domingo, 25 de octubre de 2020

Puente Castellano: Sigüenza, Atienza y lo que queda (P.1)

 Improvisadores, ¿Cómo va la semana? La verdad que yo hasta arriba de trabajo preparando clases y con evaluaciones online y corrigiendo. La manía que tienen en 2 de bachiller de hacer exámenes. ¡Qué ganas de que sea verano ya! Aunque escribiendo esto en octubre igual es mucho pedir.

Además, con toda la situación del covid cada día está más difícil poder hacer algo que despeje la cabeza, ¿no? Bueno, igual es solo mi sensación. Así que he pensado que rememoraré el último viaje que hice que fue este puente de Octubre pasado. Nos fuimos 4 días a Guadalajara y claro, cuatro días dan para visitar muchos sitios y probar muchos platos. Tengo que confesar que yo soy fan del plato de cuchara y en cuanto hace un poco de frío me lanzo como una loca a comer sopa. Así que igual puedo haceros un ranking de las mejores sopas castellanas de la zona.

El viernes 9 de octubre era fiesta en la Comunidad Valenciana y, aprovechando, nos fuimos hacia Sigüenza en cuanto acabamos de trabajar. Llegamos sobre las 21h justos para ir a cenar. Si vais, cuando se pueda, la Hospedería Puerta Coeli es en la que estuvimos. La verdad que habitaciones super bien, el servicio fantástico. Nosotros avisamos de que llegaríamos tarde y estuvieron super atentos llamándonos por teléfono. También nos hizo unas recomendaciones geniales de donde ir o qué ver. Además, la Hospedería está al lado del Parador Nacional, en el centro histórico de Sigüenza. Por el tema del covid han hecho un circuito de entrada y salida y no dan servicio de desayuno ni tiene la terraza o las zonas comunes habilitadas, pero sin duda un sitio donde volver en condiciones ya normales.

En cuanto dejamos las cosas en la habitación nos fuimos a cenar a uno de los sitios que nos habían recomendado. El Mesón, que es también hostal por lo visto, y cenamos de lujo. Teníamos hambre, pero cenamos de lujo. Yo, obviamente, una sopa castellana. Os tengo que decir que la mejor de las que comí por la zona, ya os la enseñaré un día. De aquí hicimos poco más, dar una vuelta aprovechando que aun no hacia mucho frío, porque avisaban de que el fin de semana seria frio.

Una cuestión que no tuvimos en cuenta es que en Castilla – La Mancha estaban en fase 2, eso quiere decir que estaba todo cerrado. Todo lo que podría visitarse estaba cerrado, incluso la catedral. Así que el viernes por la mañana queríamos aprovechar que aún no había mucha gente para visitar Sigüenza. Nos habían dicho desde la Hospedería que el fin de semana del puente se llenaría de gente, así que quisimos aprovechar la soledad. Bajamos a desayunar a la plaza al Mesón Los Soportales. Solo desayunamos, pero me quedé con ganas de cenar o comer allí. Porque de verdad que tenía todo una pintaza. Ojo, el desayuno de chocolate con churros tremendo. Nunca diré nada malo de un chocolate con churros.

¿Cómo va a ir mal el día si empieza así?
¿Cómo va a ir mal el día si empieza así?

De aquí nos fuimos a dar una vuelta por Sigüenza porque no había mucho más que hacer. Ya os iré compartiendo fotos en Instagram a ver si así se nos hace más llevadero el no poder viajar. La verdad es que es un pueblo (¿ciudad? ¿pueblo? bueno, me perdonáis si me equivoco) precioso solo para pasear. Mientras desayunábamos a los pies de la catedral me quedé mirándola y digo uy que desperfectos más de impacto de bala tiene, ¿no? Así soy yo, una friki de la historia. Y efectivamente, soy tonta y estoy tan apagada o fuera de cobertura últimamente que ni me acordé de la batalla de Sigüenza. Si cuando digo que estoy completamente agotada ya…

Os recomiendo dar un paseo por la Alameda si hace un buen día. La verdad que en un rato lo ves entero si no puedes entrar a los sitios, pero vale la pena. Reservamos para comer en la Taberna Seguntina, justo en la calle subiendo al Parador Nacional. Os prometo que aquí comimos las mejores migas que he probado (después de las que hace mi padre, obviamente). Ya os las enseñaré. Queríamos ir esa tarde al cañón del rio dulce, pero después de comer como que nos dio pereza, ¿me entendéis? Así que querían hacer la siesta. Yo no me dormí, porque bastante me cuesta dormir por las noches últimamente como para ir haciendo siestas.

Pero tranquilo, que por la tarde no nos quedamos haciendo el vago. Nos fuimos a ver Atienza. De camino paramos en unas salinas que no nos quedó muy claro si siguen en funcionamiento o no, pero es un buen sitio para hacer algunas fotos. En el coche fui leyendo sobre la historia de la zona en el siglo XX y tengo que decir que hay mucho que leer sobre los movimientos sociales y las condiciones de vida y de trabajo en las salinas. Lo digo por si tenéis curiosidad histórica.



Ya os iré compartiendo fotos en instagram, no vamos a quitarle la función básica que tiene, ¿no? Además, así tenéis que venir a visitar mi perfil. El plan perfecto. 

En Atienza pasaba lo mismo, todo cerrado, pero para dar una vuelta y subir al castillo esta bien. Además, son listos allí. Tu ves el castillo y dices “ahí no subo”, pero vas paseando y dices uy voy a ver esa iglesia. Y un poco más arriba ves un trozo de muralla “vamos hasta ahí y ya”. Y cuando te quieres dar cuenta estas a los pies del castillo. La verdad que tiene unas vistas impresionantes y el pueblo en si es pequeñito pero muy bonito. La verdad que el no poder visitar sitios hace que acabes “rápido” de ver los pueblos, pero ¿a quien no le gusta dar un paseo por pueblos así de bonitos?

De Atienza ya nos volvimos a Sigüenza a ducharnos y cenar, que al día siguiente sí teníamos planes más lejos y había que madrugar. Cenamos en un restaurante que nos habían dicho que no era el típico de comida castellana, La Tascona de la Cárcel, porque están en la Plazuela de la Cárcel que no cunda el pánico. La verdad es que cenamos muy bien, pero las raciones son generosas, así que id con cabeza. No he encontrado página web ni Instagram que dejaros, por lo visto han abierto este año.

Vamos a dejarlo aquí que imagino que tendréis cosas que hacer y la semana pasada ya quedó una entrada un poco larga. Ya el próximo día os cuento el senderismo, Medinaceli y más platos de sopa castellana.

Disfrutad de lo que se pueda, cuidaos mucho.

¡Sed Felices!

domingo, 18 de octubre de 2020

Finde por Barcelona y Girona

Improvisadores, ¿Cómo estamos? Yo hasta arriba de faena, pero lo prometido es deuda. Así que hoy vengo a contaros la escapada a Barcelona y Girona del finde del 2 de octubre. Tarde, lo sé. Lo siento. Pero más vale tarde que nunca, ¿no?

Como ya sabéis (y sino, os lo digo ahora) dos amigas viven en Barcelona, así que Elena y yo solemos ir mínimo un fin de semana al año. Pero claro, este 2020 esta siendo tan raro que… en fin. Íbamos a ir en agosto y lo cancelamos, lo hemos ido atrasando. Hasta que ya el primer finde de octubre parecía la cosa estable como para poder irnos. Pero no queríamos ir en tren, por lo de la distancia social. Eso y que teníamos que llevar un colchón. No sé, imaginaos el panorama entrando en el tren con un colchón.

