domingo, 15 de agosto de 2021

Escapada Manchega: Santa Maria del Campo Rus (Cuenca). P.2

Improvisadores, 

Retomamos el viaje donde lo dejamos. ¿Os acordáis? Martes de mercado, miércoles castillo de Belmonte...

Pasamos entones al jueves, que volvimos a ir de mercado esta vez a San Clemente. Pero primero, paseo por el campo hasta San Isidro. Luego ya hacia San Clemente. Esta vez el mercado es mucho más grande. Tengo que decir que la gracia de ir al mercado es desayunar porras, que en Valencia solo tenemos en fallas. Aquí compramos comida, ropa, zapatos… nos volvimos medio locas. Luego una Coca-Cola a la sombra en la plaza de la iglesia parroquial de Santiago Apóstol y para casa, que entre unas cosas y otras comíamos a las 4 de la tarde. Que también os digo que hambre hambre… menudo empacho ese día. Condeciros que la siesta acabó a las 19h…

Y llegamos al viernes, ultimo día. Esta vez no nos fuimos a caminar, ya no sabíamos dónde ir. Así que nos fuimos de ruta de tiendas. A la panadería a encargar madalenas, a la carnicería a por embutido y a la quesería. Vamos, lo que viene siendo un básico cuando visitas cualquier sitio, volverte a casa con el coche lleno de comida. Por la tarde nos fuimos a la piscina y luego bajamos a cenar al bar. Luego nos fuimos hacia fuera del pueblo y vimos las estrellas. Vimos hasta la vía láctea. Era impresionante. Pero tengo que admitir que empezó a hacer frío y ya nos fuimos para casa.

Sábado, hora de irse a casa. Llenar el coche y salir a la carretera para encontrarse todo el atasco en dirección Valencia por la A3 desde Madrid. No pasa nada, no tenemos prisa. Paramos en Honrubia en el Restaurante Moya a comernos un bocadillo de bacon con queso y una Coca-Cola y qué queréis que os diga, el trafico hasta casa se ve diferente. Llegamos a Valencia después de km de atasco. Por fin. Y teníamos 6h para comer, descansar y volver a vernos porque habíamos quedado a cenar con las amigas. 

Habíamos reservado en el mercabanyal porque yo tenia muchas ganas de probarlo. Tenía especial interés en los baos de Baovan y las hamburguesas de Hundred y no puedo quejarme. Estuvimos de lujo, cenamos mejor que mejor y nos volvimos andando a casa que hacia una noche espectacular. 

Pero la cosa no queda ahí, el domingo quedamos para ir a la playa y luego a comer en la Chipirona Playa. Yo no soy muy de pescados y mariscos, per la fritura de chipirones con queso feta y mayonesa de quimchi y el arroz con bogavante... no había mejor cierre a una semana de vacaciones fantástica! 

Espero no haberos aburrido mucho con las entradas del viaje y haberos dado alguna idea por si no sabíais aun donde iros. Y os prometo que os iré compartiendo en instagram fotos de todo! 

¡Sed felices!  

domingo, 8 de agosto de 2021

Escapada Manchega: Santa Maria del Campo Rus y Belmonte (Cuenca). P.1.

Improvisadores,

¡Volvemos a las andadas! Esta vez un viaje de 4 días a la provincia de Cuenca. El año pasado me fui a Carboneras y este año tocaba Santa Maria del Campo Rus.

Pero primero, ¡las presentaciones! Es un pueblo de no más de 600 habitantes en medio de Castilla La Mancha. La zona está habitada desde la antigüedad al estar en la vía que unía Alcalá de Henares con Cartagena. Pero su fundación oficial es anterior al siglo XIII, en época de Al-Ándalus con el nombre de Barrachina. Durante la expansión cristiana en la edad media se construyó una torre vigía y allí se agrupó la población y acabaría construyéndose la iglesia de Santa Maria (que ya no existe). Alcanzaría mucha importancia gracias a las minas de salitre. Se die que fue en Santa Maria donde murió el poeta Jorge Manrique después de ser herido en Castillo de Garcimuñoz enfrentándose a las tropas de Juan Pacheco marqués de Villena. Es un pueblo pequeño pero muy bonito de ver, tiene casas muy bonitas y varios elementos patrimoniales muy interesantes. Entre ellos la ermita de la Virgen del Amparo a la entrada (o salida, según de donde vengas) al final de un paseo. Anteriormente fue un hospital utilizado para donar sangre y poder abastecer a los heridos de guerra y se convirtió en 1545 en una fundación para dar culto a la Virgen del Amparo, patrona de la villa y dar protección a los pobres y cristianos. Es un pueblo predominantemente agrícola (esto según la página de su propio ayuntamiento) con cultivos de ajo, cereal y vid. Pero también os digo que hay muchísimos campos de girasoles.

Una vez presentado Santa Maria, vamos a lo interesante. El lunes por la tarde salimos Elena y yo de camino a su casa para llegar justo a la hora de cenar. A dormir fresquitas que en Valencia hace un calor de morirse.

El martes por la mañana nos fuimos a andar hasta los Molinos (ya os subiré una foto a instagram). Estos molinos quedan fuera del pueblo e igual alguno los vio en televisión porque salieron en el programa “Quien vive ahí” ya que no son ya molinos sino casas. Esto de salir a pasear pronto es porque este verano hago 5km todas las mañanas y Elena dijo que seguíamos. Pero había que volver a casa y ducharse porque los martes es día de mercado en Santa Maria. Así que allí echamos la mañana entre puestos y vecinos. Pero oye, qué buena forma de pasar la mañana. Luego tocaba comer y siesta, por supuesto. No hay ser vivo que aguante a esas horas fuera de casa bajo el sol de La Mancha. ¿Y después? A la piscina del pueblo, que estamos de vacaciones. Así que allá nos fuimos con nuestra nevera porque con el COVID el bar de la piscina esta cerrado. ¿Sabéis que gozada luego cenar a la fresca? No os lo imagináis. Que en Valencia hace calor desde mayo. Calor y humedad.

El miércoles nos levantamos y nos fuimos por otra ruta que el padre de Elena calculaba unos 5km. Y resultaron ser 7.5km. Pero no pasa nada, ¡valió la pena porque estaba llena de girasoles! Pero como no habíamos caminado bastante, decidimos coger el coche e irnos de visita al castillo de Belmonte. Hay aparcamiento arriba a las puertas del castillo. La entrada nos costó 9€ y con la aplicación “Castillos y Palacios de España” podéis escuchar el audio guía en vuestro propio teléfono. A mi me sonaba Belmonte de haberlo estudiado, pero no había estado nunca y la verdad es que es muy bonito. Es Tesoro Artístico Nacional desde 1931 y actualmente es considerado Bien de Interés Cultural. Me llamó la atención que es triangular, el patio cuando entras no es el típico patio cuadrado de castillo. Mantiene la estructura que le dieron en el siglo XV cuando los construyeron por orden de Juan Pacheco (sí, el mismo que luchó contra Jorge Manrique en el Castillo de Garcimuñoz). En 1811 los muros del castillo presencian el fusilamiento de Francisco Sánchez Fernández tío Camuñas, un guerrillero español en la lucha contra los franceses. Fue uno de los guerrilleros más populares de La Mancha y se enfrentó a los franceses tras los abusos sufridos en su pueblo y el asesinato de su hermano Juan Pedro. Tanto en Belmonte como en su pueblo, Camuñas, tiene una calle con su nombre y placas conmemorativas. Se le atribuye a él la frase "Yo no he estudiado nada, pero sé por la luz natural, que un pueblo oprimido es un pueblo que sufre violencia". Aun así, en la actualidad en muchas zonas de España se utiliza para asustar a los niños para que no se acerquen a los pozos y evitar accidentes, para referirse a alguien desaliñado o para referirse a alguien sigiloso.

