y volvimos a tener suerte. Estando allí apareció un hombre diciendo que ese era su amarre y Thais y yo nos miramos con cara de  “A mi no me mires”. Y Gem se empezó a reír. Resulta que es un amigo de sus padres. Así que al final fuimos con los amigos de los padres de Gem y fondeamos en la misma cala. Allí estuvimos bañándonos mientras Gem y su padre probaban la bombona de oxígeno y luego Gem, Thais y yo probamos el ala manta. Si os cuento lo que es no os parecerá tan guay. Pero básicamente vas enganchado a una pieza de madera mientras te arrastra la lancha y puedes hundirte más o menos. El problema es que Thais y yo no estamos muy acostumbradas a respirar con el tubo y casi morimos, pero por lo demás es genial. Además, lo raro es que yo quisiera probarlo, por eso de que soy una cagueta y tal. Después de la siesta, los padres de Gem se fueron con la lancha al barco de sus amigos y nos dejaron a los 4 en cubierta con la música y el sol. Y las barcas que pasaban llenas de turistas nos miraban raro. Tanto que al final Thais les gritó “¡Sí, somos ricos! ¿Qué pasa?”. Y nos entró la risa. Pero luego nos enteramos de que la madre de Gem sí oía lo que decían de nosotros porque el viento les llevaba la conversación. Y eran cosas como “Pero mira, si tienen 20 años, lo tienen todo”. Es lo que mi padre llama envidia. Los padres de Gem volvieron al barco y a las 19 nos tomamos unos gin-tonics y unos ron con Coca-Cola, pero en copa por si aparecen más turistas mirones. Luego pusimos rumbo a San Antonio para situarnos para ver la puesta de sol. De camino allí hacia tanto viento que el barco escoró tanto que yo pensaba que salíamos volando de cabeza contra el otro lado. ¿Sabéis que es lo mejor de la puesta de sol en Ibiza? Que se juntan todos para verla ahí en la playa y en los cafés y cuando se pone el sol… ¡le aplauden!
Volvimos a puerto, amarramos y ya os digo yo que no se aprecia tanto una ducha de verdad como cuando no la tienes. Y allí estábamos Thais, Gemma y yo cada una en su ducha pero hablando por encima del ruido del agua y cantando. Menos mal que no entró mucha gente. No sé si habéis ido a Ibiza alguna vez, pero es cuanto menos fascinante la fauna que se junta. Es como entrar de cabeza en Geordie Shore. Si no lo habéis visto nunca, buscad una foto. Pelos de colores, tíos cachas sin camiseta y llenos de tatuajes, chicas en bragas vaqueras, maquillaje a más no poder y borrachos. Nos lo pasamos genial comentando cada modelo que pasaba por delante, tendríamos que haber hecho un concurso. No pasa nada, otra vez será.
El sábado 3 no nos fuimos a navegar. A las 10 fuimos a la oficina de información para que nos dieran la guía de autobuses. Empezaba la aventura. Nos fuimos a la estación y subimos al autobús San Antonio – Ibiza. Llegamos a Ibiza en menos de media hora y empezamos a subir. La parte vieja de Ibiza, la turística, está arriba. No podían hacerla abajo, hubiese sido muy fácil. Casi nos morimos subiendo escaleras al sol hasta que bajando por el otro lado vimos un bar con cojines en una escalinata de la calle y nos asentamos allí. De hecho, se llama S'escalinata. Y digo asentarnos porque hubo tiempo para dos rondas de cervezas y un aperitivo con humus que nos estuvieron de vicio, os lo digo. Hasta tuvimos tiempo de entablar conversación con la camarera, de Alacuás por cierto. Bajamos de allí y nos fuimos a la zona del puerto de Ibiza. Vimos tiendas, vimos turistas y vimos una mesa en el restaurante "Café Mariano" que estaba justo en el punto donde soplaba el viento, y allí nos sentamos. La verdad es que comimos de tapas, pero estaba bueno. Aunque este día nos gastamos más dinero en autobús y bebidas que en comida. Solo ese día me bebí 3 coca colas, un café, un granizado y un té helado. Después de comer queríamos hacer tiempo, porque hacía mucho calor, así que Gem y yo nos pedimos un café. Del tiempo. Bueno, con hielo para los no valencianos. Un rato más tarde cruzamos la calle y nos sentamos a la sombra con un yogurt helado en la mano. Al final volvimos a la estación de autobuses que estaba donde Cristo perdió el gorro. Allí cogimos un autobús Ibiza – Santa Eulalia. En Santa Eulalia hicimos transbordo a Santa Eulalia – San Carlos. Pero no llegamos a San Carlos, nos bajamos en el mercadito hippy de Las Dalias. Estuvimos dando una vuelta por allí, viendo los puestecitos, poniendo cara de espanto ante les precios (¿60€ un chaleco? ¿Está usted loca?), nos encontramos con el primo de Gem y me encontré con un compañero del instituto. El mundo es un pañuelo. El problema era que llegamos al mercadito a las 17 y algo, y hasta las 19 no pasaba el autobús de vuelta, así que muertos de calor nos fuimos a por el té frío al bar. A las 19 volvimos a subirnos al autobús San Carlos – Santa Eulalia. A las 19:30 estábamos en Santa Eulalia esperando el siguiente autobús. A las 20 subimos al autobús Santa Eulalia – San Antonio y a las 20:30 llegamos a San Antonio. Fue un día cansado, muy cansado.
El domingo 4 nos fuimos a fondear y se vinieron con nosotros el primo de Gem y su novia. Era un día de esos en los que el sitio más divertido en la proa donde saltan las olas. Llegamos a la cala, echamos el ancla y se echan al agua. Nosotros estrenamos la cámara subacuática que compramos en Ibiza y mientras yo me voy quitando los zapatos. Justo cuando voy a bajar al escalón para meterme en el agua el primo de Gem dice algo tipo “Pues sí, me ha picado”. Si me pica a mí una medusa os enteráis aunque estéis en China. Así que se salieron todos corriendo y nos pasamos el resto del día maldiciendo a las medusas y disparando huesos de aceituna con un tirachinas. Tiro a la medusa. Esa tarde, al llegar a puerto, dijimos de salir a cenar, así que nos duchamos y nos pusimos nuestras mejores galas para ir a…la pizzería. Pero comparando con la del camping, madre mía, sí que es caro Ibiza. Después de cenar nos volvimos al barco y caímos redondos. Que no sé cómo podíamos estar tan cansados. Hacíamos siesta todos los días, pero no había manera. He llegado a la conclusión de que si vas a Ibiza en hotel puedes salir de fiesta, si vas en barco estas más cansado.
El lunes 5 nos fuimos a fondear cerca del puerto con la idea de volver a comer allí. Nos fuimos a una cala, pero había demasiadas medusas, en otra había demasiados barcos. Pero al final fondeamos, nos bañamos y volvimos a comer al puerto. Después de la siesta (que es sagrada) nos tocó limpiar el barco otra vez. Después fuimos a ducharnos y ya vestidos como personas nos fuimos a dar una última vuelta por las tiendas. Digo vestidos como personas porque nos hemos pasado el día en bikini y con la camiseta de la tripulación, y con eso nos íbamos al baño, al súper y a donde sea. Esa noche los padres de Gem se fueron a cenar con unos amigos, así que cenamos solos y luego nos quedamos viendo la tele. No se veían bien muchos canales porque hacía mucho viento, así que acabamos viendo Vergüenza Ajena en MTV, que era la única que se veía medianamente bien. Cuando llegaron los padres de Gem ya habíamos apagado la tele y estábamos en el proceso de coger el sueño. Somos unas juventud fiestera donde las haya. 
A las 5 de la mañana salimos de San Antonio rumbo a Denia, esta vez no nos despertamos. Ya no teníamos tanta curiosidad después de una semana en el barco. Éramos tan expertos que Alejo había pasado de grumete a contramaestre. Así que nos despertamos ya sobre las 9 o las 10. Esta vez el mar estaba más agitado, no era una balsa de aceite y el barco iba dando saltos. Tardamos más que a la ida porque el viento venia de Denia. A las cuatro de la tarde ya estábamos en el puerto de Denia, y en los minutos que tardamos en amarrar y que ya no estábamos a la sombra, Thais y yo nos quemamos los brazos, después de una semana sin quemarnos.
A las 17:15 salía el autobús en dirección a Valencia y a las 16:55 salía del barco con Thais, Alejo y los padres de Thais que me acercaban con el coche. Llegamos a la parada justo cuando llegaba el autobús. Lo cogí, por poco, pero lo cogí. Llegué a la estación de autobuses de Valencia y allí me recogió mi padre y oye por lo menos me ahorro el viaje extra hasta casa.
Estaba tan cansada que casi me duermo en la bañera, aunque ahogarme no me iba a ahogar. Al salir del baño me tiré en el sofá y me quedé enganchada a un documental sobre Hitler y Eva. Creo que es el primer documental que veo de historia. Os vais a reír, pero desde que empecé la carrera dejé de leer revistas y ver documentales de historia, ya tenía bastante historia en clase. Después de cenar me fui porque había quedado con Elena, Paula y Anna para tomar algo y ponernos al día. Y al llegar a casa ya no tenía sueño. Soy así de rara y acabé viendo Gandía Shore hasta que me entró el sueño y el aburrimiento.
Así que ahora ya estoy de vuelta en casa. Sin internet.  