Total, que el viernes salí de trabajar y llegué a casa justo para comer, hacer la maleta (sí, super previsora, lo sé) y a por Elena que había salido de trabajar también. Aun no habíamos salido del barrio que nos cayó el segundo diluvio universal. Que dijimos… bien empieza el viaje. Pero todo en orden y una vez pusimos gasolina nos fuimos hacia Barcelona GPS en mano. Pasado el Ebro paramos para merendar y hacer cambio de conductora. Que Elena lo de dirigir con el GPS en Barcelona decía que no, y yo con la tontería llevaba ya 2h de coche más los 120km que me hago todos los días para ir y volver de trabajar. Nos pedimos el café y el té para llevar y en el coche con bien de distancia social del resto del mundo merendamos tranquilamente. Bueno, Elena no se acabó el café porque le pusieron como litro y medio y yo el té me lo estuve bebiendo desde allí hasta casi ya en Barcelona.

Y que rápido nos hemos acostumbrado a lo bueno, porque en la Comunitat Valenciana han quitado los peajes y cuando llegamos al primero fue “¿pero aquí se paga o aquí hay ticket? ¿Qué carril es el nuestro?”. Además, que nos equivocamos de salida y llegamos a Barcelona por el interior y no por la costa, aunque creo que así pagamos menos peaje (comparando con la vuelta). Total, que llegamos a Barcelona y eso quiere decir que aun teníamos como 30 min hasta llegar a casa de Laura, porque claro… Barcelona. Que no es que vivamos en un pueblo de 300 habitantes, pero… ya me entendéis. Total, que antes de llegar al aparcamiento ya nos habían gritado. Que dices “pues nada, bienvenidas a Barcelona”. Que Barcelona me encanta, si además hemos ido montones de veces, pero a mí me agobia un poco. Mucha gente que tiene mucha prisa todo el tiempo.

Por fin llegamos al aparcamiento, aparcamos y oh sorpresa no hay ascensor. Así que bolsas y colchón por las escaleras desde el 2º piso. Pero bueno, suena más dramático de lo que fue. Llegamos a casa de Laura y yo estaba ya KO. Quiero que quede constancia de que me levanto a las 6.15 todos los días y conduzco 40min para llegar al trabajo y otros tantos de vuelta. Es la única defensa que se me ocurre. Habían reservado para cenar en La Montiel 37, un restaurante cerca que esta bastante bueno, la verdad. Ninguna habíamos ido antes, pero Paula quería probar. La verdad es que cenamos muy bien, no tengo foto porque de verdad que estaba yo muerta del todo y mi cerebro no funcionaba, pero os dejo el Instagram por aquí.

Si cuando digo que estaba muerta no es broma, llegamos a casa de Laura y me dormí en el sofá antes de abrirlo. Pero al final lo abrieron y yo caí dormida. Hasta que a las 4 de la mañana me dio una rampa en el gemelo y me levanté de un salto que no se como Elena no se dio cuenta. Pero tampoco creáis que me sorprendió, últimamente me despierto mucho por la noche y no duermo más de 4 o 5h del tirón. Lo de la rampa sí me sorprendió. Aunque creo que fue de tanto acelerador el día anterior. Lo malo de esto no es el momento, es que durante lo que queda de día va a molestar.

Pero no hay mal que cien años dure y menos si se desayunan churros. Yo no sabia que en Barcelona había churrerías, y oye, tan feliz. Un chocolate con churros y ya puedes empezar el día (y no comer, porque vamos… yo que no suelo desayunar mucho). Por si estáis en Barcelona y os entra un antojo terrible de churros, era en el Forn d’En Pau. No he encontrado ni pagina web ni instagram, pero os dejo una foto por si os sirve. 



De aquí nos fuimos al coche, música, tarjeta para el peaje y rumbo a Peratallada (Girona). Yo no había estado nunca, pero me habían dicho que es un pueblo medieval precioso y tengo que decir que… no me mintieron. La llegada es un poco complicada si, como nosotras, vas a la tuya y te pasas el camino. Pero una vez estas en él, es muy agradable. Fuera del pueblo hay un aparcamiento gratuito (por lo menos cuando fuimos nosotras) y ya entras al pueblo a pasear y disfrutarlo. No es muy grande, así que no vais a necesitar muchas horas. Nuestra idea era comer allí, así que nos paseamos el pueblo mirando los menús de los restaurantes y haciendo muchas fotos. Algunas las tenéis en mi Instagram o en mis historias destacadas.

Al final acabamos en el Hotel RestauranteEl Pati, que quizá no es el más barato del pueblo, pero el jardín es increíble y se come de lujo. Os voy a dejar por aquí algunas fotos para dar un poquito de envidia. En instagram teneis fotos de la comida, que ya poneros eso me parece pasarme. 




De Peratallada nos fuimos a la playa de Begur a tomar el café, pero antes dimos un paseo por el paseo de Ronda. Vale la pena, aunque igual justo después de comer no fue la mejor elección. Nos cruzamos con gente, pero al ser octubre tampoco estaba lleno de gente. La playa en si muy muy tranquila, igual el local que elegimos para tomar el café no tanto, pero no voy a decir el nombre que aquí solo estamos para lo bueno.

La vuelta a Barcelona ya fue un poco más tensa. Entre el cansancio del día, el sol en la cara, no saber qué música poner y el tráfico. El maldito tráfico. En serio os lo digo eh. Que dirán que aquí vamos locos con el coche y será porque no han ido a Barcelona. ¿Pero qué locura es esa? Pero si solo para coger la salida que toca haces más km que otra cosa. Y coches y más coches y no voy a hablar de las motos porque ya ¿para qué? Pero bueno, por fin llegamos a casa sanas y salvas. Duchas después de un día completito, pedimos cena y les dio por hacer sesión de belleza. Que yo solo quería dormir porque, os recuerdo, que me había despertado bien prontito y últimamente duermo poco. Total, que ahí estábamos las 4 con la cara verde (no hay foto, bueno sí hay, pero no os la voy a enseñar) y nos lo quitamos justo a tiempo para que el repartidor no se llevase un infarto. Y luego Paula y Laura empezaron a hablar y yo… pues mirad, yo me dormí. Y Elena también. Yo lo siento, si yo de verdad que suelo ser habladora y no estoy tan cansada, pero últimamente pues mirad, no tengo el día (ni el mes y ya casi ni el año).

¿Y pensáis que aquí acaba todo? ¡Error! El domingo se despertaron sin prisa. Yo, para variar, me había despertado como a las 6 y volví a medio dormirme, pero a las 8 ya no había manera. Por fin nos ponemos en marcha y nos vamos a hacer un brunch. O desayuno tarde o comida pronto. Llamadlo como queráis. A un restaurante que, al parecer es especialista en esto, que se llama Casa do Açaí Brunch & Coffee. Por el nombre es fácil adivinar que son expertos, ¿no? Tengo que decir que me estuvo buenísimo. Además, nos vino fenomenal para salir de vuelta a casa ya comidas y no pillar nada de tráfico. Aunque creo que es mejor que reservéis si vais a ir. Yo el açaí no lo probé, pero Paula sí y dice que estaba bueno. Lo digo por si sois más valientes que yo. Como veis en la foto, fui a lo seguro con un wrap de salmón. ¿Qué puedo decir?



Sobre las 14h salíamos Elena y yo de vuelta a casa, coche cargado con el colchón otra vez y con cosas de Paula para su madre. Íbamos solísimas por la carretera, la verdad. Las dos pensábamos que tardaríamos mucho o encontraríamos mucho trafico y para nada. Elena sacó el coche de Barcelona y ya en cuanto paramos a poner gasolina lo cogí yo hasta Valencia. Miento, hasta que paramos en el Ebro a merendar, pero luego seguí yo conduciendo.