Volviendo al castillo, el protagonista de este sitio no es Juan Pacheco. Las protagonistas son dos mujeres: Juana de Trastámara y Eugenia de Guzmán. Igual os suena más Juana la Beltraneja, que se enfrentó a Isabel la Católica por el trono y cuenta la leyenda que escapó del castillo por una ventana. Y será Eugenia de Guzmán (igual os suena más Eugenia de Montijo) quien reconstruyó el castillo en el s.XIX. Por eso en el patio si vais veréis unas galerías más modernas que el resto del edificio, porque mantuvo la estructura, pero dentro Eugenia impuso la moda de la época. Además, parece ser que la emperatriz consorte de Francia marcaba tendencia en Europa. Será su sobrino nieto Hernando Fitz-James Stuart y Falcó, duque de Peñaranda, quien retomó el proyecto de Eugenia de Montijo. Fue en 1931 cuando lo declararon Tesoro Artístico Nacional. Durante la Guerra Civil fue utilizado como prisión, como en otras tantas guerras. Y después, servirá como academia de rurales Onésimo Redondo en manos del Frente de Juventudes. Pero caerá en el abandono y es ahora cuando ha ido restaurándose y recuperándose gracias a la colaboración de los propietarios (la Casa Ducal de Peñaranda descendientes de la Duquesa de Alba, María Francisca de Sales Portocarrero, hermana de Eugenia de Montijo), la administración local y el Ministerio de Fomento. Os recomiendo la visita porque se han trabajado muchísimo un video introductorio que os cuenta todo lo que os he contado yo, pero mucho más entretenido. Además, en la primera planta veréis como era el castillo en la época de Juana de Trastámara y en el segundo piso como era en la época de Eugenia de Montijo. Las dos mujeres que marcaron época en el castillo. Son 9€ que no me parecen caros. La visita está calculada en 1h y media, pero podéis ir al ritmo que os apetezca. Los techos y ventanas son preciosos y por no hablar de las escaleras de madera con todos los detalles.

Os prometo que os iré dejando fotos en instagram y, si no se me pasa, os las enlazo aquí. 

Voy a frenar aquí que sino se hace muy largo el post y estamos de vacaciones, no hay que cansarse... pero la semana que viene ¡segunda parte! 

¡Sed felices! 


domingo, 11 de julio de 2021

Acabando el curso

Improvisadores, hace mil que no escribo, pero estaba acabando el curso y parece que no, pero es un poco locura.

Y de eso va el blog de hoy, hoy no traigo viajes ni bares, hoy traigo despedida. Porque he acabado un curso que se ha hecho largo y muy corto a la vez. He tenido la suerte de tropezarme con compañeros increíbles que me han ayudado en lo que he necesitado y han compartido conmigo consejos y experiencia que yo aun no tengo. También he encontrado compañeros que se han convertido en amigos y aunque se que se dice mucho lo de “nos veremos” y al final no, espero que sea mentira. Porque encontrarte con compañeros así es un gusto y madrugar se hace un poquito menos duro. Poquito.

Y por favor, no podría haber tenido mejores jefas en conserjería, porque he pasado más tiempo allí que en el departamento. Pero no os creáis, también he trabajado. Este año he tenido la suerte o la desgracia de tener una clase de cada curso menos de 1º de bachiller. Así que aburrirme… no me he aburrido. Empecé teniendo 1º ESO en historia y en valores éticos, pero para poder ampliar grupo de 2º de bachiller sacrifiqué la historia de 1º. Pero mira, me alegro, porque la hora de valores que tenia con ellos era de relax, charlamos, vemos alguna peli y de enterarme de cotilleos que… ¿esta gente tiene 12 años?

Mi 2º de la ESO… el peor segundo dijeron. Y sí, ha habido días que salía diciendo: no sé qué he hecho hoy, pero clase no ha sido. Pero si en una clase tienes más absentistas que asistentes y esos asistentes la mitad deberían estar en 4º de la ESO… trabajas con lo que tienes.  Y aunque había días que costaba entrar, tengo que admitir que me lo he pasado bien con ellos. Y he aprendido yo más que ellos en ciertas cosas, seguro. No puedo estar más agradecida de tener alumnos musulmanes en mi clase, que participen y aporten cuando trabajamos el islam y Al-Ándalus. Los compañeros han tenido una suerte increíble. Y yo no puedo estar más contenta, porque si de 10 cosas se han quedado con 4, bien está. Pero, además, que un absentista vuelva a clase y te diga que viene a tu clase porque se lo pasa bien… yo ya me doy con un canto en los dientes.

El 3º de la ESO ha sido…. Interesante. A la mitad los conocía del año pasado y puede que ese sea el problema y la confianza de asco. Pero en el fondo son buenos chavales. Y la otra mitad… dar la mitad de la clase ya estaba bien, porque a días iban motorizados y a días parecían zombis. Aun así, son buenos chavales y la verdad es que los echaré de menos también. Además, han tenido el honor de ser la primera clase que se lleva un parte mío… o el deshonor en realidad. Pero, aun así, estoy contenta con casi todos los resultados. Y tengo que decir que en el fondo se que me quieren, porque ya me dijeron que estoy en el top 3 y que cuanto mejor les caemos peor se portan.

He podido disfrutar como una enana con 2º de bachiller, y no me refiero solo a la graduación. Me refiero a poder dar historia de España que es, para mí, la mejor de todas las asignaturas que puedo dar. No sabéis lo bien que me lo he pasado. Ellos seguramente no, pero qué le vamos a hacer. Tengo que admitir que el siglo XIX se me hizo largo, pero el siglo XX lo disfruté como nunca. Además, he tenido la suerte de dar con dos clases con las que creo que en general he conectado bien y eso es oro puro. Ojalá les hubiesen puesto a todos la nota que se merecían en el selectivo, pero no pasa nada… van a tener suerte seguro. También los que no hicieron el selectivo. La verdad es que los días que me tocaba clase de 2 bachiller se agradecía. Y los miércoles solos los tenía a ellos… ¿Está feo decir que son mis favoritos? Mil gracias por la paciencia, por las risas, por jugar al blooket con más pasión que los niños de 1º ESO, por las palabras del discurso de graduación, por los detalles que habéis tenido conmigo. Y por aguantarme hasta cuando no sabía ni lo que estaba diciendo. Gracias.

Y, por último, pero obviamente no menos importante, 4 ESO. Mi tutoría. Mis chavales que han tenido la mala suerte de tener la tutora más caótica para guardar papeles de la historia de las tutoras. Pero eso sí, tú tienes un lio y yo te voy a defender a muerte… siempre que se pueda defender. Bromas aparte, no podría haber pedido una tutoría mejor para estrenarme como tutora. Además, los que pudieron nos fuimos a comer al acabar el curso y fue un día divertido. Y esto lo digo porque me dijeron que pusiera la foto que nos hicimos en el blog, pero no me parece muy apropiado. Pero gente, os quiero igual. Incluso los días que era imposible dar clase, los días que tuve que estar presenten en las 4 sesiones de diversidad sexual y sexualidad y cuando decidimos ir de excursión el día que más calor hizo. Muchas gracias por la paciencia y por las risas. No se si recordareis algo del Imperialismo, pero espero que recordéis que no tenéis que creeros todo lo que os dicen, aunque sea vuestra profesora quien lo diga. No he podido ser más pasota porque era difícil, pero espero que me perdonéis igualmente. ¡En el fondo sabéis que os quiero mucho y espero veros pronto!