Actualización 29 noviembre 2020: gracias por volver a leer este post! La verdad que ahora de nostalgia todos los viajes que hemos hecho y ahora no podemos. Pero podremos! Una vez más, el estilo de diario de viaje no es el habitual a los post de instagram, pero espero que os guste! 

¡Sed Felices! 

martes, 13 de agosto de 2013

Primera parada: Camping!

Improvisadores, vamos a entrar al tema interesante: las vacaciones. ¿No os parece interesante? Yo creo que es lo mejor del verano. O ¿quizás es el verano lo mejor de las vacaciones? No lo sé, el caso es que ahora voy a contaros mi primer viaje.
El lunes 22 era el día de organizar la maleta a corre prisas. A las 9 me desperté por culpa (o gracias al) grupo del whatsapp del camping, que ya estaban en marcha. Me puse a recoger mis cosas hasta que aparecieron mi madre y mi hermana diciendo que si íbamos al centro a ver vestidos para la graduación. Vale, vámonos. Yo no sé qué pensaba mi madre, pero me llevó al centro a tiendas donde tienen hasta café. Y donde no voy a gastarme tal cantidad de dinero en un vestido. ¿Estamos tontos o qué? 970€, mis dos riñones, tres ojos de la cara, un pacto con el diablo… además, en Divinity las dependientas son mucho más simpáticas. “A estas alturas, para septiembre no encuentras nada”. Pesimista de las narices, ya veremos si encuentro o no.
Después de comer acabé la maleta. Luego me fui a merendar con Lau y por la tarde, al llegar a casa, Gem me dijo que su cargador podía servir para mi cámara de fotos. ¡Yuju! Después, de repente en mi casa había que preinscribirse para el master, así que lo hice y en cuanto lo conseguí, mi padre me llevó a casa de Thais. Bajaron Thais y Alejo para ayudarme a subir trastos. Cuando llegó Gem nos fuimos a mercadona a comprar el desayuno y el almuerzo del viaje. Volvimos a apalancarnos en el sofá hasta la hora de cenar [Maria, deja de meterte con Gemma mientras escribes esto en el camping] y nos fuimos hacia el restaurante. Queríamos cenar en uno ambientado en La Vida de Brian, pero estaba cerrado y acabamos cenando en un libanés (Beirut King) con un menú degustación que según Gem sabía todo a morcilla. Pero a mi me encantó. 
Casi a punto del empacho y muerte, volvimos a casa de Thais. Hacía tanto calor que moriríamos por empacho y deshidratación. Gem y yo preferimos acostarnos en los sofás con el ventilador. Pero no conseguí dormir del tirón y a las 4:30 se despertó Gem y asaltamos la nevera en busca de agua. Después de esperar a que se descongelase una botellita pequeña, de darnos cuenta de que podíamos beber de una garrafa de la nevera y de cambiar los sofás, conseguí dormir del tirón hasta las 6:30.
El despertador sonó el martes 23 a las 7 de la mañana. Mientras Gem remoloneaba, Thais y Alejo se ducharon y yo…remoloneé. Desayunamos sandia, recogimos los trastos y nos fuimos hacia el coche. Después de la partida de tetris más difícil de la historia, conseguimos meternos todos en el coche. Solo diré que Gem y yo no tocamos el suelo del coche en ningún momento.
Después de parar a almorzar (previsoramente habíamos hecho bocadillos. Madres y abuelas, podéis estar orgullosas), seguimos la ruta y llegamos al camping (La Ballena Alegre) a las 13:30. El camino estuvo amenizado por canciones de nuestra recolección, pero también por la radio. Llegamos al camping y hacemos el check in. Y luego nos dicen que nos busquemos una parcela. Reserva ni reservo, allí que vamos nosotros en medio del caos a buscarnos una parcela. Nuestro vecino de la derecha nos ocupaba un trozo de parcela, pero bueno, no nos molestaba. El vecino de atrás será ahora conocido como El Patriarca, la mujer del Patriarca y su hija la Barbie Choni. Por fin encontramos una y después de 1h conseguimos montar la tienda (bueno, Thais y Alejo montaron la tienda). Es un tiempo nada malo si tenemos en cuenta que no la habíamos montado nunca, y si tenemos en cuenta también que no se nos cayó encima en ningún momento durante todo el viaje. Pero claro, imaginad el calor que pasamos montando la tienda al sol a esas horas del mediodía. Nada más acabar nos fuimos al bar a comer algo, pero como tenían horario guiri, nos tuvimos que conformar con unos bocadillos y unas cervezas. Suficiente.
Nos quedamos allí apalancados muriendo de calor. Nos reímos de Alejo, que dijo que su teléfono vaticinaba lluvia, nos reímos de mi madre que también nos había avisado. Nos dejamos de reír cuando acabamos con todos los trastos dentro de la tienda porque llovía. Mientras nosotros recogíamos las cosas dentro de la tienda, llego el vecino de la izquierda, un señor austriaco que desde hoy conoceremos como Vettel. Iba con sus 3 hijos (el de gafas, la niña y Philip) y se puso a montar la tienda mientras llovía, después de que yo intentase explicarle que la parcela acababa en una piedra. No lo entendió, porque nos ocupó media parcela. Como es lógico, noche de lluvia, noche de cartas. Cenamos los 4 dentro de la tienda, jugamos a las cartas y a las 12 estábamos todos en la cama. Porque teníamos sueño y porque somos muy respetuosos con las normas que dicen que de 12 a 7 hay que mantener el silencio absoluto.
El miércoles 24 decidimos quedarnos en el camping, lo que no sabíamos era que a las 8 de la mañana nos despertaría el calor insoportable que hacía en la tienda. Nos levantamos con calma, desayunamos con calma y sobre las 11 nos fuimos a la  playa, también con calma. A las 13:30 y ya muertos de calor nos fuimos al chiringuito a por unas cervezas. Pensábamos seguir nuestro camino hacia el supermercado, pero tenían pollo asado y patatas y decidimos aplazar la cocina para la noche. ¡Viva la procrastinación!
Después de comer nos quedamos allí porque corría el aire y se estaba mejor que en ningún sitio. Pero os aseguro que el tiempo pasa muy despacio cuando no haces nada. Al final volvimos a la parcela y fuimos moviendo las sillas según el sol. Después de conseguir levantarnos, caminamos el largo trecho que había de nuestra parcela al súper y por la noche cocinamos con el camping gas. Es más difícil darle la vuelta a la tortilla francesa si con un mal gesto puede acabar en el césped. Allí estábamos, Thais y yo cada una en una silla alrededor del camping gas, Thais aguantando la luz y yo con la sartén y la paleta en la mano. Después de cenar estuvimos con las cartas y de sobremesa, tanto que Thais y Alejo se apalancaron. Pero Gem y yo queríamos salir a ver que se cocía por ahí. El chiringuito cierra a las 12 y en la discoteca estaban todos los críos y el pub es pub de sentarte y tomarte una cerveza. Así que 30 minutos después de salir, Gem y yo volvíamos a la tienda con la sensación de ser nosotras las guiris. Debía ser así, porque allí eran todos holandeses.