La verdad es que así contado se que no suena a mucho, pero si de normal un fin de semana con amigos ya lo disfrutas imaginad este. Este 2020 cualquier escapada que puedas hacer sabe a gloria y a vacaciones de un mes. Además, lo disfrutas sin saber qué va a pasar y de hecho mientras escribo esto los bares y restaurantes de Cataluña están cerrados otra vez y solo han pasado 2 semanas desde que fuimos nosotras.

Os voy a dejar por aquí fotos y los enlaces a los sitios por si, cuando vuelvan a abrir, queréis probar. Y recordaros (sin intención de ser pesada) que también teneis fotos en el instagram del blog. Y más seguido que entradas en el blog. 

Cuidaos, tened cabeza y disfrutad de las pequeñas cosas que si podemos hacer. 

¡Sed Felices!

martes, 15 de septiembre de 2020

Breakfast at Tiffany's... digo, en Cuenca

Improvisadores,

Os va a sorprender, porque me sorprendí yo, pero resulta que la escapada a Calpe no fueron mis únicas vacaciones. Os explico. Además, aprovecho para publicar este recuerdo de Agosto en pleno septiembre, para los que estamos teniendo una vuelta al cole complicada.

Mis amigos Gemma y Martín tuvieron una hija hace dos meses, es muy cuqui, muy mona y muy… bebé. Así que están teniendo un verano diferente e intenso. El sábado (mientras estaba en Calpe) me escribió mi amiga y estaba un poco agobiada. Así que le escribí a su marido.

“Te escribo para preguntarte si es una locura que vaya esta semana a pasar un día. Me ha escrito y la noto un poco agobiada de la vida”. Y así empezó la mejor sorpresa del 2020. No lo sabéis, pero a él le cuesta mucho guardar un secreto, y tuvo que hacerlo desde el sábado hasta el martes. De hecho, le dijo que tenía una sorpresa, pero no podía decirle cual. Pero se lo perdonamos.

Desde el sábado nos fuimos organizando, y el martes a las 7.30h de la mañana salía yo de mi casa camino a su pueblo. No sabéis lo emocionada que estaba, se me hizo el camino cortísimo. Que, por cierto, ¿cómo es tan bonita Cuenca con tantos girasoles? Disfruté del paisaje un montón, porque han puesto el limite en 90km/h y no estoy yo para pagar multas. Sobre las 9.30h llegué al pueblo, aparqué el coche y me puse debajo de la ventana. Martín le gritó que se asomase a mirar una cosa. Y cuando Gemma se asomó se quedó mirándome como diciendo: ¿Qué está pasando? No entendía nada. Era muy gracioso para los demás, porque lo sabían todos menos ella. Y entonces ya por fin: ¡Estas aquí! ¿qué haces aquí? Y yo: pues, desayunar…

No se si se aprecia la cantidad de girasoles que había (aclaración: no conducía yo).

Luego me lié y me quedé dos noches, pero eso es otro tema. Esa mañana después de desayunar (que es a lo que iba) nos fuimos a pasar la mañana a Cuenca, que ya habíamos estado todos, pero por dar una vuelta. Tomamos algo, la niña se echó la siesta de su vida mientras la subían y bajaban por las cuestas… porque en Valencia no hay cuestas, y claro, nos pilla por sorpresa. Comimos en un restaurante que barato no fue, pero vale completamente la pena si vais, es el Romera. Además, os recomiendo ir con una madre que este dando el pecho, porque tenéis conductor designado seguro. Te queremos Gem. Se que así contado, el día no tiene nada interesante, pero pensad que fue lo más parecido a irme de vacaciones que he tenido este verano. Dos días en un pueblo pequeñito, a la fresca, sin nada más que hacer que leer, socializar, comer y beber.

Las casas colgantes de Cuenca, para quien no las haya visto

Justo al salir de comer empezó a llover, así que huimos hacia el pueblo de vuelta. La tormenta se fue acercando al pueblo y sobre las 20h empezó a llover y llover... y no paró hasta las 2 de la mañana. La verdad es que esa noche dormí a ratos, porque el agua caía con tanta fuerza que hubo un momento que parecía que era granizo. Pero qué fresquito se estaba. Había salido de Valencia a las 7.30h con 27ºC ya... y allí estábamos a 15ºC. ¿Hay algo mejor que oír llover? Sobre todo, si estas a cubierto, claro…

Al día siguiente desayunamos, y la idea era ir al rio, pero con la tormenta de la noche iba a estar imposible. Así que nos fuimos a dar una vuelta al mercado y a saludar a los tíos y primos de Martín. La verdad es que fue un día genial sin tener nada así del otro mundo. Paseo por el mercado, torrà (o barbacoa, como queráis llamarlo), siestorra, ganar a Martín a un juego de mesa… todo bien.

Y yo os prometo que mi idea era volver a cenar a Valencia. Pero Gem me dijo que si me quedaba. Y yo, que soy tan difícil de liar, dije bueno venga va. Lo mejor es que llamé a mi madre para decírselo y me dice: si yo no te esperaba hoy. Por lo visto yo era la única que pensaba volver a casa.

Esa noche venían a cenar los primos de Martín y tocaban pizzas caseras. Entre nosotros, yo creo que Gem me pidió que me quedase para que hiciera las pizzas. La verdad es que nos salieron tremendas, esta feo que yo lo diga. Y luego nos fuimos a ver la lluvia de estrellas. No he visto unas estrellas tan brillantes nunca (bueno, en El Bonillo). Nada como no estar en la ciudad. Ya os dije que desde la desescalada todo me parece más bonito, pero imaginaos ver la lluvia de estrellas lo que fue. Y eso que estuvimos poquito rato porque hacia fresquito y la peque tenia hambre.

Esa noche dormí de lujo. Y el despertarte a 15ºC y salir a la fresca… eso aquí no lo puedo hacer, porque a la misma hora ya hay 25ºC. Esta vez sí, después de desayunar me fui de camino a casa de mi tía a recoger a mi abuela. La vuelta preciosa, girasoles, a 90km/h, la guardia civil en un stop (pero tranquis, todo ok).. y entonces autovía, llegas a la Comunidad Valenciana... y obras. Un solo carril. Estupendo. Estoy feliz. Nada, me dije: no tienes prisa, tienes música y poquito a poquito. 2h y media después llegué a casa de mi tía. Justo para comer y echarme dos buenas horas de siesta. Que no se vosotros, pero yo me las había ganado. Estar de vacaciones es cansado, ¿vale?

Como veis fueron dos días que puede que no tengan nada apasionante, pero creo que este año las cosas más mínimas parecen mucho más. Disfrutando de las pequeñas cosas, rodeada de gente a la que quiero y que me quiere, probando el helado de mandarina, disfrutando de simplemente estar sin hacer mucho más. No hemos pasado una pandemia para no disfrutar de las pequeñas cosas.

Ánimo con la vuelta a la realidad,

¡Sed Felices!

 

martes, 18 de agosto de 2020

Primera escapada: Calpe (P. II)

Improvisadores,

He tenido algún problemita técnico y no pude subir la entrada anterior cuando quería, mil perdones. Hoy traigo la segunda parte.

Después de tardar unos mil años en ponernos de acuerdo sobre a qué hora quedar, a las 9 de la mañana nos juntamos y nos fuimos rumbo a Calpe. El cálculo era que se tarda 1h y media en llegar de Valencia a Calpe, pero querían hacer una parada en el horno de la Beata Inés. Los que seáis de la zona de Valencia lo conoceréis. El resto, os lo recomiendo, pero no desayunéis antes de ir. Todo está buenísimo y todo es tamaño gigante. Allí desayunamos y compramos merienda. Estaban en plan goloso, qué puedo decir.

De allí nos fuimos hacia Calpe, pero no sé si la lio el GPS o nosotros, pero tardamos llegamos a Calpe a las 11.30h. ¿Qué son 2h y para hacer un trayecto de hora y media? Esto me recordó a cuando intentando llegar a Benidorm acabamos en la Font de la Figuera...