No voy a decir nada de alumnos concretos de cada curso, porque está feo decirlo... y esta feo decir que los profesores tenemos debilidad por alguno… pero ya saben quien son! Es broma, creo que con prácticamente todos los alumnos tienes momentos durante el curso que marcan un poquito. Y además yo soy muy ñoña, aunque no lo parezca. A mi me haces un regalo y en el momento es como: ¡pero si no hace falta! Pero luego me subo al coche y me muero de emoción yo sola. Así que gracias por regalarme los momentos. Al final… los alumnos sois los que hacéis que tenga ganas de ir a trabajar. Gracias al alumno que no habla por acabar hablándome a final de curso, gracias a mi tutoría por tener un humor retorcido y una visión de la vida como la mía, gracias por ser la mano inocente eligiendo sobres de exámenes… y, sobre todo, gracias por reafirmarme lo que ya creía. Un profesor con el que los alumnos tienen confianza disfruta de la clase y las clases funcionan mejor que un profesor al que le tengan miedo. Gracias por, a pesar de estar empezando, demostrarme que voy por el buen camino.

Gracias a compañeros y alumnos por un año raro pero muy bueno. ¡Feliz verano!

¡Sed felices!

domingo, 24 de enero de 2021

Profes y maestros, ¡es nuestro día!

Improvisadores,

Hoy es el Día Internacional de la Educación. Y no podía dejar pasar esta oportunidad. No vengo a quejarme (mucho). Por si hay algún improvisador nuevo, soy profesora de historia de secundaria. Podría quejarme de muchas cosas, pero creo que al final solo me quejaré de unas pocas.

Antes que nada, quiero felicitar a todos mis compañeros de profesión (profesores y maestros) que están dando el 200% este curso tan raro. Un curso en el que lo que menos molesta es la mascarilla. Pero la incertidumbre… y los alumnos preguntando si sabes si nos van a confinar, si sabes porque no los han confinado si a un compañero sí, si van a tener que conectarse online si nos confinan… Y compañeros que día sí día también vaticinan el confinamiento. Desde el primer día de curso repitiendo “en dos semanas nos confinan seguro”.

Quiero felicitar a mis compañeros por superar cada día, hora a hora, sin dejarse llevar (mucho) por el miedo. Y quiero recordar que también somos humanos y tenemos tanto o más miedo que los demás, pero tenemos que mantener la calma (o que lo parezca), que tenemos nuestras vidas fuera del centro educativo donde puede estar todo bien o puede estar hecho pedacitos. Pero seguimos manteniendo la calma. Que hay días en los que no podemos más y nos enfadamos por cosas que normalmente toleramos; o días en los que no puedes más y no quieres dar clase porque mentalmente estas a -100. Y seguimos. Por no hablar de los días de ola de frio en los que hemos ido a clase envueltos en más ropa que si fuésemos a esquiar. Pero vas e intentas mantener buena actitud para no caer en el desánimo. Y seguimos adelante.

Hay días buenos dentro de toda esta locura, días en los que por un momento en clase se te olvida la pandemia. Días en los que te toca con uno de esos grupos que te alegran y sientes que ese día la clase funciona. Y entonces piensas que todo vale la pena. También hay días malos, días en los que no ponen de su parte y tú no tienes energía para discutir. Días en los que acabas llorando cuando llegas a casa o incluso en el coche de camino a casa. Pero tienes 15 minutos para llorar y te sientas en el ordenador y reformulas la clase, reestructuras lo que tenías pensado. No puedes perder más tiempo. Porque vienen días alternos y si una hora de clase la echas a perder igual ya no los tienes hasta la semana siguiente. Esto, obviamente, no puedo hablar por todos y solo es mi caso.

Y los sentimientos encontrados sobre el confinamiento. Los alumnos que te dicen que ojalá nos confinen porque así no harán nada y pasaran de curso igual. Los alumnos que no quieren que nos confinen porque no quieren perder otro año. Y tu que ya no sabes ni que quieres. Miento, no me gustaría repetir el confinamiento y el teletrabajo, fue más agotador que presencial.

Feliz día a los alumnos también, a todos. A los que te motivan a dar clase, a los que te desmotivan y te hacen replantearte las cosas. A los que te saludan por los pasillos y sin saberlo te alegran un poco un día pésimo, a los que no te saludan y no pasa nada. A los que te desesperan, pero en el fondo los quieres. Este curso nos está haciendo un máster en empatía a todos. A los alumnos les diría que piensen que ellos están agotados y nosotros también, pero muchos ya lo saben. Y el día que te ven llegar agotada a clase se portan mejor. Y este curso más que nunca (al menos yo) estoy pasando por alto muchas cosas porque se que no es fácil para ellos. Tener un mal día y volver a casa no siempre arregla ese mal día este curso. O tener un mal día y no volver a casa porque no vives en casa y tus padres solo están en el teléfono.

A mis alumnos de 1 ESO les diría que me agotan, pero que está bien ver que no todos perdemos la energía con esta situación. A los de 2 ESO les diría que me gusta que en clase hablemos de todo (a veces hasta de historia). A los de 3 ESO que me cansan a días, pero me divierto con ellos también, no pueden echarle más cara a la vida. A los alumnos de 2 de Bach les diría que lo siento, que de verdad estoy intentando hacerlo lo mejor posible en estas circunstancias y que lo sacaremos adelante. Por último, a mi tutoría de 4 ESO, lo siento de verdad, porque las energías para hacer de tutoría una hora algo más útil son mínimas. Pero también agradecerles porque no podía pedir mejor tutoría para estrenarme como tutora. Hablar con ellos de la vida al final de clase me devuelve un poco la vida.

Y a mis compañeros, gracias por los almuerzos al sol de pie, en círculo y separados. Gracias por compartir quejas y risas. Gracias por las conversaciones que no son de mascarillas o chaquetas para clase. Los ratos de charlas entre clases y compartir sensaciones de fracaso y que sean menos fracaso.

No quiero aplausos a las 20h, solo pido en este día de la educación que se nos reconozca el trabajo que hacemos que va mucho más allá de enseñar el currículo, de tener vacaciones o de no querer volver a trabajar porque en el confinamiento no hicimos nada. Solo pido que se reconozca el trabajo que hacemos y se nos ayude a seguir haciéndolo.

Feliz día a todos los compañeros de profesión. Porque estamos sacando adelante un curso difícil, muy difícil. Porque lo estamos haciendo lo mejor que sabemos. Y porque si nos confinan volveremos a sacarlo. Ánimo a todos.

¡Sed felices!

domingo, 3 de enero de 2021

Por un 2021 diferente

Improvisadores, 

Por fin 2021. Teníamos ganas, ¿verdad? Que el 1 de enero no iba a cambiar todo radicalmente, lo sabemos. De hecho, con las fiestas navideñas se esta volviendo a disparar el covid y vamos a mal. ¿Queremos empezar así la nueva década? Yo creo que no.

