Improvisadores, vengo a
clausurar el blog… porque sé que no os doy la calidad que debería y me satura.
Es broma, lo que sí vengo
a clausurar es ¡el viaje a Londres!
Sábado 12 de noviembre de
2016
Ahora sí que sí, un día típicamente
inglés, con su lluvia esa que parece que no, pero te mojas. Así que Elena y yo
nos levantamos y para compensar el desayuno inglés del viernes nos hicimos un
desayuno mediterráneo así con nuestras tostadas y galletas y embutido… todo muy
delicioso. Y llega el momento de salir a la calle para ir a por el tren y
encontrarnos con Anna, Paula y Laura. Ah... salir a la calle. Yo tengo la teoría
de que aquellas personas que vivimos en ciudades donde no vemos la lluvia más
que cuatro días al año tenemos un problema: no sabemos gastar los paraguas. No
os riais, va en serio. En mi defensa diré que caía una buena buena, pero Elena
iba seca y yo me empapé las piernas (a pesar de llevar el paraguas). Así que
bueno, todo muy fresquito. Y llegamos a la cola del Museo de Historia Natural,
porque ¿Dónde vas con la lluvia? Pues al museo más inmenso que he visto. Y la
cola que había para entrar… pero ¡por fin las cinco juntas! Después de 10
meses, que se dice rápido.
El museo...empecé a tope,
porque empezamos por la evolución de la humanidad y eso me encanta, pero fui
perdiendo energía. Eso y que hay mil cositas y botones para tocas, rollo
interactivo, pero parece ser que está mal visto no dejar primero a los niños.
Ejem… Podríamos habernos pasado allí tres días seguidos, es inmenso. Y lo vimos
en una mañana muy por encima, como así una lectura rápida.
Y tocaba comer, porque no habíamos
almorzado y eso no está bien. Así que nos fuimos aprovechando que había dejado
de llover para llegar a un Nandos. ¿Habéis estado? Deberíais, pero ojo con la
salsa que pedís que les gusta el picante. Como ejemplo: el brownie llevaba
chili. No digáis que no os he avisado. Estando en Nandos vino a tomar el café
Maria “la griega” que para los que no la conozcáis es una alumna que tuvo mi
madre de erasmus y con la que quedamos varias veces mi hermana y yo. Y es
encantadora y un amor y vino hasta allí solo para tomarse un café conmigo. Si
es que se hace querer.
De allí subimos a un autobús
de estos tan ingleses de dos pisos (pero no el autobús noctambulo. Momento friki)
y nos fuimos a ver si la Reina nos invitaba a merendar, pero no se dio el caso.
Tendríamos que haber llamado insistentemente al timbre, igual así… de nos
fuimos dando una vuelta hasta el Parlamento y el Big Ben para hacernos fotos
las cinco juntas y hacer tiempo antes de irnos todas a casa de Elena. Y
entonces montarnos la cena de cumpleaños de Elena y Anna porque, a todo esto,
era la excusa para ir de viaje. Así que allí estuvimos nosotras, la comida, el
vino, el dulce y vamos, una noche de pijamas completa. Sobre todo, porque estábamos
todas nosotras.
Domingo 13 de noviembre del 2016
El domingo fue un día
light, pero no por ello no la lie. Después de hacer el vago, dimos una vuelta
por el barrio de Elena y después Anna, Laura, Paula y yo nos fuimos hasta la estación
de Victoria. Y yo estaba encaprichada que no me iba sin tomarme una pinta,
porque ¿Qué viaje es ese? Así que comimos las cuatro nuestra hamburguesa con su
correspondiente pinta. Pero atentos ahora, porque ni yo sé qué pasó con los
trenes ni como la lie tanto (la pinta no tuvo nada que ver). Había un tres que
iba directito y costaba 8 libras. Pero no estaba en la pantalla para comprarlo,
así que compré otro hasta Gatwich por 15 libras, mientras llegue… cruzo la
barrera y la chica me para, que no puedo subir porque ya se va el tren. Y luego
me dice: ¡pero corre! Y luego: no, ya no. Señora, no quiere usted verme
enfadada. A todo esto, yo llevaba mi mochila/maleta y mi bolso, para que me imaginéis
mejor. Así que miro otra pantalla y había otro que iba a Gatwich, ¡arriba! Me subo
al tren, me aposento y se va llenando. Gente con maletas en los pasillos y
todo. Entonces por megafonía “tren exprés a Gatwick”. Perdóname, ¿Qué? Vale, no
es mi tren. Bueno, no puedo ir en ese tren, porque ese cuesta un dineral que no
he pagado. Así que me levanto y me dirijo a la izquierda y me corta el paso un
chino. Fue tal que así:
Él: ¿Exit?
Yo: yes, please.
Y se gira, ve que detrás de
él no hay nadie y me señala al otro lado. Así que por no discutir ahí me veis a
mi saltando obstáculos y sorteando personas al ritmo de “sorry, sorry, thanks,
thanks, sorry” en el pasillo y saliendo por la puerta al tiempo que pitaba la
señal de que cerraban las puertas. Vamos, que discreta no fui. Y allí me
encontraba yo, desesperada porque no entiendo porque no está mejor organizado
el sistema de ferrocarril. Tienen el ferrocarril más antiguo, pero no el mejor
organizado. Así que me acerqué a un trabajador de allí y le dije: quiero ir a
Gatwick con este billete, estaba en el exprés y me he bajado porque no era el mío
(ahí en plan: para que veas que soy honrada. Que visto ahora me quedó un poco
como al gitano honrado de la estación de RENFE), ¿me puedes ayudar? Y me
acompañó hasta otro tren y me dice: este te lleva a Gatwick, pero son 10
paradas. Y yo: ¿pero me vale ese billete? Pues perfecto. Así que allí me senté
y vi media Inglaterra desde el tren.
El resto ya es fácil,
pasar el control de seguridad sin problemas, llegar hasta la puerta de embarque
y no morir de un ataque de pánico. Cosas simples, del día a día. Y luego la volví
a liar con los asientos en el avión, porque así soy yo. Pero no fue culpa mía
del todo. Dejad que me explique. Yo estaba sentada en el pasillo en la fila 20,
que es en donde más ruido hacen los motores, pero mira, me resigno. Entonces en
la fila 21 se sientan dos señoras que le preguntan al hombre que iba a su lado
que si le cambia el sitio por su amiga que está en la fila 7. Problema: la
señora de la 7 estaba en el centro y el señor de la 21 quería pasillo porque
era alto de narices. Así que yo, como buena samaritana, me giré rauda y veloz y
les dije: yo también viajo sola, no me importa cambiarme. Así que el señor a mi
asiento en el pasillo, las tres amigas juntas y yo en la fila 7 como una reina.
Y con esto voy a dar por
concluido un viaje que acabó con mi aterrizaje en alicante media hora antes
(sí, como leéis), cenando en una estación de servicio un bocadillo que hizo mi padre
que era gloria y durmiendo el resto del camino hasta llegar a mi casa. Vamos,
una gozada de vuelta a casa.
Y con esto y un bizcocho…
hasta cuando vuelva de Noruega. ¡Sorpresa! Ahora mismo estoy en Noruega con mi
hermana pasando unos días, así que no os vayáis muy lejos que volveré por el
blog más pronto que tarde.
¡Sed felices!
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Has venido de visita, ¿por qué no improvisas algo aquí? ¡Gracias!