Bueno, por fin llegamos al apartamento de nuestros amigos, nos pusimos bien de crema y bajamos a la playa. Para entonces había bastante gente y hay control de aforo en las playas este año. El controlador que estaba en la “puerta” nos dejó colocarnos en un hueco, pero oh sorpresa, el mismo hueco que le había dicho a otro grupo. Al final se arregló sin ninguna ayuda del controlador que vio el panorama y dio media vuelta y se fue. Gracias por nada. La verdad que el hueco en la arena daba un poco igual, la mitad estuvimos todo el rato en el agua. Tengo que decir que se mantenían bastante las distancias, excepto alguna colchoneta a la deriva. Y algunos que ocupaban media playa para pasarse una pelota. Así que todo lo que os conté en la primera parte… sin problemas.

Aquí, para que no digan que no lo cuento todo, voy a contaros como eché a dos chicos del agua. Pero no era mi intención. Y en mi defensa diré que fui muy simpática. Se de otra que no lo hubiese sido tanto…Estaban dos chicos jugando en el agua con una pelota de rugbi. Eso duele si te da. Y nosotras nos quitamos de en medio. Pero por una o por otra se movían y volvíamos a estar en medio. Vamos a ver chavales, no tendréis mar mediterráneo para jugar a pasaros la pelota. Total, que en una de estas cayó la pelota a mi lado y yo a modo broma le digo que me la voy a quedar. Y él dice que me la presta. Y yo no hombre no (¿para que leches la quiero?) y entonces le dice al otro “vámonos que las chicas nos pegan”. Pero vamos a ver, ¿he dicho yo que voy a pegarte? No. Y le digo: no hombre, pegarte no. Y entonces suelta mi amiga: bueno, igual sí. Los chicos se salieron del agua, pero por favor no me digáis que fui yo una borde antipática. Pues todo el día con el cachondeo.

La verdad que estábamos muy bien en el agua, excepto por algún infarto porque te roza un alga. Pero como nos sabia mal que la mitad no pudiesen bañarse por lo de controlar las cosa, nos fuimos a la piscina del apartamento. Yo la verdad, soy más de piscina. La playa tiene… arena. La piscina estaba de 10, y encima teníamos la comida ya medio hecha y estando de vacaciones… ¿Qué prisa hay? Y digo vacaciones porque este día fuera son las únicas vacaciones de este verano.

Tengo que hacer aquí una parada. Antes de bajar a la playa habíamos hecho los macarrones, pero no calculamos bien, nos vinimos arriba, somos tontos… la explicación que queráis. Básicamente tenemos 29/30 años, pero no sabemos medir las cantidades de comida. Hicimos 1kg de macarrones. Éramos 6 personas. Salieron macarrones para toda la finca. Yo sigo sin estar convencida de que el paquete fuese de 1kg. Claro, cuando subimos de la piscina y mientras se acababa la comida, el aperitivo. ¿Cómo íbamos a comernos 1kg de macarrones? Y de postre habían traído helado de leche merengada para tomarlo con café, pero como yo no tomo café porque me pone (más) nerviosa, me tomé una taza de helado que vamos… gloria. Y las cinco de la tarde nos tumbamos a descansar un rato. Sí, a las cinco. ¿No os he dicho que estábamos de vacaciones?

Que diréis, ¿Qué tiene de emocionante que os echéis a descansar un rato? Nada, efectivamente, pero ¿sabéis la típica escena de dibujos donde se pliega el sofá cama y aplasta a alguien? Pues casi nos pasó. Nos reímos mucho. Si llega a pasar… igual no hubiese sido tan gracioso, la verdad. Pasamos la tarde (o lo que quedaba) tumbados haciendo el tonto y enviándonos vídeos en el grupo, aunque estábamos en la misma habitación, la vagancia eh. Y ya a las siete de la tarde merendamos. Toma horario de vacaciones eh. Pero los cruasanes (¿curasán, cruasán, croissant?) del horno aquel, rellenos de chocolate… son una bomba. Así que dijimos, vamos a pasear un rato porque entre el aperitivo, los macarrones y esta bomba…

La verdad que el paseo de Calpe está bastante bien, yo no había estado nunca o no lo recordaba. Tienen tiendas y puestecitos que oye, es entretenido dar una vuelta. Además, las vistas son muy chulas. Y justo enfrente del peñón han puesto el nombre de Calpe con legras grandes que salen unas fotos muy chulas. Os dejo la foto (sin nosotros) en Instagram.  Después del paseo volvimos al apartamento un rato, pero no teníamos hambre (no entiendo porque, si solo habíamos estado comiendo non stop casi todo el día) y nos volvimos a Valencia.

La verdad que fue un día muy divertido, me reí muchísimo, no me quemé (¡éxito!) y la gente se comportaba bastante con las mascarillas y distancias, lo cual me alegra. Pero cuando tienes días así tan divertidos es cuando te das cuenta de que se te esta acabando el verano a marchas forzadas.

Pero no pasa nada, porque de un plan siempre sale otro y ya tenemos para septiembre pendiente una tarde entretenida de pri(mark) – pri(mor) y lo que surja.

Disfrutad de lo que queda de agosto todo lo que podáis (con cabeza).

¡Sed Felices!

lunes, 10 de agosto de 2020

Primera escapada (P.1)

 Improvisadores,

¿Cómo os va la vida? Se que prometí que estaría más por aquí. Que tendríais algo nuevo todas las semanas. Que os pasaseis por Instagram también. Pero, ya me conocéis. Y conociéndome, sabéis que eso no iba a pasar.

En realidad, hoy estoy escribiendo para mí, no para vosotros. ¿Pero qué sería de mi sin compartir mis tonterías?

Esta semana me voy un día a la playa. Un día. Esas son las vacaciones que tengo este 2020. Pero no me quejo, ya es más de lo que tiene mucha gente. Y yo, ya lo sabéis, me apunto a todo. Cuando sea, donde sea. Pero hoy me ha dado agobio pensar en la playa. En si hay mucha gente, si se respetaran las distancias y las medidas de seguridad. Y entonces me he dado cuenta. Sí, he salido a comer y a cenar, pero por mi barrio (sí, ni siquiera por mi ciudad). Este día en la playa es el primer día que salgo de mi ciudad desde el 13 de marzo.

Hemos visto o leído en muchos sitios el impacto psicológico que el covid tendrá en la gente, pero sinceramente yo pensaba que a mí no me había afectado mucho. Si, el confinamiento ha tenido sus momentos. Pero en el fondo pensaba “si salgo a cenar y a comer, no pasa nada” pero no había salido de mi zona geográfica. Y no va a pasar nada.

Pero llevo un mes de vacaciones, estudiando opos (para que veáis lo que me aburro) y con las noticias de fondo. Y no hacen mas que salir brotes y rebrotes por todas partes. Y entonces me acuerdo de principios de marzo, cuando iban subiendo los números. Y el 13 de marzo a casa. Y el 14 de marzo a discutir con una señora en la cola de la carnicería. Y todos los días preguntarle a mis padres y a mi hermana (para los que no lo sabéis, son todos enfermeros) qué tal el día. Y ahora, vuelven a casa y mi madre vuelve a suspirar cuando le preguntas qué tal ha ido. Eso improvisadores, eso me asusta más que las noticias.

Y veo a la gente en Instagram que se va a pasar el día aquí, allá, el fin de semana, una semana. Y yo me agobio por un día en la playa. Un día con los amigos con los que ya he quedado a comer y a cenar. Si hasta mi hermana se fue un fin de semana de vacaciones. Pero el agobio no tiene explicación.