Por eso os deseo un 2021 lleno de esperanza y sentido común. Coneixement, como se dice en la terreta. Conocimiento. Se pueden hacer cosas con cabeza. Como digo a mis alumnos, si queremos volver a la normalidad tenemos que poner todos de nuestra parte. El 2021 no va a ser un año mejor que el 2020 por si solo, tenemos que poner todos de nuestra parte. Así que os deseo un 2021 lleno de sentido común, de precaución y de mucha salud. El resto, todos los buenos momentos, las reuniones con amigos y familia, los viajes, todo lo que no pudimos hacer en el 2020... llegará. Y llegará si nos comportamos bien. 

Esta Navidad ha sido rara, y me comí las uvas en videollamada con mis primos y no todos juntos, nos tomamos una copa después de las uvas en videollamada y no todos juntos. Y me da pena, mucha pena. Y empecé el 2021 llorando ya el día 1, sí. Pero sacrificar una navidad me parece un cambio justo si para las siguientes puedo celebrarlo con mis primos y mis tíos. Juntos como siempre. 

En 2020 hubo muchas cosas que se quedaron por hacer. Pero habrá tiempo para hacerlas. Habrá mucho tiempo si hacemos las cosas bien. Volverán esas oportunidades. Volverán todas las cosas que no hicimos. Las cosas que no dijimos. Pero no podremos hacerlas ni decirlas si no nos portamos bien ahora. Que sea 2021 no quiere decir que olvidemos todo lo que el 2020 nos ha enseñado. 

Para los que no lo sepáis, yo soy profesora de secundaria. Y odié cada segundo del confinamiento dando clase online. Supuso muchas más horas de trabajo que yendo a trabajar.  Pero sirvió para parar la curva, ¿no? Volvería a hacerlo. Y yo soy profesora pero vivo con 3 enfermeros. Y no sirve que se aplaudiese a las 20h a los sanitarios si ahora no se sigue manteniendo la cabeza y haciendo las cosas bien. No olvidemos en 2021 todo el personal esencial que siguió trabajando durante el confinamiento, que sin ellos no tendríamos productos básicos ni sanidad. Que no se nos olvide que siguen trabajando tanto o más que en la primera ola, que están cansados como todos pero añadiendo el extra de trabajo. Que no se nos olvide lo agotador que ha sido el 2020 para todos. Cuanto mejor nos portemos más rápido pasará y antes podremos descansar. 

Que el 2021 sea el año de la esperanza con la vacuna, la luz al final del túnel que nos trae el final de esta pandemia. Pero que llegue cuando tenga que llegar. Y si pasa por tener que vacunarse mucho porcentaje de población, hacedlo. A toda la gente que pedía a gritos una vacuna, no os echéis atrás ahora. Yo odio las agujas, con toda mi alma. Pero he donado sangre. Y si puedo donar sangre porque estas ayudando a los demás, ¿Por qué no vacunarme? También estaré ayudando a los demás. Pensemos que hay gente que no puede vacunarse. Para mí, mi padre. Seguro que si pensamos un poco todos conocemos a alguien que no puede vacunarse y gracias a nosotros estará protegido. 

Perdonad la chapa que os he soltado hoy, pero necesitaba sacarlo. Y desde el principio este blog era mi manera de desahogarme, y más desde el confinamiento. Además, los viajes ahora están difíciles y no sé que os contaré el domingo que viene. 

Os deseo un 2021 lleno de buenos momentos, amigos, familia, esperanza, coneixement y gratitud. 

¡Sed felices! 

domingo, 20 de diciembre de 2020

Rememorando: escapada a París

Improvisadores,

Hoy traigo un fin de semana de escapada increíble… de hace un año. Sí, se que es una barbaridad. Pero hace un año tenía el blog aparcado por falta de tiempo y por falta de ganas, ideas, creatividad… llamadlo como queráis. Pero Instagram me recordó que justo hace un año estaba en Paris el 14 de diciembre de 2019 y he pensado, ¿Por qué no contárselo? Así no os martirizo una semana más con el repaso de las entradas antiguas en el blog.

Antes que nada, contexto. La idea origina era irme con mi hermana y unos amigos a Disney de jueves a domingo. Emocionadísima que estaba yo, que no voy a Disney desde hace a saber cuantos siglos. Total, que nos íbamos el 12 de diciembre. Cual es mi sorpresa cuando un mes antes me adjudican una sustitución en un instituto hasta el 19 de diciembre. Obviamente tengo que aceptarla, así que… adiós, Disney. Y aquí, no se qué pasó, pero se alinearon los planetas y me volví loca yo, pero también mi madre. Que un día de broma le digo: nada, cambio el billete, compramos dos mas y de fin de semana en París. Y mi madre dijo que sí. Y allá que nos fuimos.

Viernes 13 a las 8 de la mañana yo llegando a trabajar y mis padres llegando a París en avión. Mi hermana en Disney desde el jueves, por si alguien se lo pregunta. Total, mientras mis padres se pegaban un viernes de lujo de pasear por Paris y comiendo de vicio, yo estaba en el instituto dando las clases que me tocaban. Ya veis porque a mi madre le gustó el plan. A las 14h acabé y salí volando al coche. Porque a todo esto yo estaba trabajando a 40min de mi casa (si no hay tráfico). Total, llego a mi casa, cojo la maleta y volando al metro. Comí en el aeropuerto porque no me fiaba de mi misma… si como en casa pierdo el vuelo seguro. Pero esperad, que encima el vuelo de mis padres había sido directo, pero el mío hacia escala en Barcelona. Llegaba yo a París a las 22h. Un frío. Una lluvia. Pero es París, no puedo quejarme. Mis padres me esperaban en el aeropuerto porque, al parecer, ellos habían vivido su propia odisea por la mañana porque con la huelga de los chalecos amarillos el metro tenia algunas paradas cerradas. Así que pensaron venir a por mi y en taxi al hotel. Estábamos en el hotel Le Clement que así visto no parece gran cosa, pero yo volvería a ir. Limpio, atentos, buena localización… Cenamos en la habitación quiche que habían comprado mis padres y yo… morí. Porque menudo día más completo.

Pero ojo, para día completo el sábado. ¿Qué quieres hacer? Me da igual, si París ya lo conozco… pues de momento a desayunar. Habría seguramente cafeterías muchísimo mejores, pero acabamos desayunando en La Croissanterie que creo que es una cadena. Pero mirad, a mi me encantó. Si por algo los croissants son franceses, qué buenos estaban. Acabado el desayuno decidí que quería ir a Montmartre, uno de mis sitios favoritos. Pero andando. Porque París es pequeñita para andarla entera, lo sé. Pero con el lio del metro mis padres no se fiaban. Así que… París arriba. Pasamos por el Louvre, jardín de las Tullerias… todo Paris lleno de mercados de Navidad, con puestos de comida típica, recuerdos, más Navidad… Precioso, la verdad. Pero qué lejos esta Montmartre. Llegando al Moulin Rouge tuve que entrar a una farmacia a por tiritas porque yo no venía preparada para caminarme Paris entero. Pero ah, ¿cómo se dicen tiritas en francés? Porque eso no os lo he contado, mis padres se pasaron el viernes entero en Paris sin problemas, fue aterrizar yo y ya era todo “Habla tú que hablas francés”.