El jueves 25 sonó el despertador a las 8, desayunamos, molestamos a la Barbie Choni que seguía durmiendo, también molestamos a nuestros vecinos de atrás que seguían durmiendo (conocidos desde hoy como Justin y su hermano el Moreno), recogimos y nos fuimos a Figueres. Aparcamos cerca de información (gracias GPS) y nos fuimos a hacer cola al museo de Dalí. Creo que de todos, la más fan de Dalí es Thais. A mí es que el surrealismo no me va, no lo entiendo mucho y parece que Dalí estaba como una cabra. Con todos mis respetos hacia los admiradores de Dalí. Después de ver el enorme, gigantesco e interminable museo, nos fuimos a comer.
Acabamos en el restaurante más lento de Figueres y preguntándonos si se pueden enviar sugerencias anónimas a Chicote. Después de horas para comer, volvimos al coche. El parking nos costó 10€ y a Alejo casi le da algo cuando vio que por ese precio ni le habían lavado el coche ni nada. Nos pusimos rumbo a Sant Pere de Rodes. Por el camino eché alguna cabezada hasta que topamos con un badén gigante que hizo que se me desencajaran las vértebras y me despertase. Es que íbamos por un camino de rotondas y no puedo soportarlo, me entra sueño. Pero luego el camino de curvas subiendo hacia Sant Pere ya no me dormí, esos sí me gustan. Llegamos arriba y…menudas vistas. Sí que sabían elegir bien los monjes las localizaciones. El monasterio sí que me gustó, más que el museo de Dalí diría yo.
Al acabar la visita, de vuelta al coche, pasamos por Cadaques de camino a Port Lligat a ver la casa de Dalí, pero no entramos porque eran 11€ y aun teníamos que volver al camping. Después de 1h de coche llegamos al camping a las 20:15h y decidimos que no queríamos cocinar, así que nos fuimos a la ducha y Alejo que acabó antes, se fue a por dos pizzas.
La verdad es que las pizzas estaban más buenas de lo que creía. Volvimos a jugar a las cartas y una vez la Barbie Choni acabó la fiesta que tenía con sus amigos en la caravana, nos fuimos a la cama. Total, si ya se van no tengo nada que cotillear, no vale la pena.
El viernes 26 volvimos a quedarnos en modo reposo en el camping, con nuestro calor a las 8 de la mañana, nuestra playa a las 11 y nuestra cerveza a las 13:30. Como veis, vivimos muy mal, muy estresados. Volvimos a comer en el chiringuito y después nos fuimos a la sombra de la piscina a hacer la siesta. A las 15 nos despertamos y Gem y yo nos fuimos a la ducha muertas de calor y luego a la parcela a sentarnos a la sombra. Al rato vinieron Thais y Alejo y tras horas aburridas de calor, nos pusimos a jugar al Jungle Speed (nosotros lo llamamos el Tótem, pero da lo mismo), el juego de cartas del viaje por excelencia. Nos entusiasma tanto que acabó siendo un espectáculo para los padres de Justin y el Moreno.
A las 20 nos fuimos a comprar la cena. Ya teníamos la cebolla en la sartén cuando encendimos el camping gas y empezó a arder por la clavija y lo tuvimos que apagar con una botella de agua. Lo dejamos enfriar y lo volvemos a intentar. Parecía que a la segunda iba bien, pero volvió a arder. Yo propuse pedir una cocina, pero ninguno quiso. Entonces el Patriarca vino a decirnos que ellos nos hacían la cena en su cocina. Gracias a esta buena gente pudimos comernos las hamburguesas.
Después de cenar volvimos a sacar las cartas en la partida más larga de la historia. Thais soltó un chillido a las 12:05 que hizo que por poco se nos saliera el corazón y nos echasen del camping (bueno, puede que esté exagerando). Cuando por fin acabamos la partida infinita, nos fuimos a dormir.
El sábado 27 fue el día que más tarde nos levantamos, a las 9 de la mañana. Diciendo esto no parece que estemos de vacaciones. Estábamos muy vagos y tardamos en desayunar y en cambiarnos. Llegamos a la playa a las 12 y yo diría que, definitivamente, fue el día más vago de la semana. Para variar, no cocinamos al medio día. Y por la noche nos fuimos a cenar a la pizzería. Nos pusimos nuestras mejores galas y nos fuimos al restaurante. Entramos muy decididos hasta que nos preguntó si teníamos reserva. Pues…no. Así que teníamos a 6 personas delante de nosotros. Pues una caña mientras esperamos, ¿no?
Justo cuando acabábamos llegó la camarera a buscarnos. Como somos unos animales, pedimos una pizza para cada uno y una ensalada. Digo que somos unos animales porque el miércoles habíamos cenado los 4 con 2 pizzas. Las pizzas y la ensalada no nos las acabamos, pero el lambrusco sí. Durante todo el camping nos comportamos y fuimos muy calladitos en contra del tópico, hasta este momento. Fuimos los más escandalosos del restaurante mientras hacíamos monólogos históricos partiéndonos de risa de todo evento histórico estudiado en la carrera. No sabemos si haremos un libro o un espectáculo teatral, ya os voy avisando. Al acabar de cenar bajamos a la fiesta del mojito. Nosotros íbamos a bailar, pero como había una pareja bailando muy bien, no quisimos dejarlos mal. Es decir, no bailamos porque no quisimos, no porque bailasen genial. Pero como el camping tiene horario guiri, a las 12 se acabó la fiesta y a las 12:30 estábamos en la cama.
El domingo 28 nos levantamos a las 8 – 8:30 para ir a Empúries. Llegamos allí y resulta que el último domingo de cada mes, la entrada al yacimiento es gratis. Entramos y nos sentamos a beber agua congelada mientras esperamos a la visita guiada de las 11. Allí en la cafetería nos pusimos a comentar datos históricos y esas cosas, sin darnos cuenta de que en la mesa de al lado, la guía de la visita de las 11 nos miraba de reojo. Primer enemigo de la mañana. Nos fuimos al punto de reunión y resulta que la entrada al yacimiento es gratis, pero la visita guiada no, son 3€. Y le decimos que compramos las entradas ahora y hacemos la visita y nos mira y nos dice que mejor en catalán a la de las 11:30. Está claro, nos escuchó hablar y le dio miedo que le preguntásemos, es que Thais es muy lista y controla el tema, ojo.
El caso es que compramos las entradas y nos esperamos a la visita de las 11:30. Esta visita era en inglés y en catalán. Y menos mal que nos esperamos a esta, porque el guía era más simpático que la otra. El tal Alex hizo una visita de 2h pero muy entretenida, nos reímos mucho, disfrutamos como niños en un campamento, todos sentados alrededor de él a la sombra mientras nos contaba batallitas de Escipión y las guerras púnicas. Así sí suena todo bonito.
Volvimos a comer al camping, que estaba a 10 minutos y después de reposar un rato viendo la F1, nos fuimos a Girona. Menos mal que vencimos nuestra pereza, porque es preciosa. Muy bonita, de verdad. Vale la pena ir. Además, la parte vieja no tardas tanto en verla. 