Pero comentándolo con más gente, se que no soy la única. No es miedo a salir, porque ya digo, yo he salido. Pero es el ver que vuelven a subir los números y que hay gente que le da igual, esta disfrutando del verano como si nada. Y entonces me enfado, pero conmigo misma. ¿Por qué ellos disfrutan del verano y yo me agobio por un día en la playa? ¿Alguien que me lo explique?

Respiraré hondo e iré a la playa. Con mi libro, mi crema solar y mi mascarilla. Tranquilamente. Luego se que será un día genial, pero tengo que preocuparme por adelantado porque así soy yo. Os contaré que tal en otra entrada en el blog… un día de estos. Seguramente antes de 2021.

¡Sed Felices!

lunes, 1 de junio de 2020

Junio de reflexión

Improvisadores, 

¿que tal el día 80 desde que empezó el confinamiento? Se que ya estamos en desescalada, pero empecé a apuntar en el calendario los días y.. ¿cuando parar?

Podría venir a hablar de cómo el mundo se ha vuelto loco. De cómo el 2020 parece una película apocalíptica. O de cómo vamos a salir de esta situación un con marcas permanentes en la memoria colectiva. Pero creo que nos merecemos algo mejor. Vosotros y yo. Vengo a buscar la luz al final del túnel. Y os invito a que lo hagáis vosotros también. 

Con este parón en seco de nuestras vidas he aprendido muchas cosas, la mayoría sobre mi misma. Puedo estar sola en mi casa mucho más tiempo de lo que pensaba; se cocinar aunque siempre he dicho que no; me quejaba por cosas tontas; no daba tantos abrazos como debería; mi yaya y yo hemos vivido algo "por primera vez" juntas, porque como dice ella, esto no lo hemos vivido en la vida; hecho de menos madrugar y conducir para ir a trabajar; hecho de menos estar en clase con mis alumnos; no me he apuntado a ningún canal de deporte en youtube, y no pasa nada. 

Con esta desescalada, valoro mucho el tiempo que voy a pasar fuera de mi casa y con quién; es muy difícil no abrazar a alguien que llevas meses sin ver porque las videollamadas están bien, pero nada se compara a la realidad; hace tanto tiempo que no iba en coche, que ahora me que va a la velocidad de un avión. 

Pero sobre todo, creo que (aunque suene a tópico típico) ha cambiado mi forma de ver las cosas. Ayer se reían de mi porque decía que todo me parece más bonito. Las montañas, los arboles, las casas y paisajes que he visto mil veces haciendo ese trayecto en coche me parecen más bonitos. Los pájaros cantan, las nubes se levantan... ya sabéis, todo mucho más brillante. Soy mucho más consciente de que muchas veces me quejaba por tonterías. Cosas que realmente no eran el fin del mundo, aunque a mi me lo pareciesen en ese momento. Que quizá estaba enfocada a cosas que no eran realmente lo más importante y daba por sentadas cosas que no eran seguras. 

Durante el confinamiento muchas veces he pensado en esos días que había quedado y decía: que pereza me da salir, para qué digo que sí, pudiendo quedarme en casa... Y de golpe y porrazo quedarme en casa no es mi decisión, es mi responsabilidad. Y pasábamos horas en videollamadas en las que realmente no hablábamos de nada importante, pero nos reíamos, echábamos el tarot y desconectábamos de estar encerrados en casa. 

Valoro mucho la suerte que tengo, que no he pasado el confinamiento sola en mi casa sin poder ver a mi familia. Se que mucha gente no ha tenido esa suerte. Y curiosamente, no hemos discutido ni de lejos lo que podía pensar que discutiríamos. También es verdad que los tres son enfermeros y no estaban mucho en casa. 

En definitiva, creo que con esto he aprendido a apreciar más las pequeñas cosas de la vida. Yo ya sabéis que siempre he sido fan de una terracita con sus cervezas y sus bravas, pero ahora lo que más valoro es la compañía y el poder dedicar mi tiempo a estar con la gente que yo quiero estar. Hemos celebrado cumpleaños 2.0 enviando los regalos y viendo la reacción con vídeos. Ya no era el regalo, era la ilusión de alegrarle la rutina a alguien en su casa. Es decir, valoramos el detalle, el tiempo invertido y el acordarte de esa persona. Y eso es algo que no debe cambiar da igual el tiempo que pase. 

Obviamente hay días malos, y el final de curso se presenta estresante a más no poder, pero creo que para quejarme tengo muchísimos días más. No os penséis que os escribo esto hoy porque estoy en modo flower power, todo lo contrario. De hecho hoy es un día regulín con un humor mediocre y mucho estrés interno. Quizá por eso hoy me apetecía hacer una entrada de apreciación por las cosas buenas que tenemos y que igual antes no valorábamos tanto. 

Espero, que en unos meses no se nos haya olvidado cómo nos hemos sentido a lo largo de estos meses y esto sirva para mejorar, ya no como sociedad (que también), como personas. Personas que busquen hacer el bien por los demás, compartir las cosas buenas y acabar con las malas. 

¡Sed felices! 

jueves, 23 de abril de 2020

Cuarentena + 1

Improvisadores….

He vuelto. Dos años casi han pasado. No me veo capaz de poneros al día al detalle. Pero rápidamente puedo deciros que trabajé en un comedor escolar mientras me llamaban de la bolsa de profesores y por fin en septiembre de 2018 me llamaron para dar clase de atención domiciliaria. Para el que no lo sepa, es para ir a la casa de un alumno que por tal o cual motivo no puede acudir a clase. Fue un curso interesante, me sentía profesora y no, porque no estaba en una clase. Es difícil de explicar.

Me volví a presentar a las oposiciones. Tres días antes dije que saldría el tema 49 en el bombo (sacamos 5 bolas), salí voluntaria para el bingo… y ¡49! Pero aun así no aprobé. Y en noviembre me volvieron a llamar de la bolsa y me fui a un instituto donde me sentí muy acogida. No podría haber pedido un instituto mejor para empezar. Acabé justo para Navidad mi contrato allí. Y hoy aun me estaba acordando de alguno de mis alumnos de lo bien que me lo pasaba en esas clases. A mi esto de ir de aquí para allá se me hace pesado, el saber que es un adiós definitivo y no un hasta el curso que viene. Y desde enero estoy en otro instituto también muy contenta con los alumnos.

Pero llegó marzo y el coronavirus. No hace falta que os explique qué es. Y si vivís en el año 3000 porque el planeta aun existe, seguro que hay hemeroteca de sobra. Así que estoy en casa teletrabajando. Pero resulta que esto puede hacer peligrar el cariño que le tengo a mis alumnos cuando los problemas técnicos son absurdos, pero parece que les son imposibles de solucionar. Además, tengo que añadir que todos mis cursos trabajan con Tablet propia. Es decir, todos los alumnos tienen desde principio de curso su Tablet y trabajan con ella en todas las asignaturas. Lo cual hace que me mosquee aun más.

Pero no pasa nada. No estamos aquí para quejarnos (¿desde cuándo?), estamos aquí para retomar el blog. Que se que los blogs están muertos, pero desde 2017 hasta hoy me he dado cuenta de que esto no lo hago por vosotros (me vais a perdonar), sino por mí. Y por mis amigas, que las saturo un poco de más. Vale… también un poquito por vosotros. Los 4 lectores que no conozco, porque el resto son todo gente conocida lo más seguro.