Nos faltaba la cuesta final cuando paramos a tomar un chocolate caliente porque no se si os he dicho ya que hacía mucho frío. Qué bueno el chocolate aquel. No se si yo estaba decida a que me gustase todo esas 24h y poco que iba a estar en París o qué, pero lo disfruté todo. Por fin llegamos arriba. A la plaza de los artistas y entonces… empieza a llover. Como os lo cuento. Todos recogiendo, tapándolo todo. Que suerte tenemos eh. Pero no pasa nada, como con tanto paseo y pararse a hacer fotos y ver cosas fuimos lentos, era la hora de comer. Así que dijimos de comer por allí. Y encontramos un restaurante con un menú a 17€ creo que era, bastante barato comparando con la competencia. Y estaba lleno de gente y no eran turistas, así que decidimos probar. No había sitio en el restaurante así que nos metieron en el salón atrás donde había una comida de un viaje del IMSERSO francés, como quiera llamarse. Pero oye, ¿qué podría pasar? Nada, ¿verdad? Conseguí con el camarero y pedir asegurándonos de qué platos llevaban champiñones y qué platos no (por no matar a mi padre) y de verdad que estaba todo increíblemente bueno. ¿Volvería a comer allí? Volvería a París solo para comer allí.

Pero… ¿a que no os he dicho el nombre del restaurante? Bien, es porque os hubiese chafado lo mejor de la historia. No nos dimos cuenta de que ponía “Chez Ma cousine” (Casa de mi prima). Yo estoy un poco atontada en la vida y sé que lo que yo leí no tenía ningún sentido, pero lo se ahora, porque en mi cabeza leí “Chez Ma Cuisine” (Casa de mi cocina). Además, doble delito porque en valenciano prima se dice cosina, que es prácticamente igual. Pero además ponía “Chez Ma Cousine” y en pequeño debajo “Restaurant – cabaret”. Sí, tal cual. Como lo leéis. Ya decía yo que el salón con un escenario pequeño y cortinas rojas de terciopelo era raro, pero yo que se, es Francia. Y así es como acabamos mis padres y yo viendo un espectáculo en un restaurante cabaret rodeados de la tercera edad francesa. Pero no fue un cabaret al uso, esta vez era un showman – musico – monologuista que entretenía a la juventud con chistes verdes y cada cual más verde que el anterior. Y allí estaba yo… traduciéndoselo a mis padres para que no se quedasen excluidos.

Después de esta experiencia surrealista, pusimos rumbo hacia Notre-Dame porque habíamos reservado un free tour nocturno de leyendas y misterios, porque París ya la conocíamos. De camino hacia el tour pasamos por la Rue Montorgueil. Os prometo que es la mejor calle de París. Está llena de cafés, pero también de tiendas y además la gente que esta comprando no son turistas. De hecho, nosotros la encontramos de casualidad. Me la he guardado en Google maps como “La mejor calle de París” para poder volver. Aquí compramos quesos, patés y foie que no hace falta que os explique lo estupendos que estaban. Por fin llegamos a la zona de Notre-Dame. La verdad es que habiendo estado allí antes de que se quemase y verlo ahora, se te parte un poco el corazón. Esta rodeada de vallas y no puedes acercarte, lo que sí han puesto es una explicación en las vallas de como se esta haciendo la restauración. Pero viéndola así, de noche ya, da mucha lástima. Esta apagada y con ella todos los restaurantes y creperías de la zona que solían estar llenísimos. Entramos en la Crêperie du Cloître a merendar y estábamos solos. Cuando yo recuerdo aquella zona a reventar. Por cierto… la crepe increíble. Si no hay decepción en ningún restaurante de París.

Por fin nos reunimos y empezó el freetour de leyendas y misterios. Os lo recomiendo porque es un tour increíble y las guías no pueden hacerlo mejor. Empieza en la Sorbona y acaba en el ayuntamiento de Paris. Además, por aquellas fechas estaba toda la plaza decorada de Navidad y estaba preciosa. El tour te cuenta historias que te cambian la visión del mercado de las flores o de Luis XVI (si es que tenéis una visión de Luis XVI). Acabamos el tour en la plaza del ayuntamiento y mi madre quería subirse al tiovivo, así que allá que fuimos. 

Al lado del ayuntamiento esta la placa que puso el ayuntamiento a los republicanos españoles de “La Nueve”, héroes de la liberación de París. Y no, no tienen monumento en España hoy en día que yo sepa.

"Jardines de los Combatientes de la Nueve. 
A los Republicanos antifascistas españoles que continuaron su lucha participando en la2ª DB. Héroes de la Liberación de París."
 

Llevábamos todo el día queriendo probar la Tartifflete que habíamos visto en el mercado de Navidad, pero estaba lejísimos de donde estábamos y en dirección contraria al hotel. Así que nos fuimos hacia el hotel. Y nos perdimos. Nos perdimos pero bien. Acabamos cenando en L'Annexe de la Petite Périgourdine. Yo me pedí una hamburguesa que estaba buena, mi madre no me dejó explicarle lo que le estaba diciendo el camarero y se comió un bocadillo de jamón y queso con mantequilla. Ella quería un sándwich mixto, pero no me dejó pedirlo y… bocadillo de jamón y queso. Mi padre creo que un steak tartar, que le tenia ganas. La verdad es que cenamos muy bien, pero estábamos tan cansados que ni lo apreciamos. Que no estaba lejos del ayuntamiento, unos 15 minutos andando si sabes donde vas, pero si estas perdido como nosotros… más. Y de aquí al hotel otros 15. Pero de verdad que no podíamos más con la vida. Llevábamos todo el día París arriba París abajo. Hicimos 25.000 pasos y no os miento.

Domingo por la mañana de… de nada porque toca volver a casa. Si os he dicho que fue un viaje exprés. Recogemos todo, pedimos un taxi y desayunamos en el hotel. La verdad que el desayuno es un buffet pequeñito y simple, pero estaba muy bueno. Hasta tenían para hacer huevos cocidos. Llegó el taxi y nos fuimos hacia el aeropuerto. Tengo que decir que este taxista bastante más simpático que el del viernes. Estuvo hablándonos de todo lo que podáis imaginaros. Chalecos amarillos, edades de jubilación, pensiones, enfermeros, bomberos, policías, que él era profesor de francés en Túnez… de todo. Y por fin llegamos al aeropuerto. Los que me seguís de hace tiempo sabéis que a mi siempre me pasa algo en los aeropuertos. Entre eso y que odio volar…

Estamos esperando a mi padre con las maletas y empiezan a llamar por megafonía al propietario de una bolsa negra, que acuda a tal sitio. Y lo llaman otra vez. Y una tercera vez. Y entonces me doy cuenta de que la bolsa está a 2 metros de nosotras. A su vez, a 3 metros de la bolsa un empleado de seguridad que no le quita el ojo de encima. Cogí a mi madre y nos fuimos hacia seguridad y mi padre nos alcanzó ya de camino. No tenia porque ser nada, pero a mi me pasa de todo siempre y no me la voy a jugar. Pero por evitar un lío, otro. Llegamos a seguridad, pasa mi maleta sin problemas y cuando voy a pasar… paran a mi madre. El de seguridad super borde diciéndome que venga, que pasase por el arco. Y le digo que si me deja quedarme con mi madre que no habla francés y la han parado. Que mal le sentó. ¿Por qué han parado a mi madre? Por el queso, el paté y el foie. Os prometo que había un señor de seguridad buscando queso. La señora de delante llevaba como 3kg de queso y el de seguridad olio todos los paquetes. Sí, los olisqueó como si fuese él el perro. Le dan el visto bueno a mi madre y pasamos las dos sin problemas. Recojo mi maleta y paran la de mi madre. Resulta que hay poca comunicación en el control de seguridad. Y lo llevábamos envuelto en papel albal y resultó sospechoso. Y voy a explicarle al señor otra vez lo que es y mi madre por lo bajini “si me lo van a quitar me lo como todo aquí eh”. Di que sí. Le expliqué al señor lo que era, abrí los paquetes, que hasta le dije el tipo de paté por si había dudas. Me veía yo ya sentadas en seguridad pegándonos una panzada de patés y quesos. Pero no, conseguimos llegar a casa sanos y salvos y con las compras intactas.