Al volver de Girona pasamos a comprar algo para cenar, sin cocina, por supuesto. Nos hemos pasado el camping comiendo macedonia y cosas frías.
El lunes 29 nos levantamos pronto porque teníamos planes más lejanos. Pusimos el GPS y tranquilamente llegamos a Besalú. Mi madre me dijo que Besalú era muy bonito, y no mentía. También me dijo que hay un libro ambientado en el puente de Besalú, y me lo creo, pero no me lo he leído. Ya os compartiré alguna foto en instagram. Fuimos a la oficina de visitas guiadas y elegimos la que daba toda la vuelta al pueblo. Nur dice que íbamos de pijos, de VIP, pero mi padre dice que íbamos potenciando el trabajo de guía turístico por si algún día nos toca trabajar ahí. El caso es que resultó que nosotros 4 éramos los únicos en la visita. Así que disfrutamos realmente de una visita privada, con una guía muy simpática con un acento catalán muy acogedor. Como íbamos los 4 dijo que podía hacerlo en castellano o en catalán, pero como nos daba igual y ya nos había oído hablar en valenciano, nos hizo la visita en catalán. Igual es una sensación mía, pero el acento de Girona es mucho más agradable que por Barcelona, sin ofender. Será una sensación. Después de la visita nos fuimos a ver el puente de cerca, compramos unas madalenas gigantes rellenas de mil cosas y pusimos rumbo a Camprodón.
¿Por qué Camprodón? Porque mis padres nos dijeron que hacen un embutido de primera. Y no mentían. Llegamos justo a la hora de comer y comimos muy bien en un restaurante de la plaza (Nuria). Mi hermana dice que fui ahí porque no puedo vivir sin ella, yo digo que era el que más nos gustó. Además, la señora era muy simpática y nos hizo reír primero tomándonos nota y después con el postre. Estaba toda la comida buenísima y no nos salió excesivamente caro si no recuerdo mal.
Después de comer fuimos a la oficina de turismo, pero la oficina de información de Camprodón cierra los lunes y martes, que lo sepáis si vais. Así que nos fuimos a ver el puente, subimos y justo al bajar, como dijeron mis padres, la tienda de embutidos. Entramos allí y no sabíamos qué llevarnos, todo olía tan bien. Al final salimos de allí con cosas para casa pero también con un fuet para cenar. No se deciros exactamente el nombre, pero no tiene perdida porque el escaparate es alucinante. 
Al llegar al camping empezamos a recoger todo más o menos, porque por la mañana teníamos que irnos. Se nos pasó muy rápido la semana.
El martes 30 nos levantamos a las 7:30, desmontamos la tienda, nos duchamos y una vez cargado el coche, nos fuimos a hacer el check out y a desayunar al bar. Conseguimos subirnos en el coche otra vez con los trastos (y nuevos trastos como una caja con botellas de vino) y pusimos rumbo a Valencia. Tuvimos que parar una vez por el bien de la circulación de mis piernas, se me había dormido ya una. Y estuvimos parados un buen rato en el peaje, pero al final, llegamos a Valencia sobre las 15. Llegué a casa muy cansada, solo quería dormir, pero tenía que deshacer y hacer la maleta otra vez, al día siguiente por la tarde tenía que estar en Denia. Lo que sí hice esa noche fue seguir el ritmo del camping y a las 12 ya estaba en la cama.
El siguiente viaje, a la próxima.
Actualización 22 noviembre 2020: esta entrada estilo diario no estaba muy pensada como recomendación de viajes o sitios, solo como memorias de un gran viaje. ¡Espero que os guste igualmente!  

¡Sed Felices!  

miércoles, 5 de junio de 2013

Especial: Viaje a Madrid y concierto de One Direction

Improvisadores, tengo dos buenas noticias. Ayer hice el último examen de la primera tanda y fue mi cumpleaños. Para celebrar con vosotros que cumplo 22 años, voy a contaros mi aventura por Madrid con Nuria cuando fuimos al concierto de One Direction.

El sábado 25 a las 8 de la mañana estábamos ya en el tren sentadas preparadas para el viaje. Era la primera vez que subía en el AVE, es como un avión pero sin lo de volar. Maravilloso. En el tren estuve estudiando, porque el lunes tenía el primer examen. Llegando a Madrid, resultó que las chicas de delante también iban al concierto. Así que salimos todas juntas de la mega estación de tren que es Atocha y fuimos a buscar nuestros hoteles. No sé estas chicas, pero Nur y yo dimos una vuelta enorme para llegar hasta nuestro hotel. Cuando llegamos allí nos dicen que no podemos entrar a la habitación hasta las 3 de la tarde. ¿Qué? Por lo menos nos guardaron la maleta y no tuvimos que cargar con ella todo el día. Nos fuimos directas a Atocha otra vez a coger el metro. Debe ser facilísimo el metro de Madrid, pero nos hicimos tal lío que al final el guardia de seguridad se apiadó de nosotras y nos ayudó (Gracias). Cogimos el metro y llegamos a la Puerta del Sol y no puede evitar reírme cuando Nuria miró alrededor y dijo “¿Esto es la Puerta del Sol? ¿Ya está?”. No sé que estaba esperando.

De la Puerta del Sol nos fuimos a la Plaza Mayor, pero sin poder evitarlo me arrinconó una gitana para leerme la mano. No sé qué me pasa con los gitanos, ya me paró el gitano “honrao” en la estación de Valencia. El caso es que yo pensaba que a esta gente se le daba la voluntad. Y cuál es mi sorpresa cuando me dice “Son 10€….cada mano”. Imaginaos mi cara de “¡¿Perdona?!”. Miré a Nuria que había dejado de reírse. Porque a todo esto, la chica no había parado de reírse mientras la gitana decía que me iba a cambiar la suerte y que hay tres personas de las que no me puedo fiar. Le dije que me dijese el nombre de las 3 personas, pero solo me dijo que uno es un hombre. Se ve que no veía claro el nombre. Como ya había abierto la cartera para sacar alguna moneda, la mujer había visto el billete de 10€ que llevaba en la cartera. Menos mal que no vio el de 5€, sino se lo queda también. Y Nuria y yo mirándonos con cara de “¿Pero esto es real?”. Le pregunté a Nuria si tenía algo más de dinero (aunque su cartera la llevaba yo en mi bolso) y contesta que no, que ella se lo ha dejado todo en el hotel. Al final le di los 10€ a la gitana diciendo: “Nur, hoy ya no comemos”. Y no era ninguna broma, que llevaba 15€ sueltos. Ahora ni eso. Y luego la gitana me hizo lo mismo que el gitano “honrao”, decir que si no se lo doy de corazón que no se lo dé. En serio, ¿qué pretenden con eso? De verdad alguien les ha dicho “¡Ah! Pues entonces devuélveme mi dinero”. No creo. El caso es que la mujer aun me dijo que cogiese una piedra para el amor y ya enfadada le dije “¡Que no te cojo nada más que no tengo más dinero!”. Ya está bien. Por cierto, me dijo que el amor de mi vida me llevaría a un viaje, pronto. Así que alguien que se aplique el cuento.

Volviendo a nuestro viaje, una vez la gitana nos dejó en paz, nos fuimos a ver la Almudena. Y mientras yo refunfuñando por la gitana. Y luego fuimos a comprar lotería porque nos mandó la abuela. Además, la gitana dijo que iba a cambiar mi suerte, a ver si es verdad. Tardamos mil horas en encontrar “Doña Manolita” para comprar la lotería porque, por lo visto, la han cambiado de sitio. Y yo no sé cómo no se mueren en esa ciudad, pero está todo lejísimos. Nur y yo nos pusimos a hacer tiempo y a buscar algún sitio para comer, cuando nos dimos cuenta estábamos ya en Cibeles, luego enfrente del Prado y ya no valía la pena buscar el metro. Comimos por ahí y estábamos hartas de dar vueltas y queríamos nuestra habitación. Llegamos al hotel a las 2 de la tarde y le supliqué al recepcionista si podía mirar si tenía una habitación libre ya. Gracias a Dios nos dio una habitación.