Hoy cumplimos 40 días de confinamiento en casa (en realidad ayer, pero he tenido que resubir la entrada). Espero que lo estéis llevando bien. O no muy mal. Es normal tener días y días. Yo tengo que confesar que la primera semana fue fatal. Luego un poco mejor. Pero ha sido en vacaciones de Semana Santa/Pascua cuando ya todo mal. Oye, que no había manera de tener un día decente eh. Pero seguro que esto mejora, y todo valdrá la pena. Desde luego, el 2020 no lo olvidaremos nunca. Sinceramente, espero que esto sirva para aprender mucho de nosotros mismos. También de la gente que nos rodea. Yo tengo la suerte de tener grupos de amigos que la verdad que están ahí siempre. También es verdad que no tienen mucho más que hacer. Pero, aunque tengas un mal día y no te apetezca hacer videollamada, al final te animan. Y los aplausos a las 20h son casi la mejor parte del día porque después del merecido aplauso a los sanitarios (y no lo digo solo porque tengo 3 en casa), un vecino ha montado casi un programa de radio con canciones dedicadas y concursos. Son 20 minutos que me dan la vida.

Espero que estéis bien, vuestra gente este bien. Pronto disfrutaremos de las pequeñas cosas que antes no valorábamos y ahora echamos tanto de menos. Os dejo por aquí la canción de Rozalen "Aves enjauladas" que me parece preciosa y no puedo dejar de escucharla estos días.

¡Sed felices!

martes, 3 de octubre de 2017

I'm on my way

Improvisadores, hace como un siglo o dos que no me paso por aquí. Lo sé. He estado liada y muy ocupada y al final no hay tiempo para todo. Pero creo que hoy es un buen día para escribir un rato. Para mi o para vosotros, eso ya no sé.
En realidad, no sé qué contaros. Estoy trabajando en el comedor de un colegio y me encanta. Me lo paso de miedo con los alumnos. Tiene sus cosas, como todos los trabajos, pero me encanta. Aunque me destroce los sueños de fin de semana por que me despierto pronto sin despertador. No porque entre pronto a trabajar, pero tengo cosas que hacer antes de ir. Pero qué ganas de que llegue el frío. Porque este calor que no se acaba me va a volver loca. Más (si es que eso es posible). Pero al final entre el comedor, gimnasio y todo lo que hay que hacer es un machaque físico, pero sobre todo mental. De hecho, hoy he llegado a mi casa y me he pasado la tarde en la cama viendo series y algún que otro video lacrimógeno de YouTube. Creo que necesito vacaciones. Pero no pasa nada, mañana vuelta al comedor, y lo que me rio yo con los de secundaria. Porque los microbios de los de 3 años ya lo pillé la primera semana, y no los quiero más. Gracias.
La verdad es que en poco más de un mes tengo planeado una escapada a Londres, así que ahí puede que haya jugo para volver por aquí. Además, justo hoy he perdido en el patio del colegio uno de los pendientes que me compré allí, así que toca reponer. ¡Ah! Y mi hermana ha comprado entradas para el parque de Harry Potter para diciembre. ¿Puede ser más genial? ¡De eso seguro que os cuento algo!
Y bueno, en verdad poca cosa que contaros para poneros al día. Un verano genial, sin viajes muy largos, pero con días fuera y visitas. Y me fui a Francia de sábado a lunes. Iba a irme en tren, pero mi padre me dijo “pues ya te llevo yo”. Y así fue. Qué se le va a hacer. También pasé cuatro días en Port Aventura con Nur y con los peques que cuidamos. Y con coche en el desguace incluido, una lástima. Y una anécdota más. Sobre todo, cuando te dicen que el coche está en el taller y el taller está cerrado por vacaciones y piensas: ¿Dónde habéis metido el coche? Fiestas de pueblos, que eso no puede faltar nunca, con mayor o menos éxito, pero siempre geniales.
Y además he tenido la inmensa suerte de encontrar personas que, recordando el post anterior, son personas – casa. Nuevas casas quizá, pero gente muy grande. En las malas, en las buenas y en las aún más buenas. Con las que no te sientes juzgada sobre nada que hagas o digas. Y eso, improvisadores, vale más que el oro. Y la verdad es que lo agradezco, porque de mis amigos cada vez quedamos menos en Valencia y los que quedamos nos vemos poco por circunstancias de la vida. Menos para ir a la feria del vermut. Ahora en serio, quizá las personas – casa son esas personas que te dicen las cosas por tu bien, aunque puede que te sienten mal, pero que en el fondo sabes que te están entendiendo. A veces mejor que tú misma, ¿no Gem? Y las nuevas personas – casa son de lo mejor. Y en esos días difíciles en el trabajo o donde sea saber que están ahí, más de acuerdo o menos, ayuda.
No voy a mentiros, la verdad es que no escribo desde febrero de este año. Pero la verdad es que muchas veces el blog era o contar viajes o desahogarme en un mal momento. El post de febrero era morriña pura y dura por mis chicas, a las que voy a ver en poco más de un mes cuando nos juntemos las 5 por fin. Y hoy, la verdad es que es el cumulo de un par de semanas malas. Regulares, mejor. Dicen que escribir ayuda, que es como terapéutico. Y parece una tontería. Pero cuando llevas un tiempo sin escribir, entonces te das cuenta de que falla algo. O, mejor dicho, que falta algo. Y es el ordenar las ideas. No digo que tenga que ser en un blog, puede ser en una servilleta, yo que se. Y hoy necesitaba esto, por mí misma. Solo deciros que me acabo de emocionar yo sola leyendo el post anterior de personas – casa. ¿Por qué soy tan moñas? Os prometo que yo antes no lloraba ni a la de tres.
Que ganas tengo que volar (sí, yo he dicho eso, la del pánico a los aviones) a Londres y abrazar a las 4 Señoras a la vez. Y quedar con Laura, aunque sea a corregir sus exámenes mientras tomamos un café. Y de los almuerzos de burdéganos que hacen que me ría todo el rato. Dicen que cuando tienes un mal día (o días) lo mejor es enfocarte en las cosas buenas que tienes en la vida. Pues yo no sé qué he hecho para merecer tanta gente buena. Y no me va a tocar la lotería nunca porque con la madre que me parió ya me tocó hace 26 años. Que tiene aguante y paciencia la pobre mujer. Y mi padre que se está sacando un master del universo en mediación madre - hija. 
Y, por último, no penséis que no he escrito desde febrero nada de nada. La historia de Mati ya está acabada y lista para que la lea Nur al completo.
Para despedirme os dejo esta canción de Ed Sheeran que, no sé por que, siempre me recuerda a mis personas - casa. 

¡Sed Felices!


miércoles, 8 de febrero de 2017

Por mis personas - casa

Improvisadores, hace apenas semana y media volví a Barcelona. Tranquilos, no vengo a contaros mi fin de semana, porque no vimos nada de la ciudad. O al menos nada donde no sirviesen vermut, comida y alcohol. Pero sí vengo a reflexionar sobre una cosita tonta. 
Creo que alguna vez lo he comentado ya, pero no estoy segura. ¿Sabéis de esa gente con la que cuando estáis tenéis una sensación de paz? No me explico muy bien. Son personas de vuestra vida que te hacen sentir como en casa, pero más. No es como estar en casa, ellos son casa (no tengo muy claro que esa frase tenga mucho sentido si nos ponemos a analizarla en una clase, pero bueno). 
Son esas personas que, estéis donde estéis, te conocen tan bien que sabes que todo irá bien. Y si no va bien, saben a qué eres alérgico si tienen que llevarte a urgencias. Esas personas que te conocen, a veces, mejor que tú misma y confían en ti cuando tu no lo haces. O que te dicen “hazlo” y tú piensas “estás loca” y repiten “hazlo” sin argumento ninguno.
Un ejemplo. En noviembre me fui a Londres por primera vez en mi vida. No había estado nunca ni cerca. Pues me quedé en casa de Elena y con ella, y con Anna cuando salió de trabajar, al fin del mundo. Ese momento en el que vas en un metro que no conoces, una línea que no conoces y una ciudad que no conoces y piensas “No tengo ni la menor idea de donde estoy, pero estoy más que bien”. Ese sentimiento es al que me refiero. En el caso de Barcelona es diferente, he estado millones de veces, pero aun así me pasa. Ir paseando por Gracia y darme cuenta de que no tengo ni idea de por dónde vamos, pero no pasa nada.
Tener gente así en la vida es muy importante. Creo que son las típicas personas con las que tu madre está tranquila. Yo le digo que estoy perdida en mitad de Londres y que no sé dónde ir y le da algo, le digo que estoy perdida en mitad de Londres y no sé dónde ir pero que también están Anna y Elena. Y me contestaría algo tipo “Tranquilas, os encontrareis”. Porque así son las personas-casa. Las personas-casa hacen que tu madre esté tranquila. Y eso vale oro.
Ojo, no estoy diciendo que el requisito para ser persona casa de alguien es conocerlo de toda la vida. Para nada. Una vez una mujer muy sabia me dijo que ella podía salir, pero no podía beber si no estaba con alguien en quien confiase de verdad. Tomando esto como alguien en el que puedes confiar cuando tú, por los azares de la vida, no confíes ni en ti misma. Eso es una persona – casa.
Y eso, improvisadores, es una de las cosas más importantes de la vida. Esto va por todas mis personas-casa.
¡Sed Felices!