La verdad que escribir esto en diciembre de 2020 se me hace raro. Como si fuese otra vida completamente diferente y hace solo un año. Fue el último viaje al extranjero que he hecho y me alegro de que fuera con mis padres. Mi madre durante el confinamiento lo ha recordado mucho. Para los que no lo sabéis, mis padres y mi hermana son los tres enfermeros, así que tener un recuerdo bonito reciente ayuda mucho. Para su cumpleaños incluso le hice una quiche y mi padre y yo hicimos una tarta tatin que no sé si se parecía mucho a la que se comió en aquel viaje a París, pero la intención es lo que cuenta. Espero que pronto podamos volver a viajar, a visitar a la familia. Este 2020 tampoco hemos podido reunirnos con la familia de Francia, ni con la de aquí. Espero que pronto podamos empezar las entradas con “vengo a contaros mi último viaje” y no tener que tirar de archivo.

Pero para todo esto, de momento cabeza y paciencia. Cuidaos.

¡Sed felices!

domingo, 13 de diciembre de 2020

Turismo gastronómico: Birbar Espai Gastronòmic

Improvisadores, hoy os traigo una entrada diferente. Yo no soy crítica gastronómica ni mucho menos, pero esta experiencia quería compartirla con vosotros.

La otra noche como visteis en Instagram fui de cena al Birbar Espai Gastronomic (Vila – Real, Castellón). ¿Por qué? Pues porque hacían un “Sopar al revés” (una Cena al revés). ¿Cómo lo descubrí? Por una compañera de trabajo. Pero no os penséis que poder contaros esta experiencia fue fácil. Hay lista de espera. Sí, sí, como leéis. Lista de espera para ir a cenar porque solo lo hacen durante tres viernes. Y de hecho yo estaba en la lista de espera y me avisaron el mismo martes de esa semana.

Pero estaréis preguntándoos en que consiste esto. Pues es una cena al revés, es decir… empiezas por el final. Por motivos obvio y para que os pique la curiosidad y vayáis vosotros mismos (si podéis) no os voy a decir qué es cada cosa, porque la gracia esta en ir descubriéndolo. Aunque cada vez que hacen un sopar al revés cambian el menú.



No os voy a compartir fotos aquí (las guardamos para Instagram mejor), os voy a decir el menú (o lo que se supone que es). Solo pensad que visualmente vamos de dulce a salado, pero en realidad cenamos de salado a dulce como en cualquier cena normal.

--> Empezamos con la cuenta (sí, se come) y un chupito de hierbas.

--> Seguimos con una copa, un café y un puro (no es que yo acabe todas mis cenas con puros… pero si es de estos que traigan los que quieran).

--> Evidentemente venia la hora del dulce. Para mi… el mejor plato de los que probamos. Aunque es difícil elegir. Aquí un surtido de pastas para no quedarnos con ganas de probar ninguna.

--> Después una horchata para refrescar, poca gente conozco a la que no le guste una horchata…. Incluso la de verdad.

--> Como plato principal un Frankfurt con cebolla frita que oye, de vez en cuando apetece ¿no?

--> Un platito de entrantes variados con queso, embutido y tortilla de patatas.

--> Y para acabar el sopar al revés, una sopa caliente que entona el cuerpo siempre (ya sabéis que las sopas y yo tenemos una relación amor – amor).

Todo esto con bebida incluida y cuando acabas, un café o infusión de verdad. Os prometo que valió cada uno de los 35€ que cuesta el menú. Ya preguntamos cuando organizarán otro, porque no queremos volver a la lista de espera.

Imaginaos que nada es lo que parece. Que lo que parece dulce es salado y viceversa. Os prometo que nos pasamos la cena intentando averiguar qué era cada cosa. Pero además Ximo e Inés, bueno y todo el personal en general, son un amor y te explican todo al detalle. No se como he podido vivir tanto tiempo sin conocer este sitio. No solo por el menú del sopar al revés, por el menú de medio día y por el trato magnifico que tienen todos con los clientes. Uno de esos sitios que, de no ser por el toque de queda, te quedarías allí rato largo. Os iré compartiendo en Instagram fotos y desvelando qué es cada cosa… si me apetece. Porque en realidad, la emoción es en adivinar qué puede ser cada cosa, si te lo dicen… ¿Qué gracia tiene? Conforme vaya subiendo las fotos os dejaré los enlaces en este post, para los que lleguen tarde a leerlo. 

No puedo decir nada malo del menú, el local, la atención… ¿se nota que estoy enamorada? Si vivís cerca pasaos porque vale la pena. Y decir que vale la pena se queda corto. Yo hice 60km de ida y 60km de vuelta solo por ir a cenar. Por si os hacéis una idea de lo increíble que es.

Se que esta entrada no es de viajes ni de visitas como suelo hacer, pero me apetecía compartir esta locura de cena. Os prometo que nunca he tenido tantas expresiones en mi cara de “¿esto que es?” “No me esperaba esto” “¿Podré vivir a base de esta plato el resto de mi vida?”. Aunque se salga de lo normal, espero que os haya gustado esta entrada.

¡Sed Felices! 

domingo, 15 de noviembre de 2020

Puente Castellano: Alcolea del Pinar, Molina de Aragón y Formiche (p.4 y última)

Improvisadores, ¿Cómo estamos? Hoy llegamos al último día de puente castellano. Tengo un problema, no se que os contaré la semana que viene… pero ese es un problema para el futuro. De momento, volvemos al 12 de octubre. Último día de puente y momento de volver a casa. Eso sí, con paradas de por medio. 

Primero hay que prepararse, así que fuimos a desayunar churros con chocolate a “Gustos de Antes”. Que mira, eso es el paraíso del goloso. No he visto panadería pastelería con más cosas. Gustos de antes y de ahora, porque madre mía… con deciros que todos los días que pasamos por delante tenían cola ya os hacéis una idea.

De aquí nos íbamos hacia Valencia, pero de sorpresa paramos en Alcolea del Pinar. ¿Qué hay aquí? Pues el día de antes había leído que estaba la Casa de Piedra. No pudimos visitarla porque con el tema del covid no se puede, más que nada porque son los familiares del creador y propietario Lino Bueno los que la enseñan. Es una casa tallada completamente en la roca que empezó a hacerla en 1907 y acabó en 1927. Tiene dos plantas (creo) que construyó por las noches ya que durante el día trabajaba en el campo. Todo está tallado en la roca, incluso el mobiliario como alacenas, mesas, etc. La peña era del ayuntamiento que la cedió a Lino para que construyese una casa para su familia, en mi opinión creyendo un poco que no iba a ser capaz, pero estuvo habitada hasta 1990 (si no me equivoco). Todo esto es lo que leí de la casa, porque como os digo no pudimos hacer la visita. Por lo visto es una localización bastante conocida pues tanto Alfonso XIII con Primo de Rivera como Juan Carlos y Sofía la han visitado en algún momento. Durante la guerra civil fue refugio y polvorín, pero Lino no lo vio pues murió en 1935 a los ochenta y muchos años dejando (aun) una habitación sin terminar en un tercer piso que no llegó a hacerse.