Subimos a la habitación, nos duchamos y nos tiramos en la cama. Casi nos quedamos dormidas, pero pusimos la televisión. ¿Hay algo mejor que canales de música? Oímos unos golpes y pensábamos que era el vecino y nos entró la risa. Pero no era, imposible. Si la tele tenía tan poco volumen que ni nosotras la oíamos. El caso es que a las 4 nos fuimos hacia Atocha a por el metro para ir hacia el Vistalegre. En el metro un grupo de chicas iban con la música puesta y cantando canciones de One Direction. No hacía falta ser un genio para adivinar donde iban.

Llegamos a Vistalegre sobre las 5. Había un montón de chicas alrededor pegadas a las vallas y gritando cada vez que llegaba un autobús. Autobús que llevaba los cristales tintados y no se veía nada. Hubo un momento que gracias a dios llegamos a la sombra. De repente apareció Liam y todas se volvieron locas y empezaron a gritar y a llorar. Yo no lloré, pero si miré a Nur y le dije: ¡Mira! Y cámara en mano nos quedamos allí. Perdonad por sacar mi vena de directioner, pero es lo que hay. Al cabo de un momento pasó Niall y casi se vuelven locas todas otra vez. Llorando, gritándole y haciéndole fotos. Nuria y yo solo hicimos fotos. Igual dicho así suena a que somos directioners light, pero os juro que me hizo la misma ilusión que a la que lloraba y gritaba, pero yo sin llorar puedo ver mejor. Encima, después apareció Louis. Y más de lo mismo. Yo no sé cómo estos chicos pueden aguantar eso todos los días, yo llevaba allí una hora y media y ya me dolía la cabeza. Sólo por eso ya los admiro.

Bueno, sigamos. Ya con las fotos rápidas y harta de repartir papelitos, decidimos ir a buscar nuestra cola. Vemos una cola inmensa y pensamos ir a preguntar para qué zona era. Cuál es nuestra sorpresa cuando caminando por la calle nos encontramos con los miembros de la banda. No sé si fue impresión nuestra o de verdad pusieron un poco cara de susto de pensar que lo habíamos reconocido y que íbamos a ponernos a gritar histéricas o algo. Le digo a Nur: ¡Es Josh! Y ella solo me contestó “¡Sí!” y lo miramos en plan “Eres tú”. Pero ni gritamos ni nada, supongo que el pobre lo agradecería, porque sonrió. En cuanto pasó por nuestro lado una chica que estaba en la cola lo vio y gritó con todas sus fuerzas “¡ES JOOOOOOSH!”. Nur y yo nos giramos y lo último que vimos fue a los chicos girando la esquina corriendo. Pobres chicos. 

Preguntamos en esa cola y no era la nuestra, así que cruzamos por la tienda y  llegamos a la otra parte de las vallas. Allí le preguntamos a uno de los que organizaban la fila que donde estaba la cola para Premium y nos contestó “¿Premium? ¿Qué es eso? Las de grada es esta fila”. Y Nur y yo nos miramos con cara de “¿Será toda una misma fila?”. Pero era raro tener que hacer semejante cola. Y digo semejante cola porque cruzaba calles y calles. Incluso una mujer casi se nos come por pararnos en el semáforo a buscar a otro organizador. Supongo que la mujer estaría harta de hacer cola, pero no hace falta asustar así a la gente. El caso es que el otro organizador nos mandó de vuelta al Vistalegre y encontramos nuestra cola. En 1 minuto (literal) habíamos pasado la cola. Nos registraron los bolsos para que no metiésemos botellas ni nada y nos miraron las entradas. Entonces nos pusieron una pulsera de “todo lo que quieras comer y beber” y una acreditación, entonces nos pasaron a un photocall y luego nos mandaron por un pasillo. Pero Nur y yo nos equivocamos de pasillo, menos mal que vino una chica súper amable a rescatarnos, nos dejó en un rinconcito y dijo “Esperad aquí que ahora viene un compañero a por vosotras”. Menudo servicio, qué nivel, qué calidad, qué poco acostumbradas a esto estamos. Nur dice que ahora que sabe lo que es ser VIP, no puede dejarlo. Lo malo es que yo estoy de acuerdo con ella. Llegó el compañero y nos abrió la cuerda con un “¿Me seguís, por favor?”. Sí hombre sí, te seguimos. Nos metió en dos camerinos donde había comida y bebida, toda la que quisiéramos. Aquí conocimos a Maria, Alba y Raquel. Resulta que estábamos todas en el mismo reservado, así que maravilloso.

Después de hacernos fotos y apuntar twitters nos fuimos hacia nuestros asientos. Nur, Maria y yo estábamos en una fila y Raquel y Alba justo debajo de nosotras. Maria estaba muy emocionada, ya dijo que iba a llorar. No sé si es porque era la pequeña de todas (14 años) o por otra cosa, pero el resto estábamos emocionadas pero sin llorar. Simplemente queríamos pasar un gran rato. Mientras esperábamos pusieron videoclips de Little Mix, 5SOS  y Olly Murs. También pusieron un anuncio donde salía el grupo pidiendo a la gente que estuviese tranquila, que no corriesen, y demás consejos de seguridad. Me pareció genial. También era genial que estuviese subtitulado porque no se oía nada, era salir alguno de ellos en la pantalla y estallar un grito general. Alba, Nur y yo nos mirábamos con cara de “Dios mío, la que nos espera”. Yo pensaba que esta histeria me haría disfrutar menos de la noche, pero os digo ya que no. Que fue una noche genial. Hubo un momento en que se desató un grito general y todas se giraron hacia atrás, yo, no veía nada. Pero por lo que me decía una mujer, el grupo estaba arriba y se habían asomado y estaban firmando. Maria, a mi lado, empezó a llorar desconsolada.

Antes que ellos salió la telonera Camryn (@camrynrocks). No conocía sus canciones, solo conocía las que cantó que no eran de ella. Tampoco hacía falta telonero, ya estaba el ambiente bastante animado. Casi a las 9 salieron los chicos y el grito aumentó de calibre. Con un espectáculo de luces en la pantalla aparecieron Harry, Liam, Niall, Zayn y Louis y el público enloqueció. Maria empezó a chillar y a llorar. Grabó el concierto con la cámara, pero no creo que se vea nada de tanto movimiento.

Fue empezar el concierto y todas nos pusimos a saltar y a cantar como locas. Para los que me conocen y leen el blog, o los que solo leen el blog: Sí, yo también, también me gustan. Como ya he dicho otras veces, tengo un gusto musical muy variado. Y porque un grupo de chicas jóvenes de la edad de Maria puedan gritar como locas, no quiere decir que todas lo hagamos. Aunque puede que yo lo hiciera también… El caso, que sí, que me gusta One Direction, que me lo pasé genial en el concierto, salté tanto que me alegro de haberme puesto deportivas, salté tanto que el lunes aun tenia agujetas, me lo pasé tan bien que casi ni recuerdo cosas de tan entregada que estaba. Aunque hubo un momento que me preocupé por Maria, supongo que fue en el momento en que empezó a hiperventilar. Pero tranquilos, sigue viva. Aunque de todo el concierto, y sin ofender a One Direction, mi momento preferido fue cuando Nur se giró hacia mí sonriendo tanto como podía, con los ojos brillando y me gritó “¡Es el mejor regalo del mundo!”. Solo por eso ya habría valido la pena aguantar gritos de directioners, hacer una cola inmensa e incluso animar a Maria que no paró de llorar. Nur y yo disfrutamos del concierto como nunca. Yo quería hacer algo juntas antes de que se fuese de Erasmus en agosto a Noruega, creo que lo he conseguido. Nos lo pasamos tan bien que no descartamos intentar ir a otro concierto.

Tengo 191 fotos del concierto. Núria hizo fotos geniales, pero tengo que elegir entre todas. 