sábado, 14 de enero de 2017

Vuelta a casa de una pieza

Improvisadores, llegamos al domingo último en Noruega. Pero no estéis tristes, pronto tendré algo más que contar.
Domingo 11 de diciembre del 2016
Esa mañana no me levanté la primera, ni a las 8 de la mañana. Que soy tonta, pero aprendo rápido. Así que cuando me desperté ya había movimiento por casa. Creo que en general estábamos todos bastante cansaditos, así que tardamos bastante en dar cuenta del mega desayuno. Y después la decisión del día: ¿Qué hacemos hoy? Pues yo me aferré a mi colchoneta/trineo, pero Andrés y Nur quisieron probar el snowboard. Y claro, Bente tiene de todo en esa casa, cualquier actividad de nieve que se os pueda ocurrir... la tiene.
Así que pusimos rumbo a la colina de detrás de su casa otra vez. Problema: la nieva sobre la que nos habíamos tirado el día anterior estaba hecha hielo porque había llovido un poco, pero la nieve de la colina estaba demasiado blanda y se hundían las tablas de Snow. No la mía, yo me fui tirando mientras ellos aprendían a aguantar en la tabla más de 30 segundos. Eso sí, si al tirarte por la colina no llegabas al camino y te quedabas parado en la nieve antes… buena suerte. La primera vez que me pasó y bajé de la tabla me hundí por encima de la rodilla. A la siguiente ya le di más carrerilla y no me pasó, pero que minutos más eternos. 
Al cabo de un rato, Else se fue a la cabaña a empezar a hacer la comida. Poco después se fueron Marta, Andrés y Salma, que después de caerse el sábado de trineo y de estar cansada como todos, no estaba mucho por la labor de más trineos. Y ya por fin Bente, Nur y yo decidimos darlo por cerrado y nos bajamos a la cabaña. Aquí quiero reconocer mi error, porque el sábado por la noche cuando me caí en el hielo dije “estoy bien, ¡estoy bien!” pero (para los que no lo saben) tengo unas muñecas y unos tobillos que parecen hechos de cristal, así que tengo una colección de muñequeras y tobilleras que no os podéis ni imaginar. Mirad si me conoceré bien que me llevé una muñequera en la maleta, pero no era de las rígidas. Así que me la puse porque me dolía la muñeca, pero no quería desaprovechar un día como ese en Noruega por un dolor de muñeca. Pero claro, igual tirarte con una tabla que tienes que controlar con la fuerza de tus brazos y manos y luego estirar de ella por la nieve, pues tampoco fue muy inteligente por mi parte. De hecho, hasta el martes que volvimos a casa no pude ponerme una muñequera como dios manda. Y lo que pudo haberse arreglado en 10 días me duró casi un mes. Bueno, además está la cosa de que me escayolaron la mano una vez para 15 días, pero quedaban 7 de verano y al día siguiente me quité la escayola. Tampoco buena idea.
Sigamos con la nieve, que mola más que mi mano estúpida. Dejamos todos los trineos y bártulos en casa y Nur, Bente, Else y yo nos fuimos a un parque que quería enseñarnos. Tienen un campo de una cosa que se llama footgolf (yo tampoco lo había oído en la vida) pero que al parecer es muy popular por allí y que según Wikipedia tiene un origen incierto, aunque parece que existía en los años 20 – 30 en EEUU un deporte similar llamado codeball. Si alguien puede explicárnoslo mejor, sea bienvenido. Pasando el campo de footgolf y de tiro de herradura y cosas de esas tan diversas llegamos a donde quería ella. No sé si lo comenté en mi otro viaje a Noruega, pero creo que sí, allí se fían de todos, no como aquí que como dejes algo despistado un rato puede que no lo veas más. Pues era una zona de barbacoas y eso donde según nos dijo se juntan en primavera y verano todos los que tienen casas por allí y hacen un montón de juegos y todo. Y diréis ¿a qué viene lo de que se fían? Pues a que allí hay de todo lo que quieras: barbacoas portátiles, salsas, mantas, cojines, lo que queráis. Y lo mejor de todo: ¡un puñetero libro de visitas! Nos dijo que escribiésemos algo y Nur me miró con cara de “ya si eso lo escribes tú, ¿no?”.
Volvimos a casa a comer perritos calientes (¿Por qué me estuvieron tan buenos? Sería la nueve, porque ya veis el invento que tiene eso) y jugamos a juegos de mesa. Previamente habíamos recogido la maleta porque a las 17 nos teníamos que ir hacia la estación porque salía nuestro tren de vuelta a Trondheim. Volvimos a hacer dos viajes en el coche, así que Nur y yo nos fuimos primeras para esperar al resto en la estación. No había nadie y era de noche como si fuesen las once de la noche. Y empezó a nevar. Dejamos las cosas dentro de la estación (que básicamente era una habitación con calefacción) y salimos fuera. Tengo dos fotos intentando coger algún copo de nieve, pero parezco lerda, así que no las vais a ver. Pero la capa de nieve empezaba a formarse y las únicas huellas eran las mías y las de Nur. Fue, fantabuloso.
Nos subimos al tren y el pequeñín nos llevó a la estación donde hacíamos transbordo. Maldito frio infernal. Solo diré que el tren que iba de Trondheim a Olso vino cubierto de nieve y hielo. Y allí estábamos, en la calle. No es una estación demasiado bien pensada para un país con esas temperaturas, la verdad. Llegó nuestro tren y nos subimos otra vez en el vagón familiar. Solo decir que la zona de juegos para niños tenía hasta un tubo de esos por el techo para que se metiesen por dentro. Impresionante. Yo aproveché para leer más temas de opos y subrayar, porque el paisaje verse, lo que es verse, no se veía.
Cuatro horas después llegamos a Trondheim y, efectivamente, había nevado. Problema: el autobús que nos dejaba en la puerta no pasaba hasta 20 minutos después y hacia un frio infernal. Así que optamos por otro que nos dejaba más lejos y tuvimos que caminar por un camino entre árboles. Ya el viernes por la mañana habíamos ido por allí y tuvimos que cambiar de idea porque estaba cubierto de hielo, pero el domingo por la noche estaba impresionante. Al haber nieve no resbalaba, pero encima la nieve blanca, sin destrozar, brillaba con la luna que parecía que estaba a punto de aparecer Olaf y cantarnos la canción de Frozen. No, en serio, precioso. Por fin llegamos a casa, cenamos y creo que caímos en la cama como si no hubiésemos dormido en años.
Lunes 12 de diciembre de 2016
El lunes amanecimos con -8ºC, así que Marta dijo que ella se quedaba en casa cuando Nur y yo le dijimos que nos íbamos al centro a comprar algunas cosas. Nosotras, como somos muy cabezotas, nos fuimos. Eso sí, yo con mis botas de pre esquí, lo que sea menos volver a caerme, que no tengo más muñequeras. Así que nos fuimos al mercado de navidad que habían montado en una plaza y allí compramos un arbolito de navidad estilo katiuska con otros muñecos navideños dentro. En la única parada que no aceptaba tarjeta. Así que nos fuimos al centro comercial a sacar dinero. ¿Vosotros encontrabais el cajero? Porque nosotras no. Compramos postales de navidad, pero no vimos el cajero. Le preguntamos a una señora, pero nos mandó donde no era. Así que le pregunté a un chico y nos indicó, pero como somos tontas perdidas, no lo veíamos. Así que nos lo volvimos a encontrar y nos preguntó que si lo habíamos encontrado… y nos acompañó hasta una cola que era bastante visible, la del cajero. Gracias amigo, no solemos ser tan lentas, es por el frio. Volvimos a por nuestro árbol y nos fuimos a dar una vuelta por el centro de Trondheim. Compramos una estrella de papel de las de navidad, que Nur quería traerse una. También compramos galletas de canela y rollos de canela en el supermercado. Al salir, compramos almendras garrapiñadas, que también hay aquí, pero allí les echan canela (¿cuantas veces he dicho canela en 4 líneas?) y aquí el vendedor se rio de/con nosotras por lo siguiente (que voy a traducir porque no tengo ganas de escribir en inglés):
Él: hace frio, ¿no?
Nosotras: sí, sí
Él: pues la semana pasada llegamos a -13ºC, mirad mirad (y nos enseña la piel de la mano que por poco y se le cae la mano entera)
Yo: bueno, en casa estamos a 13, pero por encima de 0.
Él: ¿en casa? ¿De dónde sois?
Nosotras: España
Él: y seguro que con 13 ya estáis con el abrigo “que frio hace” (y se empieza a reír)
Yo: ¡y con la bufanda! (Que digo yo, que, si se tiene que reír que se ría del todo, ya nos reímos nosotros cuando se van rojos en agosto).
Y ya nos fuimos a por el autobús. Pero aún era pronto, así que se nos ocurrió ir a ver la catedral, a ver si se podía visitar. Y llegamos 30 minutos antes de que cerrasen, así que dimos un vistazo rápido por dentro y aun le preguntamos a la mujer de la puerta sobre los órganos y muy amablemente nos dio toda la explicación de la falla y de cómo el órgano nuevo estaba conectado con el viejo y los tubos del fondo porque si no el sonido llegaba con retraso de un lado al otro de la catedral (si os dije que era grande). Al salir intentamos sacar una foto, pero no nos cabía de ninguna de las maneras en la foto, así que tenemos fragmentos de la fachada.