Os dejo aquí dos enlaces con un poco más de información de Lino y su Casa Cueva, por si os interesa.

Imposible sacar la casa entera en una foto...

De aquí nos fuimos rumbo a Molina de Aragón, pero antes queríamos parar en un yacimiento que hay en Herrería, El Ceremeño. Era un castro celtibero y hoy yacimiento arqueológico. Lamentablemente solo pudimos verlos desde la valla pues, otra vez, por el covid y sin reserva previa no se pude visitar. Es un castro curioso pues está bastante comunicado con otros castros, no está aislado. Y esta muy cerca de la actual N211, antigua calzada romana. Esta declarado como BIC (Bien de Interés Cultural) y pensamos que por intentar visitarlo no perdíamos nada. Esta estratégicamente colocado sobre un cerro en la zona del rio Saúco, bien posicionado tanto para defensa como para agricultura. Tiene una muralla de 2-2.5 metros de ancho y 2m de altura que rodea el perímetro de nada mas y nada menos que 2.000 m2; pero actualmente se conservan 85 metros de muralla. 

Visto lo poco que podíamos ver de El Ceremeño, nos fuimos hacia Molina de Aragón. Aquí nos avisaron de que el Castillo (una vez más) no se podía visitar. Así que decidimos dar una vuelta e ir subiendo hacia allí. Si llegábamos bien y si no también. Molina de Aragón pasó, en época medieval, de mano en mano. Igual por eso encontramos la zona de la judería y la morería aun con sus calles estrechas como barrios propios. Aunque fue conquistada por Alfonso I de Aragón, la cedió a Castilla; pero luego la conquistaron los almorávides volviendo así a manos musulmanas. En el siglo XII fue conquistada, de nuevo, por un noble castellano que lo convirtió en señorío independiente. En la guerra entre Castilla y Aragón, Molina se amotinó contra Enrique II de Castilla y se puso bajo soberanía de Aragón y, de aquí, el nombre de Molina de Aragón (antes, Molina de los Caballeros). En 1375 volvió definitivamente a Castilla como parte de la dote de la infanta Leonor de Aragón. Es curioso que en la plazuela de Tres Palacios hay un poema (de 1983) que conmemora las hazañas de los vecinos de Molina que resistieron contra las tropas napoleónicas en 1808. Os lo dejo aquí.



Como os digo, no visitamos nada en Molina, excepto Molina en si misma. La verdad es que es una ciudad (pues según internet tiene el título de ciudad) preciosa. Os iré enseñando fotos en Instagram. De hecho, la foto de la puerta que hay en mi Instagram es de Molina de Aragón y cómo gustó. Cuando ya nos íbamos a Molina, llegamos de casualidad al rio que estaba precioso en octubre con los colores otoñales que, en Valencia, aun tardaron un poco en llegar. Y en algunas zonas no ha llegado aún. Me llena de orgullo y satisfacción informaros que, al final, de calle en calle sí llegamos al castillo. También os digo que es casi imposible sacarlo en una foto sin que salga una carretera o un cable de teléfono. Pero yo hice lo mejor que pude.

Ya ahora si que si nos fuimos hacia Valencia y ya sobre las 15h paramos a comer. Y ya, por seguir con la ruta gastronómica, nos desviamos hasta Formiche Alto pues, al parecer, es de allí la empresa que fabrica la morcilla de arroz que compramos aquí. Y dijimos, ya que estamos… Es un pueblo de 151 habitantes, pero tranquilos porque bares tiene. Nosotros comimos en el Bar 4 esquinas. No os puedo dejar enlace ni nada porque no hay nada en internet. Pero os lo apuntáis en una nota. Menú casero 100%, buenísimo, super bien de precio. El típico de menú de primeros y segundos con platos combinados de lo que tu quieras. Postres caseros impresionante. Yo me pedí un consomé (obviamente) y el plato combinado de morcilla (no vamos a ir hasta allí para nada). Un bar típico, muy amplio, limpio y de atención extremadamente agradable. No os imagináis como estaban esas natillas.

El viaje acabaría con nosotros llegando a casa sin encontrar atasco al entrar a Valencia, que ya de por si es un éxito, y preparándonos para la vuelta a la realidad de golpe para el día siguiente. Pero eso… eso ya no es tan interesante.

Se que esta entrada ha sido un poco más cultural y menos de anécdotas, pero es lo que hay cuando tampoco puedes visitar muchas cosas. Y yo soy un poquito friki de la historia, ya lo sabéis. Espero que, a pesar de todo, os haya gustado. Yo iré pensando qué contaros el domingo que viene.

¡Sed Felices!

domingo, 8 de noviembre de 2020

Puente Castellano: Campillo, Valverde, Jadraque y Torija (p.3)

Improvisadores, espero que estéis bien. A mi personalmente se me está haciendo cuesta arriba este año, pero qué le vamos a hacer, ¿no? Por eso vengo a contaros la tercera parte del puente castellano, para distraernos.

Estamos ya en domingo 11 de octubre, no nos queda nada para volver a casa. Así que hay que aprovechar el día. Nos fuimos a visitar los Pueblos Negros. Hay muchas rutas que hacer y mucho que ver, así que nosotros seleccionamos dos pueblos a los que ir. Desayunamos en Los Soportales y nos fuimos hacia Campillo de Ranas. Es un pueblo pequeño, 148 habitantes según wiki, y de hecho no se puede entrar con el coche. Así que aparcamos a la entrada del pueblo que hay un aparcamiento y ya caminando al pueblo. La verdad que es un pueblo muy bonito y un paseo agradable. Nosotros aprovechamos y compramos miel y mermelada caseras que ya os enseñaré en Instagram. Y lo que más me gustó fue que no había nadie. De verdad que nos cruzamos todo el rato con la misma familia. No sabéis la paz que había allí.


Os podéis imaginar que la visita a Campillo dura lo que vosotros queráis, porque es pequeñito. Pero es precioso y estuve haciendo bastantes fotos. Ya las iré compartiendo. Pero antes de irnos al siguiente pueblo hicimos una parada técnica, y menos mal ya veréis por qué. Era sobre las 13h y no habíamos almorzado. Así que nos tomamos algo (yo un agua, obvio) y pidieron un pincho de tortilla. Os prometo que la mejor tortilla de patatas que existe es la de mi madre, y eso es indiscutible, pero esta tortilla… con deciros que le hice una foto porque tenía una pinta, un color precioso, un… ¿se nota que me flipa la tortilla de patatas? Catadora de croquetas, patatas bravas y tortilla de patatas.