Sobre las 11 acabó el concierto y Maria seguía llorando después de pasarse todo el rato saltando, gritando, llorando e incluso agarrándome del brazo. Así que Alba, Nur y yo intentábamos animarla. Bajamos a los camerinos a pedir agua, estaba cerrado ya, pero el chico fue muy simpático y al ver como estaba Maria nos sacó un vaso gigante de agua. Luego le preguntamos que quien venía a por ella y nos esperamos fuera con ella hasta que llegó su madre. La pobre niña seguía llorando. Yo estaba sufriendo por la pobre niña, por si de verdad estaba disfrutando el concierto. No sé porque lloraban tanto, yo estaba contenta, me lo pasé muy bien, vi al grupo, conocí gente nueva muy simpática y tengo un viaje inolvidable con mi hermana.

Cuando llegó la madre de Maria nos despedimos, la pobre seguía llorando. Resultaba que Alba tenía el hotel también cerca de Atocha y pensamos en coger un taxi juntas. ¿Os podéis creer que no había ni un taxi libre? ¡Y hablamos de Madrid! Caminamos calle abajo para alejarnos un poco del Vistalegre para ver si encontrábamos algún taxi y nos esperamos en una parada de autobús. Aquí una mujer nos dijo que ella había llamado para pedir un taxi y estaban todos ocupados. Nuestro error fue no mirar si podíamos volver en autobús al hotel. Pero en un momento de lucidez mental vi que había un autobús que ponía “Cibeles” así que le dije a Nur y a Alba que subieran, que Cibeles está más cerca de Atocha que el Vistalegre. Pero nuestra suerte no acabó aquí, porque el autobús paró justo en Atocha. Bajamos allí y nos fuimos las tres a cenar y allí comentando el concierto, enseñándonos las fotos, intercambiando twitters y whats app pasamos el rato y llegamos al hotel a las 2 de la mañana. 

A las 8 de la mañana Nur se levantó a ducharse. Yo lo intenté, pero tenía las piernas molidas de tanto saltar y bailar. Luego estuvimos un rato más tiradas en la cama viendo las fotos y recogimos la habitación. A las 10 nos fuimos a la consigna de Atocha a dejar la maleta y a desayunar. Luego nos fuimos al parque del Retiro que Nur quería verlo. Llegamos allí con la idea de aprovechar el tiempo y seguir estudiando. Nos sentamos en un banco y a los 5 minutos para mí ya era evidente que no podía estudiar. Recogimos los trastos y nos pusimos a caminar sin rumbo por el Retiro hasta que llegamos al estanque. Allí estaban las barcas con la gente, los patos y un montón de puestos con artistas callejeros. Desde un violín y un arpa, títeres bailarines, un malabarista, mujeres que leen la mano (más no, gracias). Creo que esto fue lo que más nos gustó de la ciudad.

Comimos pronto y luego nos fuimos a Atocha a por la maleta y nos sentamos en cualquier parte. Al llegar a Valencia a las 5:30 de la tarde estaban nuestros padres esperándonos para recogernos y me di cuenta de que Nur estaba más sonriente que nunca, no sé si ella se dio cuenta. Yo también estaba contenta, ha sido un gran fin de semana sola con mi hermana, en un gran concierto y conociendo a gente nueva muy simpática. Y además mi hermana está feliz. ¿Es que puede haber algo mejor?

Ahora, cada vez que Nur y yo escuchemos alguna de las canciones de One Direction no solo nos acordaremos de la experiencia del concierto, nos acordaremos de la visita rápida a Madrid, de la cara que puso cuando le regalé las entradas en Navidad y de la emoción que las dos teníamos aunque ninguna gritase ni llorase.

Después de esto, la suerte me ha sonreído. No sé si por la gitana, si por volver más relajada después de gritar y saltar, no sé. No sé  porque, pero estoy más tranquila, más optimista y la suerte me sonríe. Preguntadles a mis amigas.

Voy a ponerme emotiva, os lo digo por si queréis dejar de leer. Muchas gracias a Nur por participar en uno de los mejores fines de semana de mi vida y porque cuanto más mayores somos mejor nos llevamos, gracias a mis padres por no enfadarse cuando vieron lo que costaban las entradas y por la frase “Con lo mal que está la cosa, no hace falta que nos amarguemos nosotros más”. Gracias a Alba por ser tan simpática, con gente así vale la pena ir a los concierto. Gracias también a Maria por ser un cielo, aunque casi me dejase sorda. Gracias a los de seguridad y los sanitarios que obviamente hicieron un gran trabajo. Y esto no lo van a leer, pero voy a darle las gracias también a One Direction, porque si no hubiese sido por ir a su concierto no hubiese pasado este gran fin de semana ni le hubiese hecho a Nur este regalo tan genial para ella. Y gracia a vosotros por leer este post tan largo, si habéis llegado hasta aquí os merecéis un gran aplauso.

Mirad la vida de forma positiva, no os preocupéis por cosas que no son importantes, disfrutad de la buena compañía, de un buen concierto, de un buen partido, de lo que sea. Disfrutad de lo que os gusta, no os preocupéis por lo que pueda pasar porque todo tiene solución. No os preocupéis si pasáis una mala racha porque las rachas se acaban, os lo digo por experiencia. Si queréis hacer un viaje, hacedlo; si queréis ir a un concierto, id. No os dejéis cosas por hacer, porque el arrepentimiento de no hacer algo es peor que el de haberlo hecho y viviréis toda la vida con el “¿y si…?” en la mente. En serio, disfrutad de la familia, los amigos, las aficiones, las celebraciones, los días, las noches, el verano, el otoño, el invierno y la primavera. Disfrutadlo todo lo que podáis. Escribid algo cuando estéis contentos, felices y positivos y volved a leer eso en el momento en que estéis tristes y en una mala racha. Todos os merecéis ser felices, disfrutar de las cosas buenas y tener grandes recuerdos que contar a vuestros nietos.

Me vais a hacer decirlo… ¡os quiero gente!




¡Sed Felices!

lunes, 7 de enero de 2013

Lo que bien empieza...¡Bien acaba!


Improvisadores, os hablo  desde mi encierro estudiantil. Tranquilos, de momento sigo con la cabeza en su sitio, aunque no sé durante cuánto tiempo. Como me he cansado un poco de leer apuntes apasionantes he decidido venir a contaros mi vida. Que sé que vosotros también os aburrís de estudiar.

Vamos a retomarlo donde lo dejamos la última vez que hablamos. Volvamos al 29 de diciembre por la mañana. Mientras mi hermana se iba a ayudar a mi abuela a acabar de comprar las últimas cosas que le faltaban yo me fui a buscar por las tiendas de chinos tarjetas de cartulina, de estas blancas, para hacer mis tonterías de estudiar. Y mi pregunta es ¿No se supone que en los chinos tienen de todo? Pues evidentemente no. Menos en el de toda la vida, en ese sí tenían. Volví a casa y las llamé para decirles que ahora bajaba las bolsas al coche, ponía gasolina (gracias mamá por dejarlo vacío) y pasaría a recogerlas. Cuál fue mi cara de sorpresa cuando me dicen que aun no han ido a comprar. ¿Hola? Pues no pasa nada, iré a poner gasolina más despacito.

Por fin las recojo en casa de la iaia y nos vamos a recoger a mis primas Belén y Laura. Y otra vez, igual que el año pasado, el coche tiene menos capacidad de la que somos capaces de recordar. Supongo que tiene algo que ver con que nosotros crecemos pero él no. Bueno, yo ya tampoco. Os aseguro que viendo el panorama en el asiento de atrás nunca me he alegrado tanto de ser la conductora. Nuria, Belén y Laura llevaban bolsas por todas partes. Diría que es lo nunca visto, pero en realidad no.