Lo mejor que se pudo hacer con la fachada de la catedral.
Volvimos a casa, comimos y empezamos a organizar la maleta porque el martes pronto teníamos que ir a por el avión, que se nos escapaba. La verdad es que fue un día bastante light, para compensar el fin de semana.
Martes 13 de diciembre de 2016.
Sí amigos, odio volar y mi hermana compró billetes para el martes 13. Que ni te cases ni te embarques. Total, Marta y Salma nos acompañaron a la parada del autobús directo al aeropuerto. Y estábamos un rato ya y allí no nos cobraba nadie. Y Nur y yo mirándonos en plan “déjalo, que si no dicen nada”. Y por cosas como esas es por las que al final la fama nos precede y nadie se fía de nosotros. Pero al final nos cobró a todos, es solo que para no cobrar en cada parada lo hace en la parada ultima antes de salir hacia el aeropuerto. Llegamos allí e hicimos el check in con una máquina, así todo muy moderno, con la azafata mirando al horizonte sin hacer mucho. Que no digo que no trabajen, ojo eh, pero que podría haber echado una mano a más de uno que parecía perdido, también. Facturamos la maleta y nos vamos hacia el control de seguridad. ¿os he dicho ya que era martes 13? Pues yo me había olvidado que llevaba en el bolso dos botellas pequeñas de agua que habíamos comprado en el avión de ida, en las cuales quedaba un dedo de agua en cada botella. Me quito el abrigo, la manta toledana que llevaba por bufanda, la otra chaqueta, las botas, todo. Y adelante. Oh, oh. Me habla en noruego la de seguridad. “Sorry, what?” y Nur “que, si puede abrir tu bolso” “ah, sí, vale”. Digo yo, que primero debería pedírmelo en un idioma que entienda yo, como en inglés, ¿no? Y segundo ¿pueden abrir tus cosas sin que estés delante, aunque le hayas dicho que sí? Lo pregunto porque de verdad no lo sé. De hecho, estaba poniéndome las botas para ir donde estaba ella cuando Nur me dijo “eh, ¡que lo está abriendo ya!”. Que no llevaba nada, pero vamos, curiosidad pura. Entonces me viene con las dos botellas en la mano y me dice súper seria: no puedes pasar con esto (esta vez en inglés y con un tono nada agradable, por cierto) y entonces cogí las dos botellas, me las acabé y le dije “¿y ahora?” asintió y se fue a dar por saco a otra persona. En serio señora mía, un all bran, o un abrazo o algo le hace falta, porque vamos... por dos dedos de agua no hace falta ni ese tono ni ese gesto.
En fin, sigamos adelante. Nos fuimos a comer, porque la comida del aeropuerto es cara, pero la del avión más aún. Así que comimos por ahí y nos fuimos rápidamente a nuestra puerta de embarque y enseguida abrieron y empezamos a embarcar. Yo me comporté muy bien y no dije a nadie que me daba mucho miedo volar. Quizá porque me había tomado un Valium, eso influye. Curiosamente a pesar del Valium, estuve leyendo más temas en el avión. Se ve que ya me daba todo igual. Mientras, Nur se fundió la batería de mi móvil jugando al monopoli. Hasta que se burló de mí en el aeropuerto de Alicante. Aterrizar y despegar me tensa de sobremanera, así que imaginaos la situación. Yo me agarro a mis reposabrazos como si yo misma tuviese que hacer fuerza para frenar el avión, y en este caso también estrujé la mano de Nur. Pues por lo visto (que yo debería saberlo, no será que no he volado) los aviones al aterrizar hacen como dos paradas. Me intento explicar: el tembleque para y parece que han tomado tierra ya cuando en realidad es solo que están muy cerca y es entonces cuando toman tierra y tiembla el aparato infernal este. Pues yo, en este primer falso aterrizaje solté la mano de Nur y dije “uy, mucho más suave que en Trondheim”. No había acabado de decirlo cuando tomó tierra de verdad y puse la mano que acababa de soltar de Nuria en el asiento de delante y me salió del alma un “NOOOP”. Así que con eso Nur tiene risas para regalar. Y eso que yo solo cuento a todo el mundo como el sábado encalló el trineo y voló por los aires hasta estamparse en el suelo… (ups, otra vez). En Alicante recogimos nuestra preciada maleta y nos fuimos fuera a esperar a nuestros queridos padres que habían venido a por nosotras, una vez más. Entre cuando me fui a Londres y esto, han estado más veces en el aeropuerto de Alicante que desde que se construyó.
Adiós montañas heladas, ¡adiós!

¡Hola terreta!
Y amigos, sé que esta entrada es híper mega súper larga, pero no tenía mucho sentido desgranar tanto los últimos días, porque el jugo de la historia era la nieve, la catedral y mi martes 13 en el aire. Espero que os haya gustado o, sino, que por lo menos os haya recordado un poco a algún viaje que hayáis hecho o que queráis hacer o a alguien que esté fuera. Y que os haya sacado una sonrisita.
¡Sed Felices!