De allí nos fuimos hacia Valverde de los Arroyos que, por lo visto, es el pueblo negro más conocido. Y tanto. Estaba a reventar de gente. De hecho, nuestra idea era hacer una ruta que sale de allí después de comer. Todos los restaurantes completos, gente comiendo en la calle… así que estuvimos 5 minutos dando una vuelta y nos fuimos porque aquello era agobiante. Y pensamos “vamos bajando y en el siguiente pueblo comemos”. JA. Una hora después encontramos un sitio donde comer. En Jadraque, en el restaurante El Castillo. Que además llegamos tardísimo que yo pensaba que no nos darían de comer. Pero comimos, vaya si comimos. Yo me pedí una sopa (empieza a ser repetitivo) pero, qué sopa. Tenia de todo. Con deciros que comí eso y ya. Bueno, y postre. Y ya que estábamos allí subimos a ver el castillo de Jadraque. No se podía visitar por dentro, pero la camarera del restaurante nos dijo que lo bonito era por fuera y no mentía. Vale la pena subir. Además, se puede subir prácticamente hasta la puerta con el coche. De hecho, había un grupo de motoristas que subieron hasta la puerta. Eso sí, hace mucho aire arriba, preparaos. Pero las vistas son increíbles. El resto del pueblo no pudimos visitar nada, ya sabéis… Fase 2. Y es una lástima porque en Jadraque tienen, hasta donde yo sé, una obra de Zurbarán y una talla de Pedro de Mena. Además, esta la casona de las Ursulinas que refugió en 1808 a Jovellanos y a Goya.


De aquí nos fuimos a Torija, porque ¿qué son 30 min después de conducir 1h para comer? En Torija realmente no vimos mucho. Nos tomamos el café (yo no) a los pies del castillo y nos fuimos hacia Sigüenza. La verdad que me llamó la atención que el castillo de Torija no estuviese en alto como el resto de los castillos que llevábamos vistos. Lo curioso es que este castillo ha vivido de todo. Durante la guerra de independencia contra Napoleón fue refugio de Juan Martín “El Empecinado”, responsable de que los muros fuesen destruidos para que los franceses no lo utilizasen; en 1937 fue cuartel de Líster y Kahle, jefes de las brigadas republicanas en la Batalla de Guadalajara. Por razones más que obvias el castillo fue reconstruido años después y ahora es un centro de interpretación de la provincia y en la torre del homenaje hay un museo dedicado única y exclusivamente al libro “Viaje a la Alcarria” de Camilo José Cela.

Y ya de aquí nos volvimos a Sigüenza porque se hacía de noche y, sinceramente, hacia un frío increíble. Si os digo que nos despertábamos con 0º… Volvimos a cenar en El Mesón porque no os mentí cuando dije que estaba increíble. Y sí, antes de que preguntéis, me pedí una sopa. Podéis reíros de mí, pero qué feliz soy así.

Y hasta aquí el penúltimo día de viaje. La semana que viene el cuarto y último. Luego tendré que pensar qué os cuento porque, como todos, los de los viajes este año esta complicado. Disfrutad de la semana con cabeza.

¡Sed Felices!

domingo, 1 de noviembre de 2020

Puente Castellano: Pelegrina y Medinaceli (p.2)

Improvisadores, ¿Cómo lleváis la primera semana de toque de queda? Yo como me levanto a las 6.15 para ir a trabajar… ya me entendéis. Así que vamos a rememorar cosas más agradables y seguimos con el puente castellano, ¿si?

El sábado 10 nos habían avisado que habría más gente, pero pensamos que exageraban. Así que prontito nos fuimos al barranco del Río Dulce a hacer una ruta circular facilísima pero muy bonita y agradable. Os compartiré fotos. Facilísima nivel que yo iba en vaqueros, que es apta para niños. Pone que apta para carritos de niños, pero eso ya no lo tengo tan claro. La verdad es que estaba precioso con los colores de otoño. Y si os digo que es donde Félix Rodríguez de la Fuente rodaba muchos de sus programas ya os imagináis la de animales y sitios preciosos que hay. Nosotros tardamos como 3h pero porque íbamos parándonos, haciendo fotos y tal. Y no subimos a la cascada porque un grupo que bajaba nos dijo que estaba seca.

La única pega que voy a poner es que cuando estábamos acabando se llenó de gente. Que en un momento nos apartamos del camino porque entró un grupo de unas 50 personas y no exagero. Se que exagero siempre, pero esta vez no. Y os recuerdo que Castilla La Mancha estaba en fase 2 y no podía haber grupos tan grandes. Por muy al aire libre que fuera. Y menos mal que nos íbamos ya, porque imaginaos como fue que al día siguiente salió en el periódico la avalancha de gente que hubo en el pueblo. Además el pueblo donde dejas el coche es minusculo, Pelegrina, que tiene según wiki 15 habitantes. Al acabar, nos paramos en el restaurante “El mirador del dulce” que no tiene perdida porque es el que esta al lado del parking a tomar algo. Yo mayoritariamente agua. Pero la tortilla de patatas y los torreznos.. impresionantes. Pero el agua me estuvo increíble. Teniendo en cuenta que yo el día que menos bebo será como 2L.. pues 3h de ruta sin agua, mal pensado. Hice muchas fotos, algunas absurdas y haciendo el tonto que no veréis, y otras que os compartiré en Instagram.

De aquí nos fuimos a Medinaceli. Tengo que admitir que yo pensaba que Medinaceli era muy grande, porque nos habían dicho que había mucho que ver. Y estaba yo nerviosa por si nos entreteníamos mucho en Pelegrina y no nos daba tiempo a ver Medinaceli. Obviamente me equivocaba. Medinaceli está catalogado como uno de los pueblos más bonitos de España y, sinceramente, es bonito. Llegamos cerca de la hora de comer y como Castilla y León también tenia muchas restricciones, no había mucho que ver. Así que dimos una vuelta por el pueblo mientras buscábamos donde comer. Hay muchas opciones y la verdad es que es difícil elegir. Nosotros al final comimos en El Rincón de la Vila. Es un sitio de comida típica castellana con su menú establecido y bastante espacio en la zona de comedor para estar bien separados y amplios. Tengo que decir que si tenemos que quedarnos con algo del covid para siempre, que sea con la separación de mesas. Gracias. Aquí las migas estaban impresionantes también, pero no tengo foto. El ansia, ya sabéis. Las croquetas… increíbles. Si pudiese, seria catadora de croquetas. Pero no creo que de para vivir. Para ser feliz sí, pero no para vivir. Aquí probamos un hojaldre hecho con mantequilla de Soria que si vais a Medinaceli y no lo probáis… deberíais ir a prisión. De hecho, quisimos comprar en una tienda y nos dijeron que no tenían y nos mandaron a este restaurante a comprarlo. Ahi lo dejo.



De aquí nos fuimos a ver el mosaico romano, que sí estaba abierto. Es una exposición muy interesante y os va contando no solo sobre el mosaico sino sobre toda Medinaceli. Yo la recomiendo. Después dimos una vuelta por el pueblo y no había casi nadie, fue un paseo muy agradable. Acabamos en el arco romano que esta al lado del parking. Bueno, el parking al lado del arco, que el arco estaba antes. Y de allí ya nos fuimos.

De aquí nos volvimos a Sigüenza, por lo de descansar, ducharse y esas cosas varias antes de ir a cenar. Esta vez cenamos en La Catedral. El restaurante eh, no el edificio religioso. La verdad que cenamos muy bien, yo sopa, para variar. Tengo que decir que no aprovechamos al máximo el restaurante, porque no teníamos hambre aun después de Medinaceli. Así que yo una sopa castellana y una tosta de pan con tomate que mira, yo feliz. Os parecerá una tontería, pero yo soy así de simple.

Vamos a dejar aquí esta parte, que la siguiente tiene mucho que contar y tampoco hay que saturarse.

Disfrutad de la semana (con cabeza) y cuidaos.

¡Sed Felices!