Llegamos a Liria a la hora de almorzar y luego no hicimos nada después de descargar el coche. Pusimos la música en la terraza y al solecito unas dormitaban y yo sola bailaba. Belén se reía de mi, pero si nadie más se anima, pues yo sola. Ya ves tú qué problema. Luego se animó la iaia y cuando en Los 40 pusieron el gangman style (o como narices se llame) se puso a bailarlo con nosotras. Un trocito, el trocito que nos medio sabemos todos. Esa misma mañana tuvimos a la primera accidentada (y única) cuando mi prima Laura se dejó medio dedo entre la pared y el trozo de leña que llevaba hasta la carretilla, menos mal que tenemos allí de todo menos tiritas y médicos. Teníamos gasas, esparadrapos, una estudiante de enfermería de 2º y una auxiliar de enfermería jubilada. Y os comunico que el dedo sigue felizmente en su sitio.

Esa tarde llegaron mis padres con mi primo Carlos. Poco a poco va llegando la gente. Bien, me gusta. El día 30 voy a pasarlo rápido, porque os da igual cómo estudiaba, lo sé. Así que el 31 ya llegó el resto de gente durante el día. Para comer hicimos 2kg de macarrones…y no recuerdo que sobrasen. El caso es que esa noche para la cena (cena que empezamos a preparar el 30 y el 31 nos pasamos la tarde haciendo montaditos) éramos 23. Después de la cena pusimos música y de repente les entraba la vergüenza. Cuando quise darme cuenta estaba de pie en medio del comedor cantando y bailando “Barbie Girl” mientras el resto estaba sentado por sillas y sofás. Otros estaban ya con el mueble bar. Y otros pelando uvas. Si hay entretenimiento para todos los gustos. A las 23:30h me puse a pelar y deshuesar mis uvas. Llamarme tramposa, pero no sería la primera vez que casi muero atragantada. Eso y que no soy una gran fan de las uvas. Podría contar con los dedos de una mano las veces que como uvas al año, normalmente no pasaría de una vez.

Después de las uvas, en mi casa es tradición que vienen los Reyes Magos de la carta que escribe mi abuela. Desde pequeña era porque los Reyes Magos pasan antes por Liria de camino a Valencia. Así que nada más acabar de tomarnos las uvas y brindar, mi primo de 6 años empezó a preguntar por los Reyes. Y tocaron los Reyes al timbre de casa para que supiésemos que habían llegado (guiño, guiño). El caso es que el niño nos hizo recorrernos toda la casa al grito de “¡Pero vamos!” y al final estaban en la habitación de la abuela y entró corriendo gritando “¡Qué bien escondidos!”. Después de recoger mi caja de bombones y mis estrenas, me retiré al sofá a ver el programa de año nuevo de la 1. Mi primo me traicionó y desapareció a ver una película. Después de ver a Rosa, a Melendi, a cómicos varios y demás artistas, me dijeron que si quería jugar al trivial, pero no me veía yo en condiciones de jugar al trivial junior…podría no ganar. Imaginaos que vergüenza, que es un trivial de 8 – 12 años.

Por la mañana me desperté y omití el desayuno por dos razones: la cena de noche vieja y la comida de año nuevo. Creo que son suficientes motivos. Porque en mi familia si hay cosas son tradiciones. Igual que en casa de una abuela en Noche Buena hay coctel de gambas y en Navidad hay potaje, en casa de la otra abuela en Año Nuevo hay cocido. No hay discusión posible. De hecho, si no hay cocido yo me voy a mi casa. Como consecuencia de mi amor por las comidas familiares y las tradiciones, si lo juntas tenemos un plato de cocido que no se lo salta un gitano y que casi muero en el intento de comer. Pero valió la pena.

Esa tarde la gente se fue y nos quedamos la abuela, Nuria, Laura mi tío Fran, mi tía Aurora, mi primo Carlos y yo. Ahora sí estaba calentita la casa después de 2 días con la chimenea. El día dos por la mañana mis tíos y mi primo se fueron, así que nos quedamos las 4 tan tranquilamente y después de la siesta cargamos el coche y pusimos rumbo a Valencia de nuevo. Como veis, no es que nos estresásemos especialmente.

Vamos a pasar al día 5, la noche de reyes siempre vamos a cenar a casa de Luisa, la otra abuela. Así que allá que fuimos, y como todas las noches de reyes había empanada. Otro requisito indispensable. Creo que la única diferencia notable entre antes y ahora es que ahora no vamos a la cabalgata. Aquí es donde llegan los primeros regalos de reyes. Cuando eres pequeño te regalan menos cosas, pero son cajas más grandes que impresionan más. Ahora te regalan más cosas y suelen ser cosas que vas a utilizar. Como el albornoz verde pistacho maravilloso, el collar extra largo o el bolso pequeño para salir. Son cosas útiles. Llegamos a casa por la noche y lo siento, pero la niña que llevo dentro se emocionó y dejé los zapatos en el árbol y les puse comida a los reyes. Sé que no hace falta, pero si no lo hago falta algo. El 6 por la mañana me desperté antes que el despertador (no podría pasar esto cuando tengo cosas que hacer y no soy capaz de levantarme…) y fui rauda al comedor a dejar los dos regalos que tenía en mi habitación y me volví a acostar. Al momento escucho a mi padre ir también. Luego viene a mi habitación y se sorprende de que esté despierta y no haya ido a despertarlos. No sé de que se sorprende...antes te tirabas encima y los despertabas, ahora haces eso y despiertas a los vecinos de abajo. Aunque si desperté a mi madre que casi me mata del susto que le di.

Estaba más emocionada por ver la cara que pondrían al ver mis regalos que por abrir los míos. Los míos son preciosos y me encantan, los utilizaré mucho, pero los abrí y los dejé a un lado para ver sus caras. Mis padres con el viaje no podían abrir más los ojos. Hasta mi madre, que suele ser de pocos regalos, se emocionó. Eso es un triunfo para Nuria y para mí. Y el mayor triunfo del año fue el regalo de mi hermana. Entradas para un concierto en Madrid, con hotel y todo. No se lo podía creer. Lo que no me puedo creer yo es que estuviese una hora y media para conseguir las malditas entradas que volaron en nada de tiempo. Pero valió la pena solo por ver la cara. Y por el fin de semana en Madrid, que yo también voy. Por acompañarla, y porque también me gusta. Tranquilos que no chillaré como una loca. Es el primer concierto al que voy (pagando) desde que puedo ir sola a los conciertos. Los últimos fueron de La Oreja de Van Gogh (aun con Amaia) y Chayanne. Imaginaos. Luego he ido a los de fallas o de promociones pero en esos no tenía que pagar. Los gratis han sido más variados…desde Melendi hasta Andy y Lucas. Pero eran gratis. Y mi gusto musical es muy variado y diverso. No os imagináis cuanto.

Espero que vuestros reyes hayan sido generosos aunque no hayáis sido buenos del todo. Ánimo con los exámenes a los que estáis estudiando y malditos seáis los que no tenéis que estudiar ahora.

¡Sed Felices!

domingo, 23 de septiembre de 2012

Las últimas dos semanas...de no parar.


Improvisadores, me he cansado de hacer pequeñas entradas. Así que pongo todo en esta y pasamos a otra cosa mariposa. Es un poco larga, pero la voy a dejar tal cual. Sé que me vais a perdonar. Y sino..pues chicos, cerrad cuando os canséis de leer. Qué fácil, ¿verdad?
22 Agosto:
Fiestas de Algar. Allá que vamos a cenar y a ver el Grand Prix que tenían preparado. Yo no sé cómo la gente estaba tan tranquila, cada vez que mi primo salía a mi me daba algo. Y a su hermana también, así que entre las dos...bien. Después de varias caídas y una vaquilla que se escapó, empezó la discomóvil. Aunque el dj no estaba muy motivado esa noche. De todas formas nos teníamos que ir pronto porque por la mañana yo tenía que madrugar. Entre que llegaba a casa y pitos y flautas…me acosté a las 5 de la mañana.
23 Agosto:
Había quedado para comprar la comida con Elena y Héctor mientras Anna, Paula y Karl estaban en la playa. La verdad es que no soy muy fan de la arena de la playa, y después de acostarme a las 5 y levantarme a las 9, pues como que menos. Así que allí estuvimos, luchando con aquellas brasas infernales que no querían encenderse y poniendo la mesa. Y diréis, ¿y todo esto? Y yo digo, ¿Pero se necesita una excusa para quedar a hacer una barbacoa? No. Pero en nuestro caso la teníamos: íbamos a conocer a Karl. Gracias a una pequeña falta de coordinación, acabamos la comida cuando ellos salían de la playa y no cuando ellos llegaban a casa. No pasa nada, gracias a dios existe el microondas.
Comiendo yo creo que fue bien, aunque vamos a ser sinceros, si hubiésemos hablado en inglés igual el pobre Karl se hubiese enterado más, pero tengo pánico escénico a hablar inglés delante de ingleses. No puedo, lo siento. Pero aun así, sin entender una palabra, estuvo bien. Y también se dio cuenta de que hablo muy rápido. Me lo dicen mucho. ¿Será verdad?
Después de comer quedamos para el día siguiente también, porque era el cumpleaños de Paula. Pero esa ya es otra historia.
24 Agosto:
Volví a madrugar para bajar con el coche a Valencia porque Paula y yo habíamos quedado para desayunar en casa de Anna con ella y con Karl porque como no vendrían a comer, Anna dijo que quedásemos a desayunar para felicitar a Paula. Yo me apunté porque lo mismo me da conducir desayunada que sin desayunar. Y Anna y Karl se lucieron haciendo crepes para desayunar. Después de desayunar fuimos a casa de Paula a despertar a su hermano y a que la mujer se cambiase. No queda bien ir a la playa sin bañador. Una vez estuvimos todos listos nos fuimos Elena, Héctor, Paula, su hermano, su padre y yo a la playa.
Qué bonita es la playa del Saler. Qué bien se está, que poca gente hay, que maravilla… ¡y cómo picaba el agua del demonio! Así que después de bañarnos y de aclararnos el agua en la ducha para no morir del picor nos volvimos a cambiar. No queda bien ir a un restaurante en bañador. Así que nos fuimos a un restaurante y su padre nos invitó a una paella para celebrar el cumpleaños.
Después de comer volvimos a Valencia y…yo de vuelta a casa con el coche ardiendo después de estar aparcado horas y horas al sol. ¿Que porqué no lo aparqué en la sombra? Pues porque cuando llegué esa mañana a Valencia había mercadillo y no tenía mucho donde elegir.
25 Agosto:
Fiestas de Algar. Allá que vamos, pero esta vez solo Nur y yo y nos vamos a quedar a dormir porque mi primo quiere agua de Valencia y ya que la hago bebo y ya que bebo no conduzco. Así que allí estábamos mi primo y yo en el garaje haciendo el agua de Valencia. Problema: no caí en que tendría que darles a mis tíos y sus amigos. Porque estando aun en los toros ya estaban diciendo que querían probarla. Y les dimos media botella, pero se quedó tan corta que a las 4 menos algo me mandó un whatsapp mi tía preguntando si aun nos quedaba  más. Así que el año que viene haremos más de tres litros.
Esa noche estuvimos Nur, Belén y yo de charreta más que bailando, porque la gente parecía que no se acababa de animar a bailar. Y al final nos retiramos sobre las 5. Creo. No me acuerdo.
31 Agosto:
Quedamos para celebrar el cumpleaños de Paula. ¿Otra vez? Sí, esta vez con Laura, porque por si no lo habíais notado no estaba los días anteriores. Después de una semana pensando, decidimos que íbamos a hacer una cena de montaditos y de picar y decidimos que cada una hiciese unos y los llevásemos ya hechos. A mí me tocó tortilla de patatas (de mi madre, no es porque yo no sepa hacerla, es porque mis amigas dijeron que de mi madre. Que conste). Como mi madre hacia la tortilla, decidí hacer la tarta. Pero no os creáis que fue fácil pensar de qué, porque nunca me acuerdo de qué le gusta a cada una. Al final fue mi padre el que me dijo una tarta que comía de pequeño. Y triunfé. El caso es que a las 6 me veis a mí en el coche, con media cena y rezando para no encontrar tráfico, por el bien de la tarta. Como veis, me he hecho más carretera que un tonto.
Habíamos quedado a las 19:30h en casa de Laura para organizarlo todo y estuviese listo cuando Paula llegase. Y estaba listo, pero Paula no llegaba. Y otra vez, menos mal que existen los microondas. Al final llegó y antes de decir “hola” dijo “lo siento”. 1h y pico tarde. Esto pasa cuando antes de quedar con alguien tienes otra cosa. Te retrasas en una y ya la has liado.
Se supone que Paula es la que hace las tartas, pero no había podido hacer la tarta y le dijimos que no se preocupara porque teníamos congelada tarta que sobró de la comida con Karl. Y le sacamos media tarta congelada en una fiambrera. Su cara fue épica. Tendríamos que haberle hecho una foto. Qué gran momento de la historia. Pero tranquilos, luego sacamos la tarta que había hecho yo, no somos tan crueles.
7 Septiembre:
Después de una semana en Valencia intentando aclarar papeles, horarios y demás, el viernes me fui con Gemma a Alcossebre. Ya os dije que es casi mi segundo hogar. Allá que fuimos Gemma y yo, todo iba bien hasta que se salió en la salida anterior a la que tocaba. Lástima de carreteras que no te dejan rectificar, nos tocó hacer lo menos 20 minutos en dirección contraria y media vuelta. También fue culpa de un vehículo extra lento, que conste. Y por fin llegamos y sorpresa: son las fiestas. Os prometo que no sabía que eran fiestas del pueblo. Así que nos pasamos el fin de semana en este orden: paseo por la playa, cervecita, comer, siesta, paseo por la playa, cena, fiesta, comprar, paseo por la playa, cervecita, comer, siesta, paseo por la playa, cena, fiesta, dormir toda la mañana, paseo por la playa, comer, siesta. Como podéis ver, vivimos muy estresadas las dos.
De vuelta a casa todo fue bien, no nos equivocamos de salida. Y eso que la que dirigía era yo porque tenía que dejarme en mi casa. Que fe ciega tiene esta mujer en mí.
11 Septiembre:
Día de matrícula. Pero eso no es lo importante. Lo importante es que habíamos quedado a comer y nos juntábamos todas las Grandes después de todo el verano. Que no es como si no hubiésemos hablado, porque el whatsapp echaba humo. Así que después de mucha paciencia por culpa de los ordenadores de la universidad, que no se si se rompen solos o los rompen por tocar las narices, por fin nos fuimos a comer. Y después de comer me matriculaba yo. Estaba todo el día pensando “Como no tenga sitio en lo que quiero, me han matado”. Os comunico que sí tenía sitio. Menos mal.
Después de matricularme nos fuimos Thais y yo a su casa mientras Gemma se iba a su casa a por ropa y volvía. Hoy dormíamos en casa de Thais. Pensábamos salir, pero como Raquel no pudo quedarse, lo aplazamos y nos quedamos en casa. De tranquis, pero bien. Genial.
Pero mejor aun fue al día siguiente, que nos hacen ir a las 10:30 para una charla sobre las prácticas y cuando llegamos nos dicen que nos podemos ir los del autopracticum. Ganas de matar aumentando. Y ya a mis amigas las acabaron de rematar diciendo que tenían que rematricularse porque habían combinado asignaturas de dos itinerarios diferentes. Viva la competencia. 
Y con esto acabamos hasta nueva orden. ¿Cuándo será eso? Pues no lo sé. Mañana si me aburro, el día que salga con las Grandes. No lo sé, cualquier día puede ser el día.
¡Sed Felices!